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domingo, agosto 21, 2016

EL LENGUAJE DE LA PAZ

Ahora que he visto posiciones tan radicales con respecto a lo que sucede en la Habana, me refiero a los diálogos de Paz entre el gobierno Colombiano y la FARC, advertí que poco se ha estudiado el problema lingüístico que antecede a la compleja realidad de Colombia,  el fundamento lingüístico, la manera cómo vamos construyendo los conceptos esenciales, que son muy disímiles y constituyen de antemano un obstáculo  para la interpretación histórica del conflicto, del acuerdo como tal, de los instrumentos legales para dirimirlo, del extraordinario esfuerzo por una paz negociada.
Saussure padre del estructuralismo nos enseñó que el estudio del lenguaje se hace desde el enfoque pragmático. “Charles Morris quien en 1938 publicó "Fundamentos de la Teoría de los signos" lo hizo con absoluta claridad. En esta obra se intentan sentar las bases de una Teoría General de los signos y es lo que se ha llamado semiótica”. “Para Morris una teoría de los signos debería de dar cuneta por un lado de las relaciones de los signos entre sí (sintaxis) y con sus referentes (semántica), aspectos ya estudiados por la lingüística. Y por otro lado plantea algo nuevo, que la teoría de los signos debe de explicar las relaciones de los signos con los hablantes y lo estudiaría se llamaría LA PRAGMÁTICA (los signos significan no sólo perse sino por el significado que la persona quiera darle)”.
Miremos solamente el término conflicto armado. Para el partido del centro democrático en Colombia no hay conflicto interno, visto como una confrontación política, armada, ideológica, en torno a la óptica del tipo de sociedad y modelo político que los actores en contradicción  aspiran a lograr, que en el caso de la FARC, constituye el objetivo de su lucha armada, para ellos este es un grupo terrorista y la única salida según su óptica a esta situación de facto, es el sometimiento. El actual gobierno desde la institucionalidad, del poder instaurado, parte de la intensificación del modelo democrático que representa y de una solución negociada a partir del mismo. Esta negociación debe iniciar con consensos  mínimos, algunas certezas e interpretaciones de base, que lógicamente tienen un sustrato histórico y político que las visibiliza, estos consensos en principio son interpretaciones al conflicto, después se van nutriendo de muchos más con este mismo criterio. Se parte de una realidad, de un pragmatismo, las consecuencias que el conflicto  le ha generado al país en términos de vidas humanas, de desplazamiento, de victimas, de desarrollo humano, para solo citar una.
Para muchos la FARC simplemente es un grupo terrorista y solo ven en el sometimiento la salida legitima al problema de la insurgencia. Estar de acuerdo o no con esta posición no es el objetivo de esta columna, es ver como las ópticas y el lenguaje antecede a la discusión. Desde una pragmática otra es la realidad. En vastas zonas del país, la FARC es un determinador social, con más de cincuenta años de presencia, con un poder evidente y con posiciones ideológicas precisas, con capacidad militar. Se indilga que este grupo es un cartel más de la droga, habrá que preguntarse qué no ha sido tocado por el narcotráfico en Colombia: La política, la iglesia, componentes del desarrollo importantes..En fin gran parte de nuestra sociedad, lo digo no para justificar tal precedente, sino para relevar las visiones y el peso lingüístico que antecede cualquier interpretación.
Por esta vía hay verdaderas aporías sobre la visión de los acuerdos, sobre su legitimidad y por su puesto sobre las bondades del mismo. La paz es un bien supremo. Por lo menos en esto estamos de acuerdo. Gerge Steiner  en un ensayo muy lúcido, llamado “Extraterritorialidad” expresa: “Cada lengua cristaliza la historia intima, la cosmovisión especifica de un volk o nación”.  El libro “Gramática y poder” de Malcom Deas y el prologo del mismo hecho por López Michelsen, son un análisis de las relaciones entre gramática y poder en Colombia, nuestros dirigentes en el siglo XIX antes de ser políticos, tenían que ser excelsos cultivadores del idioma. Cuál es el punto medio que nos permita tener una discusión al menos, un dialogo constructivo frente a los acuerdos y todos los determinantes históricos y lingüístico de cara a su solución. Hay radicalismos que no permiten ni siquiera un diálogo, una dialéctica.   
Cuando uno recuerdo la lingüística de Morris, en eso que llama la pragmática, entiende mucho de nuestras aporías. Expresa este autor. “Aspectos que estudia la pragmática que condicionan el uso del lenguaje”, en ellas,  entre muchas, está las condiciones sociales en que este suele estar imbricado en nuestra mente. Cuál es el significado del conflicto para una persona de la ciudad, de Medellín o de Bogotá, muy alejado de sus nefastas consecuencias en la vida rural, que optics tiene. Cómo lo ve e interpreta cada generación. La juventud de hoy tiene una visión muy  limitada, no ha así una persona de más de cuarenta años.  El problema no es fácil de resolver. Nuestra clase política, ideologiza, es lo natural, la óptica de los diálogos, de los acuerdos y por lo tanto de la historia que lo antecede, asume otro rol para esta clase.
Ferrajolli el gran tratadista Italiano insiste, que hay que mirar el valor supremo de la paz y lo que significa para entender lo que está en juego. No de otra manera. En primera instancia, reconocer el glosario que nos permitirá ciertos consensos, sobre todo cuando estamos cerca a la toma de decisiones tan importantes como la refrendación de los acuerdos de la Habana vía plebiscito. 

Este no es un tema nuevo, el valor del lenguaje en la construcción de una identidad constituye una variable de absoluta importancia, examinemos algunos referentes tomados del texto " Las palabras de la guerra" de la excelente socióloga Maria Tereza Uribe De Hincapie: "El propósito de este texto es el de examinar la incidencia de las palabras en la configuración de la nación Colombiana y en la conformación de sentidos de pertenencia e identidad de los sujetos sociales con un conglomerado humano que los precede y los sucede; la nación moderna es algo más que territorio, pueblo, religión, lengua, cultura e historia,  colectivimante vivida; es ante todo, una comunidad política imaginada, formada a través de representaciones sociales muy complejas pero nucleadas en torno a una supuesta identidad de los miembros con el colectivo, que es precisamaente lo que le otorga cohesión, integración, permanencia, estabilidad y continuidad en el tiempo al grupo social, que se autodefine como nacional".   

