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miércoles, mayo 19, 2021

LA JUVENTUD TIENE LA PALABRA

 


Desde hace cinco años hay una toma de posición de la juventud  en el mundo frente a todos los problemas que afectan al hombre contemporáneo, su relación con la política y el papel de las estructuras del estado en el cumplimiento de sus objetivos que no atienden sus necesidades, la relación de la clase dirigente y empresarial con el planeta quienes han actuado de manera  irresponsable. La juventud colombiana no es ajena a esta reverberación, considera que las generaciones que le anteceden tienen muchas responsabilidades políticas, éticas frente a lo que nos pasa y al deterioro contante del medio ambiente. Esta juventud quiere ser oída, no está dispuesta a ser un convidado de piedra en las agendas públicas y en los correctivos que debe tener el sistema y más aún en la relación que debemos tener con nuestro planeta que, en últimas es la casa de todos.

Estamos frente a una posición política de dimensiones no vistas antes. La crisis de las democracias liberales es latente. Los gobiernos han pervertido las condiciones de gobernabilidad. La democracia representativa término en industrias electorales basadas en el clientelismo con el único objetivo de usufructuar el poder en favor de los intereses particulares.  “Es posible encontrar la noción de crisis en la democracia expresada como ausencia de arreglos institucionales o persistencia de conflictos entre sus estructuras. Sin embargo, también se puede abordar dicha crisis como una situación de carencia de valores, los cuales han sido distorsionados, desplazados o descartados”[1] . Está crisis se traduce en inequidad, falta de oportunidades y el empoderamiento de una elite.  Esto afecta por supuesto a la juventud. El análisis es más profundo de lo que suponemos. “Wolin (2004) introduce el contraste entre el capital y la democracia para presentar la discusión, preguntándose sobre la relación entre la política de las corporaciones y la política democrática, refiriéndose a la noción de crisis como un lugar no explorado debido a que "la ubicación de la crisis se ha buscado en los lugares equivocados" (Wolin, 2004, p. 597). Wolin considera que el error fue suponer que era posible la compatibilidad entre el capitalismo y la democracia, y que estos habrían de evolucionar para permitir la unión entre la cultura del trabajador y su cultura cívica, por lo que afirma que Marx estaba en lo cierto, sólo que parcialmente, pues el capitalismo no solamente desfigura al trabajador, sino que deforma su condición de ciudadano, debido a que las premisas del gran capital operan como factor de estímulo de conductas individualistas, acentuando rasgos personalistas que se distancian de valores como la búsqueda del bien común (Wolin, 2004, p. 601).

No hay otra manera que revisar el papel de la democracia liberal que,  desde el cumplimiento de los objetivos, escrutar cómo se expresa la participación política y cuál es el manejo de la macro-economía y si ella atiende a resolver los problemas de inequidad imperantes. María Isabel Puerta Riera, expresa categóricamente, citando a Wolin: Señala que la democracia (en referencia a la de los Estados Unidos) es efímera, en lugar de representar un sistema estable; prefiere denominarla democracia fugitiva para acentuar su naturaleza esporádica, relacionándola directamente con la noción aristotélica. Por ello, resulta mucho más conveniente hablar de formas de democracia en lugar de una sola, pues es esa multiplicidad la que deviene en política anti totalitaria (Wolin, 2004, p. 601). Para Wolin, las posibilidades democráticas dependen de la combinación del localismo tradicional y la descentralización postmoderna. No solo la juventud quiere participar en la toma de decisiones, sino atender, entender y participar de manera directa los problemas más latentes, desde la toma de posiciones y la protesta como vehículo de cambio ante el fracaso de la agenda pública al respecto.

Es claro que la educación y el empleo son variables que deberán ser una constante en las políticas públicas, pues de ellas depende buena parte del bienestar de la juventud.  Colombia es uno de los países más inequitativos, con menos oportunidades y con un déficit inmenso en la educación universitaria, 23 días de protestas corresponden a un mecanismo de defensa ante la ausencia y falta de atención de parte del presidente, la clase dirigente frente a problemas puntuales, que ya son debilidades perversas del sistema político.

No basta asumir políticas en consideración a las peticiones de la juventud en la plaza pública, es necesario escucharlos, atender sus peticiones y crear mecanismos permanentes que atiendan a una problemática de muchos años. El gobierno colombiano en manos del presidente Duque debe dejar tanta arrogancia y ver todo lo que pasa como una oportunidad necesaria que no sólo soluciona problemas estructurales sino que deberá producir una agenda que se refleje en más oportunidades y por supuesto justicia social. 



[1] Crisis de la democracia. Un recorrido por el debate en la teoría política contemporánea. María Isabel Puerta Riera.

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-05652016000100001

 


martes, mayo 11, 2021

LA PROTESTA SOCIAL EN CALI

 



La sociología le ha dedicado tiempo y estudio al análisis pormenorizado de las protestas sociales en las sociedades modernas, para entender los procesos de identidad, los marcos en que se desenvuelve y los objetivos que persigue atendiendo a las visibles estrategias con las que procede. “Dentro del área específica de la sociología, las teorías norteamericanas de las “protestas sociales” ocupan un lugar central en el estudio de estos fenómenos. Entre ellas se pueden distinguir tres enfoques principales: las teorías de movilización de recursos, de los procesos políticos y de los marcos culturales”.

No es casual el estallido social en Cali en los barrios populares a pesar de la coyuntura: Colectivos con mucha pobreza producto de la marginación social, el desplazamiento y fenómenos urbanos de migración que responden a violencias concomitantes en sectores rurales. En un trabajo sobre violencia y segregación social en Cali, se establece: “Nuestra aproximación a esta problemática se plantea desde una doble preocupación. Si bien aceptamos las críticas a la explicación de la violencia a partir de las condiciones de pobreza y desigualdad social como factor único (cf. Deas, 1995) o estructural (cf. Ortiz, 1992: 66-67), nuestro propósito es poner de nuevo especial atención a su incidencia a escala micro y meso, pero articulados a otros factores más de carácter político e institucional. Esto significa que a pesar de las características socio-históricas específicas del conjunto de violencias por las que atraviesa la sociedad colombiana en las últimas dos décadas, es posible encontrar procesos comunes a los que viven diversas ciudades; uno de ellos tiene que ver con los patrones de segregación urbana con exclusión para determinados grupos de la población. Fenómenos que se relacionan con la “ausencia” del Estado como regulador de la vida urbana, además de la dinámica de segregación espacial, pueden ser sin duda una característica transversal a múltiples sociedades contemporáneas”[1]. 

La sociología clásica americano en el caso de las protestas, sobre la intención de los grupos sociales en la protesta, desde la teoría de los marcos, expresa: “Si bien es innegable que toda acción colectiva supone un grado de organización y alineamiento consciente y estratégico de las acciones para lograr los objetivos trazados colectivamente, se considera que entender a los sujetos como agentes racionales y estratégicos impide pensar a la identidad como una construcción que excede las intenciones conscientes del sujeto, lo sobrepasa. Según esta visión racional y estratégica, la identidad se construye de manera intencionada, se puede dirigir. Entonces, aunque es posible que los teóricos de los marcos acuerden en que la cons­trucción identitaria tiene un sustrato inconsciente que no puede ser “manejado” o manipulado por los sujetos, no existe en esta teoría una consideración de las implicancias de esta cuestión para la construcción co­lectiva, ya que el énfasis está puesto en el estudio de los aspectos conscientes y estratégicos”. Siloe en Cali y Agua Blanca, para sólo citar los dos barrios populares por excelencia, son barrios con un ADN especifico, con una migración considerable  producto del desplazamiento escalonado y las violencias múltiples que conllevan a una ciudad fracturada por la concentración de la riqueza, la división acentuada con diferentes dualidades: Ricos y pobres, blancos y negros, indios y otros… sumatoria que nos permite hablar de colectivos con puntos comunes que sirven de identidades frente a la ausencia del estado y la pobreza. Escuche un habitante casual de Siloe que enfatizaba: “Lo común de estos barrios son la marginalidad, la economía informal, las organizaciones propias, de ciudadanos con poder de mando y capacidad estratégica, para regular la convivencia sin la presencia del estado (Llámese oficinas) y el rebusque”. El diario el espectador en el día de hoy establece en un excelente artículo sobre el tema: “Lo que pasa acá (Cali) es una sumatoria de factores históricos. Organizaciones al margen de la ley que están en el entorno, que tienen milicias urbanas, corredores estratégicos, economías basadas en lo ilegal, cultivos ilícitos, minería ilegal. Cali aparece como un epicentro, está en el ojo del huracán de todas estas dificultades, que son de la región”[2]. Uno supone que de acuerdo a la teoría de los marcos “los sujetos que llevan adelante las acciones de protesta lo hacen de manera racional y estratégica”.

