Esta es una confesión de cariño. Siempre he pensado que los entornos en que vivimos son vitales y que fuera de ciertos sociológos especializados pocos hablan de los mismos. Nacemos en el seno de un hogar, nos educasmos en centros educativos que nos enseñan mucho, nos forman y moldean, en un barrio especifíco que es el nucleo de nuestros primeros amigos. Poco hablamos de aquellas personas cercanas. Vivo en Medellín Colombia desde hace 24 años, después de haber vivido en Bucaramanga, Barranquilla, Bogotá y Manizales. Ahora vivo exactamente en el barrio conquistadores, es uno de los más hermosos de la capital antioqueña. Exactamente en el edificio Vikingos. En este conjunto viven las mismas personas desde hace más de treinta años, lo que significa que han compartido por muchos años . Tiene una plaza central, un porteria, garajes para los carros. Son muy amplios los apartamentos, frescos. Quiero hablar de aquellas personas que nos cuídan 24 horas, ellos, hacen un trabajo silencioso y realmente son los que conocen a cada uno de los moradores al dedillo. Son los porteros. Hernando Toro y Alber Cano, llevan más de treinta años en el oficio y Oscar Urrea 14 años. Ellos se encargan que todo funciones y con turnos cada uno, de ochos horas, nos cuidan día y noche, siete días a la semana, osea los 365 días del año. Recorde la novela de Reinaldo Arenas "El portero". escrita en Nueva York, entre 1984 y 1986, y en la que se recrea el microcosmos de un rascacielos bajo la mirada perpleja del portero, un cubano exiliado, al igual que el propio Arenas, incapaz también de adaptarse a la American way of life. Juan, después de fracasar en diferentes trabajos, consigue un puesto como portero en un rascacielos de Manhattan. Allí, obsesionado con abrirles a los inquilinos la puerta no sólo del edificio sino también la de «la verdadera felicidad», topará con una extravagante galería de personajes, entre otros: Roy Friedman, de sesenta y cinco años, obsesionado con regalar caramelos a diestro y siniestro; Brenda Hill, «mujer algo descocada, soltera y ligeramente alcohólica»; Arthur Makadam, donjuán entrado en años e impotente; Casandra Levinson, «propagandista incesante de Fidel Castro» que al mismo tiempo goza de las comodidades capitalistas; los señores Oscar Times, «ambos homosexuales y tan semejantes física y moralmente que en realidad conforman como una sola persona»; Walter Skirius, científico obseso de los implantes artificiales. Al final, Juan sólo logra entenderse con las mascotas de los inquilinos del edificio, y con ellas emprenderá un viaje sin retorno. Con los porteros del edificio los Vikingos aprendí que están enterados de todo y callan inteligentemente muchas cosas de sus vecinos con una prudencia provincial. Lidian con muchas formas de ser e igualmente soportan otras de las que es mejor no hablar. Son verdaderos sociólogos de la cotidianidad. Hernando es jocoso, cordial. Alber más bien es callado pero siempre está atento de cada una de sus responsabilidades. Oscar también es muy amable, siempre dispuesto a servir y tiene un don a su favor, es prudente de sobremanera. Pocas veces agradecemos la compañía y servicio que nos brindan. Quise hacerlo desde el agradecimiento. Dentro de poco se jubilará Hernando, Alber ya lo está. Cuando se hayan ido, valoraremos todo lo que significó su compañía.
En ocasiones se nos olvida que la convivencia es la capacidad de coexistir de forma pacífica y armónica con otras personas en un mismo espacio o entorno, gestionando las diferencias a través del diálogo y el respeto. Nuestros porteros se preocupan para que los moradores respeten las normas comunes, el cuidado del espacio público y la consideración hacia los vecinos. Las diferencias en aspectos como la clase social, la religión, el género o la política pueden generar tensiones. Sin embargo, una gestión adecuada de la convivencia reduce el riesgo de que esas diferencias se transformen en conflictos destructivos. Convivir significa reconocer y respetar la diversidad, lo que favorece interacciones basadas en la tolerancia y la cooperación. Al final sólo deseo decirles: Gracias por todo lo que nos dan.