Lo que es evidente es que no hay una compresión constructiva del momento que vive Colombia. No se le da importancia a la circunstancia histórica que vivimos, ni siquiera nos ponemos de acuerdo sobre algunos referentes del lenguaje.









lunes, agosto 15, 2016

ES NECESARIO HACER UN CAMPAÑA LUCIDA POR EL SI AL PLEBISCITO EN COLOMBIA

La peor falla del gobierno es no tener una estrategia de comunicaciones que conecta al país con la importancia de los acuerdos de la Habana, no solo, lo que significan para nuestra atribulada realidad, sino el contexto histórico de los mismos, las definiciones esenciales que lo estructuran desde lo legal, los aspectos sociales y económicos que lo sustentan; el total de los acuerdos firmados hasta la fecha y la prospectiva que significa su firma final; las políticas y leyes que lo legitiman; la bitácora de verdad, reparación, no repetición, la justicia que se aplicará.
Son oprobiosas las artimañas de la oposición en este proceso, la manipulación de encuestas poco técnicas, las cuales presente como tendencias;  las falsedades que expresan sobre el contenido de los acuerdos, la óptica sobre el conflicto que desconoce todo el contexto histórico, las cuales calan tenazmente. Esta situación me lleva a preguntarme, ¿qué pasa con las personas que estamos a favor del sí?, es un hecho que tenemos una responsabilidad, que no es otra, que asumir con entereza una campaña por el sí, divulgar las virtudes del proceso y la importancia de los acuerdos, no podemos continuar siendo pasivos.
La importancia del proceso está descontada, pero es necesario exponerla en toda su extensión, aclarar las dudas más comunes,  con mucha atención al contexto histórico, los efectos nefastos de contiuar esta guerra interminable, las cifras, por qué nacieron los grupos insurgentes, el análisis político.

1.- Votaremos si a los acuerdos de la Habana porque significa el desarme, la desmovilización y la inclusión a la vida civil del grupo armado más grande del país por la vía negociada, con el que se ha tenido una confrontación armada desde 1960, con la saga de muerte, victimas, desaparecidos y desplazamiento. Vastas zonas del país, desde el cese al fuego acordado por la Habana de forma voluntaria hace siete meses, han vivido las virtudes de la paz. Este sería el comienzo del cierre a nuestro conflicto y el principio para construir una paz duradera.
2.- Es un reconocimiento a la naturaleza del conflicto armado en Colombia, a esa historia desconocida por una óptica oficial radical y elitista, a ese país en la otra orilla, a una izquierda liquidada de manera brutal, a un país abandonado a su suerte en vastas zonas del país, la aceptación a la existencia de una elite empoderada desde hace muchos años en Colombia, a la necesidad de reconocer nuestros errores y volver a por ende a darnos una oportunidad desde el derecho a participar, actuar y construir un país más abierto y equitativo.
3.-Los acuerdos y las negociaciones significan un cierre por la vía del dialogo de nuestro conflicto, en la Habana se han tratado los temas fundamentales de nuestro desarrollo. El tema del desarrollo rural, la participación política, las políticas y zonas de distribución de la tierra al pequeño agricultor, el problema de las víctimas y su reparación, la inclusión y por su puesto la necesidad de reformas que atiendan la inequidad, la brecha social.
4.- Votare por el SÍ, porque los acuerdos de paz logrados en materia agraria, sobre democracia ampliada, víctimas, justicia, sobre las mujeres y los niños y sobre el desminado, es lo menos radical y lo más ajustado a la defensa de los bienes colectivos de 50 millones de seres humanos diezmados por la guerra y la violencia. Es lo único que puede parar la radicalidad rampante, política y económica, que se quiere imponer como regla en el mundo y en nuestra nación[1].
5.- Voy a votar por el SÍ a la paz y a la vida en el Plebiscito porque defiendo la democracia y el Estado de Derecho, la división de poderes, la libertad de expresión y de prensa, la libertad sexual, la igualdad de género, el derecho al voto para todos, el imperio de la ley, el orden frente al mercado, la estabilidad frente a las reformas laborales, la normalidad frente a los recortes, la seguridad frente al ESMAD, la belleza frente a la corrupción de la mermelada y la Guajira, el realismo de Santos frente a la violencia de Uribe, el pragmatismo frente a la utopía de los ricos, la vida frente al gamonal, el error y la vacilación frente al tino infame de los mercados financieros[2].
6.- Voy a votar Sí a la paz y a la vida en agradecimiento. En agradecimiento por los consensos conseguidos entre el gobierno y las Farc, que no son de “izquierda” ni de “derecha”; en agradecimiento por parar la feroz violencia entre guerrilleros y soldados; en agradecimiento por la esperanza dada a los campesinos; en agradecimiento por los derechos reconocidos a los movimientos sociales; en agradecimiento por las víctimas, las mujeres y los niños; en agradecimiento por la esperanza suscitada en millones; en agradecimiento, en definitiva, por haber regresado la historia al tiempo.
7.- 250.000 muertos, 50.000 desaparecidos y 7 millones de víctimas deberían ser razones suficientes para votar 'Sí' a la paz, y porque esta se justifica en la vida misma. La polarización que vive hoy Colombia nos obliga a ser muy precisos en nuestros argumentos.
8.- Yo simplemente quiero recordarle a los ciudadanos que llevamos 32 años tratando de llegar a un acuerdo para el desarme de las Farc. Ocho presidentes distintos han intentado desarmar a las Farc, y ninguno lo ha logrado. Ocho años estuvo el expresidente Uribe intentando proponer a las Farc lo mismo que les propone hoy: que se vayan a la cárcel y no hagan política. No los pudo concencer en ocho años y no los va a poder convencer en un futuro. El acuerdo al que llegamos es este acuerdo de la Habana, y a ese tendremos que decirle "sí" o "no[3].
9.- La dicotomía que creó el pronunciamiento de la corte es muy clara: La Corte Constitucional nos dio las implicaciones del "sí" y del "no" desde el punto de vista jurídico. El "sí" implica que nos comprometemos a implementar los acuerdos de La Habana, y las Farc han dicho que solo se desarman si se implementan estos acuerdos. La consecuencia del "no" es que no se puede, será jurídicamente inviable implementar los acuerdos. Y si no se implementan, pues las Farc van a seguir y el conflicto armado va a seguir hasta que en teoría, alguien logre negociar unos mejores acuerdos.
10.- Los colombianos tendrán la última palabra sobre el proceso de paz que lleva a cabo el Gobierno  con las Farc en La Habana. En concreto la votación se hará sobre el texto del Acuerdo Final de Paz, es decir, sobre la integralidad de lo pactado. No habrá votación por temas, así que un voto por el ‘sí’ estaría avalando todos los puntos de la agenda de diálogos que incluye: desarrollo integrar del campo, solución al problema de drogas ilícitas, participación en política, fin del conflicto y dejación de armas, víctimas y justicia, e implementación de lo pactado[4].
11.- La Corte determinó que la decisión que emane del plebiscito será vinculante políticamente más no jurídicamente. Es decir, la decisión es de obligatorio cumplimiento para el presidente, más no para los otros poderes del Estado. Los magistrados también dijeron que una decisión positiva en el plebiscito no implica por sí misma la incorporación de los acuerdos de paz a la Constitución o al ordenamiento jurídico del país. Lo que hizo la corte fue entregarle la legitimidad al presidente Juan Manuel Santos de presentar las leyes, reformas constitucionales, y decretos con fuerza de ley que se requieran para implementar el contenido del Acuerdo Final de Paz.

