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miércoles, julio 31, 2013

LAS CONVERSACIONES DE LA HABANA II



A muchos de los críticos de las conversaciones de la Habana se les olvida que en cincuenta años de confrontación armada el país registra los índices más altos de víctimas de que se tenga conocimiento en el mundo, un desplazamiento perverso y nefasto, muerte indiscriminada, desolación y pobreza  en grandes zonas. El presidente es consciente de lo difícil del proceso, de los riesgos políticos que el mismo implica y de lo escabroso de la agenda que se desarrolla en la isla caribeña, de igual manera sabe cómo los enemigos del mismo no descansaran hasta verlo frustrado. Las conversaciones están sometidas a todo tipo de presiones, a la terquedad de un grupo insurgente que aún no acepta su anacronismo y a las posiciones intransigentes de un derecha implacable que solo ve la salida armada como posibilidad real. El tema de la participación política constituye uno de los ejes más importantes en estos diálogos y es un hecho que del mismo depende buena parte del existo de este proceso.
Las conversaciones de paz, centradas en el tema de la participación política en este momento, se cumplen de acuerdo a la bitácora diseñada por las partes.  “Ambas partes continuaron avanzando en la discusión del segundo punto de la agenda sobre participación política, señaló un comunicado conjunto, leído a la prensa por el miembro de las FARC Andrés Paris en el Palacio de las Convenciones de La Habana, sede de las negociaciones. Durante el ciclo, el más corto desde que comenzaron las negociaciones en noviembre de 2012, cada parte presentó su visión general sobre participación política, iniciando con el tema de garantías para el ejercicio de la oposición, como un elemento esencial para la construcción de un acuerdo final, dice el comunicado. El Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) "intercambiaron propuestas sobre derechos y garantías para el ejercicio de la oposición política en general, y en particular para los nuevos movimientos que surjan luego de la firma del acuerdo de paz”.
No es buena la situación económica del país y está claro que los grandes proyectos del país no arrancan.  La delincuencia común y las Bacrim están desbordadas lo que no deja de ser un obstáculo más a los diálogos y caldo de cultivo para los opositores.  Lo bueno, la agenda legislativa en materia de paz se cumplió con todo rigor, el congreso fue absolutamente responsable en esta materia y el gobierno tiene los instrumentos jurídicos que le permitirán cumplir con los acuerdos. Las partes deben entender que estas conversaciones generaran una plataforma que permitirá la inclusión del grupo subversivo y la reparación de los daños a las víctimas del conflicto en un proceso largo y engorroso, que compromete a todo el país, esto en carta blanca quiere decir que no todos los temas se deberán resolver en la Habana.  Lo expreso porque hay una terquedad perversa y un atavismo nefasto en  algunas posiciones tanto de la FARC como del gobierno que no se explican y realmente son un palo en la rueda.

La popularidad del presidente está en su peor momento.  Son más los opositores y contradictores de la agenda de la Habana  que las personas que entienden de su importancia de estos acuerdos y lo necesario que tengan éxito. Vivimos una especie de escepticismo generalizado, como sí cincuenta años de violencia nos hubiesen acostumbrado a esta atípica convivencia con la violencia que  nos impide entender a carta a cabal lo que está en juego en la Habana. Ahora que estoy leyendo todo sobre el líder Mandela comprendo la grandeza de su espíritu. Lo cito, porque el presidente Juan Manuel ha hecho una apuesta muy grande y sabe los sacrificios políticos que el proceso implica. Los diálogos  deben asumirse y desarrollarse bajo esta lupa y confiamos en que el primer mandatario no ceda en este propósito frente a la escalada que viene haciendo la oposición de derecha, alborotada por razones que todos conocemos y que tienen que ver con la propiedad rural, los poderes enquistados en un siglo de violencia y las próximas elecciones que definirán el futuro del país. Esperemos que el gobierno tenga la sabiduría para sacar la agenda de la Habana adelante.







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