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jueves, julio 18, 2013

EL GRAN HERMANO EL CASO SNOWDEN



Toda la parafernalia que ha despertado el ex-técnico de la CIA, para no decir el espía, que hasta hace poco trabajaba como consultor para la agencia nacional de seguridad de los Estados Unidos y que gracias a sus actividad conocía secretos de estado, los que resultó exponiendo y entregando a la prensa, suscita muchas inquietudes y convergencias inevitables. Hoy está esperando en el aeropuerto de Moscú que algún país le otorgue el exilio. Este hombre reveló documentos que dejaron al descubierto el penoso espionaje a que estamos sometidos por la primera potencia mundial.  Sería ingenuo pensar que el tema del espionaje es cosa del pasado. El mundo imaginado por George Orwell ahora es una cruel realidad y resulta claro que es imposible evitarlo, con el terrorismo como pretexto nos ven, escuchan y controlan veinticuatro horas al día con satélites, cámaras instaladas en todo el extenso recorrido de nuestra existencia.

 

El diario The Guardian divulgó el 6 de junio,que en virtud de una orden judicial secreta la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) tenía acceso a registros telefónicos y en Internet de millones de usuarios de la operadora de telefonía Verizon en EE UU. La Casa Blanca defiende la necesidad de registrar las llamadas telefónicas de los ciudadanos de EE UU, por considerarlo "una herramienta crítica" para combatir al terrorismo. Al otro día este diario y “The Washington Post” revelaron dos programas de espionaje secretos: uno que registra datos de llamadas en EE UU y otro que permite a la inteligencia estadounidense acceder a servidores de las principales compañías de Internet para buscar conexiones con el terrorismo internacional. La información apunta a que la NSA y la FBI recababan datos directamente de los servidores de Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Apple. El 9 de junio Un joven estadounidense extécnico de la CIA que trabajó como consultor para la NSA llamado Edward Snowden revela que él es la fuente utilizada por los dos diarios. El joven, que se encuentra escondido en Hong Kong desde donde ha llegado procedente desde Hawai, dice que piensa buscar asilo. Más tarde se conoce que China y Corea son expiados en todas las instancias. En adelante este suceso ha despertado todo tipo de reacciones, los oprobiosos sucesos que vivió el presidente Evo en Europa, que determinó la dimensión del trato de tercera que recibe Latinoamérica en Europa.

Dos libros se me vienen a la cabeza gracias a este suceso. “1984” de George Owell y “El sastre de Panamá” de John Le Carre. El primero describe la sociedad que padecemos  sin que podamos oponernos.  Fue escrito hace más de setenta años, lo que lo convirtió en un libro visionario. En este libro el gran hermano controla todo. Como ahora una cámara siempre está vigilante. Actualmente las calles están llenas de cámaras, en los centros comerciales, el conjunto donde vivó incluyendo una sobre mi terraza, en el colegio de mis hijos, la cancha del barrio. Todo lo ven y lo escuchan.  El asedio paranoico sobre nuestra vida adquirió unas dimensiones inimaginables. Paradójicamente esto significa que la información está en manos de muchos funcionarios, lo hace vulnerable el mismo sistema, como sucedió  este funcionario de los organismos de seguridad. El texto de John Le Carre, es emblemático para el caso.  En este “un hombre sencillo se ve involucrado en un caso de espionaje que terminará en tragedia. Todo ocurre en Panamá, cuando se acerca el día en que debe cumplirse el acuerdo de devolución del Canal al gobierno local. Pendel es el mejor sastre del país. Sus manos miden y cortan los trajes del presidente de Panamá, del general al mando de las tropas norteamericanas en el Canal y de toda la gente importante. Su vida transcurre apaciblemente, hasta que en ella irrumpe un ambicioso y torpe agente británico que lo convertirá en su fuente de información privilegiada”. Este texto es una burla al mundo de los espías y a la paranoia de los estados por saberlo todo. Ahora, está realidad implacable nos asedia y nada podemos hacer. Solo nos queda volver a las novelas de espionaje.






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