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jueves, octubre 08, 2015

OJO AL JIBARO DE MARIO ARMANDO VALENCIA



En Colombia los trabajos de la academia no son divulgados con la importancia que merecen y muchos de ellos no sobrepasan el ámbito de los propios centros educativos, aparecen en las revistas académicas o en ediciones universitarias de muy poco tiraje,  lo que hace que se pierdan para el público en general y sean muchas veces solo pre-requisitos para obtener el título. Acercar estos textos al lector no académico es una labor necesaria, sobre todo cuando hay investigaciones como la presente, rigurosa, seria y  la cual constituye un aporte valioso desde la perspectiva crítica e histórica del arte, en un país como Colombia donde los trabajos de este talante prácticamente no le interesan a las grandes editoriales.
Esta es una tesis para obtener el doctorado sobre en estudios culturales de la universidad de la Universidad Simón Bolívar Sede Ecuador.  Mario  armando Valencia, es un filósofo  de la ciudad de Manizales Colombia, quien desde hace veinte años viene trabajando y haciendo una labor importante como estudioso y crítico de arte en el eje cafetero Colombia, escrutando todo lo que sucede en la región al respecto, su genealogía, interpretando los entuertos y complicaciones propios de una sociedad cerrada y elitista, la manera de producir y ver el arte, siempre articulando esta mirada con el soporte de las grandes escuelas de la crítica de occidente en el amplio espectro de sus discusiones y desciframientos. Mario no solo ha estudiado el arte de la región desde la perspectiva histórica, sus  problemas más emblemáticos desde lo creativo, en la producción, la forma en que se expresa, sino que ha fomentado y sembrado la formación de una crítica especializada a través de talleres y la propia academia. Actualmente está vinculado a la universidad del Cauca en una labor encomiable y llena de publicaciones y trabajos que iré divulgando.
El tema es especifico y centrado: ““OJO DE JIBARO, Conocimiento desde el tercer espacio visual, el escenario del Eje Cafetero colombiano”, constituye una investigación estructurada y desplegada en tres capítulos y en aproximadamente cuatrocientas páginas cuyo tema central gira en torno a las dinámicas de conocimiento desplegadas en el campo de los saberes y practicas visuales consideradas en relación con las artes plásticas del Eje cafetero colombiano, durante los últimos veinte años”[1].  Adelante precisa el autor con absoluta lucidez: “Desde un enfoque intercultural crítico, en dialogo con diversos pensamientos del sur global, la investigación expone y desarrolla en el primer capítulo las formas de codificación visual que han dado origen a las dinámicas de control de la mirada, desplegadas en el campo de las practicas realizadas desde y para la sensibilidad visual, operantes en este campo en dicha región de Colombia. Tal análisis se refiere a las instituciones, a los procesos, a los y las artistas y a los regímenes de producción de saberes-haceres que han moldeado la sensibilidad visual de la región y especialmente la configuración trascendental de sus modos de mirar en tres componentes: una mirada pura, una mirada sucia y una mirada limpia”. Nadie como Mario, conoce de manera real lo que pasa en esta materia en el eje cafetero, los laberintos propios de una sociedad muy especial, con unos tic específicos, muy particulares, los entrecruzamientos e intereses a que se somete el arte, manejado por una clase, repito elitista, quienes manejan todos los roles, asumen poseer la última palabra, la verdad y el derecho sobre ciertas expresiones, hasta ahora ( Me refiero a los últimos 20 años) apenas están entendiendo los avatares de una mundialización que paradójicamente se hace importante solo desde lo local, lo que los obliga a tomar posición, para re-interpretar todo lo construido y las maneras como se ha expresado y analizado el arte en esta parte del mundo, siempre desde la esclerótica de los saberes que han hecho importante a occidente, para entender cómo se articula con nuestra manera de mirar, exponer, interpretar y relevar, cual es la perspectiva estética en general.
Mario por ello es muy especifico:
