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viernes, diciembre 09, 2011

LAS CRISIS EUROPEA MAS ALLA DE LOS TITULARES



Tal vez sea preciso reconocer que eso que llamamos Comunidad económica Europea no es más que una entelequia.  Desde que se inició el tratado existen sobradas razones que confirman las profundas diferencias políticas de sus miembros y nadie negará que, la exacerbación de los nacionalismos constituye un cáncer imposible de aliviar.  Hoy en Bruselas ha sido imposible llegar a un acuerdo que le permita a la unión salir de la crisis. Tomaré algunos apartes de los mejores artículos sobre el tema que nos permiten comprender las razones por las que hasta ahora la crisis es insoluble:

CLAUDI PEREZ

Un relato político compartido sostuvo durante tres generaciones el proyecto de integración europea, pero esa narración se ha desmoronado. La mayoría de los europeos, incluidos sus líderes, no saben ya de dónde vienen, y mucho menos hacia dónde quieren ir. Nadie se acuerda de que el proyecto sirvió para enjaular peligrosos diablos. Estamos cada vez más sometidos a esa idea de que es imposible cabalgar el tigre feroz que llamamos mercados. Y lo más importante: somos incapaces de construir un nuevo relato, que debe consistir en que la política vuelva a tomar las riendas”, explica José Enrique Ruiz-Domènec, catedrático de Historia de la Autónoma de Barcelona.”

Europa apesta a dinero, pero las consecuencias de ese estado de excepción financiera permanente no son solo económicas: Francia e Italia han sugerido una suspensión del área Schengen por la llegada de inmigrantes. Los populismos y nacionalismos emergen en Finlandia, en Holanda, en Austria, en Francia, en una ola que amenaza con alcanzar a Alemania. El Estado del bienestar está temblando. Y los recortes y ese ascenso de la tecnocracia que imponen entre Berlín y los mercados han elevado la temperatura social. “La UE se está muriendo. No es una muerte dramática, sino a cámara lenta, en una decadencia que pone en peligro un proyecto que se daba por asentado”, explica Timothy Garton Ash en Los hechos son subversivos.

Sin soluciones en Bruselas y Berlín, los mercados huelen sangre. Los pesimistas van en aumento e incluso retumban voces catastrofistas: el economista Bernard Connolly, el más siniestro apocalíptico de la UE, recibía esta semana tratamiento de estrella en The New York Times: “La actual política europea acabará provocando malestar social. Y no hay que olvidar que en esos países [Grecia, Irlanda, Portugal y España] ha habido guerras civiles, dictaduras fascistas y revoluciones. Ese es el futuro si esta locura maligna de la unión monetaria prosigue”.

JOSE IGNACIO TORREBLANCA

Por tanto, la crisis está cebando el populismo y la desafección en dos direcciones: los ciudadanos de los países acreedores temen verse arrastrados a una “unión de transferencias” con los ciudadanos de los países deudores, mientras que los ciudadanos de los países deudores recelan cada vez más de unos acreedores a los que simplemente ven como policías de la austeridad sin un proyecto político alternativo que compense la erosión de su democracia. Se trata de un círculo vicioso que se retroalimenta y que tiene importantes y evidentes consecuencias sobre el futuro de la democracia y, en paralelo, del proyecto europeo.

GUILLERMO DE LA DEHESA

El problema es que cambiar los tratados puede llevar unos dos años o quizá más, al necesitar una convención que precedería a una conferencia intergubernamental y luego una votación favorable de todos los Parlamentos europeos, y no hay tiempo suficiente. La eurozona se encuentra ya asfixiada, con sus bancos sin financiación, con algunos Estados miembros pagando tipos de interés insostenibles, con sus Gobiernos cortando gastos y subiendo impuestos, con familias y empresas desapalancándose y con el BCE bajando tipos lentamente. Es decir, avanzando rápidamente a otra recesión como la de 2008-2009 o peor.