ES NECESARIO SABER:

Una vez firmada la paz y previa publicación completa del texto del Acuerdo Final, el presidente Juan Manuel Santos deberá informar al Congreso sus intenciones de convocar el plebiscito. El Congreso por su parte tendrá 30 días para responder a la convocatoria del presidente y delimitar la pregunta que se le va a hacer a los ciudadanos. Luego, inicia un mes de campaña en el que los partidarios del ‘sí’ y del ‘no’ tendrán espacios equitativos en medios de comunicación para promover el voto.

Durante este tiempo el Gobierno está obligado a hacer una pedagogía intensiva para dar a conocer la totalidad del contenido de los acuerdos de paz.

Pasado el mes de campaña se votará el plebiscito por la paz.

¿Los funcionarios y partidos pueden hacer campaña?

Sí. Los funcionarios públicos pueden promover el voto a favor o en contra de la refrendación. Sin embargo, no pueden utilizar la campaña del plebiscito para hacer política personalista ni promover un partido o un movimiento político determinado. La misma restricción la tienen los partidos políticos y movimientos ciudadanos por firmas que se inscriban para promover la votación.

¿Cuándo se votaría el plebiscito?

Primero se tiene que firmar el Acuerdo Final de Paz, a partir de allí comienzan a correr unos tiempos que estarían entre un mes y medio y dos meses. De acuerdo con el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, contando con la firma final para principios de agosto, el plebiscito podría ser convocado a final de septiembre o principios de octubre.

¿Qué pasa si gana el ‘sí’?

El presidente Juan Manuel Santos recibirá el mandato de implementar los acuerdos de paz pactados con las Farc. También podrá entrar en vigencia el Acto Legislativo para la paz que concede facultades al presidente por seis meses para expedir decretos con fuerza de ley.

Durante esos mismos seis meses, en el Congreso funcionará un procedimiento legislativo especial que podrá aprobar leyes de manera más rápida. Un procedimiento “exprés” para acortar los tiempos que requiere el desarrollo normativo de la paz.
De manera respetuosa, a mis lectores Colombianos, les expuse las razones por la quedemos votar por el SÍ.




jueves, agosto 11, 2016

UNA EMINENTE REFORMA TRIBUTARIA EN COLOMBIA

El ciudadano de a pie está sometido a servidumbres y esclavitudes de toda índole impuestas por un capitalismo voraz, calculador, inhumano y elitista. Además de las trampas tradicionales de la sociedad de consumo irrefrenable, vive entre presiones invasivas que han convertido su día a día en un calvario. El mundo continúa en una desaceleración sin precedentes, las medidas para salir de ella han sido inútiles, los grandes motores de la economía no arrancan, ni los Estados Unidos, ni China y menos Europa, todos apenas han logrado sobrevivir  a sus propias crisis internas. Siempre en estas circunstancias se le exige al ciudadano de a pie sacrificios vía reformas tributarias y recortes laborales, las crisis del sistema financiero de los últimos años en casi la mayoría de países fueron financiadas con su bolsillo, la clase media tiene cargas impositivas desmedidas.
La costumbre de socializar las perdidas y privatizar las ganancias sigue siendo el pan década día de los gobiernos en crisis, sirvió para sobrellevar las ultimas burbujas financieras, tanto en los Estados Unidos como en España. En Colombia siempre ha sido una constante. Cuando se presentan crisis macro-económicas, o por simple coyuntura, o cuando las decisiones de los gobiernos no son acertadas, lo que pasa la mayoría de las veces, y  se llegan a déficit no deseados: Presupuestales, de cuenta corriente, fiscales, comerciales, siempre pretenden cubrirlas vía reformas tributarias con impuestos a la clase media, buscan imponerlas en consumos masivos.
Lo que no entienden estos burócratas, hay que reconocer que a los ministros de hacienda les toca la tarea más difícil, es que a los ciudadanos  no les cabe una sola carga más. Las razones técnicas y sus argumentos pueden ser muy lógicos desde la perspectiva de la hacienda pública, pero no se ajustan a la realidad. El hombre moderno solo vive para pagar facturas e impuestos, es un esclavo de las cargas impositivas. Colombia está en una desaceleración muy peligrosa, una tasa de inflación antes no vista y  síntomas de iliquidez que ya están afectando al consumo. La base tributaria, sigue siendo muy baja según el ministro de Hacienda, dice que pagamos muy poco IVA en relación con otras economías, esto, según su visión, paralelo a la crisis económica, hace necesario otra reforma tributaria de manera urgente. Nos asusta donde se impondrán estas cargas. Miren este análisis sencillo del ciudadano de a pie, del más común de los mortales. Antes llegaba una sola cuenta de servicios públicos, ahora además de la tradicional de luz, agua, saneamiento ambiental y cargo básico, se le suma la del internet, la televisión y el teléfono. A estos rubros el pago de su teléfono móvil y el de sus hijos sí hay menores. Cada uno de estos servicios tiene cargas impositivas incorporadas por nuestros inteligentes legisladores. Hablo de un solo rubro, servicios.
Mire que dice el WSJ en Español, sobre la recesión americana en el día de hoy en materia de productividad: “El descenso más prolongado de la productividad laboral en Estados Unidos desde fines de los años 70 amenaza las perspectivas a largo plazo de la economía del país norteamericano y podría llevar a la Reserva Federal a mantener las tasas de interés bajas por muchos años. La productividad de las empresas no agrícolas de EE.UU. —los bienes y servicios producidos cada hora por los trabajadores— cayó a una tasa anual desestacionalizada de 0,5% en el segundo trimestre conforme el tiempo trabajado aumentó más rápido que la producción, indicó el Departamento de Trabajo. Fue el tercer trimestre consecutivo de una baja de la productividad, el período más largo desde 1979. La productividad en el segundo trimestre fue 0,4% menor que el nivel de un año atrás, el primer declive interanual en tres años. La productividad anual promedio ya había registrado un débil crecimiento de 1,3% entre 2007 y 2015, apenas la mitad del ritmo que tuvo entre 2000 y 2007, y hay pocas señales de que esta tendencia se invierta. En el corto plazo, es difícil ser otra cosa que pesimista, sólo porque esto ha estado ocurriendo por tanto tiempo”, dice Paul Ashworth, economista jefe de la consultora Capital Economics para EE.UU”.

