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viernes, agosto 11, 2017

NIETZSCHE


Entre mis lecturas sucedáneas siempre está la de este pensador Alemán, la fuerza vital de sus textos me seduce y sigo pensando que diagnosticó con una precocidad cercana a la profecía, la crisis de estos dos últimos siglos, descifró la inconmensurable subjetividad humana en sus más connotadas tragedias y cuestionó como nadie la filosofía occidental, nos enseñó a pensar con el martillo. Por aquellas circunstancias gratas de la vida, esta semana me encontré con Diana Omeara, una psicóloga que estudia filosofía, realmente se está preparando para pensar en el extremo, en el precipicio, se le metió por gracia de un trabajo a Nietzsche con absoluto rigor. Con ella tenemos afinidades intelectuales y de vida que me ayudan a soportar la atribulada existencia, hacerla más pasadera.
Entre el ruido de una fiesta inolvidable, hablamos de este pensador por horas. Ahora, que leo el “Águila Angustiada”, una de las mejores biografías  y los textos de Heidegger que recopilan las lecciones sobre Nietzsche, por gracia de un tercero, volví a pensar en la crisis del ser humano y la manera como la abordó Nietzsche. Llegue a rumiar sus textos, mis trabajos académicos y  sorprende ratificar la actualidad de este pensador y por su puesto su lucidez, para entender cómo esta sociedad donde el poder y las servidumbres encubiertas de gozo, en la gran carpa del consumo exuberante, han violentado de tal manera al individuo, que parece no tiene salida, morirá confundido en laberintos e imposturas infinitas. Los seres sienten que han triunfado por carreras y trofeos inteligentemente manipulados, mentiras e ilusiones que los someten y hasta los hacen sentirse felices.
“Nietzsche supo que el dolor de nuestra existencia no tiene remedio, que de nada valen ilusiones y mentiras para alejarlo de nosotros. Frente a la angustia de esta visión, supo ser veraz, pero después antes de sucumbir, extraviado en en el bosque del conocimiento,  hostigó a los mo0teados animales de presa, exulto en el terror y la desesperación, para mostrarse bajo la figura de un luchador victorioso, Los cazadores anteriores a Sócrates escaparon vivos de aquella selva”[1].
Dos cosas me enseño este encuentro casual y hermoso: Es necesario volver a las conversaciones donde oír al otro sea la constante y  nada como las relecturas.








[1] Georgio Colli. Después de Nietzsche. Pág 12. Anagrama

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