Antes de que fuese creada la Unión Monetaria Europea (UME), muchos economistas escribimos, a principios de los años noventa, sobre los peligros de crear la UME en un área monetaria no óptima como la europea, hacerlo sin un banco central que fuera prestamista de última instancia y sin una unión fiscal paralela o un enorme fondo europeo para hacer frente a los choques asimétricos que pudiesen tener algunos de sus Estados miembros. Sin embargo, dichas advertencias no fueron tomadas en cuenta al primar la voluntad política sobre la realidad, con lo que pensábamos que algún día alguno o algunos de sus Estados miembros podrían entrar en crisis aguda de la que no podrían salir por sí solos. Ha terminado ocurriendo tras 10 años de euro.

TIMOTHI GARTON

Europa no se va a salvar este viernes en Bruselas. Como mucho, conseguirá una prórroga para enfrentarse a otro trauma. Después de estos "10 días para salvar el euro" llegarán 10 semanas, 10 meses, 10 años. La "aterradora y aburrida crisis" de Europa, en palabras de un observador en la capital comunitaria, seguirá adelante. Angela Merkel compara el salvamento de la Eurozona con una maratón; en realidad, se parece más a una carrera de obstáculos campo a través, con un nuevo foso detrás de cada falso horizonte.

En primer lugar, está la cuestión inmediata de que los Gobiernos de la eurozona logren o no recuperar la confianza de los mercados. Hasta qué punto va a ser eso difícil queda demostrado por el hecho de que, el mismo día en que Merkel y Nicolas Sarkozy anunciaron que iban a salvar (otra vez) definitivamente la Eurozona, Standard and Poor's advirtió de una posible calificación negativa del crédito incluso para Alemania con su triple A. Un analista del mercado de bonos me explica que, una vez que se ha minado la confianza fundamental de los inversores, hay que rehacer todos los cálculos. Ya no es un problema de precio. Da igual que la empresa X o el país Y ofrezca rendimientos del 5%, 6%, 7% u 8%: los inversores no quieren saber nada. Los países de la eurozona, como Italia, necesitarán pedir prestadas grandes sumas de dinero el año próximo, y es posible que los mercados -esos lugares en los que se acumulan las codicias y los pánicos individuales- vuelvan a decir que no. Entonces tendremos otros "10 días para salvar el euro".

Los mercados de bonos son como cocodrilos; hacen falta elefantes para devolverlos a su río. En este caso, el elefante es una entidad soberana poderosa y decidida, capaz de hacer lo que los mercados financieros no pueden pero con lo que sueñan: imprimir dinero. Por supuesto, tiene que ser dinero que otros vayan a aceptar como moneda fuerte, que no amenace la "estabilidad de precios" que es el anillo del nibelungo de la Alemania contemporánea. El anillo actual está protegido por dos gigantes wagnerianos, el Bundesbank (Fasolt) y el tribunal constitucional alemán (Fafner), amboselogiados específicamente por Merkel en su discurso ante el Bundestag la semana pasada. Pero la verdad es que, en las circunstancias económicas actuales, el BCE podría comprar más bonos de los que está comprando, imprimir más dinero y, aun así, no provocaría un exceso inflacionario. Como señala The Economist, la estabilidad de precios debe querer decir también impedir que los precios bajen. Lo que va a hacer que la gente empiece a llevar sus billetes de euro de un lado a otro en carreta, como se sabe que hicieron con sus marcos durante la hiperinflación de la Alemania de Weimar, no es la inflación, por ahora; es el derrumbe de la eurozona.

James Carville, el asesor y perro de presa del presidente Bill Clinton, dijo en una ocasión la famosa frase de que, si volviera a nacer algún día, le gustaría ser un mercado de bonos. En cambio, a los mercados de bonos les gustaría ser James Carville. Les encantaría ser uno de los principales asesores del presidente de un Estado soberano seguro como un elefante, como hasta hace poco se pensaba que era Estados Unidos. Porque solo una entidad soberana como esa puede garantizar -a los poseedores de bonos les gustaría pensar que de manera absoluta- unas ganancias sin riesgo. La eurozona no tiene nada parecido a una entidad soberana. Crearla no es un mero reto económico, sino también político.







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