Europa apenas ha podido sobre-llevar una desaceleración pecaminosa. Latinoamérica que paradójicamente sigue estando mejor que todo el mundo, no le queda otro camino que asumir políticas que prevengan las catástrofes que puedan avecinarse. Lo que no se entiende, es como la única vía siempre son las reformas tributarias que imponen cargas impositivas oprobiosas. Sí controláramos el excesivo gasto, evitáramos tanta corrupción y racionalizáramos el gasto público otra música sonaría. El ministro Colombiano tendrá que presentar la reforma en el peor momento, esperemos como se caldea y el texto final para poder analizarla al detalle. La paz vía plebiscito o la reforma tributaria o las dos, esperemos que decide el gobierno.




sábado, agosto 06, 2016

LA PROPUESTA DEL NO DEL CENTRO DEMOCRATICO EN COLOMBIA

El CD propone votar el  plebiscito que refrenda los acuerdo entre la FARC y el gobierno con el No. Siempre he respetado las posiciones de la oposición a los acuerdos de la Habana y he pensado que la discusión debe hacerse de manera abierta,  respetando sus puntos de vista, no debemos olvidar por gracia de las diferencias, algunas muy radicales, lo que está en juego en la Habana para el país, el trasfondo tan importante del momento, por primera vez estamos ante un cierre total a un acuerdo con la FARC y por lo tanto ante la posibilidad de incorporar a uno de los actores más fuertes y antiguos en el conflicto interno de Colombia a la vida civil, con plenos derechos, lógico previos acuerdos, lo que significa, el principio de una paz duradera, que debemos ayudar a construir entre todos, la discusión, en el termino Aristotélico de la misma, será siempre política e ideológica, así debemos asumirla desde la necesidad del objetivo supremo de la paz.  Trato de explicar mis diferencias con las posiciones del CD.
El CD establece condiciones que son imposibles de cumplir, como la exigencia que los dirigentes de la FARC paguen cárcel, no admiten ninguno de las variables de la justicia alternativa y menos aceptan la justicia transicional. Está claro que ellos exigen un sometimiento. Aducen el derecho internacional humanitario y la corte internacional, la que curiosamente solo respetan cuando les conviene, pero cuando esta se pronuncia en contra de sus intereses, la desconocen absolutamente. Expresan que  los delitos de lesa humanidad no son transables para la corte, estos, según ellos, deben pagarse inexorablemente con cárcel. Se les olvida que este es un proceso político y que en todo caso el acuerdo  en ningún caso admite la impunidad para este tipo de delitos. La firma final del documento de cierre contempla  acuerdos mínimos de obligatorio cumplimiento: Reparación, no repetición, el acceso a la verdad, justicia, participación, inclusión, es lo  más importante por lo que significa, teniendo en cuenta la naturaleza del conflicto, el daño a la sociedad en general, al desarrollo humano, el hecho de llevar cincuenta años de vigencia, con seis millones de víctimas y una violencia continúa y lacerante. Como se analiza desde la perspectiva del derecho estos acuerdos. Empecemos cuales son los argumentos que se sobreponen a sus posiciones categóricas con respecto  a la necesidad de pagar cárcel que aducen. Esto expresa uno de nuestros Juristas más importantes, frente a la justicia transicional, desde donde abordaremos este tema.
“Estos problemas se deben, en parte, a la atribución de objetivos demasiado amplios y ambiciosos: primero, establecer un punto de equilibrio entre las exigencias de la justicia, esto es, entendido en un sentido retributivo cercano al kantiano, que no quede impune ningún delito ni ningún delincuente, porque la sociedad tiene que asumir las consecuencias de tamaña omisión y las necesarias concesiones que habría que hacerle a los autores de los hechos ilícitos más graves para que su reintegración a la sociedad sea sincera y la paz que se pretende conseguir sea duradera y sostenible; segundo, cumplir los derechos de las víctimas a ser reparadas de los daños ocasionados y que, en lo posible, sean reestablecidos en las condiciones previas al conflicto; tercero, garantizar el derecho, tanto de las víctimas como de la sociedad en general, de conocer la verdad de lo ocurrido, que a su vez se desdobla en tres propósitos específicos: a) saber exactamente qué fue lo que ocurrió, b) conocer los autores, inspiradores y beneficiarios de los crímenes y c) crear condiciones que garanticen la no-repetición de la barbarie”( Rodrigo Uprimny y María Paula Saffón. Citados en un texto de Julio Gonzales Zapata)[1] . En una conferencia sobre nuestro proceso, el gran tratadista Italiano Ferrajoli, expresa: “Tiene que consistir, si aceptamos lo dicho hasta ahora sobre la paz como valor político supremo, prejudicial a cualquier otro, en un tipo de justicia dirigida a una obvia finalidad: el cese de la guerra interna y la pacificación entre todos los diferentes combatientes, sobre la base de una efectiva reconciliación nacional que no deje sobre el terreno odios, rencores, sentido de la injusticia padecida, deseos de venganza y por tanto el peligro de una reapertura de la guerra. Tiene que además concernir a todas las partes de un conflicto que ha durado, en Colombia, más de cincuenta años: las formaciones guerrilleras, las organizaciones paramilitares, aquellas neo-paramilitares de los “grupos emergentes” y sectores, en fin, del mismo ejército regular”. Lo sustenta con mucha coherencia: Agrego que este fundamento, como ustedes saben, está instituido expresamente en la Constitución Política de Colombia ; que, a diferencia de otras constituciones que también tienen, como la italiana, el rechazo a la guerra, establece que la paz es un derecho humano fundamental , “La Paz” , dice el art. 22 de la Constitución de Colombia , “es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”: un derecho de la persona , y por ende, un deber correspondiente de la esfera pública, que es el principal deber que el Estado. Tiene que alcanzar. Consistiendo, el derecho a la paz, en un derecho fundamental, como cualquier derecho fundamental, es contra mayoritario, cuya actuación es “deber de obligatorio cumplimiento”, incluso contra la voluntad de la mayoría. Por esto sería impropio e inaceptable someter la paz, o sea la solución pacífica negociada del conflicto a cualquier tipo de consulta popular. Por lo tanto, la realización de la paz y el “nunca más” a la guerra deben representar ya sea sobre un plano teórico y filosófico o sobre aquel del derecho positivo, un objetivo político y una obligación jurídica prioritaria sobre cualquier otra: un objetivo, entonces, que debe ser alcanzado a cualquier precio. Preguntémonos entonces: ¿cuál es el precio que se debe pagar por este objetivo? El precio es, precisamente, la