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sábado, junio 17, 2017

LA VIOLENCIA CONTRA EL PERIODISMO MEXICANO

Nadie ha podido impedir el asesinato continuo de periodistas mexicanos, el gobierno de este país no solo ha sido impotente sino que se convirtió en un sujeto pasivo, sospechoso, cómplice, de tan deplorables sucesos y la sociedad, lo que es peor, ya no se conmueve, actúa como si nada hubiese sucedido, cede ante el poder inconmensurable del narcotráfico que todo lo puede.
“Hace exactamente un mes fue asesinado Javier Valdez, un periodista valiente que supo combinar la cobertura del narcotráfico con una amplia sonrisa. Nació y murió en una tierra marcada por la violencia de los carteles del narcotráfico, Sinaloa, territorio del Chapo Guzmán, extraditado a los Estados Unidos”[1].
Fue uno de los periodistas que más de cerca se dedicó a cubrir el crimen organizado en el país, intentando evitar que cayeran en el silencio historias que él creía merecían ser contadas, dándole un nombre a víctimas destinadas al olvido. "La lucha diaria por cubrir el narco", decía, era como "suministrar pastillas contra el olvido".
“Valdez fue el periodista número 36 asesinado durante el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto y con su muerte el gremio de ese país levantó la voz aún más fuerte para cuestionar a un Estado ausente. Las cifras son escalofriantes, al igual que los altos niveles de impunidad que existen sobre los crímenes contra los reporteros de México. Los periodistas del país latinoamericano se sienten acorralados”.

México es el tercer país donde más periodistas son asesinados: 105 desde 2000 (sólo Siria y Afganistán son más peligrosos para la prensa), y Valdez era el de mayor perfil y el más conocido a nivel internacional.
Hace podo le sucedió a Miroslava Breach, quien fue asesinada frente a su domicilio en la ciudad de Chihuahua, en el norte de México este año. Breach fue atacada mientras se encontraba a bordo de su camioneta. Un sujeto se acercó en otro vehículo y abrió fuego contra ella, según reportes policiales. La periodista, de 54 años, salía alrededor de las siete de la mañana de su domicilio, en las calles de José María Mata y Río Aros de la capital chihuahuense, en una Renault Duster color roja, informan medios locales. Recibió ocho impactos de bala, los agentes policiales encontraron casquillos de calibre 38. Murió mientras era trasladada al hospital.
El papel de la prensa latinoamericana y por supuesto, de los mismos periodistas, debe ser más decisivo, la tarea que se nos impone, es unirnos. Con el asesinato de Guillermo Cano en Colombia y la bomba que destruyo al periódico “El espectador” en los años 90 del siglo pasado, hubo un apoyo masivo en Latinoamérica a este periódico. Algo parecido podríamos hacer frente a lo que pasa en México, hacer una cruzada que demuestre como nos duele lo que está sucediendo, se hace necesario darle un apoyo a la prensa libre de manera contundente y firme.







[1] Periódico el tiempo Colombia.

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