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jueves, junio 07, 2018

CUATRO DUBLINESES


Richard Ellmannn publicó este breve ensayo hace muchos años, la calidad de este trabajo está descontada, volver a su lectura, ahora que la literatura ha sufrido cambios sustanciales, eso que la crítica llama auto ficción, que para mí no es nada nuevo, que en todo caso es más personal, menos ortodoxa, hay una mezcla entre ficción, ensayo, toma de posiciones e imaginación pura, siempre en atención a una realidad, esa cuota de humanismo que toda obra de arte debe tener, que nos lleva a escribir una historia ( Llámese desesperanza, des-encanto, soledad, amor, desamor…) ahora se hace de manera más descarnada, de igual manera así se encuentra el mundo, en una especie de caos.  A estos cuatro Irlandeses no solo los une sus afinidades geográficas, ciertas influencias y la manera de encarar la literatura, que al final, termina en obras con una contundencia total, hay un hilo más sutil, que el autor en la narración va decantando y que lo vamos entendiendo, en la medida de la lectura, en donde lo simple resulta lo importante, al final sabemos que no es tan simple y que cada uno constituye un hito de suma importancia para la literatura inglesa y universal. Edgardo Scott en una reseña para la editorial expresaba con una lucidez absoluta: “Leyendo Cuatro dublineses (Wilde-Yeats-Joyce-Beckett) cualquiera puede notar ya a las pocas líneas de comenzada la lectura, que hay algo entrelazado a la escritura que supera la mera indagación o el retrato lúcido de estos cuatro escritores irlandeses. Todo es demasiado sencillo, todo fluye en armonía como en una buena canción. Richard Ellmann, el gran biógrafo de Joyce hasta el presente, escribe sobre cuatro de los escritores más importantes en lengua inglesa de toda la historia (y probablemente, en cualquier lengua), como si hablara de sus primos de Dublín, tan conocidos y queridos para él. Si bien hay fuentes confiables, salpicados documentos y fotografías, la narración predomina sobre lo que sería un ensayo, una investigación o el agrupamiento de recortes biográficos. Así, en sus ciento ochenta páginas, tal vez convenga leer Cuatro dublineses como una novela. Incluso como una novela breve experimental. O como un libro de cuentos que posee un tronco común”. Cada uno de estos autores son estudiados a partir de sus rasgos biográficos, no resulta ser un estudio crítico, las claves que los conectan las vamos descubriendo en los efectos y los orígenes de su obra creativa, las influencias son de suma importancia, de igual manera el ambiente en que una ciudad los va envolviendo. Scott, lo enfatiza: “En Cuatro dublineses Ellmann no demuestra nada, no explica, no quiere teorizar acerca de los textos o las obras de cada uno de estos escritores (más allá de que cada tanto deslice un acierto). Ellmann narra. Construye y presenta de entrada un narrador cortés, un narrador comprensivo; “un punto de vista coherente” como dijera Saer respecto de Stanislaus Joyce, en el libro sobre su hermano. Pero vale preguntarse entonces ¿y qué se está narrando? Sobre todo el carácter. O una idea de carácter de estos cuatro escritores, devenidos personajes; los tormentos de cuatro dublineses, de cuatro escritores nacidos, si bien en distintas y sucesivas épocas, bajo la misma lengua y ciudad. En Wilde, este tema tendrá la forma del comercio tirante entre sus voluntades apolínea y dionisíaca. En Yeats, del crepúsculo, de “la segunda juventud” (frase que supo adoptar entre nosotros Andrés Rivera); el “viejazo”: esa fase de estertores, de lucha renegada y heroica ante la vejez y la muerte. En Joyce, de su discurrir fronterizo con la locura. En Beckett, de la negatividad, del peso grande y diario de no hacer ninguna concesión para con una obra, de vivir separando, como a dos enemigos frontales, texto y autor”[1]. He vuelto a los clásicos, aquellos libros y autores que marcaron  en nuestras vidas, a recrear las efervescencias críticas en que nos formamos, a tratar de revivir esas lecturas apasionadas de otros tiempos. Este ensayo, es de mi absoluta predilección. El ritmo, el tono, la hondura de su aseveraciones y la manera cómo vamos entendiendo las afinidades de estos cuatro grandes de la literatura inglesa.
El efecto al final, es contrario al que uno espera: “Y en ese final Richard Ellmann promueve una vinculación que no hace más que desconcertar; porque al ofrecernos las cercanías y distancias, decanta una convicción: estos cuatro dublineses no se parecen en nada. Como si el libro hubiese tejido una intriga tácita, la de a priori encontrar parecidos, sondear raíces, y en el final, dejarnos con las manos vacías de hallazgo. El efecto sin embargo no es desmoralizante, todo lo contrario. Potencia la singularidad de cada uno de estos personajes. Hace que cada parte brille. Como en Los emigrados, de Sebald. En aquel caso podemos resumir el libro con facilidad: es sobre cuatro emigrados alemanes alrededor de la segunda guerra. En este caso podríamos decir: es sobre cuatro escritores irlandeses”.



[1] . Edgardo Scott. http://asesinostimidos.blogspot.com/2010/12/cuatro-dublinesesde-richard-ellman-por.html

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