En el fondo es la teoría del estado, del presidente, quien supone que los factores objetivos no cuentan, la ausencia del estado menos y que la parcelación de los colectivos entre malos y buenos dirime una realidad que va más allá del énfasis puesto por la clase dirigente que establece la "penetración subversiva" y el estigmatismo de los colectivos con el estereotipo de “vándalos” y “movimientos anárquicos”, evadiendo factores sociales importantes represados.

“Es pertinente pensar en la necesidad de colocar a un nivel “superior” (en términos analíticos) la dimensión socio-económica de la desigualdad social”. También considera el documento que: “En contextos urbanos la desigualdad en cuanto forma de pobreza relativa se asocia a mayores niveles de violencia si ella se presenta con una relativa alta segregación espacial, que produce formas de exclusión social y, en algunos contextos urbanos como el nuestro, también pueden operar efectos de discriminación socio racial”. Esta es la realidad que debe ser tenida en cuenta en cualquier análisis sobre los barrios marginados quienes por años han sido falseados por el estado y están lejos de alcanzar los mínimos presupuestos para tener una vida digna. El presidente no debe esquilmar sus responsabilidades y menos volver a mentir con pactos que no va a cumplir, está obligado a reunirse con los líderes de barrios como Siloe en Cali y lógico con el comité de paro. Es atendiendo a las personas directamente afectadas que empezamos a tener reconocimientos de los verdaderos problemas que aquejan a grandes sectores de la población. Con rigor y en atención a una historia velada por muchos. Está claro "que el desarrollo urbano equitativo no se construye a punta de vidrio y cemento. La equidad es el resultado de la participación democrática de los pobladores urbanos en la construcción de ciudad; es el resultado del ejercicio del derecho a la ciudad que garantiza el acceso a la toma de decisiones en materias como el ordenamiento territorial, la planeación socioeconómica y la definición de las políticas públicas". De hecho estos colectivos están lejos de cualquier participación. 

 



[1] Segregación urbana y violencia en Cali. Quintín Quílez, Pedro - Autor/a; Urréa Giraldo, Fernando - Autor/a;

http://biblioteca.clacso.edu.ar/Colombia/cidse-univalle/20121113043808/segregacion.pdf

[2] Diario El espectador/11-05-2021. Cali, las raíces del estallido social.


sábado, mayo 08, 2021

LA GRAVE CRISIS DE COLOMBIA 2


 

No es que el presidente no pueda atender la crisis, es que hasta la fecha le ha faltado voluntad política para hacerlo. María Isabel Tamayo

 Entendiendo que nuestro país vive la peor crisis social y económica de las dos últimas décadas, que el caos que vivimos nace de la negligencia y lentitud del gobierno en la toma decisiones que entre otras tiene que ver con lo pactado en el paro del 2019, actitud que ocasionó una crisis social y protestas de tal magnitud que, hasta ahora no ha podido superarse, producto de una ausencia de gobernabilidad imperdonable,  razón del paro nacional y protestas de dimensiones no vistas hasta la fecha, cuyo objetivo en principio fue el retiro de la reforma tributaria  presentada por el presidente con nota de urgencia, Llamado que desatendió de manera inconsecuente, dándole pésimo manejo  a las protestas, lo que exacerbo los ánimos de una sociedad cansada del manejo del poder por un elite sin mediación alguna. Una vez retirada la reforma de manera tardía, el paro continuó, pues las causas van mucho más allá de esta reforma injusta, atiende a razones de tipo instrumental y estructural propias de un estado fallido, un ejecutivo encumbrado; se dirige igualmente contra la clase política, una elite perversa y una corrupción galopante que nunca hemos superado, además denuncia los privilegios enquistados en nuestras instituciones por sectores dominantes desde hace mucho tiempo.   Por ello, no es hablando con los mismos actores que el paro condena que, se le da salida al caos que vivimos, debe el presidente hablar y pactar indefectiblemente con los sindicatos, los gremios, el estudiantado, a través del comité de paro, que permita crear una bitácora de reformas y pactos acorde con las causas de tanto descontento. Más vale hacerlo con prestancia antes de que sea muy tarde. Se necesita escuchar, recapitular, concertar y crear las políticas y correctivos necesarios.

Repensar el país desde nuestras instituciones, evitar el reformismo inútil y, como a priori, partir del reconocimiento que, es un problema de voluntad política. Pensar al país con objetivos de cambio es pertinente. Esta crisis también se puede mirar como una oportunidad sí, la encopetada clase dirigente lo entiende, tiene voluntad de cambio y concertación para hacer las reformas prioritarias que brinden no solo más oportunidades, sino que nos permitan superar muchos problemas sociales represados. No es con la retórica acostumbrada ni con esa racionalidad maniquea y leguleya con la que se han manejado históricamente estos problemas.

Es una verdad incuestionable que la falta de equidad, el olvido de vastos sectores de la población y el usufructo del poder por unos pocos, constituye el apéndice y la causa de tanto descontento.

Espero con atención los diálogos entre la presidencia y el comité de paro, los estudiantes, la academia y los gremios, con la nación excluida históricamente hablando.




sábado, mayo 01, 2021

LA GRAVE CRISIS DE COLOMBIA

 



El peor error de cualquier gobierno es desconocer la realidad, perder la comunicación con ese concepto etéreo que denominamos pueblo y que, en el caso colombiano, en todo caso ha buscado la manera de hacerse oír con total des-atención del ejecutivo. El rechazo a la reforma tributaria en los términos en que la presentó el ministro de hacienda, con un exceso de carga impositiva y pretendiendo arreglar la falta de dinero de un solo tajo, acudiendo al bolsillo de los asalariados, sin ningún plan de contingencia, austeridad, reforma que entre otras cosas, nunca fue concertada con el país político, los gremios, los sindicatos, la academia, el estudiantado y la cual puso el dedo en la llaga de una clase media y baja en total crisis, producto de circunstancias especiales que nos impuso la pandemia y por gracia de una clase dirigente equivocada, autista y ensimismada en el poder que no ha tomado las decisiones a tiempo y cuando lo hace, se equivoca inexplicablemente.

El paro constituyó una muestra irrefutable de la inconformidad de la gente, una radiografía del resentimiento contenido de amplios sectores sociales, de la clase trabajadora, los comerciantes y los trabajadores informales, que son muchos en este país.   Ninguna violencia es casual, ni responde solo a los efectos delincuenciales y desmedidos de unos pocos, es una apuesta contra el mal gobierno, que, si no permite la protesta pacífica, se atiene a las consecuencias, pues el mal gobierno siempre es obligado a escuchar, a concertar, la evidencia fue el alto número de personas que salieron a marchar para decirle al presidente: No estamos de acuerdo. La democracia entre sus cuidados, tiene como obligación tacita, respetar los contrapesos y atender el clamor de sus ciudadanos.

Las cifras de desempleo, bajo crecimiento económico, informalidad y pobreza presentadas por el DANE, deben ser un signo de preocupación para el señor presidente, no puede desconocer esta realidad y contrario a la actitud terca del último año, es necesario generar mecanismos de concertación para salir de la crisis económica que nos aqueja, siempre y cuando acuda a fórmulas más ingeniosas y equitativas.