renuncia a someter a los combatientes a la justicia penal ordinaria y por lo tanto la estipulación, para ellos, de un modelo diferente de justicia: el modelo, que en Colombia se ha llamado “justicia transicional” y a la cual está dedicada nuestra conferencia”. Este marco nos obliga a tener en cuenta marcos teóricos específicos: como definimos nuestro conflicto, que óptica tienen las partes de la naturaleza histórica del mismo. El CD, solo habla de terroristas y terrorismo, así se refiere a la FARC, elimina todo el valor político de la insurgencia, recordemos que en el gobierno del Doctor Alvaro Uribe se aprobó una ley que estableció taxativamente que en Colombia no había conflicto armado, desconociendo totalmente la realidad por via de una interpretación y por ende la historia política del país, la guerrilla nace en los años 60 debido al proceso continuo de exclusión política por parte de los partidos tradicionales,  sus traiciones, el exterminio sistemático de la izquierda, el surgimiento de los movimientos guerrilleros tiene razones históricas en pleno frente nacional, se entienden las posiciones de la Derecha, pero se trata de transar para superar el conflicto y poder vivir en paz, previos acuerdos y sobre la base que se respetarán los mismos. Las experiencias en el mundo al respecto son muchas...en fin. Ahora con respecto a la verdad que es un bien supremo, haré el análisis desde la óptica de un análisis muy lucido de Julio Gonzales: “Sería una necedad desconocer la importancia que tiene para el presente y el futuro del país conocer la verdad de lo que ha sucedido. Es más, considero que para las víctimas, sus allegados y la sociedad en general, más importante que el castigo de los responsables, es saber la verdad sobre los crímenes que se han cometido, sus patrocinadores, sus planificadores y financiadores. A pesar del reconocimiento anterior, no podemos omitir la pregunta acerca de qué verdad queremos buscar, cuál estamos dispuestos a recibir y, sobre todo, qué posibilidades tenemos de alcanzarla mediante un procedimiento judicial Michel Foucault, en El orden del discurso, describe la economía de la producción de la verdad en sociedades como las nuestras. Hablar, escribir, enseñar, curar, investigar, más que llaves para abrir el camino hacia una verdad por fin sin trampas, transparente, perfectamente concordante con las cosas, constituyen, por el contrario, mecanismos de constricción y exclusión que hacen de la verdad que se produzca un mero juego sumamente complejo, en el cual semezclan, al modo de una intrincada red, privilegios del sujeto, tabúes del objeto, rituales de la circunstancia, policías del discurso, etc.(Cf. Foucault, 1980), y por lo tanto, más que de verdad podemos hablar de políticas de verdad”. La verdad, debe aflorar, en el contexto más general y en las situaciones particulares que sean requeridas por las víctimas, pero también esta es una construcción con todos los componentes ideológicos y las ópticas alusivas según los intereses superpuestos. Recuperar la memoria resulta fundamental y de hecho este es uno de los primeros puntos acordados por las partes.
Quiero abusar de nuevo de mis citas y aportar una de Alfonso Cuellar de la revista “Semana” de Colombia, que es un desglose que descifra las críticas del CD :
 “El sustento de esa premisa es que “otros” podrían lograr un mejor acuerdo con las FARC. Qué le han faltado “pantalones” a la delegación del gobierno. Que un “no contundente”, generaría un alud de concesiones por parte de la guerrilla. El problema con ese argumento es que no hay evidencia alguna de que eso vaya a ocurrir. La historia reciente de “otros” negociando con las FARC no es alentadora.
En 1984 se convino un cese al fuego bilateral con esa guerrilla. Los titulares de la época hablaban de paz y eso que para muchos colombianos, “Tirofijo” y sus muchachos eran unos desconocidos. Era una farsa: en su séptima conferencia en 1982 las FARC habían añadido la sigla EP -Ejército Popular-, una señal inequívoca de su decisión de combinar todas las formas de lucha. En otras palabras, el diálogo con el gobierno de Belisario Betancur era parte de una estrategia para incrementar la guerra.
En el Caguán (1999-2002) la negociación fue peor. La guerrilla aprovechó los 42.000 kilómetros cuadrados de la zona de distención para hacer y deshacer. Y la agenda común acordada entre las partes incluía temas tan trascendentales como la estructura económica y social y las fuerzas militares (dos asuntos que no están en lo anunciado en La Habana).
La administración de Álvaro Uribe tampoco se mostró muy ducha en el arte de negociar con las FARC. Alegando “razones de Estado”, liberó en 2007 a alias Rodrigo Granda -quien había sido capturado años antes en Venezuela a un gran costo-. Pensaba que con ese gesto se lograría que las FARC regresaran a Ingrid Betancourt. No la devolvieron. Y hoy Granda vive tranquilamente en La Habana como miembro de la delegación de la guerrilla.
Se ha vuelto común comparar el castigo que recibieron los paramilitares (5-8 años de cárcel) frente a lo que se propone para las FARC (5-8 años de restricción a la libertad a los principales responsables). Se omite un hecho clave: la propuesta inicial del gobierno de Uribe en el 2003 contemplaba penas alternativas a la prisión. El garrote llegaría después, gracias al Congreso y la Corte Constitucional.
En fin, es difícil negociar; más aún con asesinos y secuestradores. Cualquier concesión es inherentemente inmoral, pero necesaria si lo que se busca es que los antagonistas dejen de matar y renuncien a la violencia. Ese es el quid del asunto. Por primera vez las FARC han aceptado concentrarse, desmovilizarse y desarmarse con verificación internacional. No perdamos esa oportunidad.
La victoria del “No” en el plebiscito aplazaría indefinidamente ese desenlace. Con el riesgo de que las FARC exijan renegociar todos los otros capítulos, incluyendo la barbaridad de una Asamblea Constituyente.
Llevamos cuatro años en un limbo por las conversaciones con la guerrilla. Prolongar esa incertidumbre por unos meses bajo el supuesto de que ahora sí las FARC aceptarán todo lo que queramos es aventurado. Es tumbar las piezas del tablero. Como Trump”.
Hacía dónde quiere ir la oposición, concretamente el CD, esperamos que ellos lo sepan muy bien, el momento histórico que vivimos es de suma importancia, el hecho de estar casi al de cierre de un acuerdo final en  es un hecho sin precedentes, nunca habíamos estado tan cerca, sería bueno traer a colación todas las muertes que hasta la fecha se han evitado gracias al cese al fuego acordado, los secuestros, sería muy bueno cuantificar y cualificar el alcance que tienen estas negociación en la vida cotidiana de vastos territorios del país .




