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sábado, diciembre 24, 2011

CHRISTOPHER HITCHENS


Ahora después de su lamentable muerte, este hombre que indagaba sobre lo divino y lo humano, tendrá la certeza sí Dios existe o no.  Un ensayista de semejantes quilates no es fácil que no lo encontremos de nuevo, frente a la estandarización del pensamiento producto de una globalización destructiva y perversa. Marinne Ponsford lo define  a cabalidad: “Periodista, columnista, editor, lector impenitente, biógrafo y crítico literario, Hitchens es un prosista de exquisito maquiavelismo. Pero, sin lugar a dudas, su enorme fama tiene que ver con la esencia de su espíritu disidente. Hitchens, el contradictor, es un sistemático destructor de los clichés del bienpensantismo liberal.”
Su libro “Amor, pobreza y guerra “lo debore prácticamente en un día.  Fue no solo un buen ensayista, fue el mejor articulista de los últimos tiempos en occidente. Recordé los excelentes artículos de Calasso en Italia. Cada tema responde a una investigación por fuera del canon.  Buscó siempre derrumbar mitos y develar verdades que nadie inexplicablemente detectaba a pesar de lo evidente.
No basta ser un erudito,  es preciso escribir con elegancia, precisión, como un encantador de serpientes. Pocas veces se dan estas cualidades en un sólo escritor. Sus artículos son de una factura perfecta, como un relojero. Están  construidos no sólo para informar, sino con un profundo sentido hedonista, cumplen con la condición estética preferente de todo buen texto. 
Ratifica En Arcadia Marinne Pansford: El tamaño de su erudición es francamente asombroso, y quienes lo conocen aseguran que ha logrado amasar en una sola vida la capacidad de conocimiento de una docena de hombres. E igual de deslumbrante es la minuciosa intensidad de sus pasiones. De George Orwell (sobre quien ha escrito una biografía intelectual imprescindible: Why Orwell Matters) a Marcel Proust, de Émile Zola a Payne y a Jefferson, Hitchens ha logrado consolidar una reputación intelectual tan sólida como temible.
Fue implacable con ciertos hombres públicos. Fernando Savater expresó al saber de su muerte: “Hitchens combatió desde el semanario estadounidense The Nation las políticas de Ronald Reagan y Bush padre hasta que, tras 20 años de polémica y apoyar la invasión de Irak, tuvo que abandonar la publicación por discrepancias con la dirección. A su modo tumultuoso y detonante pero eficazmente demoledor, escribió contra enemigos muy diversos, aunque siempre destacados: la monarquía británica, Henry Kissinguer, Clinton, la madre Teresa de Calcuta, los islamistas radicales y hasta el mismísimo Dios…”
Su estilo era muy singular: directo, una prosa seca, sin arabescos,  se decantaba el lector compulsivo que fue. Tenía la facultad de no cansar, nos daba siempre la sensación de estar leyendo una gran novela de espionaje, recordaba los mejores textos de Le Carre su compatriota. Escribía sus artículos tejiendo entrecruzamientos de referencia históricas sorprendentes, con datos a la mano prestos a su propósito central: derrumbar mitos. Estaban soportados en una erudición extraña en estos tiempos.
Su muerte la verdad me sorprendió. No conocía la batalla que libraba con una enfermedad terminal. Estoy leyendo sus memorias. Cuando lo vi en vitrina me pareció extraño. Ahora comprendo. En otro artículo comentare sobre sus memorias.Realmente lamento su muerte. Espero descifre las dudas sobre la existencia de Dios. 

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