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miércoles, enero 07, 2015

ESTE SERA EL AÑO DE LA PAZ EN COLOMBIA


La Habana en el ultimo mes se vio colmado de actos que, sin corresponder a la bitácora oficial de los acuerdos de paz entre el gobierno Colombiano y la FARC, ni del protocolo suscrito, me permiten inducir que estamos en una etapa de ajuste, que pueda llevar al cierre exitoso de los mismos. Se han cumplido la mayoría de los acuerdos temáticos propuestos en el 2014 y se superaron con creces los problemas presentados en la mesa de negociación. En diciembre de manera informal, llegaron a la Habana casi todos los comandantes de los respectivos frentes del grupo guerrillero, bajándole un poco a  la preocupación que tenemos algunos en torno a la posible fracturación del grupo, pues con el poder adquirido por el narcotráfico, estos tienen la capacidad de actuar con  independencia logística, lo cual no dejaba de generar interrogantes para el proceso, estas visitas son una muestra de unidad, vital para esta etapa; además se dio el cese unilateral de actividades militares por parte de la FARC; hay acercamientos con el ELN, por encima de las criticas obcecadas de los opositores; de parte del gobierno se está cumpliendo con la plataforma necesaria, hablo de la ley de tierras y la ley de víctimas, además  de aquellas medidas tenientes ha disminuir  tanta inequidad social flagrante.  Me atrevo a decir que estamos en un  buen momento, esto significa que apenas comenzaremos a construir la paz, el desarrollo de los acuerdos llevará mucho tiempo, pero es el inicio del final de un conflicto perverso, debe haber participación ciudadana que refrende lo firmado, desarrollo legislativo que le dé vía legal y bitácora de implementación de las obligaciones suscritas, políticas de inclusión y participación equitativa a granel, verdadero arco iris que  permita no solo el final del conflicto sino el marco fiable para un desarrollo muy alto con políticas sociales fiables.
A partir del acuerdo apenas se comenzará realmente a forjar todos aquellos actos que acaben de una vez por todas con la  violencia enquistada en nuestra realidad, el espectro de acción es inmenso y abarca muchos ámbitos, tanto institucionales, de política pública y privada,  el conflicto, que pese a los olvidadizos es producto de una  exclusión perversa por parte de las elites de este país, de la falta de responsabilidad de la clase política que ha a detentado el poder en los últimos cien años; de los partidos tradicionales que se olvidaron de medio país; de la clase dirigente corrupta, burocracia irresponsable, que actúa como una sanguijuela sin responsabilidad alguna, ni social; de la corrupción absoluta de gran parte de nuestra sociedad, que se acostumbró al enriquecimiento ilícito, a la coima, al intríngulis y de nuestra cultura avivata.
Este país tiene una de los mayores indicies de inequidad en el mundo, una concentración de la riqueza oprobioso, tiene una verdadera plutocracia que feudalizo el poder.  El desconocimiento de la historia de la juventud es inexplicable y lo peor, dificulta entender la importancia del proceso, de igual manera y desafortunamente hay una especie de malas maneras, malas prácticas, asumidas como parte de nuestra cultura, las que  asumimos como naturales, sin ninguna vergüenza, este sino cultural genera una verdadera dificultad a los cambios sustanciales en la manera de pensar y actuar que requerimos como sociedad.
Mi optimismo esta fincado no solo en la voluntad de paz del gobierno y de la FARC, en los compromisos cumplidos por el congreso, en el apoyo de los gremios y gran parte de la sociedad, sino en hechos puntuales y en convergencias históricas reales y muy serias que se unen a estos propósitos.

















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