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viernes, septiembre 06, 2013

CUESTIONAMIENTOS AL PODER EN LAS CIUDADES COLOMBIANAS



Después de una evaluación juiciosa del orden público en las principales ciudades colombianas, decidí poner en contexto el problema del poder. La pregunta puntal: Quien manda,  en manos de quien está la autoridad en nuestras capitales. Descifrar esta pregunta, significa romper el velo sobre los entramados del poder en manos de las bandas criminales,  el contubernio perverso de estas con las autoridades y por su puesto la situación del ciudadano común, que está en medio de estas dos fuerzas que lo avasallan.
Las bandas criminales tiene una génesis, comprenderla bien nos ayudara a entender y descifrar su empoderamiento actual. Con este nombre se identifica a una serie de organizaciones mafiosas que operan en Colombia. Esta denominación fue otorgada por el ex presidente colombiano Álvaro Uribe, frente al fenómeno o reestructuración del crimen organizado, luego de un proceso de desmovilización de 32 000 mil combatientes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), el fortalecimiento de la implementación de la política de seguridad democrática y la influencia del narcotráfico. Las bandas criminales operan en todo el territorio nacional, aunque también mantienen presencia en otros países como Venezuela y Panamá. Sus aliados estratégicos son las FARC, ELN, EPL y varios narcotraficantes, debido a que su principal actividad en principio, fue el control sobre el tráfico de estupefacientes, ahora existen mecanismos más eficaces, que van desde tributos, cobros ilegales, la extorsión, el microtráfico y el control de las ollas. También se tiene indicios sobre los nexos con varias mafias mexicanas, entre las que figuran el Cártel de Sinaloa, y Los Zetas.
Entre sus accionares se encuentra el ataque, la extorsión y el secuestro a la población civil y miembros de la fuerza pública.  Otras actividades obedecen al reclutamiento forzado de menores de edad y el impuesto, una modalidad extorsiva que busca la intimidación y el desembolso de dinero por parte de comerciantes, empresarios y, en ciertas ocasiones, a compañías y empresas de diversos sectores.
 Después del proceso de Ralito y la desmovilización promovida en el primer gobierno del Doctor Uribe, de las Autodefensas Unidas De Colombia, se fueron develando aspectos sustanciales al interior de estas organizaciones, que ayudaron a descifrar este fenómeno. Desde años atrás, las ciudades estaban bajo control de las bandas criminales, al principio con organizaciones muy incipientes  que nacieron atendiendo encargos de los varones de la droga hasta lograr estructurarse con más fortaleza. Con el tiempo, gracias al dinero obtenido por estos favores, crearon jerarquías de mando, se consolidaron los llamados combos, verdaderos grupos pequeños de poder, los cuales buscaron ser  visibles en la ciudad, ganando reconocimiento, pues ser visible,  significa en carta blanca, ser respetados. En el caso de Medellín la red delincuencial era reconocida, su entramado era visible. Volvamos al caso de don Berna. Hasta hace poco, su autoridad estaba por fuera de cualquier duda en Medellín, se había hecho al control total de Medellín  y lo ejercía de manera absoluta. Algún día le dijo al alcalde, voy a parar la ciudad y así se hizo, dejó de funcionar el transporte público, muchos negocios cerraron y de pronto la ciudad se paró bajo su mandato. Cómo llego a este poder. Llegó a la cima después de una carrera delictiva de años, nació como correo, se hizo respetar como sicario, creció junto a los grandes narcotraficantes, hasta convertirse en el capo, el único, sobra decir que después de muchos sucesos y circunstancias que convergieron a su empoderamiento. Esto quiere decir que en la ciudad,  la infinidad de grupos delincuenciales, terminaron  atendiendo a una sola voz de mando, la del patrón. Ahora es preciso tener en cuenta el análisis sociológico de contexto, de lo que pasó en los barrios, en las comunas, zonas que tienen su propia historia. Las comunas nacieron y crecieron, por efecto de los recurrentes desplazamientos de campesinos, producto de la violencia de los años cincuenta, sesenta y setenta, frito de las luchas partidistas. De esta manera  se fueron creando cordones de pobreza alrededor de las grandes las capitales colombianas. Con el tiempo  adquirieron  importancia desde lo urbano, lo social y para la propia gestión pública, llamase: Ciudad Bolívar, comunas de Medellín, distrito de agua blanca en Cali. Hoy sería imposible gobernar cualquiera de estas ciudades sin tener en cuenta estas grandes zonas. Desde esta perspectiva, resulta evidente que existe un problema social concomitante con el problema de las Bacrim. Existen responsabilidades directas del estado, la clase dirigente, sectores gremiales y la sociedad. Cual ha sido la acción del estado al respecto. Empecemos por las decisiones de carácter policivo. Casi siempre son de reacción. No hay política criminal. Debemos saber que el estado y política criminal deberían estar ligados; aunque es evidente que puede haber muchas políticas criminales dentro de un Estado, en la medida que el poder esté repartido y en cuanto haya la posibilidad de diferentes movimientos de expresión. “la política criminal es un mecanismo que distribuye el poder de criminalización, al usar las leyes, la policía y el proceso para dar solución a los conflictos sociales. Pero esta política parte de la igualdad en teoría, porque en la práctica lo que existe es una discriminación, que se manifiesta en una desigual distribución de la criminalización, entonces en principio debe propender por redistribuir el poder de criminalización, abarcando todo el sistema criminal. Ahora la política social y la inversión por muchos años fueron muy débiles, tuvimos un asistencialismo perverso, paralelo  a esto, vivíamos en medio de una corrupción enquistada en todas las instancias. Fueron veinticinco años en que esta juventud inerme cayó en manos del narcotráfico y las bandas. Se han instaurado programas sociales, planes de cobertura, comedores comunitarios, vivienda de interés social, para atenuar el problema básico de exclusión, inasistencia alimentaria, falta empleo, drogadicción, esfuerzos que no alcanzan a solucionar el problema.

Cada ciudad vive su propia viacrucis. Algunas han logrado ocultar el problema, encubrirlo. Cito el caso de Medellín, porque su paz,  no corresponde al discurso que trata de vendernos su alcalde.  Las bandas están realmente empoderadas. El ciudadano vive cargado de temores, no importa si está mal, bien, la presencia de las mismas lo intimida. Vivimos en medio de una red, es una época de premeditación, los asesinos están convertidos en jueces. Esto quiere decir que hay un historia social de la delincuencia, no nacieron por generación espontanea. Es imposible una negociación de paz sin contar con ellas. Sería fatal desconocerlas.













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