sábado, julio 30, 2016

UNA OPORTUNIDAD HISTORICA PARA EL PUEBLO COLOMBIANO


En los actuales momentos Colombia vive una oportunidad histórica inigualable que le permitirá redireccionar su camino: En lo social, económico, institucional, con la cual tendremos un desarrollo humano mejor en todos los ámbitos de la vida, acorde con todas las potencialidades del país, de una riqueza natural y humana inigualable. Esta oportunidad nos ayudará a superar la brechas de inequidad, injusticia, corrupción, concentración de la riqueza, falta de oportunidades, ausencia de pertenencia y compromiso, que han sido el caldo de cultivo, entre muchas variables más, para una violencia lacerante, que nos ha costado vidas humanas, desplazamiento y atraso.
El acuerdo de la Habana con el grupo armado de la FARC, es el principio de una política de inclusión que constituye la oportunidad histórica más importante para reconocer nuestros errores, implementar las políticas de reparación, crear los marcos de reinserción, de restitución, de perdón y de no repetición, basados en el respeto a la ley y los mecanismos de justicia transicional de manera rigurosa, soportada en la bitácora acordada, que deberá ser refrendada por el pueblo Colombiano con la participación política de todos los partidos y fuerzas vivas del país, del sector productivo, de la academia, siempre en el compromiso irrenunciable de respetar el camino señalado, de crear y aceptar una ética en proporción a los objetivos propuestos.
Con este modelo de paz, invitamos a todos los grupos armados y actores políticos que están por fuera de la institucionalidad y que aún no han iniciado diálogos en la misma ruta, a emprender el mismo camino, a integrarse a un proceso que deberá abarcar a la totalidad del pueblo Colombiano.
La política, en el sentido Aristotélico del término y el debate abierto constituyen los instrumentos más idóneos para lograr la paz. No hay que temerle a las discusiones en torno al proceso ni las divergencias y menos a los opositores del mismo. La discusión debe hacerse acorde con el momento histórico que vivimos.
Cada palabra del acuerdo está respalda por documentos históricos, análisis cuantitativos y cualitativos, estudios rigurosos de la academia y los sectores gremiales, de las ONG. Si hablamos de desplazamiento existen los documentos serios sobre el fenómeno, los índices de las personas víctimas del mismo, el conocimiento de los victimarios, las circunstancias históricas de los hechos, el atlas de la concentración de la propiedad de la tierra, los instrumentos de reparación y restitución y los mecanismos y las políticas de apoyo institucional a las personas cuando se produzcan las reparaciones. Los mismo pasa con la justicia transicional, los proyectos que deberá aprobar el congreso, los mecanismos de participación política. No estamos jugando a los dados, estamos construyendo una nueva oportunidad, con equidad, justicia, creando los marcos para no volver a caer en nuestros errores y desde la ley.
Los acuerdos firmados están en la red, los documentos sobre cualquier tema de igual manera están disponibles, las bitácoras por  tema está perfectamente señaladas, no hay un solo ápice de ocultamientos frente al proceso. Podremos estar de acuerdo o no, lo que no debemos dejar de hacer, es participar, salir al debate, menos dejar de sufragar en el plebiscito que se propondrá de acuerdo a los lineamientos de la Corte Constitucional de Colombia. Oportunidades como estas las tiene un país cada cincuenta años.

Participar desde el conocimiento se hace necesario, el debate y las decisiones que tomemos adquieren de esta manera una responsabilidad a partir de la lucidez, del compromiso con un país que está pidiendo a gritos un cambio. Debemos cumplirle a una generación nueva, que no tiene que heredar nuestros errores, la violencia política, la delincuencia común rampante, la corrupción política, la exclusión y la inequidad no pueden seguir imperando.







