Google+ Followers

domingo, diciembre 14, 2008

LA VUELTA A LOS FUNDAMENTOS DE LA DEMOCRACIA

En el pasado debate electoral norteamericano, quedó expuesta la necesidad de volver a mirar seriamente los principios fundacionales de su democracia, aquellos que hicieron grande a la nación y que tuvieron tan grata influencia en la revolución francesa y en la emancipación de las naciones latinoamericanas. Obama, trajo el debate a la mesa ante el hecho contundente de aceptar que Estados Unidos desde hace dos décadas ha cercenado derechos fundamentales e inexplicablemente los ha venido coartando con base en las supuestas amenazas del terrorismo. El candidato evocó a los grandes pensdores, no solo por el prurito electoral, sino por la crisis evidente de la democracia y la necesidad sentida de recordar los discursos que forjaron la grandeza de su nación y en clara respuesta a la consolidación de una derecha republicana uqe ha demostrado poco respeto por los derechos humanos y garantías constitucionales. Pero el debate, representa mucho más que una puesta en escena de aquellos fundamentos necesarios para garantizar la libertad y el derecho al disenso, es un toque de diana al mundo, a las democracias para que no pierdan el norte. Nicolás Guillen en un articulo en la red escribía con suma preocupación que: “Las teorías democráticas más actuales han tratado de legitimarse presentando la democracia como un método político neutro constituido por un conjunto de arreglos institucionales, que pueden ser utilizados por cualquier agrupación política independientemente de su posición política.” Y adelante agrega con absoluta lucidez: “Esta conceptualización empírica e instrumental sustentada en la línea de pensamiento de Bentham y James Mill[1], y no en el de Rousseau y John Stuart Mill, trata de manera sistemática de sedimentar su supuesta neutralidad en la conciencia de la población y de esa manera obviar las implicancias normativas que esta teoría lleva inmersa. Esta supuesta neutralidad, que tratan de defender los promotores de estas teorías democráticas contemporáneas, tiene graves implicaciones políticas por cuanto trata de "globalizar" el sistema político anglo-americano, que se sustenta principalmente en el pragmatismo de Bentham y James Mill. Con el fin de hacer más creíble, y por lo tanto, legitimar la "neutralidad" del sistema político, especialmente de Estados Unidos y Inglaterra, promueven la necesidad creciente de "expertos" para poder dar cuenta en forma más "científica" de la vida política que deviene cada vez más compleja. Para estos autores de la teoría sobre la democracia contemporánea, convertidos en verdaderos tecnócratas de la política, la iniciativa en el accionar político estaría cada vez más en los "braintrusts" y en la investigación del mercado de la política”. La exclusión, de las decisiones de gran parte de la población, que están ahora en manos de expertos que suponen tienen el derecho de asumirlas ha permitido la implementación de medidas absolutamente inaceptables de acuerdo a los principios que supuestamente sustenta el sistema político basado en la democracia moderna. El debate responde a una lógica con voceros muy claros, según el autor Guillen: “Toda esta línea de pensamiento oficial sobre el sistema político tiene como ideólogo central a Joseph. A. Schumpeter. Este, al igual que Bentham y James Mill, se focaliza en los "arreglos institucionales", y le otorga una participación limitada al pueblo. Para Schumpeter, "la democracia es un método político, eso quiere decir, un cierto tipo de arreglo institucional para llegar a decisiones políticas, legislativas y administrativas"[2]. En su teoría, ponía gran énfasis en la competencia entre los líderes políticos por el voto del pueblo. Schumpeter comparaba la competencia política por los votos a la forma en que funciona el mercado de mercancías. Los votantes serían como los consumidores que eligen entre los distintos productos políticos que ofrecen los líderes de los partidos, que los visualiza como empresarios políticos que compiten por contar con el favor popular, y concibe a los partidos como las asociaciones que actúan en la esfera económica[3]. En la famosa conferencia, la democracia y la lección de los clásicos nos recuerda Bobbio, con alguna ironía: “Según la lección de los clásicos, que se suele hacer empezar por comodidad en Maquiavelo únicamente porque el pensamiento de Maquiavelo acompaña la formación del estado moderno, pero que se podría hacer empezar mucho más atrás, una lección, téngase en cuenta, que es también la de Marx, la política es la esfera donde se desarrollan las relaciones de dominio, entendido dicho dominio en su expresión más intensa, como el poder que puede recurrir, para alcanzar sus propios fines, en última instancia, o extrema ratio, a la fuerza física. “ Bobbio, hablaba hace diez años de la crisis de la democracia, ahora el debate está más vigente que nunca y de su ponderación depende que no caigamos en los totalitarismos tan nefastos para la humanidad.