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martes, agosto 15, 2017

JAIME GARZON

La conciencia crítica mordaz, inteligente y directa sobre todos los males de Colombia, fue silenciada por balas asesinas hace 18 años sin que la investigación de los entes oficiales encargados de develar a sus autores este siquiera cerca de producir algún resultado. Mal haría de recordar solo a sus asesinos y los exabruptos de un radicalismo insuperado y no hablar de Jaime.
Hasta ahora nadie ha podido llenar el espacio dejado por Jaime, quien realizó una crítica cruda del país, de sus peores males desde el humor, con una inteligencia fuera de serie, pues no solo descifraba con sus apuntes y escenas  la coyuntura que quería denunciar con sus personajes, sino que en sus interpretaciones y libretos iba dejando ver los tics históricos y maledicentes que se volvieron el pan de cada día del país: El clientelismo, los favoritismos, la corrupción rampante, los grupos armados encubiertos con una saga de sangre inimaginable, la intrincada realidad de nuestra geografía llena de una multiplicidad de violencias muy difícil de explicar y entender.
Es una constante oprobiosa, en la mayoría de asesinatos en Colombia en los últimos treinta años siempre está involucrado el DAS, organismo que se encargaba para la época de investigar la delincuencia y criminalidad,  aunque es preciso advertir que también está comprometida una parte radical de la clase política con su brazo armado, los paramilitares, la derecha radical armada del país; y después de ocurrido el hecho, varios organismos del estado, incluyendo el mismo DAS, mueven todo el aparato de investigación y judicial para desviar la investigación de su cauce, hasta volverla inercial, sin rumbo fijo, encubriendo a los verdaderos autores, lo que nos permite llegar a una conclusión categórica: “ El caso quedará impune. Desde el principio se creó un plan con el fin de desviar cualquier tipo de investigación que se realizara frente a este tema[1]. Para esto se presentaron informes de inteligencia falsos, testimonios contradictorios y pruebas manipuladas”[2]. “El homicidio de Jaime Garzón no fue un homicidio aislado sino que se dio en un contexto de persecución más amplia en contra de los periodistas y defensores de derechos humanos. Eso de entrada es una avance positivo, pero hay que tener en cuenta que la decisión aplica desde el momento que se hizo, por lo que no aplica a los otros dos procesos que se adelantan”, explicó. Por el crimen de Jaime Garzón enfrentan un juicio el ex subdirector del DAS, José Miguel Narváez como determinador del crimen y el coronel (r) Jorge Eliécer Plazas Acevedo, por entregarle información privilegiada a los sicarios de la banda delincuencial ‘La Terraza’ de Medellín”[3].
Jaime no solamente fue una víctima de un sector  radical, fascista y armado de este país, de la clase política a la que tanto incomodaba, quienes no solamente quisieron callarlo, sino que al final intentó convertirlo en un bufón más, lo manipulo en algún momento, como parte del entramado  y la costumbre de esta republiqueta; de los medios de comunicación que de alguna manera lo aislaron con excepciones muy puntuales y por su puesto de un país que siempre olvida.









[1] 'En una junta militar se planeó el homicidio de Jaime Garzón':
Ender Olegua Castillo, investigador del CTI, fue el último testigo de la Fiscalía en el proceso que se lleva contra el coronel Jorge Eliécer Plazas Acevedo por la muerte del periodista y humorista Jaime Garzón.
Según Olegua, la muerte de Garzón se habría planeado durante una junta militar en la que altos mandos del Ejército, cuyos nombres omitió, ordenaron la muerte de Garzón. “De esa reunión salió la orden para que Castaño hiciera el mandado, el jefe paramilitar obedecía las ordenes de los militares", indicó el investigador.
Las investigaciones de Olegua, antes de ser relevado del proceso, señalaron que Garzón estaba enterado de los pormenores que rodearon varios secuestros en el país, sucesos en los que intervinieron altos funcionarios y cuya denuncia le habrían cobrado su vida.
Según el investigador del CTI, cuando Jaime Garzón se enteró de las amenazas de muerte que había en su contra fue a la cárcel La Modelo donde se encontró con Gaitán Mahecha, alias la Ruana, quien a través de radioteléfono lo contactó con Carlos Castaño. Señaló que el extinto jefe paramilitar le dijo que se tranquilizara, que todo estaba bien; días después murió.
La Fiscalía presentó como último testigo en el proceso al exparamilitar Jesús Emiro Pereira, alias Huevo de Pisca, quien se negó a rendir declaración argumentando que se guardaba el derecho a silencio durante este y otros casos en los que fuera citado.
Ante la negativa de Pereira, la Fiscalía envió copias compulsadas al tribunal de Justicia y Paz para investigar su actuación.

[3] Ibidem                  

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