Google+ Followers

lunes, noviembre 21, 2005

RAFAEL GUTIERREZ GIRARDOT


Realizando una búsqueda de material para el ensayo sobre el maestro Gutiérrez Girardot que estoy preparando, me encontré con este excelente trabajo de Juan Manuel Mogollón, que vale publicarlo.
Entrevista con Rafael Gutiérrez Girardot

(3/17/2005) : Rafael Gutiérrez Girardot es uno de los pensadores más consistentes en Latinoamérica actualmente. En efecto, sus reflexiones en torno a la problemática de la cultura hispanoamericana y a la búsqueda de la identidad de nuestro continente no sólo se encuentran desprovistas del provincialismo empobrecedor que ha caracterizado gran parte del estudio de la literatura y la cultura latinoamericana, sino que han sido el fruto del trabajo intelectual, del esfuerzo del concepto, del dominio del contenido y de la configuración de su forma adecuada.

Asiduo estudioso del modernismo hispanoamericano y de la literatura alemana, Gutiérrez Girardot ha establecido, desde la perspectiva global de la filosofía y la historia, los vasos comunicantes entre la cultura occidental y la cultura latinoamericana. Lejana a las modas literarias y a la ceguera -como él mismo las califica- de las teorías estructuralistas, postestructuralistas o deconstructivistas, la obra de Rafael Gutiérrez Girardot ha tenido la voluntad permanente de acceder con lucidez a las tradiciones literarias y filosóficas más importantes de occidente. Buscar el carácter universal de los autores, y no la mera circunstancia que es aprovechada de paso por aquellos que pretenden hacer de la literatura un asunto de originalidad o rareza, es el trabajo de quienes, como Gutiérrez Girardot, proponen enterrar el intracolonialismo y el intraexotismo, frenos de toda creación y, por consiguientemente, de la configuración de nuestra expresión.

En suma, Rafael Gutiérrez Girardot se encuentra dentro de un grupo de ensayistas que, como Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Mariano Salaz, José Luís Romero o Jorge Luís Borges, pertenecen a la tradición del ensayo crítico-literario cosmopolita; del ensayo que transmite el conocimiento de la cultura universal desde la perspectiva continental hispanoamericana y para ese continente.

Actualmente es el director del Departamento de Hispanística en la Universidad de Bonn, Alemania. No visita Colombia desde hace muchos años. Tras la publicación de su último libro titulado Heterodoxias, me decidí a llamarlo para tener una conversación amena sobre diferentes temas relacionados todos con la literatura. A continuación transcribo dicha conversación que, por la vigencia de su pensamiento y por sus afirmaciones siempre polémicas, seguramente despertará inquietudes en el lector.

Juan Manuel Mogollón:

Su crítica se ha caracterizado por su dimensión cosmopolita y por su alejamiento de las modas intelectuales y literarias. Es así que usted fue el primero en dar a conocer en Hispanoamérica y en España escritores como Walter Benjamin o Karl Krauss, Ernest Junger, o los todavía poco conocidos que aparecen en su libro de este año, Entre la ilustración y el expresionismo, precisamente cuando la mayoría habla y cita otros autores. Que era lo que despertaba su gusto intelectual por estos autores y como asumía usted el compromiso de darlos a conocer dentro de nuestro medio?

R.G.G.
En el fondo, mi interés ha sido siempre el de comunicar lo que yo conozco para ver la manera de que se desprovincialice, si así se puede decir, la critica literaria de nuestros países, de nuestro medio. Nosotros conocemos muy poco el extranjero, no lo conocemos bien, no sabemos qué es lo que tenemos de común, no sabemos en que participamos en el mundo. Mi interés es mostrar, como lo he mostrado en Modernismo, que nosotros efectivamente en una época considerable teníamos mucho conocimiento del mundo. Hoy eso se ha perdido, creo yo que a partir de los años 50. Los escritores, los jóvenes latinoamericanos y críticos literarios ignoran completamente lo que ha pasado en el universo. Y eso es una cosa que perjudica considerablemente nuestra posición en el mundo, porque nosotros los hispanoamericanos tenemos, efectivamente, una cultura muy rica que se puede difundir y puede darnos una imagen en el mundo más digna de la que tenemos.

