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sábado, febrero 25, 2012

LOS CORRESPONSALES DE GUERRA




Hay profesiones míticas que se desempeñan en ambientes especiales, peligrosos, absolutamente diferente a todo, con un encanto especial y sólo la ejercen personas con dotes excepcionales. Este es el caso de los corresponsales de guerra. Sobre el tema hay películas extraordinarias que dejan ver todos los pormenores que encarna esta profesión y la inmensa responsabilidad que asumen estos reporteros al tratar de contar la verdad al mundo en medio de la guerra: “Bajo el fuego” y “Las flores de Harrison”, para citar sólo las de mi gusto.  Esta semana ha sido muy triste. Marie Colvin y Rupert Murdoch, reporteros de guerra, fallecieron dentro de un edificio en la ciudad de Homs que fue bombardeado en una ofensiva de las fuerzas del régimen de Bashar al Assad, según activistas sirios. “La periodista norteamericana Marie Colvin, que hizo una fulgurante carrera para el dominical inglés Sunday Times como corresponsal de guerra, ya había dejado parte de sí en el campo de combate: el año 2001 perdió su ojo izquierdo por acción de una granada en Sri Lanka. Hasta el día de su muerte, ocurrida ayer durante un bombardeo en Siria, aseguró que “valía la pena” perder un ojo a cambio de entregar información independiente y cubrir en lugares donde ningún bando quiere que la prensa esté”.
Los corresponsales de guerra han existido desde los albores de la civilización. Tucidiades en la antigua Grecia, Jenofonte en Roma. En este siglo Ernest Hemingway y  William Shirer, para citar los más recordados. La guerra del Vietnam tuvo giros inesperados gracias a la labor de los periodistas, que develaron verdades inenarrables. Nunca se nos olvidará el impacto de la trasmisión de la CNN, de la guerra del Golfo, que nos permitió verla en vivo y en directo.
“Marie Colvin el mismo día de su muerte, formada en la Universidad de Yale, despachó lo que sería su última nota para la BBC. Se trataba de un contacto telefónico en el que narraba la muerte de un niño de dos años mientras esperaba ayuda en un improvisado hospital de la derruida ciudad de Homs. “Aquí nadie entiende cómo la comunidad internacional está permitiendo que esto ocurra”, denunció sobre una realidad que calificó como “repulsiva”. La profesional de 55 años era la única enviada de un periódico británico a la zona y llevaba cerca de un año cubriendo la primavera árabe en países como Túnez, Egipto, Libia y Siria. Previamente, en sus 30 años de carrera, narró otros conflictos históricos como los de Sierra Leona, Timor Oriental, Kosovo, Zimbawe y Chechenia.”
La crueldad de la guerra no tiene excepciones. El periodismo es incomodo para todos los actores de cualquier conflicto armado. En Colombia han muerto infinidad de periodistas, la gran mayoría de veces asesinados vilmente por sicarios. Esta semana el mundo se conmovió con la muerte de estos dos corresponsales. Rémi Ochlik, fotógrafo, “apenas de 28 años, quien pese a que trabajaba para la revista Paris Match, había recibido órdenes de abandonar Siria, país al que llegó por su cuenta. Venía de escapar en circunstancias similares de la ciudad de Zabadani y lo último que se supo de él a través de correo electrónico, fue su paradero y que se encontraba en la fatídica ciudad junto a un reportero del diario español El Mundo.”  Entre los méritos de Ochlik se contaban su arriesgada cobertura fotográfica de la guerra de Libia y otras revoluciones en Túnez, Egipto y El Congo para diversos medios como Le Monde, Time o The Wall Street Journal. Desde el año 2005 dirigía su propia agencia de servicios IP3. Recientemente había sido premiado por el World Press Photo por sus imágenes captadas en Libia. Gran parte de su carrera puede seguirse en su web profesional.
Ver la guerra en directo o poder ser testigo de sus registros más importantes después de muchos años, es enfrentarse a la crueldad  humana en su peor dimensión. Los reporteros y camarógrafos profesionales y aquellos que improvisaron como tales, en la segunda guerra mundial, dejaron un archivo histórico único en esta materia. Gracias a ellos hemos visto el genocidio judío, los principales momentos de la guerra y aspectos nunca antes grabados.
Duele la muerte de estos dos periodistas, quienes con una terquedad incomprensible para nosotros, nunca dejaron de informarnos, pese al peligro y a las amenazas constantes, enamorados de su profesión que ejercieron con sentido artístico y convencidos que esta es la única manera de evitar el olvido y contribuir a cambiar el mundo.

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