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sábado, febrero 25, 2017

DESACELERACION Y ESCEPTICISMO

El último libro de José Luis Pardo, me recordó el ensayo de  Freud, “El Malestar de la cultura”, su nombre “Estudios del malestar”, se refiere la crisis de occidente, señala una pérdida de confianza  de la  sociedad frente al estado y las instituciones y por su puesto la economía, expresó al respecto de esta publicación en el diario “El País”: “—Este malestar es nuevo. Es un descontento no cuantificado ni muy pensado, requiere armas de la filosofía, de la psicología, de la economía. Hace falta finura para expresarlo. Si utilizo el término en lugar de otros es para señalar qué tienen que ver estos estudios con el desprestigio y desmontaje del Estado de bienestar. En 2007 escribí Introducción al malestar en la cultura de masas… En aquella fecha nadie (yo, por lo menos, no) pensaba aún en la crisis económica. Pero el germen del malestar estaba”. Es una mirada desde la filosofía a la crisis que agobia al mundo, que tiene que ver con la fe en el sistema, con la decadencia de la política, con la desaceleración económica, con el escepticismo galopante, que es lo peor que le puede pasar a una sociedad.
Alejandro Gandara escribó en el periódico “El mundo” de españa sobre este libro: “José Luis Pardo entiende la filosofía como el arte de hacer preguntas, y en este libro sagaz y necesario plantea unas cuantas muy certeras: ¿cuáles son los ingredientes de este uso político del malestar? ¿Cuáles son los peligros de una forma de hacer política que parece añorar la acción directa, eludiendo las vías democráticas? ¿Cuál es el papel que debe desempeñar la filosofía ante estos retos? ¿Y la universidad como institución? ¿Y el arte y sus vanguardias?”. Traigo a colación este libro porque pese al caos que representa esta crisis, es evidente que no hay conciencia sobre lo que puede significar y resultar en términos axiológicos y políticos, pues siempre las salidas a estos procesos de incredulidad acentuada no son las mejores y terminan resolviéndose con caudillos y dictadores de la peor pelambre, el ejemplo más flagrante lo tenemos con el presidente Trump, inexplicable que los Estados Unidos hayan votado por tan nefasto personaje. La referencia al comunismo en este texto no es casual, al papel histórico en la sociedad española de este partido, no solo como ideología cargada de esperanzas, hoy todas frustradas, termino al final en lo mismo, en nada, dejando a la masa sin soportes, ni siquiera la ilusión de ser capaz de afrontar la crisis.
En lo económico la crisis es total, Esto significa que esta es más grave de lo que piensan los políticos y los gobiernos.  Es global, catalizada por los escándalos de corrupción que dejan muy mal a las instituciones y al propio estado. Recordé el libro de Joseph E. Stiglitz “El malestar de la globalización”, que sigue teniendo una vigencia absoluta, explica cómo la fe inquebrantable en los mercados, la apertura sin mecanismos de protección a las clases empresariales más vulnerables, sin contrapesos, la liberación total de ciertos protocolos sin tener en cuenta las industrias locales, la liberación del capitales, su desmedro, todas variables que dejaron a la economía en manos de un pocos actores, como siempre terminaron en bancarrotas, burbujas y concentración de la riqueza en unas proporciones inimaginables. A ello se suma la crisis en la productividad, el desempleo, la caída del consumo y la pérdida de fe de los inversionistas de los últimos tres años, que llevó a la peor crisis social de que se tenga conocimiento, la economía está en una inercia peligrosa.
Sumado a esto está la crisis política, esta es total, no hay política, los intereses personales la convirtieron en un negocio, la gente se siente timada por esta clase, vaciada ideológicamente, el panorama es aún más gris,  no hay propuestas, nadie cree en los partidos, fenómeno que genera un escepticismo galopante.  Alejandro Gandara reseña con mucha lucidez sobre el texto de Jose Luis Pardo que alude a todo esto: “Al populismo de los tuits, las pancartas y la demagogia, el autor contrapone un pensamiento crítico que nos ayuda a desentrañar la realidad compleja en la que estamos inmersos. Y para ello se sirve del bagaje histórico de la filosofía, empezando por Sócrates y su diálogo en el Gorgias con el virulento Calicles, partidario de la pugna, el conflicto y el enfrentamiento frente al acuerdo, que sentencia: «Qué amable eres, Sócrates, llamas “moderados” a los idiotas.» Analiza también el tránsito de Hegel a Marx, la reaparición en escena de Carl Schmitt y las propuestas de pensadores convertidos en ideólogos como Ernesto Laclau o Philip Pettit, para quienes la filosofía debe estar al servicio de la política. Frente a esta postura, no habría que olvidar la advertencia de Kant: «No hay que esperar ni que los reyes se hagan filósofos ni que los filósofos sean reyes. Tampoco hay que desearlo; la posesión de la fuerza perjudica inevitablemente al libre ejercicio de la razón.» Porque al olvidarla se olvidó también la descripción del «filósofo» que debería figurar en el frontispicio de todas las facultades del ramo, esa que dice que «los filósofos son por naturaleza inaptos para banderías y propagandas de club; no son, por tanto, sospechosos de proselitismo». Pensamiento frente al panfleto, reflexión frente al exabrupto y reivindicación de una filosofía crítica que no sea vasalla de la política: he ahí lo que propone Estudios del malestar, una lúcida y argumentada advertencia acerca del malestar en el que vivimos y el que nos aguarda”[1].
La iliquidez y la contracción económica son evidentes, la solución no se ve a la vista y los gobiernos parecen no reaccionar, la discusión entre intervencionista y neoliberales vuelve a la palestra, está como para alquilar balcón.















[1]http://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/estudios-del-malestar/9788433964083/A_505

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