“El resultado de la investigación es, entonces, no una historia del arte contemporáneo en el Eje Cafetero, ni una historia de las ideas estéticas contemporáneas de la región, ni tampoco un disciplinado trabajo de crítica de arte. Lo presentado aquí es un cuadro de crisis y fragmentos, de discontinuidades y contrastes, de alternancias y yuxtaposiciones que he configurado como una policromía des-armónica, en diálogo necesario, casi obligado y complejo, de los saberes/haceres que rigen nuestras nociones de visualidad y belleza en el momento actual. En consecuencia, esta investigación no hace un recorrido histórico lineal y totalizante del origen, evolución y desarrollo de procesos, sino se sitúa frente a las realidades existentes y, a partir de ellas, emprende un análisis y una arquitectónica sobre los elementos centrales constitutivos de las prácticas artísticas simultáneamente localizadas”.  Renato Ortiz, en el texto “Modernidad-mundo-identidades, categoriza, algunos conceptos sobre cultura, que se pueden tras-polar, a la presente preocupación sobre el arte, en lo referente a las identidades, que fungen como a soporte o enunciado de suma importancia para poder contextualizar los enrutamientos teóricos asumidos: “La cultura está marcada por la función integradora, que conforma a los individuos a las exigencias de la sociedad. Personalidad y cultura pueden ser aprehendidas en su articulación visceral. Por lo tanto, esta capacidad de cobertura se limita a un territorio físico: Las sociedades primitivas poseen fronteras bien delineadas. Esto significa que al interior de su territorialidad, toda cultura es una e indivisa. Ella se distingue de otras y se define por una centralidad particular. Por eso, la literatura antropológica va preocuparse por la insularidad”[2]. Sobra decir, que esta singularidad es en el fondo la preocupación central de Mario. Los ejes que la articulan son: “1) Modos, formas y procesos de producción, circulación, exhibición y consumo; 2) Naturaleza de las prácticas; y, 3) Concepción de la investigación”[3]. Es imposible hacer esta mirada sin conocer el marco de tensiones que se dan a nivel social en el ámbito de las expresiones artísticas,  anclajes que desde una sociología nunca pueden ser descartados, pues son vitales para entender lo que sucede en la creación-producción e interpretación del arte, que tiene particularidades que  la hacen imprescindible.
Cuál es el método: "La investigación se gesta desde la exploración profunda y autoconsciente de ese lugar de enunciación (incluidos los desplazamientos, articulaciones y agenciamientos que toda cultura viva supone) y de la reflexión subsiguiente sobre todo el cúmulo de vivencias experimentadas directamente en los últimos veinte años (1990-2010). Para su concreción académica nos basamos en los diversos recursos que los Estudios Culturales Latinoamericanos provee para estos casos: la indagación a fondo de la memoria, el reconocimiento de las realidades propias y sus saberes para producir, a partir de ello, teoría en el enfrentamiento con los traumas y dolores histórico-estructurales, producto de las negaciones sociales y epistémicas, el reconocimiento del otro, aún en las más absoluta diferencia, la comunión en la desesperanza y en la esperanza para tramitar culturalmente la desazón y la indignación que en muchos momentos acompaña nuestra búsqueda”. Enrique Dussel, juega un papel de suma importancia en este trabajo, en sus teorías se sustenta parte de la investigación"[4]. En la reseña aparecida en el portal de la universidad del Cauca hay una síntesis muy clara: “El libro revela, además, la presencia de tres modos de saber-hacer estético-visuales en tensión crítica-creativa: el modo de la caja negra, el modelo de la caja de cristal y el modelo abierto crítico. El texto muestra que estos tres hilos narrativos responden a su vez a tres miradas distintas yuxtapuestas y en tensión que sustentan tres concepciones estructuralmente diferentes de nociones y prácticas artísticas: la mirada pura, la mirada sucia y la mirada limpia”. Esto nos permite tener una idea de lo serio de la estructura del texto. Ahora la pregunta curiosa es: cuál es el ojo del Jíbaro. Este termino de tantas connotaciones en el caribe nuestro, no es una apuesta banal a una sonoridad puesta como un interrogante, astucia de un poeta que encubre una parte esencial de su ser, de su formación, en estas elucubraciones rigurosas de la academia, es más bien el usufructo de quien conoce el carácter del Jibaro, el ojo, la mirada desconfiada, ese ser que otea más allá del canon, el análisis sobrepasa a la propia genealogía que la anticipa como a priori, vital, pero no la única. Esto es parte de lo que hace este trabajo tan excepcional.
Este apenas es un abre-bocas de un análisis que amerita mucho más amplitud. De este trabajo el acápite tres, del capítulo dos me parece de una hondura emblemática, denominado: Lo abierto crítico: “Tramos y trochas”. No cabe duda, que es preciso hacer otra nota sobre la presente investigación.



















[1] Página 4, Ojo de Jibaro, Tesis de Doctorado, universidad Simon Bolivar, sede Ecuador.
[2] El autor está citando a Colima
[3] Ibidem Pág. 14
[4] Así mismo procedo en el segundo capítulo, donde me valgo de las metáforas
de “la caja negra”, “la caja de cristal” y de la unidad de análisis “modelo abierto
crítico”, todas propuestas por Enrique Dussel.

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