Contrario a lo que pensaba el gobierno, que esperaba el apaciguamiento de las protestas, todos los días hay marchas y pronunciamientos en pro de que se retira la reforma tributaria. Por lo tanto, cada día es más grave la situación de orden público, sin que el presidente desde su urna de cristal cambie de parecer. Espero, que los males que produce el poder en su aislamiento no permitan que haya consecuencias irreparables y que cuando se decida gobernar atendiendo la realidad, no sea tarde. 

miércoles, abril 28, 2021

SENSE 8

 


Un escritor escribió que sí Shakespeare estuviese vivo, escribiría series, que son típico de plataformas como “Neflix”, muy ágil y responde a los retos que tiene el medio en los últimos años y a la necesidad de mantener un público cautivo con innovaciones sin precedentes.  

Los realizadores y directores de Matrix, son los mismos realizadores de esta emblemática serie de ficción. Creada por las hermanas Wachowski y quienes junto a J. Michael Straczynski llevaron el lenguaje cinematográfico a los retos que requieren estas producciones. Escribiré sobre ella desde la perspectiva de un espectador anodino.

Comenzaré mi elucidación de la serie, sobre una afirmación que tome de la red: “Una historia acerca de ocho individuos repartidos por el mundo que comparten sensaciones, recuerdos y habilidades, además de mucha comprensión. Ellos son los sensates, el siguiente escalón en la evolución humana, perseguidos por una organización que quiere utilizar sus habilidades con fines egoístas, temerosos que pierdan el control del planeta ante esta especie superior”.

La trama se mueve alrededor de estos 8 personajes (Will, Riley, Capheus, Sun, Lito, Kala, Wolfgang y Nomi) de diferentes culturas, conectados entre sí por facultades especiales que, no sólo les permiten sentir la realidad del otro, sino comunicarse desde una realidad que se sobre-pone a la nuestra, son seres especiales, que son perseguidos por sus mismos creadores sobre la base del peligro que constituyen para la raza humana. Los ocho personajes principales son llamados «sensates» (senseight) comparten el mismo día de nacimiento, 8 de agosto. Aunque los actores mismos están en el rango de edad de entre 25 y 35 años, sus personajes tienen 25 años al empezar la serie.

La narrativa de ciencia ficción, se apoya en la física cuántica, en la manipulación genética y en su trama está implícito la lucha por el poder y la hegemonía del mundo. Está filmada en muchas locaciones: Nairobi, Seúl, San Francisco, Mumbai, Londres, Ciudad de México, Chicago y Berlín respectivamente.

La serie comienza con un suicidio: Angélica "Angel" Turing, Una sensate de un grupo (clan) anterior que viene a ser la «madre» de los ocho nuevos sensates cuando activa la conexión psíquica con ellos.  A ellos se contrapone Milton Bailey Brandt "Whispers" Un anterior sensate vuelto contra su propia clase y quién dirige un grupo de personas que quieren capturar y matar sensates. Para obtener sus fines, usa nombres falsos como "Dr. Matheson" y "Gibbons".

Cada personaje, tiene una historia particular que se cruza con la trama central. La serie, como en el cine, la novela, busca siempre mantener fiel a su espectador, a su consumidor final. En este tipo de producciones, el libreto, sagaz por demás, la música, las locaciones, los personajes son insumos que están buscando este objetivo crucial. 

Cada capítulo cumple con esta sentencia. El problema viene cuando hay que cerrar la historia, no es ajeno a esta serie. La plataforma aduce falta de presupuesto y la historia termina con el filo de una navaja que la corta asumiendo en un capitulo lo que debería tomar más tiempo. En todo caso es una excelente producción, su éxito no es casual y aún esperamos al final un mejor trato.  

Wilkipedia tiene de manera explicita señalado el rol de cada personaje y la síntesis de cada capitulo, es una buena guía. De hecho esta serie da para volverla a ver.

 https://es.wikipedia.org/wiki/Sense8


 

 


 

 


martes, abril 20, 2021

LA VEJEZ

 


Ahora que el virus del COVI asedia implacablemente, la humanidad se enfrenta de nuevo al tema de la muerte, ese esquivo compromiso que solemos manejar con engaño y del que poco hablamos y por su puesto a las vulnerabilidades de la vida, que siendo muchas, constituyen tema obligado, por ejemplo, la cobertura de salud y la vejez. El mundo por razones que cabe indagar está lleno de personas de la tercera edad en total abandono y no existen agendas públicas, con contadas excepciones, que atiendan seriamente a esta población inerme.

Mi hermana en una charla eventual esta semana me dijo, la vejez es un problema tenaz.  Vivo en un barrio de clase media y veo en esta crisis a los viejos pasear sus perros en una permanente angustia y con algunas limitaciones físicas. En todo caso por esta época la edad nos hace más vulnerables. Ahora con el COVI, el peligro es eminente. Hasta ahora no había indagado sobre estudios sobre la tercera edad. Cuando se llega a viejo nos volvemos más reflexivos, hay una especie de sentimiento de culpa. El viejo vive haciendo siempre un ajuste de cuentas con la vida, la sociedad los margina inexplicablemente, viven matando el tiempo, este lo gastan en una eterna espera sin motivación alguna, una existencia inercial. En buena parte del mundo, India y China para citar tan solo dos ejemplos, los viejos son signo de sabiduría y experiencia, se les escucha con atención y se les atiende. En el mundo occidental, evito las generalizaciones, no pasa lo mismo. Situaciones puntuales sobre las políticas públicas en favor de la vejez no son resueltas. En Colombia los magistrados hasta hace poco eran obligados al retiro en su edad más productiva y sabia, a los 65 años, edad donde somos más ponderados, analíticos y precavidos, de igual manera es una edad que integra y suma muchas experiencias, lo que les permite ser más sabios que el resto de los mortales.

Tengo 60 años y estoy según los expertos en la juventud de la vejez. No he acumulado las semanas de trabajo que exige la ley para pensionarme, esto ya es un problema grave. El sistema de salud en Colombia pese a tener una buena cobertura no tiene programas para la tercera edad, ni políticas públicas al respecto, en esencia no hay respeto por esta población que alguna vez fue vital para la sociedad y por justicia se le debería atender. Algunas alcaldías tienen programas para la vejez, lo que resulta encomiable.

La vejez es signo de soledad, angustia y dolor. Tengo la imagen del coronel de Gabriel García Márquez en total pobreza, Esperando la pensión prometida en una soledad lacerante cargada de impotencia, sin otra esperanza que el gallo de pelea que cuidaba con celo, lo sacara de las angustias económicas. El viejo casi siempre tiene dos miradas que se enfrentan: La de la labor cumplida sí es el caso y la de la desesperanza.

Cuándo comenzamos a ser viejos ?, no es tan clara la respuesta. Hay cierta visibilidad notoria del efecto de sentirnos viejos: No solo los años, sino factores adicionales que la psicología estudia muy bien. Roció Fernández Ballesteros psicóloga que ha tratado el tema escribe: “También es verdad que existen determinadas características psicológicas, como, por ejemplo, el neuroticismo, la sociabilidad, o las actitudes y los intereses que, una vez instauradas en la edad adulta, se modifican muy poco a todo lo largo de la vida. En definitiva, la teoría de la continuidad establece que existe un escasísimo cambio por lo que se refiere a las preferencias, actitudes y actividades que las personas realizan a lo largo de su vida. A pesar de que la investigación psicológica presenta el panorama aquí sintetizado, la visión estereotipada de lo que acontece durante la vejez nos presenta un panorama sombrío en el que -paralelamente a lo que ocurre físicamente- según avanza la edad, lo que necesariamente se produce cambios negativos, es decir, deterioro y decrepitud en todos los planos del psiquismo humano. Estos clichés son extraordinariamente importantes, no solo porque implican falsas creencias, sino porque tiene efectos perversos en las personas como se verá más adelante”. Siendo real cada cambio que tenemos en la vida implican  diferencias sustanciales de acuerdo a factores múltiples, la vejes no es igual para todo el mundo en esencia. Hay factores determinantes y comunes: Teniendo en cuenta que la recepción de información depende de los sentidos y que el procesamiento de la información tiene como soporte el Sistema Nervioso Central, una primera conclusión es que durante el proceso de envejecimiento se produce un enlentecimiento y una lentitud en el proceso, ósea la Estimación de ganancias y pérdidas en características psicológicas a lo largo del ciclo de la vida dependen de la eficiencia del funcionamiento cognitivo. En definitiva, el ser humano mayor tarda más en responder a la información que recibe en comparación con el más joven, sobre todo cuando las tareas que se le demandan requieren muchos recursos atencionales. No obstante, conviene también resaltar que esos cambios o declives en las primeras fases del procesamiento ocurren desde muy temprano en la vida”.  Es preciso advertir que velocidad de aprendizaje, dentro de las facultades cognitivas es factor de suma importancia, ellas no se pierden, significa que los viejos continúen aprendiendo, el aspecto volitivo es importante. Otra cosa es la pérdida de memoria y el olvido por cuestiones patológicas.

