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lunes, junio 06, 2016

LOS MUROS DE LA INFAMIA

Desde tiempos inmemoriales el hombre ha construido alrededor de sus ciudades y estados muros para protegerse, algunos son emblemáticos: la muralla de piedra de Jerico en el siglo IX antes de Cristo, la gran muralla China, los muros de protección contra las tribus Barbaras realizadas por los Romanos a lo largo del Rihn y el Danubio, los muros que rodearon los grandes castillos de la monarquía Europea, no solo constituyeron un símbolo de poder, sino de unidad de ciertas sociedades que buscaban  defensas frente a las invasiones que eran el pan de cada día de un mundo en plena conquista y expansión. El mundo civilizado,  suponemos, miraba estos mecanismos como referentes históricos apenas, pues después de muchas guerras y tragedias la humanidad ha consolidado un derecho internacional que tiene como matriz el derecho humanitario y que ha generado una verdadera política de integración y regulación del derecho de gentes.  En plena globalización y apertura, con la revolución tecnológica que cambió la sociedad en todos los contextos, el gran salto de las tecnologías de la información y la comunicación, pensaríamos que estos muros son cosa del pasado.
No es así.  Desde hace unos años en una regresión inexplicable se han levantado muros de la vergüenza como una forma de evitar la migración y los desplazamientos de personas sometidas a una presión y tragedia inconmensurables, de hecho son incomodas para ciertos países y ciudades, el mundo se llenó de verdaderos senderos de cemento, producto de la ansiedad por crear sociedades aisladas de toda contaminación social, hay una especie de síndrome de la seguridad que ve en el aislamiento la única forma de protección posible. La base legal del derecho internacional con respecto a la migración es muy sólida, “Así la globalización del mundo, las grandes alianzas regionales, la Integración de los países, la eliminación de visados y los tratados internacionales relativos a derechos fundamentales y derechos humanos han replanteado la noción clásica de frontera y el status tradicional del estado nacional. Por ello, así como el derecho debe perseguir en todos los casos, una forma de realismo que le permita adaptarse a las condiciones de vida que las sociedad exhiben en efecto, también a mi entender la materia migratoria no puede ser eficaz si se sustrae de este paradigma de la modernidad”[1]. “El derecho migratorio internacional es una rama del derecho que se ha desarrollado durante el tiempo, y continúa desarrollándose conforme continúa la necesidad de la cooperación internacional. En términos básicos, el derecho migratorio internacional tiene que ver con las responsabilidades y compromisos internacionales que los Estados han adquirido. Estos compromisos y responsabilidades fijan límites en la autoridad tradicional que los Estados tienen sobre asuntos de migración. Un principio fundamental es que el derecho internacional prevalece sobre el derecho nacional. Esto significa que un Estado no puede basarse en una disposición de su legislación nacional para evitar una responsabilidad bajo el derecho internacional[2].
Ayer viendo los comicios electorales  del  Perú, me entere que hay barrios en Lima protegidos por extensos muros que aíslan a ciertas elites de los vecinos peligrosos, según sus promotores, barrios marginales que desafortunamente consideran peligrosos, una situación oprobiosa y sin razón de ser, pero ahí están, son parte de la vida cotidiana de esta ciudad. Si miramos lo que está pasando en el mundo,  la humanidad parece regresar al pasado: Israel construyó un muro infame a lo largo de todos los asentamientos en las tierras del estado Palestino, La frontera de los Estados Unidos con México es el peor ejemplo de una situación contra-natura, pues  este país fue construido por emigrantes, es una vergüenza esta política, Europa está seriamente pensando en construir algunos muros en los puntos que considera más vulnerables, a lo largo de su frontera, para no hablar de los muros legales que se están multiplicando en casi todos los Estados.
Los principios de solidaridad, de humanidad, parecen no contar por estos tiempos, muchas veces  la globalización en muchos aspectos sólo es un intercambio de mercancías, flujos de dinero y avasallamientos comerciales que incrementan irresponsablemente el consumo desbordado. Es un hecho que “la autoridad de un Estado para regular el ingreso, permanencia y remoción sobre su territorio, no es absoluta. Los Estados se están dando cuenta de que la migración debe ser gestionada, y de que es necesaria la cooperación con otros Estados. “Las obligaciones internacionales basadas en normas internacionales que limitan la autoridad del Estado sobre asuntos de migración, ofrecen medios para proteger los derechos humanos y equilibrar los intereses de los migrantes con los intereses de los Estados”, esto quiere decir que hay las herramientas para darle un tratamiento diferente al problema migratoria sin desconocer la discrecionalidad de los estados para fijar sus políticas internas. Unos 214 millones de personas en el mundo son migrantes internacionales, lo que representa cerca del tres por ciento de la población mundial. Por lo tanto, la gran mayoría de los habitantes del mundo no emigran al exterior. De las personas que emigran, alrededor de 10 millones obtuvieron la condición de refugiado en el año 2007, y entre 30 y 40 millones eran migrantes irregulares[3].
Ver a un candidato como Donald Trump, montar todo su discurso electoral en el ataque discriminado a los emigrantes recurriendo a los conceptos más bajos que anteponen tácitamente el concepto de raza superior, dar por sentado que existen sociedades civilizadas que merecen ser aisladas, olvidando toda la óptica humanística regulada por el derecho internacional, es un exabrupto  total. Esta regresión discursiva que se traduce en odios y racismo es el pan de cada día en el mundo.








[1] http://www.centroetnosalud.com/trabajos/Aspectos%20legales%20vigentes%20en%20Materia%20Migratoria.pdf
[2] http://www.crmsv.org/documentos/IOM_EMM_Es/v1/V1S06_CM.pdf

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