J.M.M.
Así mismo, usted se preocupaba en sus estudios críticos por despejar inconsistencias y por abrir nuevos horizontes en el estudio de la literatura hispanoamericana de fin de siglo, justamente cuando la crítica literaria, deslumbrada por modas del momento como el llamado Boom, caía en un “presentismo empobrecedor”

R.G.G.
Eso también es fatal en nuestra crítica literaria. No es autónoma, no es creadora sino copiadora, mimética. Debemos darnos cuenta de que, por ejemplo, las modas que han entrado en Latinoamérica como la estilística, el estructuralismo, el postestructuralismo, el deconstructivismo, no han contribuido a difundir la literatura, sino hacerla cada vez más lejana, es decir, prácticamente la han matado. Eso que ha ocurrido es para nosotros un problema fundamental, porque la literatura es, como el arte y la música, un elemento fundamental de la convivencia social, de la paz.

J.M.M
Cree, en verdad, que las disciplinas que acaba usted de mencionar son tan sólo un moda y que es poco lo que le aportan a la crítica literaria?

R.G.G.

Sí, esas son modas que están pasando pero que han causado mucho perjuicio. Nosotros, es una cosa elemental, no tenemos porque seguir estas modas. Los críticos literarios deben ser creadores, deben ser críticos también frente a las modas, deben saber que produce y que no produce; y es esa imitación ciega la que nos ha perjudicado. Hay otra forma de lectura que nos han enseñado en América Latina, precisamente Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, José Luis Romero o Mariano Picón Salas, que es la del contacto cordial y comprensivo con la literatura.

J.M.M.
En su texto Provocaciones, de 1992, usted ha afirmado que “es el mito de Ortega y Gasset el que impide una valoración adecuada de sus pretensiones y realizaciones”. ¿Cuáles fueron ó siguen siendo, principalmente, las causas de esa ceguera intelectual que impidieron una crítica lúcida y el desarrollo de un pensamiento filosófico en Hispanoamérica sin sesgos y sin dogmatismos?

R.G.G.
Bueno, lo que yo pienso y también es mi esfuerzo en general, es que se debe crear una especie de sentimiento de que tenemos que ser rigurosos en todo lo que hacemos. No es posible, ni ha de ser posible, que todo se haga más o menos improvisado. Hay una cuestión que es elemental y es precisamente el hacer las cosas como se deben hacer. Y eso es lo que no tenemos en América Latina desde hace un poco de tiempo. Yo pienso, por ejemplo, que tuvimos una gran tradición con Andrés Bello, José Martí, Rubén Darío, Gonzáles Prada, Alfonso Reyes, José Luis Romero, que se ha perdido hoy. Hoy vivimos de la nada.

J.M.M.
Cuál cree que sea la importancia actual de los ensayistas que usted acaba de mencionar, y la deuda que la crítica literaria hispanoamericana y europea tienen para con ellos?

R.G.G.
Ellos nos sirven para aprender a pensar, a escribir y a criticar. A hacer historia con fundamentos, sin improvisaciones.

J.M.M.
De 1950 para acá, cuáles ensayistas destaca y cuáles no?

R.G.G.
Bueno, en el 62 murió Mariano Picón Salas, en el 69 murió Romero, ambos grandes ensayistas. Lo que hoy no hay es ensayismo, porque lo que hay es una especie de culto del yo que representa muy claramente en Latinoamérica el chileno Jorge Edwars. Cuando él escribe sobre alguien, por ejemplo, tiene que contar como lo conoció y otras cosas que carece de cualquier interés. Los buenos ensayistas se acabaron. Pero pienso que un buen ensayista puede ser Vargas Llosa.

J.M.M.
Usted ha mencionado también en otras oportunidades a Carlos Fuentes.

R.G.G.
Carlos Fuentes es muy claro y muy preciso. Sobre todo, hay que tener en cuenta que Carlos Fuentes es un discípulo de Alfonso Reyes. Y Alfonso Reyes es el maestro de la prosa y de la crítica literaria hispanoamericanas.