En todo caso existen mecanismo para obstruir el olvido: “Sin embargo, llegado este punto, tal vez lo más importante sea señalar que existen recursos para mejorar aquellos sistemas de memoria que han declinado. Así Ruiz Vargas pone de relieve cuales son los recursos que pueden ponerse a contribución para la mejora de la memoria durante la vejez: 1) Estar muy motivado; 2) Jugar a recordar en forma deliberada: ¡recordar por recordar!; 3) Prestar mucha atención; 4) Repetir, repetir y repetir; 5) Dedicar mucho tiempo al aprendizaje y la memoria; 6) Organizar mentalmente la información a recordar; 7) Buscar y establecer asociaciones entre la información que se quiere recordar y otros eventos cotidianos; 8) Crear imágenes mentales de lo que se quiere recordar, y finalmente, 9) Utilizar ayudas externas como agendas, libretas…..etc”.

Siendo viejos seguimos siendo personas, es más, la ley nos da un tratamiento especial a los viejos. A estos factores se suman, la sensación de abandono y el prurito de que a nadie le importa nuestra suerte. Mí madre es una mujer mayor, vieja sí se quiere, en todo caso su lucidez es absoluta, pero curiosamente su memoria inmediata le genera problemas, más no tiene problemas con la memoria mediata, recuerdo todo lo que ha vivido, números telefónicos y acontecimientos relevantes de su vida con infinidad de detalles.

Decidí escribir sobre la vejez, tal vez por el miedo que tengo a esta especie de ostracismo social. De hecho, empiezo a sentirme viejo…es una realidad que es preciso asumir.

 

 



miércoles, abril 07, 2021

REFORMA TRIBUTARIA EN LA PEOR CRISIS ECONOMICA Y SOCIAL DE COLOMBIA

 

La tarea es muy simple: recoger las propuestas y grandes debates de los tres últimos periodos presidenciales de Colombia y listarlos en orden de importancia para comprobar qué temas siguen pendientes y en cuáles se ha avanzado. El balance es muy pobre si esos asuntos se segmentan u organizan desde lo económico. Y lo cierto es que se están acumulando las reformas pendientes, situación que tiene como consecuencia la vigente condena al subdesarrollo a dos o tres generaciones por delante. Editorial del periódico "La republica" de Colombia a propósito de la propuesta de una reforma tributaria.

Gracias al virus del COVI, la desaceleración de la economía en el mundo en el último año, fue fatal, entró casi en una fase inercial con nefastos resultados. En Colombia el desempleo aumentó en forma escalonada, las quiebras de muchas empresas se dieron por efecto de los confinamientos, hasta el punto que sectores como el turismo se vieron gravemente afectados, la movilidad casi toca el punto cero, se cerraron del todo los aeropuertos, los vuelos internacionales se suspendieron por más de seis meses, lo mismo sucedió con el transporte interno, para solo citar sino algunos casos puntuales.  Nunca antes se había necesitado de la inteligencia de los gobernantes, la sindéresis y el consenso para no tomar medidas erradas en una pandemia que crea situaciones absolutamente atípicas.

Colombia y el mundo se confinaron por más de siete meses, hace un año, sobre una prioridad esencial: La vida. Las consecuencias a nivel económico fueron muchas, todas graves en todo caso, la mayoría de personas entendió que no había otra salida y que era necesario el aislamiento.

Proponer una reforma tributaria, como lo hace el gobierno colombiano, pese al eufemismo de llamarla con otro nombre, es un total exabrupto, no solo por la situación que vive el país y el mundo, sino por lo inoportuna a todas luces desde la perspectiva macro-económica, no hace lectura de lo que estamos viviendo y menos considera otras fuentes de financiamiento que, en consideración de los expertos son viables. De los globos que ha lanzado la presidencia de la republica, pues nadie conoce aún el texto final que presentará al congreso, resulta inexplicable el hecho de querer ponerle IVA a productos de la canasta familiar, ampliar la renta a niveles antes no vistos, gravar a la clase media y aumentar la base tributaria, sin meterle mano a las exenciones de la élite gremial. Cada gobierno, hablo de los últimos presidentes de este siglo, han hecho reformas coyunturales y no estructurales que ataquen el verdadero problema fiscal que nos agobia. De hecho la clase media es la que tiene más carga tributaria en las anteriores reformas y en esta por supuesto.

El periódico económico la “Republica” de Colombia, en el editorial de ayer hace un análisis muy sabio de las reformas económicas que necesita el país y que son prioritarias y urgentes: “Por generaciones, las elecciones en Colombia se han dedicado a elegir personas no para rodear o llevar a cabo iniciativas de cambios estructurales; ningún partido lidera temas estructurales como mejorar las infraestructura para ser más competitivos, garantizar una mejor educación para los colombianos del futuro, poner al servicio una mejor salud pública, diseñar un sistema nacional de riego para la agroindustria, reformar el sistema de pensiones para que las finanzas públicas descansen de su presión fiscal, modernizar el sistema de pagos del sector financiero, hacer una reforma tributaria estructural que evite las “reformitas tributarias” de cada año, diseñar una política de seguridad alimentaria que le ponga oficia al campo, armar una nueva oferta exportable, atraer o seducir inversionistas locales y extranjeros y garantizarles seguridad jurídica, mejorar la conectividad, desarrollar la infraestructura tecnológica, lograr menor dependencia del petróleo o simplemente quitarle los tres ceros al peso”. Agregaría a esta lista la reforma a la justicia y la reforma política, imposibles de aprobar, cada vez que se presentan, siempre terminan archivándose de manera inexplicable, pues afecta a nuestros queridos congresistas en un claro interés por dejar las cosas como están, definitivamente les conviene.

Sólo nos queda esperar el texto final para poder hacer el análisis y a la vez mirar como deciden nuestros honorables legisladores.

 

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domingo, marzo 28, 2021

LOS EFECTOS DE LA PANDEMIA A NIVEL GLOBAL

 


A pesar que no podemos cantar victoria frente AL COVI, pues estamos lejos de controlarlo, las vacunas que se aplican en todo el mundo generan un alivio como mecanismo preventivo a su propagación, las cifras de muertos no bajan en todo caso, la velocidad en la aplicación de la vacuna no es la esperada. Cada país dirige este proceso de acuerdo a sus recursos y competencias, los países ricos obtendrán los beneficios más rápido, la inequidad también impera para estos casos. Es un hecho que la disciplina social y el distanciamiento siguen siendo las medidas más eficientes frente a este virus que sigue siendo letal para la humanidad, con un ítem, ciertos países están pagando el relajamiento que tuvieron en la etapa inicial, por ejemplo, Brasil y Estados Unidos.

