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domingo, junio 09, 2013

VIVIR EN MEDELLIN COLOMBIA



Los que vivimos en este hermosa ciudad, nos pasa lo que a los padres con ciertos hijos descarriados, no queremos aceptar la gravedad de algunos hechos que, de no ser controlados podrán terminar muy mal. Vivimos con muchos temores y parecemos desviar a cada momento la atención frente al cumulo de sucesos que avasallan nuestra cotidianidad y convivencia.
La villa como suelen llamarla: la ciudad más innovadora, la aspirante a las olimpiadas juveniles, la única en llevar escaleras eléctricas a los barrios populares, la urbe de las grandes bibliotecas y el plan de lectura y educación más grande de latinoamérica, la ciudad de un desarrollo urbano con respeto absoluto por el espacio público, es también una ciudad donde pululan las vacunas, la extorsión, el cobro extorsivo, las fronteras invencibles, el desplazamiento, los combos, el asesinato, la penetración del narcotráfico en todos los estamentos de la sociedad.  Siempre estamos a la espera que un extraño nos asedie, que alguien nos increpe y nos cobre en nombre de otro, que nos amenacen. Paradójicamente vivimos con una morbosidad enfermiza. Se editan dos periódicos populares donde descarnadamente se narran y se muestran las fotos más cruentas de asesinatos, torturas, en las mañanas este es el plato fuerte del chismorreo y comentario banal, no regodeamos en la sangre de los demás, con una especie de suspiro, por no habernos tocado.
Soy consciente que las autoridades están haciendo un esfuerzo, pero creo que no es el que corresponde,  de alguna manera eluden la verdadera magnitud de lo que está pasando. Medellín está enferma y como lo dicen muchos ciudadanos en un argot simple: “El problema se salió de las manos”. Como volver a la civilicidad, es la pregunta a resolver, en una ciudad que ha demostrado en casos anteriores,  una fortaleza sin igual para enfrentar estos flagelos.
Salimos en la mañana, con un temor reverencial, no sabemos si regresaremos. Besar a nuestros hijos se volvió algo más que una despedida casual. Es un verdadero ritual, como cuando el guerrero va hacía la batalla.  No se entiende que esta ciudad del emprendimiento, del festival mundial de la poesía, viva en medio de un miedo contingente que nos socava lentamente.
La solución es a largo plazo, compromete a más de una generación,  solo la educación permitirá solucionar tan grande escollo y deberemos trabajar sobre el núcleo de la familia, desde la célula de la sociedad constituye la única manera real de enfrentar este problema. Hablo de una revolución ética que nos comprometa a todos. Con perdón y olvido y con la autoridad que permita estar alerta al cumplimiento de los compromisos adquiridos.  Deberá ser un plan, que se traduzca en cambios a diario, minuto a minuto, estar alerta le da grados de eficacia, que se traducirán en trasformaciones  visibles, en la forma de tratarnos y sobre todo en la manera de resolver los conflictos. Es hora de asumir la tercera vía y no me refiero a ningún plan político, sino a poner sobre la palestra mecanismos alternativos para solucionar un problema verdaderamente grave para todos lo que habitamos esta hermosa ciudad, hecha a pulso por generaciones recias anteriores a este galimatias que siente y le duele lo que está pasando. De todos depende que iniciemos la tarea. En todo caso seguiré abrazando esta ciudad, luchando por ella y espero como siempre empecemos una revolución ciudadana, que nos permita vivir en paz.


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