J.M.M.
Su obra ensayística puede situarse dentro de una tradición que usted muy bien ha descrito como una “tradición del ensayo crítico literario cosmopolita, del ensayo que transmite el conocimiento de autores europeos desde una perspectiva continental-americana y para ese continente” y de la cual son ejemplo los ensayistas que usted ha mencionando. ¿Qué ha venido después de ellos con respecto a la crítica de la cultura hispanoamericana?

R.G.G.
Hay un contexto político de esa pérdida de la tradición Hispanoamericana que es la influencia de la sociología empírica norteamericana. La sociología empírica no ha podido aceptar que América Latina es una unidad y no una uniformidad. La sociología empírica latinoamericana ha influido mucho en Colombia, por ejemplo, en Orlando Fals Borda. Y el hecho es que, efectivamente, ha aislado los países al reducir el objeto de estudio a simples regiones, y eso en el mejor de los casos. Esto ha acabado con el concepto de tradición que teníamos, que es el concepto de la “expresión unitaria”, para decirlo de algún modo. Fíjese usted que Rubén Darío fue cónsul de Colombia en Buenos Aires y José Martí fue cónsul de Venezuela en los Estados Unidos, y eso no se ha vuelto ha repetir. Hoy todo es provinciano hasta el extremo, y de una miopía increíble. El problema de la moderna teoría literaria es, aparte de que está mal fundamentada, que solo se fija en sí misma. Si usted lee un trabajo de las teorías literarias modernas, de las que se basan en el estructuralismo o el postestructuralismo, no podría distinguir su carácter latinoamericano, puesto que uno puede decir que es latinoamericano, pero también hindú o japonés o chino. No hay diferenciación alguna, es decir, la moderna teoría literaria, aparte de que ha acabado con la literatura en general para un público amplio, no sabe donde esta.

J.M.M.
En su nuevo libro Heterodoxias usted le dedica un capítulo a José Enrique Rodó, a quién considera el iniciador de esa tradición, a la que nos hemos referido, del ensayo utópico que continuará después Pedro Henríquez Ureña.

R.G.G.
Rodó es el que inició en el siglo XX, prácticamente, un movimiento que se llamó el arielismo, que es un movimiento a favor de la unidad en América Latina.

J.M.M.
Usted ha mencionado varias causas que han ido en detrimento del ensayo crítico. ¿Podría mencionar ahora alguna otra?

R.G.G.
El ensayo ha decaído por la sencilla razón de que todo lo que se publica y se lee en Colombia es televisivo y periodístico. Y el ensayo exige un poco de esfuerzo, consagración, interés, etc. La televisión y el periodismo han acostumbrado al público colombiano a la facilidad de la información. El ensayo es mucho más que información. El ensayo es desafío, es diálogo, es charla, es información también; pero no es información para un público televisivo. La televisión ha enseñado al público colombiano, y en general a todo el público del mundo, a ver solamente noticias breves, lo que es fácil, lo que no exige pensamiento.

J.M.M.
A qué cree que se deba que el conocimiento de su obra se halla visto restringido a un pequeño círculo académico, y no haya sido difundida, en toda su importancia, en Colombia?

R.G.G.
Bueno, hay una cosa muy general en Colombia y es que la literatura y la crítica literaria tienen un público muy reducido. Pero, en mi caso, yo sospecho que en la vida literaria colombiana -y conozco un par de críticos- hay envidia, y la envidia aniquila. Lo que no le gusta a ciertas personas no se conoce ni se debe conocer. Y como yo soy muy crítico y muy polémico, naturalmente mi obra no gusta.

J.M.M
El realismo mágico ha sido un rótulo bajo el cual se vendió a europeos ansiosos de exotismo las obras de un grupo de escritores de Latinoamérica. Un término que, como usted sugiere, aludiendo a la crítica de Nietzsche a la filología clásica, “se detiene a contemplar una mancha de aceite y no ve la totalidad y grandeza del cuadro”. Algo similar se puede decir que ocurre ahora, y me refiero, no a la aparición de una buena literatura, sino a la difusión editorial que se le ha dado a cierto grupo de obras de escritores colombianos recientes en el exterior, que explotan temas como el narcotráfico, el sicariato, la prostitución, con fines que se adecuan a las exigencias de un mercado. ¿Qué opina usted de este fenómeno y como lo analiza?