El virus produjo cambios sustanciales en la forma de vivir, algunos tienen carácter permanente y se quedarán, otros serán temporales. La virtualidad llegó para quedarse, descubrimos que muchas cosas las podemos hacer desde la casa, lo que se convirtió en un alivio para la movilidad y la congestión de nuestras ciudades. El internet y el computador se volvieron necesarios, son esenciales, la información se volvió un derecho, debe hacer parte de la canasta familiar, imposible que existan aún casas y lugares sin internet y alejadas totalmente de la tecnología. Es un hecho que el virus unió a las familias y despertó mucha solidaridad, sentimiento que estaba en el cuarto de San Alejo. La mayoría de estados en el mundo implementaron políticas de asistencia que realmente de no ser por esta pandemia nunca habrían salido a flote, no regresamos al estado bienestar ni menos a las fallidas políticas asistencialistas, más bien respondieron al principio de equidad y justicia social con el objetivo de proteger a la población más vulnerable, frente a la grave crisis por efectos del virus.

La mirada al cambio climático y al desarrollo sostenible dejo de ser pasiva, se incrementaron las políticas de protección ambiental y hubo un reconocimiento absoluto de la necesidad de cambiar nuestra actitud frente al planeta. Es preciso comenzar a generar cambios en esta materia, pues los daños producidos al medio ambiente son muchos, algunos irreversibles de no iniciar medidas tendientes a frenar esa relación perversa que mantenemos con la naturaleza.

La geopolítica cambió de prioridades, las tensiones habituales entre países enemigos o con problemas históricos, bajaron de decibeles, es un paréntesis que de lógica se reactivará después de superar esta crisis. Lo peor de la crisis es su impacto económico, los estados han quedado endeudados, el comercio apenas comienza su reapertura y recordemos que por mucho tiempo los puertos y el comercio internacional estuvieron parados, fase inercial que tocó a todo el mundo y generó consecuencias irreparables. Muchos negocios quebraron, imposible aguantar más de un año sin producir y con el mismo nivel de gastos. El estado se fortaleció y las políticas públicas adquirieron una importancia antes no vistas.  

Hay situaciones que preocupan, el fortalecimiento de una derecha recalcitrante, muy cercana al fascismo, el unilateralismo y el irrespeto a los acuerdos comerciales bilaterales. Los gobiernos más por necesidad que otra cosa, comienzan una apertura gradual de la economía y de las actividades comerciales tratan de iniciar una reapertura en medio de protocolos muy estrictos.  Es imposible sobrevivir con una economía absolutamente estancada.

Las vacunas aprobadas por la OMS son un aliciente y los síntomas de que tarde o temprano superaremos esta crisis muestran sus primeras evidencias.  Nos quedan definitivamente doce meses de cuidados y de vacunas, los gobiernos empezaron a vacunar a la población más vulnerable y seguirán con e. resto de la población de acuerdo a programas específicos.  El mundo entendió que, pese a todas nuestras diferencias, existe un destino común y el respeto a la naturaleza, desde la conservación hasta la manipulación cambió sustancialmente es una obligación inaplazable, de antemano modificará nuestro comportamiento.

 

 



miércoles, marzo 10, 2021

LOS FALSOS POSITIVOS

 



La JEP, justicia transicional declaró que los falsos positivos suman hasta hoy 6400, según los victimarios, los propios militares quienes están declarando en el tribunal creado por los acuerdos de la Habana. En Colombia se llama con este nombre al asesinato de jóvenes (inermes, pobres, según los militares, de ningún valor social) que después fueron presentados como bajas en combate.  Fue una estrategia con el único propósito de engañar, demostrar que el estado estaba ganando la guerra de un conflicto armado que el presidente de la época negaba (2004-2008).

Desde el desaparecimiento de estos jóvenes, las madres vienen develando y esclareciendo esta tragedia, cada madre lleva sobre sus hombros el periplo de búsqueda del hijo frente a un estado que niega desde el principio los hechos, esquilma sus responsabilidades.

Este gobierno por gracia de una solidaridad por fuera de toda sindéresis, siempre sale en defensa de su jefe político e intimida con sus declaraciones a los magistrados frente hechos oprobiosos que es muy difícil negarlos, debería más bien propiciar su esclarecimiento.

Colombia desde hace cincuenta años o más vive una violencia cruel, lacerante. Este hecho se suma a los miles de masacres, asesinatos de líderes sociales y la anarquía de vastas zonas del país donde no hay presencia del estado.  Hay una elite empoderada y que no está dispuesta a dejar sus privilegios, se sostiene de cualquier manera. De igual manera existe una derecha que cada vez se consolida más, es dictatorial y fomenta el paralitarismo, grupos armados por fuera de la ley encargados de hacer limpieza social.

Desmovilizados de la FARC, el ELN, la delincuencia armada ósea las BACRIM, los narcotraficantes tienen al país arrinconado.  La sociedad en medio sufre las consecuencias. En el caso de los falsos positivos, esperamos que no queden impunes estos asesinatos donde está comprometido el estado y por su puesto a las fuerzas militares.

Las madres de estos hijos quienes han presionado y de alguna manera han ayudado al esclarecimiento de los hechos sólo esperan conocer la verdad y que haya justicia. Es necesario que las fuerzas militares asuman sus responsabilidades y suponemos que estos hechos corresponden a una estrategia que compromete al estado, es preciso saber saber quién estuvo detrás de los mismos.

sábado, marzo 06, 2021

EL FUTURO DEL LIBERALISMO

 

La muerte del liberalismo y la crisis de la democracia liberal son temas recurrentes y constituyen una preocupación que es imposible hacerle el quite, la consecuencia inexorable es la aparición de una derecha cercana al fascismo, que se ve reflejada en los gobiernos totalitarios. El artículo que transcribo fue tomado de la revista “Letras libres”, creo que ves pertinente, para abrir la discusión. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE

Timothy Garton Ash

Enfrentados a un autoritarismo creciente, los liberales necesitan construir una nueva agenda. Para ello, deben aprender de sus graves errores y evitar los señuelos y marcas narcisistas de la derecha y la izquierda.

os de la globalización ha sido el fortalecimiento del poder del capital en relación con el del trabajo en las economías desarrolladas. La sindicalización de los trabajadores, un aspecto casi olvidado de la izquierda, tiene que ser otra parte de la respuesta. Necesitamos una nueva generación de políticas en favor de la competencia, lo que en Estados Unidos se llama antimonopolio o antitrust. Empresas como Google o Facebook son casi monopolios en una escala sin precedentes. Aquí, los friedmanitas y hayekianos deberían –si son fieles a sus principios– estar más interesados que cualquier radical de izquierdas por restaurar un mercado realmente competitivo. Y, para ser claros, los mercados regulados de forma adecuada siguen siendo una parte indispensable de la creación de libertad.

 

Por último, pero igual de importante, es necesario un gran cambio ético, tanto entre los ricos como en la actitud hacia los ricos. En una charla sobre “el problema de la libertad”, impartida en el Congreso del pen Internacional en 1939, Thomas Mann habló de la necesidad de una “autolimitación voluntaria, una autodisciplina social de la libertad”. ¿Dónde ha estado esa autodisciplina social en los últimos años? Cuando el gobierno de Obama propuso aumentar el impuesto al “interés devengado” (que es normalmente una parte significativa de los ingresos de los directivos y altos cargos de fondos de inversión y de capital privado, pero que tiene unos impuestos mucho más bajos que sus otros ingresos), Stephen Schwarzman, uno de los individuos más ricos de Estados Unidos, declaró que “esto es la guerra, es como cuando Hitler invadió Polonia en 1939”. Cuando el coronavirus se cobraba vidas y estilos de vida de millones de trabajadores, dependientes y dueños de pequeñas empresas, el Financial Times informaba de que, “siguiendo una tendencia de congelación o reducción de salarios”, los banqueros más importantes de Estados Unidos recibieron salarios de entre veinticuatro (Mike Corbat de Citigroup) y 31.5 millones de dólares (Jamie Dimon de JP Morgan Chase) en un solo año. Es obsceno.

 

Los políticos (que necesitan dinero para presentarse a elecciones), burócratas (que buscan un trabajo tras sus jubilaciones anticipadas), los museos, orquestas, universidades, centros filantrópicos e incluso las ONG de derechos humanos ahora se arrodillan, se arrastran y adulan a los millonarios como Schwarzman, y alaban sus magníficas contribuciones a la filantropía.

