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lunes, octubre 20, 2008

EL OCASO PRESIDENCIAL

Una cosa es la imagen del presidente y otra es la realidad del país. La imagen del señor presidente parece nunca verse afectada por nada, ni los escándalos más flagrantes logran hacer disminuir las encuestas a su favor. Pero hay un hecho evidente en los dos últimos meses, el presidente ha permitido que el país entre en barrena por sus posiciones heteras, falta de decisiones objetivas en temas de suma importancia en las actuales circunstancias. El primero, tiene que ver con la reelección. Es definitivo, el doctor Uribe mantiene en velo a medio país por falta de claridad frente al avasallante cumulo de información sobre la reelección, que obstruye la actividad del congreso, deja la reforma política en interinidad, para no hablar de la reforma de la justicia que ya murió prematuramente, no ha permitido que las bancadas funcionen normalmente y lo peor, tiene por una lado andando el referendo con fechas y alternativas propias y por otra la reforma en una ambigüedad absolutamente inexplicable. En momentos de reformas sustanciales muy importantes y vitales para la vida de la nación, el presidente anticipo las elecciones y politizo el país. A esto se le suma un manejo errado de sus politicas internas frente a la crisis económica mundial, el ministro de hacienda ha estado más preocupado por desvirtuar los efectos sobre el país que en aplicar correctivos a las proyecciones hechas en épocas gordas y que no guardan proporción con las cifras de hoy. Está claro, el presidente no aprovecho las vacas gordas, no se hicieron los ajustes y la política social y de empleo serán el dolor de cabeza al final de este año, ya existen indicios muy graves: el paro de la justicia que pasó, entrarán en paro la DIAN, la registraduria y algunos entes descentralizados. El problema de las tierras en el sur del país es muy grave y los indígenas no quieren paños de agua tibia. No hablamos de la coyuntura normal que vive el mundo por los efectos del colapso del sistema financiero, de la cual el presidente no tiene la culpa, pero sí de la ausencia de liderazgo frente a un momento que anticipa una grave crisis económica para Latinoamérica y por su puesto el país. Amanecerá y veremos.

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