R.G.G.
El caso es que ha habido naturalmente una comercialización de la literatura y especialmente de la novela. Entonces, ya no se crean novelas por creación sino para vender, y lo que se vende son los temas más actuales, la violencia en Colombia, la prostitución etc. Además, hay algo que se cosa que se nota claramente en los jóvenes novelistas, por ejemplo, Santiago Gamboa y otros, y es que quieren competir, silenciosamente o no, con García Márquez. García Márquez es un gran novelista en sus Cien Años de Soledad, que es una obra maestra, pero ha creado naturalmente un complejo de imitación, si se quiere. Entonces, todos los jóvenes novelistas latinoamericanos, especialmente colombianos, con algunas excepciones -pienso naturalmente en este caso en R. H. Moreno Durán- quieren vender y vender. Y eso no es un motivo para la creación literaria.

J.M.M
¿Destacaría algún otro narrador contemporáneo en Colombia aparte de R.H. Moreno Durán?

R.G.G.
Bueno, aunque ha muerto ya, Pedro Gómez Valderrama, pero contemporáneo actual no podría destacar yo.

J.M.M
¿Y en el ámbito más global de Latinoamérica?

R.G.G.
Bueno, en el ámbito latinoamericano hay un problema y es que no se conocen. En Argentina, por ejemplo, Abelardo Castillo, que no se conoce, o Juan José Saer. En México, Sergio Pitol. Pero en Colombia no hay ese florecimiento con excepción de R. H. Moreno Durán.

J.M.M.
Usted fundó la editorial Taurus, en la que han aparecido varios títulos suyos, entre ellos su último libro Heterodoxias. Como encuentra la industria editorial en España y Latinoamérica?

R.G.G.
Bueno, la industria editorial en Colombia, tal como la veo, es maravillosa. Son increíbles los grandes adelantos que ha hecho la industria editorial en Colombia, principalmente. Los libros que publican son perfectos, muy bien impresos, con mucho gusto. En España la industria editorial ha tenido una larga tradición pero, yo diría, que no tiene la altura estética de la industria editorial colombiana.

J.M.M
Y cuales serían sus defectos, por ejemplo, con respecto a los canales de distribución ó a los autores que publican?

R.G.G.
Eso ya es otra cosa. La industria editorial colombiana tiene pésima distribución, lo mismo que la industria editorial española. Los libros que se publican en Colombia se difunden difícilmente en Argentina y no llegan a veces ni a México. Son una especie de cuestión casera. Ese sería un problema que deberían contemplar los encargados de difundir los libros porque nosotros publicamos libros muy interesantes.

J.M.M.
Sus estudios sobre literatura hispanoamericana se han centrado principalmente en autores de lengua española. Que opinión guarda de la literatura en lengua portuguesa?

R.G.G.
La literatura portuguesa se ha descubierto después de la caída del tirano portugués. Hasta entonces no se creía que Portugal tenía una buena literatura. Ocurría algo semejante con la literatura brasileña, porque los hispanoamericanos hemos sido muy explosivos con ellos. Pero, naturalmente, poco a poco se han venido descubriendo y se ha venido llenando ese vacío que es, evidentemente, muy grande. Los portugueses son iberos y los brasileños son nuestros hermanos. Los brasileños leían y saben leer muy bien el castellano, nosotros los hispanoamericanos leemos con dificultad el portugués, y eso hay que remediarlo.

J.M.M.
Que autores destacaría usted en lengua portuguesa?

R.G.G.
Guimarades Rosa, por ejemplo, y Clarisse Lispector, quienes son grandes interpretes del Brasil.

J.M.M.
Que opina usted de Antonio Lobo Antunes?

R.G.G.
Él es una persona muy interesante pero no tiene la altura de Guimarades Rosa.

