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jueves, enero 11, 2007

ENRIQUE CORTES


Ver en la muerte el sueño, en el ocaso /un triste oro, tal es la poesía/Que es inmortal y pobre. La poesía/Vuelve como la aurora y el ocaso.
BORGES
Arte poética


La columna escrita por William Ospina en la revista Cromos, con relación a una reciente biografía de Estanislao Zuleta, me recordó a Enrique. Dice William con absoluta firmeza que “Hay ciertos hombres, vistosos, ingeniosos, elocuentes, sabios, ocurrentes, traviesos, disparatados, heroicos o malignos a los que sólo se conoce bien si se los oye hablar, si se nos cuentan sus anécdotas, sus epigramas, sus sentencias.” Este es el caso de Enrique, quien desde hace mas de veinte años cumple una labor silenciosa y constante en la promoción de la buena lectura y la divulgación de la cultura a través de opiniones lucidas, inteligentes, certeras, llenas de picardía, escepticismo y quien por una decisión muy propia de su actitud frente a la vida, ha decidido no publicar por ahora. Recordé leyendo la columna a un personaje citado por Vargas Llosa en sus memorias, que solía admirar todo el mundo en Lima por sus opiniones inteligentes, cultura, el cual gozaba de auditorio propio y que hoy nadie recuerda muy a pesar de haber sembrado la semilla de la escritura en muchos hombres importantes para las letras Peruanas. Bioy Casares (citado también por William) publicó en un libro extenso, como un diario de una relación personal, las conversaciones y la bitácora de su amistad con Borges. La lectura incomoda de este texto, por el tamaño del libro, de igual manera me incita pensar como deberíamos llevar una relación de algunas conversaciones inteligentes que caen irremediablemente en olvido. El texto en mención, vuelve a traernos las sentencias y juicios inteligentes del escritor Argentino. Enrique para el caso, es un Tolimense, con un humor y cultura inagotable, de sentencias cargadas de ironía, con una conversación exquisita y atenta; con cierto dejo y pesimismo, cuando se trata de opinar sobre los avatares de la vida nacional. Desde hace veinte años, nos aconseja lecturas y nos presenta autores nuevos que siempre resultan muy importantes. Hace doce años me entregó un libro de un autor que a su juicio seria vital paras las letras universales y que para su criterio no se le daba la importancia que merecía. Lo leí y empecé a seguirlo; el autor no era otro que Saramago y el libro “Historia del cerco de Lisboa”. De la misma manera y con suficiente anticipación me entregó a Bufalino, para citar dos ejemplos del ojo crítico y su permanente búsqueda. Conozco muchos poemas de Enrique, hermosos, como implacables interrogantes abiertos a mil lecturas, bellos aforismos poéticos escritos a lo largo de muchos años, que desearíamos ver publicados y que esperamos nuestro amigo consienta en hacerlo muy pronto.

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