 

Esto lo capta mejor que nadie Dickens con su retrato, en La pequeña Dorrit, de cómo la buena sociedad londinense se degradó ante el poderoso financiero Merdle. Sí, hay individuos ricos y poderosos, como George Soros, que se han ganado realmente nuestro respeto. Pero en general necesitamos una verdadera “redistribución del respeto”: menos hacia el banquero Merdle, más hacia el barrendero Jo.

 

Identidad y comunidad

Esto nos lleva al segundo par de valores de Hassner, que los liberales no deberían olvidar por su bien: comunidad e identidad. La infelicidad que se ha acumulado en las últimas tres décadas tiene que ver en parte con un equilibrio defectuoso entre el individuo y la comunidad, cuyo resultado es un individualismo hipertrofiado. Pero tiene también que ver tanto con el tipo de comunidades que los liberales han fomentado como con las que han olvidado. Aunque prestamos mucha atención a la otra mitad del mundo en las últimas décadas, los liberales cosmopolitas prestamos muy poca atención a las otras mitades de nuestras propias sociedades. Hablamos mucho de “comunidad internacional” y menos de comunidades nacionales. Al centrarnos en el deseo legítimo de diversas minorías por el reconocimiento de sus complejas identidades, no fuimos capaces de ver que algunos individuos que los multiculturalistas consideramos que pertenecían a las mayorías seguras estaban comenzando a sentirse inseguros y amenazados en sus propias identidades. Esto desembocó en la “política de la identidad blanca” de Trump y demás. El resentimiento de una mayoría sintiéndose como una minoría aumentó gracias al desprecio epistocrático de las élites hacia la mitad de la población sin educación superior, especialmente cuando esa otra mitad expresaba opiniones simplistas y políticamente incorrectas. Basta con recordar la famosa frase condescendiente de Hillary Clinton sobre “la cesta de los deplorables”.

 

También subestimamos el impacto traumático que tuvieron en la vida diaria de la gente los cambios rápidos y profundos que trajeron la globalización y la liberalización posterior a 1989. A principios del siglo XXI, el capitalismo financiarizado y globalizado estaba más cerca que nunca de la descripción inolvidable que hace Karl Marx en el Manifiesto comunista sobre el impacto revolucionario del capitalismo:

 

Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de haber podido osificarse. Todo lo sólido se desvanece en el aire.

 

A medida que lo conocido desaparece, la gente grita: “¡Basta! ¡Demasiados cambios! ¡Demasiado rápido!” Y a menudo añaden un melancólico: “Ya no reconozco mi país”, un sentimiento que los populistas explotan y redirigen hacia los inmigrantes y las diferencias étnicas, religiosas y culturales. Estos sentimientos son profundos en los países de Europa central y del este, a pesar de que su mayor problema es la emigración masiva, y no la inmigración. Los alienados culpan de su alienación a los extranjeros. Aunque hay obviamente elementos significativos de xenofobia y racismo, estos sentimientos también tienen origen en una reacción mucho más amplia contra la velocidad y profundidad de unos cambios revolucionarios que están afectando a la vida de mucha gente.

 

Los liberales no supimos identificar la observación protoconservadora que hace Mary Shelley cuando dice que “nada es más doloroso para la mente humana que el cambio repentino y profundo”. El filósofo conservador Roger Scruton definió el conservadurismo como

 

la visión política que surge del deseo de conservar las cosas existentes, consideradas como buenas en sí mismas o mejores que sus probables alternativas, o al menos seguras, conocidas y objeto de nuestra confianza y afecto.

 

Lo que sigue de este análisis es que, cuando sea posible, tenemos que ralentizar la velocidad de los cambios para que la naturaleza humana pueda soportarlos, mientras preservamos una dirección liberal en general. Joachim Gauck, el expresidente alemán, resume esta disyuntiva en dos palabras: zielwahrende Entschleunigung (desaceleración intencionada). Esto significa, por ejemplo, limitar la inmigración, proteger las fronteras y fortalecer un sentido de comunidad, confianza y reciprocidad dentro de ellas.

 

El Estado nación

Este es un territorio incómodo para los liberales contemporáneos. Algunos están descontentos con la obstinada persistencia de las naciones. Pero en vez de reunir a nuestras maltrechas tropas en una pantanosa línea del frente donde pueda leerse “el internacionalismo contra la nación”, necesitamos reagruparnos en el terreno más defendible y ventajoso de la nación definida en términos liberales. En una de las últimas conferencias que dio, Scruton preguntó dónde encontramos “la primera persona del plural de confianza mutua” y propuso una moderna respuesta conservadora a esta cuestión política central no en los términos de “fe y parentesco”, sino de “barrios y ley laica”.

 

Sin duda estos son términos que los liberales pueden asumir y defender, no la necesidad de una comunidad política nacional –que era, después de todo, una de las principales exigencias de los liberales de 1848, el año en que Marx publicó su manifiesto– sino la definición y el carácter de esa comunidad. Como han demostrado de nuevo los cierres de fronteras repentinos y las respuestas de gobiernos nacionales a la pandemia de covid, la nación es demasiado importante, y demasiado fuerte desde el punto de vista de su atractivo emocional, como para dejársela a los nacionalistas.

 

Mucho antes de que nos golpeara la ola nacionalista, el multiculturalismo liberal había empezado a apartarse de los arrecifes del relativismo moral y cultural –“liberalismo para los liberales, canibalismo para los caníbales” en la gloriosamente provocativa formulación de Martin Hollis– tras un acercamiento peligrosamente próximo en el cambio de siglo. Pero en su necesaria crítica de la “política de la identidad”, los liberales deben tener cuidado de no tirar al bebé con el agua sucia. El feminismo, prefigurado en liberales del siglo xix como Mill, su compañera Harriet Taylor y la novelista George Eliot, ha efectuado en los últimos tiempos uno de los mayores avances de la historia hacia la igual libertad para todos. La exploración de las experiencias, necesidades y perspectivas de toda clase de grupos sociales, sean étnicos, religiosos, sexuales o regionales, ha enriquecido nuestra idea de cómo podemos combinar mejor la libertad y la diversidad en las sociedades multiculturales.

 

El punto en que los liberales deben por tanto insistir es que la identidad no es “o una cosa u otra” sino un “y también”. Por supuesto, hay choques reales entre las identidades particulares, pero no hay contradicción en principio entre tener identidades subnacionales, nacionales, transnacionales y supranacionales, del mismo modo que tampoco la hay entre tener identidades religiosas, políticas, institucionales y culturales, como hace la mayor parte de la gente. Los liberales no defendemos una fantasía cosmolibertaria de ciudadanos desarraigados e incorpóreos habitantes “de ninguna parte”, sino que debemos defender el derecho de la gente a estar arraigada de más de una forma y en más de un lugar.

 

El nuestro será por tanto un patriotismo lo bastante inclusivo, liberal, capaz y compasivamente imaginativo como para abrazar a ciudadanos de identidades múltiples. La pertenencia a la nación se define en términos cívicos, no étnicos o völkisch; esto no es una nación Estado, en un sentido estrecho, sino un état-nation, un Estado nación. Esa versión abierta, positiva, cálida de la nación puede atraer no solo a la seca razón sino también a la profunda necesidad humana de pertenencia y al imperativo moral de la solidaridad. Aunque la pandemia de coronavirus produjo de entrada un brote de aislamiento nacional, también nos ha mostrado lo mejor del espíritu comunitario y la solidaridad patriótica. El patriotismo liberal es un ingrediente esencial de un liberalismo renovado.

 

El desafío de lo global

Pero el patriotismo no es suficiente. Aunque el impacto del capitalismo específicamente globalizado es una de las principales causas de la crisis del liberalismo, los remedios que he comentado hasta ahora han sido domésticos. Son prescripciones de un Estado nacional territorialmente limitado, liberal y democrático, y en algunos sentidos fortalecerían las fronteras en torno al Estado nación así como los vínculos en su interior. Esto sugiere una pregunta gigantesca: ¿y qué pasa con todos los demás? ¿Qué puede ofrecer el liberalismo a la mayor parte de la humanidad, que no tiene la suerte de ser ciudadana de países como el Reino Unido, Estados Unidos, Alemania o Nueva Zelanda? Esto incluye, en un área gris, a millones de personas que residen en esos países sin ser ciudadanos de los mismos.