J.M.M.
Prácticamente usted descubrió a Borges para España y Alemania. ¿Cómo lector, cuál cree que se su deuda con él?

R.G.G.
Yo descubrí a Borges prácticamente en Madrid donde compré los primeros libros. El libro que yo publique sobre Borges en Suecia me mereció su elogio, cuando me decía: “Gutiérrez Girardot, mi inventor y mi protector”, porque lo habían atacado mucho en España y en Buenos Aires. Borges es para mí la persona más inteligente que he conocido y que he leído. Borges tiene una legibilidad permanente. Cada vez que cualquier libro de Borges, por mucho que se lo haya leído, siempre hay algo nuevo en él.

J.M.M
En Heterodoxias usted nos habla de un autor del que no nos había hablado antes, que es Sergio Pitol, y se refiere a él como “el poeta Doctus”, un calificativo que describe más que a un autor a una tradición…

R.G.G.
Sergio Pitol es un escritor cosmopolita. Él conoce excelentemente, mejor que ninguno de nosotros, la literatura soviética rusa y la literatura checa, que ni yo mismo conozco. Conoce también muy bien la literatura más clásica, más importante de la Alemania del siglo XX, como es Hermann Broch y Robert Musil. Sus novelas son de una finura psicológica extraordinaria, con mucha fina ironía, en fin, con mucho conocimiento de la psicología del ser humano.

J.M.M.
En Entre la ilustración y el expresionismo, publicado recientemente en el Fondo de Cultura Económica, aparecen autores alemanes muy poco conocidos en Colombia, y en los cuales usted encuentra nexos con poetas latinoamericanos, como por ejemplo Cesar Vallejo.

R.G.G.
El libro sobre La ilustración y el expresionismo tiene la intención de mostrar en el mundo hispánico una cantidad de autores alemanes muy importantes y absolutamente desconocidos. Pero son importantes, y lo digo en el prólogo, por que amplían la imagen de la literatura alemana que es muy olímpica y muy reducida. Y hay autores que tienen coincidencias con nuestros autores, yo pienso por ejemplo Track con Vallejo, Schelan con Vallejo, cosa que es importante porque el conocimiento de otras literaturas extranjeras es fundamental para la creación de la propia literatura.

J.M.M.
Usted incluye en Heterodoxias un capítulo titulado “El pensamiento fragmentario de María Zambrano, una autora que, aunque olvidada por mucho tiempo, ha sido últimamente redescubierta. ¿Cuál considera que se su importancia?

R.G.G.
Bueno, Maria Zambrano ha sido redescubierta. Pero yo considero, a partir de lo que he leído de ella, que es mucho más importante para los místicos que para los filósofos. Y como a mí no me interesa la mística, porque la mística es una cuestión especial, lo que he leído de Maria Zambrano me parece muy arbitrario. Pero la han redescubierto sobre todo porque el padre, Blas Gil Zambrano, era un republicano muy famoso. Maria Zambrano también tuvo mucha influencia en Cuba sobre Lezama Lima, en Ginebra con sobre Julián Valencia, aunque se peleo con él. Yo creo que la obra de Maria Zambrano es más personal que permanente.

J.M.M.
Usted fundó en la Universidad de Bonn, Alemania, el Departamento de Hispanística. ¿Como ve usted la producción escritural en este país con respecto a la literatura hispanoamericana?

R.G.G.
En Alemania ha pasado una cosa y es que la reunificación Alemana, la caída del bloque soviético, y el interés que despierta en el exotismo alemán África y Asia, han desplazado radicalmente el interés por América Latina. A parte de eso, hay también una cuestión que es política, y es que nuestras embajadas en el exterior no sirven para nada. A ellas les correspondería demostrar que América Latina tiene unificación, pero ellas no saben para qué ni porque están ahí. Esto ha ido disminuyendo, naturalmente, el interés por América Latina.

Entrevista a Rafael Gutiérrez Girardot realizada por Juan Manuel Mogollón el día 1 de Julio de 2004 y presentada en especial para la 98.5 Un radio el lunes 5 de Julio del mismo año.

No hay comentarios.: