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jueves, febrero 14, 2013

LAS DIVISIONES DE LA IGLESIA




La iglesia vive una crisis política y de poder a nivel interno, que ha terminado por generar la renuncia irrevocable del Papa Benedicto.  Existen profundas divisiones al interior del vaticano que el papa  develó en la homilía de  ayer. La Iglesia “está en ocasiones desfigurada” por “las divisiones dentro del cuerpo eclesiástico”, proclamó. El Papa alemán lamentó igualmente la “hipocresía religiosa”, así como “el comportamiento de los que aparentan” y las actitudes que buscan ante todo “los aplausos y la aprobación”, e instó a superar “el individualismo y las rivalidades”. Esto es lo que la prensa y los medios  presentan  en blanco y negro, pero  cuál es el problema real.
O Malley, en su texto sobre “Historia de los Papas en la tradición” expresó como abrebocas a su importante trabajo”: “Entre Pedro y Benedicto ha habido unos doscientos sesenta y cinco individuos que han afirmado ser sucesores de Pedro y cuya afirmación es hoy reconocida en general como legítima. Algunos han sido santos; otros han sido pecadores. El papa León Magno y el Papa Gregorio Magno fueron hombres de estatura heroica, pero el papa Juan XII, que accedió al papado a los dieciocho años, llevó una vida tan depravada que constituyó un escándalo incluso en la depravada sociedad romana del siglo X. Ha habido, además, muchos otros individuos que han afirmado ser papas, pero cuyas afirmaciones fueron rechazadas como inválidas por sus contemporáneos o por la posterioridad; son los «antipapas», que tienen un gran peso en algunas partes de nuestra historia”. la iglesia católica y apostólica no es la más grande por prosélitos  ni es la más creciente, no se ajusta para nada a estos tiempos, pero es el poder real más emblemático y solido de  los últimos dos mil años, es un factor de cohesión para occidente sin igual.  Lo digo con todo rigor,  desde el agnosticismo más exacerbado. La fuerza del espíritu proveniente de su dogma y doctrina, del libro, la consolidó en los dos milenios anteriores. Creo que es desde el centro de esta fuerza,  el cuerpo de la fe,  la que le ha permitido llegar a ser lo que es. Al final esta es su fortaleza,  la fortifica y la hace inexpugnable. Este factor indudablemente le ha dado un poder en el contexto de la geopolíticamente mundial,  que al final, paradojicamente la fortalece cada vez más.
Que pasa hoy. Existe una corriente renovadora: Sólo el papa, la representa, triste decirlo y otra retrograda y ortodoxa compuesta por la mayoría del cuerpo cardenalicio. Jaime Richart expresó con absoluta lucidez: (Pido disculpas por la extensión pero es de suma importancia leerlo):
Una Iglesia que concita teóricamente a 1.200 millones de seres humanos que van perdiendo el fuelle de su fe a pasos de gigante; una iglesia que pese a su pretenciosidad afecta apenas a la sexta parte de la población del mundo, desplazada además rápidamente tanto por el islamismo como por otras iglesias cristianas más acordes al milenio; una Iglesia que se proclama como la única titular de la verdad, cuando el mundo sabe que sólo existen apariencias de verdad; una Iglesia que dice tener origen divino sin dejar de ser una asociación de humanos (detalle éste, que siempre le ha servido para justificar lo injustificable); una iglesia que pese a tener inspiración divina se ha pasado gran parte de su historia a lo largo de mil quinientos años, descargando todo el peso de su poder sobre parte de la humanidad, mezclando falsas esperanzas con brutalidad, directa o indirecta, y misericordia con abusos a la vista de todos o en la sombra...
Con toda esta complejidad. más bien prolijidad; con esta manera de explicar al mundo su presencia, su potencia y su misión, esa Iglesia sigue pretendiendo que el orbe entienda y disculpe sus miserias seculares y que las vocaciones no retrocedan con alarma cuando, por si fuera poco, siempre se posiciona al lado de los ricos y poderosos.}
Benedicto ha traspasado todas las paredes que se interponen entre la vulgar erudición y el verdadero conocimiento. Y a ese "conocimiento" se llega trascendiendo los cuatro niveles de pensamiento que hay en cada uno de los tres planos del mismo: teórico, práctico y empírico, que culminan en el quinto: en el silencio. Y más, cuando uno se ha pasado la vida, antes y después, precisamente pontificando, hablando y escribiendo en términos apodícticos (apodíctico: lo necesariamente verdadero en filosofía, que propiamente no existe). Así las cosas, Benedicto, a partir del día 28 de febrero se dispone a entrar en el silencio en vida, antes de alcanzar el silencio de la muerte, para que el tránsito a su muerte física enlace fluidamente con la vida espiritual que ya no sé si cree le espera. Lo demás: responsabilidades, efectos y efectismos frente al mundo, para él carece de relevancia e interés.
A través de una intensa intelectualidad es cómo les llega la luz que acaba haciendo irrisoria "la fe"; esa luz que exhalaba su connacional Goethe en el lecho de muerte. Y esa misma luz es la que ha iluminado a Ratzinger antes de su fin, haciéndole comprender que su Iglesia no tiene cabida en esta nueva Era; que su Iglesia es una nave que va a la deriva y cada día le dan la espalda más millones de seres humanos; que la fe no pasa de ser una declaración de intenciones intermitente, mera intuición momentánea y por eso el creyente de oficio (el cardenal y el papa) no puede ser comprendido por el creyente ocasional (el hombre y el intelectual); que el ser humano, para dialogar con el Dios real o eventual no precisa de intermediaros ni de animadores; que no es que el Vaticano esté ocupado por lobos, es que, salvo la mayoría de los humildes párrocos del mundo, la curia y las prelaturas siempre han sido y son quienes verdaderamente disponen, ordenan y deciden parapetadas tras la estampa del poder nominal del papa.  Esto es lo que ha "descubierto" Ratzinger tras siete años como papa.
En el fondo la iglesia piensa con la lógica de la edad media en una sociedad con cambios sustanciales, secularizada, materialista, mediática, “donde no hay esperanza de salvación”, donde ya no cabe poner la otra mejilla, ni la renuncia, ni menos los padecimientos del santo Job, en la que prevalece la sociedad de consumo y la ansiedad intensa de los deseos insatisfechos, queda claro frente a esto, que sí no se actualiza, se quedará sin prosélitos.

A esto  se le suman los problemas del sacerdocio. Será que con el Internet  se podrá tener un control sobre la vida sexual de la curia. No entenderá esa godarria, que estamos ante las tecnologías de la información y el conocimiento, en un mundo globalizado, abierto, presto a los placeres.  No será mejor admitir que el matrimonio de los curas, situación que le caería muy bien a estas tentaciones.
Soy de los que creo, que la iglesia debe mantener su poder,. desde la fe y el político por su puesto. Sé que estoy en contravía de una gran opinión que piensa lo contrario, pero estoy plenamente convencido de esto.  Señores el que no cambia se muere, inclusive un poder tan consolidado como la iglesia podría también colapsar….. Ojala su renuncia sirva para prender las alerta. Hasta el peor ateo entenderá como dice Volteare: Sí Dios no existe, habría que inventarlo.




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