 

Es a la vez una cuestión moral y muy práctica. Cierta versión del universalismo es, como ha señalado John Gray, un elemento nuclear del liberalismo. Pero el liberalismo tiene la desventaja de que durante siglos llegó a la mayor parte del mundo en la forma del imperialismo. Recordemos que John Stuart Mill trabajaba en la East India Company y pensaba que los pueblos colonizados en su “minoría de edad” no estaban preparados para libertades refinadas. El universalismo occidental era, en la práctica, cualquier cosa salvo universal. Algunos de los peores horrores que los seres humanos han infligido a otros seres humanos –la conquista violenta, la tortura, el genocidio, la esclavitud– se justificaban por su referencia a los más elevados ideales de libertad, civilización e ilustración. Países como el Reino Unido –y los ingleses en particular– han hecho una faena notable para olvidarlo; el resto del mundo, no.

 

Ese recuerdo de la opresión colonial se ha visto reforzado, en nuestra época, por lo que podría llamarse de forma laxa las guerras liberales de Occidente, como las de Afganistán, Libia e Irak. Los motivos de los actores históricos para apoyar esas guerras eran diversos, y muchos de ellos se hallaban lejos de ser liberales, pero en cada caso las intervenciones militares estaban parcialmente justificadas por su referencia a fines liberales. Aunque en los casos de Kosovo o Sierra Leona uno podría defender que los objetivos liberales fueron al menos parcialmente alcanzados, es difícil decir lo mismo de Irak o Libia. El camino al infierno puede estar pavimentado de intenciones liberales.

 

Aprender de esas experiencias desoladoras no exige que abandonemos las aspiraciones universalistas de que otras personas alcancen las libertades que nosotros disfrutamos, pero requiere un saludable escepticismo acerca de lo que pueden conseguir intervenciones armadas para fines liberales y una apertura poscolonial a las experiencias, valores y prioridades de otras culturas. Esto, así como la realidad desnuda de que el poder relativo de Occidente está en declive, sugiere un sobrio realismo acerca del grado hasta el cual las potencias liberales pueden o deberían aspirar a transformar otras sociedades.

 

Sin embargo, aunque uno fuera a asumir la visión más egoísta y estrecha del nuevo liberalismo –una concepción que tratara en exclusiva de defender la libertad en países actualmente (más o menos) libres– fracasaría si no abordara algunos asuntos muy importantes más allá de nuestras fronteras.

 

“El orden liberal internacional” es un término que ha ganado prominencia en el preciso momento en que lo que describe está amenazado. Al recordar el deseo de Roger Scruton de “conservar las cosas existentes, consideradas como buenas en sí mismas o mejores que sus probables alternativas”, podríamos reflexionar que ahora los liberales tienen una tarea sustancialmente conservadora: defender las instituciones y prácticas de la cooperación internacional construidas desde 1945.

 

Durante dos siglos, la influencia de las ideas liberales estaba –más de lo que nos gustaría pensar– unida al predominio del poder occidental. Ahora la influencia del liberalismo se desvanece a medida que la agenda de la política mundial está cada vez más establecida por grandes potencias que no son parte de un Occidente tradicionalmente decidido o que, como Rusia, son ambivalentes acerca de si pertenecen a Occidente. De lejos, el Estado más importante de esos es China, que ya es una superpotencia.

 

Los periodos de ascenso y relativo declive de las grandes potencias han sido históricamente tiempos de creciente tensión y, por lo común, de guerra. ¿Cómo podemos manejar esta tensión, preservar cuanto sea posible del orden liberal internacional y evitar la guerra? La influencia china ahora alcanza el interior de las democracias liberales, distorsionando nuestros procesos democráticos e intentando utilizar el peso financiero y la intimidación para imponer la autocensura en periodistas y académicos, un proceso que se ve de manera especialmente dramática en Australia. Eso nos llama a defender, en el corazón de nuestras sociedades, valores liberales primarios como la libertad de expresión y la independencia académica.

 

La inédita versión china capitalista leninista del autoritarismo de desarrollo es ahora un rival sistémico de la democracia liberal, al igual que lo fueron los regímenes comunistas y fascistas durante buena parte del siglo XX. Ofrece a las sociedades en desarrollo de Asia, África y América Latina un camino alternativo a la modernidad. Lo más importante que hizo el mundo liberal para vencer en la Guerra Fría fue mantener sus sociedades prósperas, dinámicas y atractivas. Debemos intentar hacer lo mismo, seguir fieles a la causa de convencer a los demás de que las sociedades liberales ofrecen una mejor forma de vida y, crucialmente, mantener la fe de aquellos que comparten nuestros valores en sociedades no libres. Pero, de manera realista, también debemos reconocer que nos espera un buen trecho de coexistencia competitiva con regímenes autoritarios.

 

Necesitamos cooperar con ellos para evitar la guerra, para alejar las pandemias y para afrontar la amenaza decisiva de la era del Antropoceno: el cambio climático. La lucha planetaria para detener el calentamiento global también exigirá que limitemos la influencia de las todopoderosas corporaciones que explotan el carbono, por medios que van desde la desinversión hasta la regulación. Pero eso solo es el principio. Necesitamos una reducción importante en nuestro consumo general de carbono, y ahí cuentan no solo nuestras emisiones sino el carbono consumido en la producción de bienes que importamos de otros lugares. El costo para nuestro estilo de vida será especialmente elevado si nos tomamos en serio los argumentos de la justicia histórica e intergeneracional: implicaría que el Norte Global, que ya había consumido una parte mayor del capital ecológico de la tierra, y las generaciones actuales deben hacer sacrificios por aquellos que aún no han nacido en un mundo que padece los efectos del calentamiento global.

 

¿Es posible garantizar un consentimiento de esos sacrificios, a través de la política liberal democrática? Respondiendo otras encuestas de mi equipo de investigación, en 2020 un asombroso 53% de jóvenes europeos decía que, a su juicio, los Estados autoritarios estaban mejor equipados que las democracias para afrontar la crisis climática. Nuestra tarea consiste en demostrar que esos jóvenes están equivocados.

 

Mientras tanto, el nivel de calentamiento que ya es inevitable aumentará bruscamente los ya significativos flujos de migrantes desde el empobrecido Sur Global hacia el Norte Global. La reacción ante la llegada a Europa de millones de personas de África y el Oriente Medio ha desestabilizado sólidas democracias liberales europeas. Culpar a los migrantes de América Latina de una miríada de males sociales fue un elemento central del trumpismo.

 

El economista del desarrollo Paul Collier argumenta que limitar la inmigración puede beneficiar a las sociedades de las que vienen los inmigrantes. Hay, escribe, más médicos sudaneses en Londres que en Sudán. No es bueno para ningún país que una gran proporción de sus ciudadanos más jóvenes, enérgicos, educados y emprendedores busque una vida mejor en otra parte. No es bueno para la libertad en esos sitios que muchos liberales del lugar prefieran cambiar de país a cambiar su país.

 

Nada de eso absuelve a los liberales de la obligación de dar un trato humano a todos aquellos que buscan desesperadamente entrar en nuestros países. Tampoco nos absuelve de preguntar lo que deberíamos hacer a favor de una gran parte de la humanidad a la que no vamos a dejar entrar en nuestros países. Como mínimo, necesitamos dedicar más atención a entender qué ayuda de verdad a que los países se desarrollen y cómo podemos contribuir positivamente al proceso. Cualquier democracia próspera que gaste menos del 0.7% del PIB en ayuda al desarrollo –el objetivo avalado por la onu– debería avergonzarse de ello (y el populista gobierno conservador del Reino Unido debería cambiar su reciente decisión de abandonarlo).

