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martes, septiembre 04, 2012

ALBERTO AGUIRRE COLOMBIA


Murió el más emblemático de los intelectuales de la ciudad de Medellín Colombia. Un hombre excepcional, una reserva moral, un escéptico por convicción,  un intelectual a carta cabal,  una persona absolutamente diferente a todo lo que había conocido y por encima de todo un escritor fuera de serie.

Así lo describió Gonzalo Arango: “Alberto es, físicamente, un hombre de facciones rudas, masculinas, de una serenidad de montaña. Su pasión arde por dentro como los volcanes. Viste con una elegancia desabrochada, anticonvencional, con la corbata suelta y el saco en bandolera. Es un signo externo de su rebeldía. Para parecerse a Zaratustra se cultiva un siniestro bigote nietzscheano, de color candela. Es el único intelectual que conozco que se acuesta con las campanas de las ánimas del purgatorio (a las 8), y se levanta con las campanas de los cacharreros antioqueños (a las 6). A esa hora anda ya muy fresco con el alba, tomando tinto en La Bastilla, leyendo El Colombiano y haciéndose embolar. Aunque sólo tiene cuarenta años, este inconforme usa costumbres patriarcales. No fuma, no bebe, no asiste a cocteles, no anda figurando en sociedad, ni en las pandillas colectivas de la cultura. Intelectualmente es un escéptico. Las pocas convicciones que posee han resistido un implacable análisis, y repudia con horror los valores convencionales, los sistemas anacrónicos de la sociedad y la cultura. Su escepticismo no es gratuito. Viene de muy lejos, de muy hondo, de una vasta experiencia vital, y de una densa formación intelectual.”

Fue un personaje mítico de la ciudad de Medellín, un patrimonio moral, sin temor a equivocarme.  Lo veía caminar despacio, con el bastón caracteristico que evitaba usar, la boina muy bien puesta en medio de sus desordenes habituales en la forma de vestir. Se me parecía a los exiliados republicanos de la España revolucionaria del 40 del siglo pasado. Tenía una conversación fluida, llena de datos y siempre con un pensamiento lúcido y puntos de vista absolutamente diferentes a todo el mundo, lo que llamo un pensamienmto diferenciador. No fui su amigo, no pertenezco a los círculos intelectuales de esta ciudad y menos al privilegiado grupo de sus interlocutores de confianza.  Converse muchas veces con él, en la librería científica del paseo Junín y en la librería "Al pie de la letra" de su amada Medellín. Fuí lectosrfiel de sus columnas, de su obra y de todo lo que publicara en los medios escritos..

Alberto fue funcionario de la rama jurisdiccional y vivió del derecho hasta los cuarenta años. Fundó la librería Aguirre, centro de tertulias y la “Editorial Aguirre”. Pocos saben que Alberto era el dueño de  los derechos de edición de “El coronel no tiene quien le escriba” de Gabriel García Márquez. Aprendió varios idiomas para leer a sus autores predilectos en su lengua original. Se convirtió en la conciencia crítica de esta ciudad sustentado en una ética a todo prueba. Era un promotor de buenos libros y promotor de escritores en ciernes. De hecho fue  cercano a Gonzalo Arango y al nadaísmo. Gonzalo en el preámbulo de una entrevista termino describiendo su carácter magistralmente: “Algo más sobre su personalidad: es autoritario, dominante. Nació para ser jefe. Terco, dogmático, apasionado en sus ideas. Nunca cede a las razones contrarias. Liquida las discusiones con un silencio indiferente, o con una risita nazi que oculta sobándose su bigote prusiano”.

Estos son apenas datos biográficos. Que es lo más importante en los escritos de Alberto: la precisión, la palabra bien puesta, la claridad y la brevedad. Ser un crítico implacable de todos aquellos actos que atentaran contra la ética y las buenas prácticas. Denunciaba sin dudar: "piensa mal y acertaras", era parte del clásico escepticismo de su personalidad.

Antioquia y Medellín nos han regalado personajes absolutamente diferentes a todo lo visto: Gonzalo Arango, Manuel Mejía Vallejo, León De Greiff, Botero, Estanislao Zuleta,  para citar tan solo los más relevantes.

Alguna vez contó la suerte que corrió la primera edición de “El coronel no tienen quien le escriba”: “ Del El coronel no tiene quien le escriba de García Márquez, obtuve de éste en 1960 los derechos para su publicación cuando aún no era un escritor conocido y había publicado sólo La hojarasca en una edición modesta. En función de librero, distribuidor y editor, yo distribuí por todo el país El coronel no tiene quien le escriba, y logré vender por ahí 450, regalé cien ó doscientos y el resto los vendí como saldo a cincuenta centavos a un tipo que se los llevó a su pueblo para envolver cominos. La labor de editor era más por interés cultural que por asuntos económicos. El trabajo era mucho.”

En esta misma entrevista  realizada Augusto Escobar Mesa me encontré con unas perlas que quiero transcribir. Responde a una pregunta puntual sobre el estilo de Arturo Echeverri, que define a cabalidad su prosa y es ejemplo de su capacidad de síntesis:

AA. Yo creo que una de las virtudes de la obra de Arturo es el lenguaje. Es la dimensión de un lenguaje vivo, lenguaje que es fiel, adherido a la cosa, no articulado por la academia o el culteranismo. Es un lenguaje muy fresco, muy vital, muy de la cosa, pegado a las cosas por esa misma condición de humano.

"Yo creo que el uso de un lenguaje diáfano y austero es consecuencia de la vida como aventura que lleva, porque él no se formó en la caña, en el espacio de la literatura para ampliar esa expresión, o sea, no deriva su légamo. Su clima no es la literatura sino la vida, y la vida es muy dura. Sólo los que vivimos en el espacio de la literatura somos hiperbólicos. En cambio un hombre que como él estaba roto con la vida, para emplear esa expresión, se rompía el pecho con la vida, con las circunstancias, por eso acude a un lenguaje peculiar, el suyo, para enfrentar esa vida. Y yo creo que ese es el gran mérito de Arturo, su lenguaje. Creo que no hay en la literatura colombiana alguien que haya escrito con tanta dureza como él, dando en el hueso, y en eso se emparenta con la literatura de Hemingway".
Se nos fue Alberto. Medellín lo recordara siempre. Espero recoger sus columnas más recientes y publicarlas en la red.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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