La teatralidad del actual presidente de Colombia, su retórica combativa, espectacularidad estética, ambición mesiánica y centralización de la autoridad, calculada milimetricamente, dejan ver a un hombre que rompe con buenas maneras que deben caracterizar al primer mandatario de la nacióny que no respeta las buenas formas. Recuerdan al líder francés Napoleón Bonaparte o figuras del bonapartismo histórico. He vuelto a leer "El 18 Brumario"sobre Luis Bonaparte el lider, según el autor, capitaliza las crisis institucionales mediante una fuerte narrativa de salvación y autoridad individual.
Otra caracteristica es la marcialidad y el simbolismo de la Fuerza Pública. Durante su llegada al poder, causó gran controversia su intención y gestos para alterar los protocolos de posesión tradicionales (que históricamente se hacen ante el Congreso en el Capitolio Nacional) en favor de eventos con un fuerte espaldarazo institucional al sector defensa y las guarniciones militares. Asimismo, su enfoque de "mano dura" y la promesa de recuperar el control territorial por la fuerza de las armas evoca la figura del gobernante que asume el control del Estado presentándose como el orden supremo que todo lo puede. En su retórica no caben los matices de la oposición democrática tradicional; prefiere definir a sus contradictores políticos (especialmente de izquierda) como enemigos acérrimos a los que hay que derrotar cultural y judicialmente. [1] (https://bizarromesa.com/la-batalla-cultural-abelardo-de-la-espriella/).
Diversos analistas señalan que sus propuestas tienden hacia un modelo similar al del Leviatán, buscando imponer una autoridad sin la necesidad de diálogos o consensos previos con las maquinarias tradicionales, presentándose él mismo como el garante directo de los ciudadanos. Mire lo que escribr Juan Camilo Parra Restrpo desde la universidad de Antioquía:
"«La figura de De la Espriella se ofrece como una promesa de redención. En un país con heridas abiertas por la violencia, Abelardo representa lo que muchos desearían hacerle a ese «otro»: al excluido, al diferente, al que es percibido como una amenaza al orden tradicional. Ese otro que, durante el siglo pasado, fue visto precisamente como «enemigo de la patria»; hablamos del comunismo y, en general, de la izquierda democrática expulsada violentamente de la escena política, como lo describió la Comisión de la Verdad. Así, las emociones políticas que moviliza el discurso de Abelardo orbitan alrededor de la venganza, la ira y la promoción del miedo al pluralismo democrático»!.
El grotesco sesgo de algunos medios de comunicación, caso de la revista "Semana", igual de muchos periodistas, muestran a un país polarizado y que sólo admite caudillos. Serguimos siendo una nación clasista, racista y patriarcal. No admitir la existencia de una izquierda que hoy es uno de los pocos partidos que sobriven, el considerar a sis opositores como enemigos. No desconozco los aciertos del presidente, pero me preocupa su actitud y la manera como habla de liquidar a los delincuentes, nunca habla de detener y menos se refiere al debido proceso, sólo muestra cadaveres y posa frente a ellos como si fueran un trofeo. Se le olvida que en una guerra civil (jurídicamente catalogada como conflicto armado no internacional), el tratamiento de los caídos en combate —tanto heridos como fallecidos— está estrictamente regulado por el Derecho Internacional Humanitario (DIH). Las normas principales se concentran en el Artículo 3 común a los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 y en el Protocolo II Adicional de 1977. Igualmente los fallecidos deben ser enterrados, incinerados o sepultados en el mar de manera digna y, en la medida de lo posible, de forma individual (evitando fosas comunes anónimas). Las sepulturas deben ser respetadas, mantenerse agrupadas y estar correctamente señalizadas para que puedan ser localizadas en el futuro. Dónde estarán los asesores del presidente en materia de derechos humanos, me pregunto.