domingo, julio 17, 2016

PSICOTICOS Y ACTOS TERRORISTAS


Como asimilar la noticia de un loco arremetiendo contra personas inocentes desde un camión, sin discriminar  niños de adultos, asesinando a granel en una calle de Niza en pleno aniversario de la revolución francesa,  por consideraciones políticas, sabiendo de antemano que de ese acto no saldrá vivo. Desde donde entender este hecho, que vuelve a enlutar a Francia de nuevo y confirma lo difícil que es evitar este tipo de actos por lo intempestivos e impredecibles.  Resulta irresponsable incluso englobar el acto, con el nombre de terrorismo, con la simpleza acostumbrada de los políticos, hay un síntoma de disfuncionalidad social que alcanza dimensiones  graves y que obliga a un análisis que tenga en cuenta todas las variables posibles, las que permitirán tal vez dilucidar qué está pasando en el mundo.  Lógico que es imposible des-entenderse de los problemas geopolíticos, del entrecruzamiento de intereses que se salieron de madre y que hoy tienen a un grupo terrorista, el estado Islámico, tratando de imponer sus razones a sangre y fuego en una Europa debilitada, inmersa en muchos problemas: Económicos, una migración incontenible e inmanejable, la comunidad en crisis por la actitud de Inglaterra…y llenándose de los fundamentalismos y el racismo que tanto aborrece de sus enemigos.
Este hombre  no tenía ninguna conexión con el grupo terrorista estado Islámico, su acto fue solitario, psicótico, pese a actuar como un miembro del mismo.  Se fue alimentando en su psicosis de la información obtenida en la red y asumió la misión como un miembro imaginario, de acuerdo al ideario y a la forma como suele actuar el grupo terrorista. La pregunta es: Cómo controla un estado situaciones de esta índole, puede prevenir hechos como el sucedido.
Niza es la ciudad más vigilada de Francia. Desde los últimos actos terroristas que enlutaron a Francia, el nivel de seguridad y prevención adquirió condiciones paranoicas.  Cada municipalidad asumió la seguridad como prioridad y las medidas para alcanzarla parecen exageradas. Aun así, un loco llena un camión de armamento, lo lleva a la calle más popular de Niza y arrasa a 80 personas, impredecible y muy difícil de entender.
En los Estados Unidos hemos visto en los últimos meses locos disparando desenfrenados sin razón alguna, bueno sería preguntarnos como estamos de salud mental en el mundo. La pulsión de muerte impera, hallar las razones de tal preeminencia resulta una necesidad. Cuáles son los presupuestos morales que nos contienen, a dónde llegaremos.
La salida a este problema no es solo militar, requiere de mucha inteligencia, es necesario realizar una radiografía exacta de cuál es la posición de Europa con la situación de Siria, en general con todo lo que pasa  a este lado del planeta de tantas repercusiones para el mundo. Recurrir a los Islamitas de talante democrático, respetuosos de la libertad de cultos, a esa inmensa fracción que nada tiene que ver con una minoría fundamentalista resultado de las guerras fratricidas de las últimas décadas promovidas irresponsablemente por occidente. En este caso vale ser más inteligentes que las circunstancias. No es atajando la migración ni fomentando la xenofobia, occidente debe asumir un liderazgo que le dé una salida acorde con la magnitud del problema desde una óptica pluralista, el llamado debe convocar a  las reservas de inteligencia de Francia, país con un arraigada historia que aún pesa mucho, siempre han pensado para el mundo, la mayoría de instituciones democráticas nacieron en esta tierra, las soluciones deben enlazar y tener en cuenta tantos cabos e intereses que  se dejan de lado siempre. Lógico, no será fácil. Lo primero, entender que está pasando, son pocos los análisis serios sobre la materia, imposible tratar el tema sin conocer al detalle como están las relaciones  de occidente y el oriente, me refiero a esa zona especifica donde nació la civilización y hoy impera la barbarie.





sábado, julio 09, 2016

EL GUSTO EN LA ERA DEL ALGORITMO


Transcribo este artículo por la importancia frente al tema que traté en la pasada entrada. La relación de las matemáticas en las plataformas está descontado, la perfecta articulación con nuestras elecciones personales y el desciframiento del funcionamiento cerebral constituyen una revolución aún difícil de entender para el común de los mortales, es muy interesante ahondar en este tema por la importancia significativa en lo absoluto de la vida.
VICENTE VERDU
La prescripción artificial en plataformas digitales como Amazon, Netflix, Google o Facebook eleva el riesgo de homogeneizar la identidad y los hábitos de consumo cultural.
Los lunes por la mañana, los usuarios de Spotify reciben una lista de canciones personalizada que les permite descubrir nueva música. De igual modo que los sistemas de recomendación de Amazon, Google, eBay o Facebook, este cerebro artificial logra trazar un retrato robot del gusto de sus suscriptores y construye una máquina de prescribir que no suele fallar. El sistema se basa en un algoritmo cuya evolución y usos aplicados al consumo cultural son infinitos. De hecho, plataformas de streaming cinematográfico como Netflix empiezan a diseñar sus series de éxito como House of Cards rastreando en el big data que generan todos los movimientos de sus usuarios para analizar lo que les satisface. El algoritmo construye así un universo cultural ajustado y complaciente con el gusto del consumidor, que puede avanzar hasta llegar siempre a lugares reconocibles. Pero ¿qué sucedería si la vida nos diese siempre lo que nos gusta y nos rodease solamente de aquella gente que nos hace sentir bien?

El algoritmo, sostienen sus críticos, nos hace aburridos, previsibles, y empobrece nuestra curiosidad cultural

De algún modo, Internet y las plataformas de streaming cultural han alumbrado un universo parecido al que describía Borges en La biblioteca de Babel, donde podríamos encontrar casi todas las obras existentes. Siguiendo los patrones tradicionales, solo deberíamos en este nuevo mundo saber lo que queremos e introducirlo en el buscador. “Pero en el caso de la música puede asustar. Es un mapa incompleto de lo que está disponible”, explicaba en la última edición de Sónar +D Ajay Kalia, responsable del departamento de trazar el perfil del gusto del usuario de Spotify. “Así que pensamos que quizá podíamos interpretar ese mapa de la música para el usuario y lo primero que descubrimos es que no existe una forma única de hacerlo. Es algo muy personal, cada uno tiene el suyo. Y muchas veces son islas inconexas. Así que lo que podemos hacer es trazar unas líneas entre ellas para que tengan sentido para ti”, explicaba en relación con la construcción del taste profile.

Su sistema de recomendación —quizá el más avanzado del mercado— se basa en nuestras búsquedas, a qué géneros las asociamos, qué significa para nosotros jazz o soul o a qué horas y días del año le damos al play a determinadas obras. El resultado es tan dispar que en ocasiones es imposible que un algoritmo relacione a Don Cherry y Ornette Coleman (nuestros héroes musicales) con La Chatunga de Luis Aguilé (la arrebatada selección de nuestra suegra en la verbena de San Juan). La mayoría de sistemas simplemente omiten entonces ese elemento discordante y empiezan a cerrar el círculo del gusto en torno a lo más obvio —aquello de “si le ha gustado x le gustará y”— o a lo más solicitado —en caso de recurrir a búsquedas similares de otros usuarios—. Spotify ha logrado establecer un círculo que incluye esa canción disonante y que esboza cómo, poco a poco, la inteligencia artificial podrá superar al código y ser capaz de aprender por sí misma.

