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lunes, mayo 15, 2006

CUAL CAMPAÑA


Iván, es un sobrino que entró a estudiar Ciencias políticas, en la Universidad del Rosario de Bogotá, inquieto, inteligente y quien paradójicamente, no desea ser político, ni trabajar para políticos, ni nada que se le parezca. Lo más interesante del dialogo, con los jóvenes de esta generación digital, es que las razones que sustentan sus decisiones y opiniones no son defendidas con la pasión, que nosotros solíamos expresar cuando defendíamos las nuestras, y esta aparente falta de vehemencia, en ningún momento es incapacidad, o desinformación, talvez sea lo contrario, claridad.
Cual será la razón para que un estudiante de ciencias políticas no quiera estar cercano a la política. Muchas, pero las más evidentes están a la mano. En Colombia la política es sinónimo de mentira, de trampa y los políticos de mentirosos, timadores. Leyendo sobre las tribulaciones y decadencia del imperio romano de Gibon, la conclusión es, que nada es nuevo en esta materia y estas son las vicisitudes de la naturaleza humana que resultan más descarnadas cuando de política hablamos.
Pero en medio de esta apatía de Iván y un país que se desangra, hay mucho más que simple desgano y escepticismo. Desde el siglo XIX, Colombia vive una violencia deshumanizada (aunque parezca de Perogrullo pedir que la guerra sea humanizada) y que no corresponde a una lucha, por imponer algún tipo de gobierno igualitario, ideal, sino camufla intereses personales, saqueo, engaño y expropiación, sin ninguna posibilidad de adquirir los matices, de un proyecto colectivo que guarde la posibilidad de un cambio sustancial de nuestra realidad. Así ha sido siempre y cuando aparece un proyecto serio, su cabeza siempre es cercenada (el general Uribe, Gaitan, Galán...e infinidad de lideres), situación que se repite en todos los ámbitos, convirtiendo al país en un cementerio inmenso de mártires, que inexplicablemente no constituyen ejemplo para el cambio o signo de esperanza, sino el peor reflejo de la impotencia de un pueblo frente a su violenta realidad.
Los muchachos como Iván, no se desgastan en discusiones inútiles (por los resultados, por la forma como se exponen, se argumentan las nuestras) talvez exigen como la última revolución importante y como todas frustrada (París de 1968), que tenía como eslogan, la imaginación al poder, algo más, que no sea de lo mismo.
Y para la muestra, que mejor que la actual campaña presidencial: Lo primero que habría que preguntarse es ¿Cual campaña ¿…….-El candidato-presidente ha decidido dejar de lado cualquier programa y recurrir al manoseo verbal, a la explotación de las necesidades de un país en guerra, recurriendo al fortalecimiento de la imagen patriarcal que todo lo resuelve, sin importar los medios, ni el respeto a la ley, pero con la diferencia que no resuelve nada y el pueblo para utilizar el peor de los eufeminismos ( Estos que engrasan las altísimas cifras de favorabilidad) parece, como en el caso del Sagrado Corazón, encomendarse ciegamente a este nuevo mayordomo…no importa que haga y como lo haga, las encuestan siempre lo tendrán arriba. A un muchacho como Iván, estas escenas le producen un escepticismo que solo tiene una actitud digna: El silencio. El espectáculo de la oposición, ni siquiera, valdría la pena exponerlo; Serpa es la encarnación absoluta de lo que ya no debe existir en política y el insiste en perpetuar; Leiva, está convencido que sus laxos con la FARC, son razón suficiente para acceder al poder; Mokus debería ver el Código De Davinci, para entender hasta donde llegan el simbolismo y la iconografía; para terminar, el Doctor Gaviria, con tan altas posibilidades de ser la encarnación de algo nuevo, tiene los peores asesores del espectro político, su excelente discurso se pierde entre la infinidad de errores de su partido.
Iván, que empieza su carrera, con cierto pesimismo muy cercano a una lucidez impotente, se pregunta frente a todo lo que nos pasa: ¿Más de lo mismo?, o talvez pida de nuevo: La imaginación al poder, como Lampedusa, que todo cambie para que todo siga igual.

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