 

Solo esbozar los rasgos desnudos de esos desafíos globales es apreciar que la agenda externa por un nuevo liberalismo resulta todavía más abrumadora que la interna. El mayor desafío, sin embargo, es hacer todas esas cosas a la vez, especialmente cuando hay tensiones entre las medidas que se necesitan en las tres áreas. ¿Cómo, por ejemplo, evitas que el calentamiento global se eleve por encima de los dos grados sobre las temperaturas preindustriales sin imponer fuertes restricciones a la libertad individual? ¿Cómo afrontas los miedos que genera la inmigración y a la vez respetas por completo los derechos humanos de los migrantes? ¿Cómo defiendes los derechos de la gente de Hong Kong y Taiwán mientras buscas una cooperación profunda con China para combatir el cambio climático, las pandemias y un desorden económico global?

 

Hacia un nuevo liberalismo

Hace poco leí un texto interesante de un escritor alemán, Arnold Ruge, titulado “Autocrítica del liberalismo”. Se publicó en 1843. El liberalismo lleva mucho tiempo y la autocrítica es su camino característico de renovación. Incluso el “nuevo liberalismo” es un término viejo. Empezó a circular ampliamente a comienzos del siglo XX para describir una nueva ola de pensadores que enriquecían el liberalismo con una dimensión social más fuerte. Los siguió un giro más explícitamente socialdemócrata en el liberalismo, con el New Deal de Franklin Delano Roosevelt en Estados Unidos y la construcción de los Estados del bienestar en Europa occidental después de 1945. A partir de 1980, tuvimos el giro neoliberal –es decir, nuevo liberal– hacia los mercados libres y lejos del inflado Estado “socialista”. Ahora necesitamos un nuevo “nuevo liberalismo”.

 

Aquí he ofrecido solamente unas notas hacia la renovación del liberalismo. Me baso en el trabajo de muchos otros, y espero que otros partan del mío. No pretendo elaborar una teoría normativa. Tampoco propongo un amplio programa de políticas. No hay, nos dice Mill, “una necesidad de una síntesis universal”. De hecho, la búsqueda de soluciones maximalistas, válidas para todo, forma parte de la hybris racional del liberalismo tecnocrático de los últimos treinta años. Se alejó demasiado de la “ingeniería gradualista” de Karl Popper. El liberalismo no debería ser nunca un sistema cerrado sino más bien un método abierto, una combinación de realismo basado en la evidencia y aspiración moral, siempre listo para aprender de los errores de los demás y de nosotros mismos.

 

Este nuevo liberalismo será firme en la defensa de lo esencial del liberalismo, como los derechos humanos, el Estado de derecho y el gobierno limitado, y las epistémicas libertades de expresión e investigación, indispensables para el liberalismo como método en vez de como sistema. Será experimental, avanzando a base de ensayo y error, abierto a aprender de otras tradiciones, como el conservadurismo y el socialismo, y equipado con la compasión imaginativa que necesitamos para ver con los ojos de los demás. Valorará la inteligencia emocional además de la científica. Y reconocerá que en muchos países relativamente libres tenemos algo parecido a un control empresarial plutócrata y oligárquico sobre el Estado. Eso debe romperse, por medios democráticos, o los procedimientos electorales de la democracia seguirán siendo explotados para subvertir el liberalismo, cuando los populistas (que a veces son también plutócratas) agiten a las minorías descontentas contra la “liberalocracia”.

 

Este nuevo liberalismo seguirá siendo universalista, pero con un universalismo sobrio y matizado, atento a la diversidad de perspectivas, prioridades y experiencias de culturas y países fuera de la corriente principal del Occidente histórico, y conocedor del cambio en el poder mundial que se aparta de Occidente. Seguirá siendo individualista, dedicado a alcanzar la mayor libertad del individuo compatible con la libertad del Occidente histórico, pero será un individualismo realista y contextual. En su mejor versión, el liberalismo siempre ha entendido que los seres humanos nunca son lo que Jeremy Waldron ha llamado “átomos hechos a sí mismos de una fantasía liberal”, sino que viven dentro de muchos tipos de comunidades, lo que habla de profundas necesidades psicológicas de pertenencia y reconocimiento. Este nuevo liberalismo seguirá siendo igualitario: buscará la igualdad de oportunidades en la vida, pero también entenderá que los aspectos culturales y sociopsicológicos de la desigualdad son tan importantes como los económicos. Finalmente, y no menos importante, seguirá siendo meliorista, aunque con un meliorismo escéptico, conocedor de la historia, consciente de que esta tiene ciclos así como líneas, retrocesos igual que avances, y que el progreso humano, en el mejor de los casos, solo se parece a la trayectoria ascendente de un sacacorchos, con virajes hacia abajo en el camino.

 

Grandes escritores y líderes de habilidad retórica serán llamados a mezclar todo eso para crear un relato más atractivo a nivel emocional que aquellos que usan los demagogos simplificadores y terribles para seducir a millones de corazones infelices hoy en día. Este será un liberalismo del miedo (en la celebrada expresión de Judith Shklar) pero también habrá de ser un liberalismo de la esperanza. Como en una doble hélice, el miedo a la barbarie humana que siempre puede regresar estará entretejido con la esperanza de una civilización humana que en parte tenemos y de la cual podemos construir más.

 

¿Y si es demasiado tarde? ¿Y si la influencia del liberalismo declina inexorablemente, así como el poder relativo de Occidente? ¿Y si el antiliberal Deneen tiene razón cuando se regodea en un “experimento filosófico de quinientos años que ya ha terminado”? Por lo que a mí respecta, espero que en ese caso yo me hunda con el noble barco Libertad, afanado con las bombas en la sala de máquinas mientras intento mantenerlo a flote. Pero mientras respiro mi última bocanada de agua salada –glup, glup– encontraré consuelo reflexionando en una última y peculiar cualidad de Libertad. Algún tiempo después de que el barco parece haberse hundido, vuelve a la superficie. Aún más extraño: adquiere la fuerza para reflotar precisamente porque se ha hundido. No es ningún accidente que las voces más apasionadas en favor de la libertad lleguen hasta nosotros, como el coro de prisioneros en el Fidelio de Beethoven, desde aquellos que no son libres.

 

Porque la libertad es como la salud: la valoras más cuando la has perdido. El mejor camino hacia delante, sin embargo, para las sociedades libres y los individuos, es conservar la salud. ~

domingo, febrero 28, 2021

VICISITUDES NEUROLÓGICAS

 

Hace 17 días me levante y como es habitual, tomé un libro, capte de súbito que no comprendía nada de lo que leía, lo intente de nuevo y el resultado fue el mismo, la mente en blanco. La lectura para mí, es un ejercicio vital, de ella dependen mis actividades profesionales, el sostenimiento, es la medula espinal de todo lo que hago en la vida, sin ella no hay nada. No hay articulo por ahora, aunque puedo con los recursos lingüísticos y algunas referencias que me quedan, defenderme, pues al llamado de alguna palabra o tema, aún soy capaz de dar respuestas con alguna coherencia, curiosamente las palabras van saliendo en la formación de enunciados a temas puntuales, como del sombrero de un mago, no sé cómo se da este proceso.

Recordé la anécdota de Borges quien iba leyendo en un tren y de pronto ya no veía, quedó ciego, desde ese día dependió de sus lectores. Yo dependo de cierta recuperación neuronal, que es muy lenta. Miro mis libros y siento impotencia, la paciencia y la constancia en ciertos ejercicios constituye el recurso que me permitirá con el tiempo estar de nuevo en mis cabales, en el pleno de mi capacidad.  

Cuando leo, la comprensión no es la misma, pero siento cierto progreso. La información está archivada supongo. Esta es una especie de muerte, con la ayuda de la divina providencia, espero ir leyendo, hasta ser el mismo. Espero sepan comprenderme. Simplemente estoy leyendo poesía y textos poco pesados. Espero mis lectores comprendan. Tal vez, entienda lo que leo, pero no pueda explicarlo, llevarlo al plano lingüístico.