Un experto defiende que no es menos fiable que la “fórmula caótica que cada oyente ha ido inventando. Ni menos humana”

Como estableció Pierre Bourdieu en 1979 en La distinción (Taurus, 2012), el gusto ha sido durante años el gran elemento de diferenciación social. Según su teoría, ese elemento nos permite juzgar a los demás y, a la vez, ser juzgados. Nos da la posibilidad de distinguirnos, clasificarnos e, inevitablemente, que nos clasifiquen también. Nos coloca una etiqueta, incluso dentro de un mismo círculo: no pensaremos lo mismo de alguien que sale de un concierto de la Cuarta sinfonía de Shostakóvich que de otro que entra en un auditorio donde se interprete El Danubio azul, de Strauss. Lo mismo que de un fan de Enrique Iglesias y otro de Neil Young. Una reducción, en suma, similar a la que hace el algoritmo para reconocernos: prejuzgar una identidad ­—en este caso, social y económica— basándose en determinados elementos culturales que lleva asociados y que nos diferencian de forma sistemática para, de nuevo, asignarle más capas de distinción.

Sin embargo, construir una identidad a través de los hábitos culturales y de la investigación cotidiana, obviamente, permitía exhibir un brillo que poco tiene que ver con el que es capaz de otorgar una máquina. El algoritmo, sostienen sus críticos, nos hace aburridos, previsibles, y empobrece nuestra curiosidad por explorar el acervo cultural. Ramón Sangüesa, coordinador del Data Transparency Lab, ha trabajado dos décadas alrededor del machine learning y la inteligencia artificial vinculado al MIT. Puede ver sus ventajas, pero también los riesgos. “Estos sistemas se basan en el pasado para predecir el futuro. La primera dificultad es conseguir la masa crítica para que tengamos más datos y las proyecciones sean mejores. Pero además corren el riesgo de quedarse en una misma área de recomendación. En el consumo cultural, el peligro está en la uniformización del gusto, lo que llamamos el filtro burbuja. Y así se van creando comportamientos más estándares”, señala. Este fenómeno —descrito en el libro El filtro burbuja, lo que esconde Internet por el fundador de Upworthy Eli Pariser— se reproduce en redes sociales como Facebook, donde el usuario se ve aislado en un entorno de información que el algoritmo deduce que querríamos ver basándose en nuestros círcu­los de amistad y en el feedback de búsquedas anteriores.

 Ilustración: Setanta.ampliar foto
Ilustración: Setanta.
Justamente, el estudio catalán Domestic Data Streamers presentó también en Sónar +D un proyecto titulado Time Keeper basado en sortear el yugo del pasado y tratar de dilucidar lo que apreciaremos en el futuro. “Hasta ahora el algoritmo sabe lo que haces, lo que te gusta. Pero no por qué. Con este proyecto generamos un escenario donde hay una conversación mayor entre la persona y la máquina”, señala Dani Llugany, director creativo de la empresa. La evolución de este algoritmo consiste en analizar el perfil de Spotify de cada usuario que participa y luego añadirle un test psicológico para obtener información personal. Por último, se le pide a cada persona que defina un momento que le gustaría vivir en el futuro con una fecha concreta: ese día el usuario recibirá la canción perfecta para esa circunstancia prevista. “Estamos acostumbrados a que una canción puede transportarnos al pasado. Esto es lo contrario, buscar una vinculación entre la música y el futuro”, remarca Llugany.

El algoritmo, sostienen sus críticos, nos hace aburridos, previsibles, y empobrece nuestra curiosidad cultural

La personalización de la oferta podría cristalizar también en nuevos géneros musicales o literarios. Amazon, el gigante de Internet, anunció hace un año que pagará a los autores independientes en función del número de páginas que los lectores consuman de sus obras. Si el libro no funciona, no cobran. Si funciona a medias, cobran a medias. Algo parecido sucede en el mundo audiovisual, donde Netflix analiza 30 millones de visionados al día para conocer los gustos de sus suscriptores: incluido cuando usted rebobina, adelanta la imagen o la deja suspendida en pause. Todos esos movimientos, también cuestiones de trama o tono narrativo, se monitorizan y sirven para tomar decisiones de producción en series como House of Cards e incluso para personalizar sus tráileres en función del perfil de sus espectadores.

La cuestión, sin embargo, es si los límites impuestos en el aprendizaje por los sistemas cerrados de computación son equiparables a los errores y posibles estupideces que hemos cometido durante años formando nuestro propio gusto. Eloy Fernández Porta, autor de Emociónese así (Anagrama, premio Ciutat de Barcelona), no ve gran diferencia. Según el escritor, antes de Spotify y fuera de él el gusto ya venía determinado por criterios de accesibilidad, aceptabilidad, actualidad y distinción. “Siempre hemos vivido la música en un algoritmo, lo que pasa es que en vez de llamarlo ‘matemática’ lo llamamos ‘espontaneidad’. El algoritmo de Spotify no me parece menos fiable que la fórmula caótica que cada oyente ha ido inventando. Ni menos humana: cuando hace analogías erróneas o se empeña en recomendar el primer disco de Vincent Gallo, nos está jugando las mismas malas pasadas que nos juegan nuestras sinapsis”, señala.
De algún modo, Internet y las plataformas de streaming cultural han alumbrado un universo parecido al que describía Borges en La biblioteca de Babel.
Una posible diferencia, sin embargo, residiría en el principio de buena fe o la manipulación. Filtrar la información en redes como Facebook o en búsquedas a través de Google puede configurar nuestra manera de pensar. Y ese es el problema principal, señala la artista e investigadora en cuestiones de crítica tecnológica Joana Moll: la ilusión de libertad de elección que muchas veces generan los algoritmos. “Tú actúas en base a lo que te presentan, a lo que ves. Ese es tu mundo. Pero en realidad marcan un patrón de consumo que te llevará a determinados lugares. El algoritmo filtra una representación del mundo, y eso es aplicable a cualquier plataforma”, señala.

En cualquier caso, el otro gran interrogante que surge tiene que ver con la posible prostitución de la prescripción, algo que ya ha sucedido en el terreno humano —véase bloggers, instagramers y demás prescriptores patrocinados— y puede introducirse en los criterios del algoritmo de forma artificial. Si lo que nos recomienda la máquina sirve para vender determinados productos, ¿por qué no utilizarla para favorecer a algunos artistas/empresas/ideologías? Ramón Sangüesa se encuentra ahora mismo investigando sobre las herramientas que permiten saber por qué a cada uno nos recomiendan determinados caminos por los que seguir transitando. “Habrá criterios complementarios que pueden ir en beneficio de quien tiene la propiedad de esa obra, por supuesto. Y esos criterios son bastante oscuros. Esas empresas saben todo de mí, pero yo no sé con qué criterios me recomiendan las cosas”. Y ahí, en parte, está la gracia del dichoso algoritmo.