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miércoles, enero 21, 2026

LA FAMILIA DMG ANA BEJARANO RICAURTE

La forma de expresar mi solidaridad con la excelente columnista de "Los Danieles" de la revista Cambio y abogada en ejercicio, es replicando su excelente columna, en la que denuncia todas las estigmatizaciones del abogado, hoy candidato, Abelardo de la Espriella. Está es también Colombia, que tristeza. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE HUERTAS.


 En 2024 el pódcast de La No Ficción, DMG, el sueño de la hormiga recibió una mención especial del jurado del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en la categoría de audio. El trabajo es impecable por su reportería, por la espléndida y contundente voz de su narrador Félix de Bedout, pero especialmente porque logra complejizar ese suceso social más allá de la simple caricatura de pirámide para explicarle al oyente cómo y por qué David Murcia Guzmán logró venderles a tantos colombianos un espejismo. Uno tan grande, con tantos tentáculos y consecuencias.  

Una receta compleja que entrona la codicia como valor social, el sueño vacío de la plata fácil y el desespero por creer en alguna salvación de tantas personas marginalizadas del sistema financiero, del mercado laboral y del acceso a servicios básicos para vivir dignamente. Y casi que esos valores sirven para explicar por qué la promesa de Murcia pudo atraer a un personaje como Abelardo de la Espriella para ser su abogado y vocero.  

En redes sociales rota un video en el que un joven Abelardo defiende a DMG y rechaza la intervención ordenada por el gobierno de Álvaro Uribe.  

Brioso e histriónico como siempre, habla de la gran familia DMG y de la sanidad de todo el negocio. Poco tiempo después renunció a su encargo. Pero al candidato de la “extrema coherencia” le falta aún mucho por explicar, pues hoy intenta barajar el asunto con un par de frases y sonrisas chabacanas, como si no se tratara de su presencia en una de las estafas más grandes a la gente pobre de Colombia en nuestra historia reciente.  

Aunque ha dado distintas versiones, últimamente se ha quedado con que la representación duró muy poco y que renunció a ella porque le habían dado acceso a una contabilidad falsa. Lo bueno con Abelardo es que una simple búsqueda paciente en línea sirve para confrontarlo con sus fantasmas del pasado.   

En la audiencia después de la cual renunció no hubo develación de ninguna contabilidad “verdadera” sino que se presentó un audio por la Fiscalía en el que dos operadores de Murcia discutían la entrega de un dinero para que el abogado pudiera cuadrar a unos congresistas. El 21 de noviembre de 2008, en la audiencia de legalización de captura de David se escuchó a William Suárez, en conversación con su asistente Lina, en la que ella le pidió 760 millones de pesos para Abelardo porque tiene “que mover unas cosas al interior del Congreso”.  


Acto seguido, el feroz defensor renunció y dejó tirado a su cliente, capturado en plena fuga en Panamá. Después Abelardo aceptó que había recibido ese dinero, pero que se trataba de honorarios. Un oportuno momento para recibir honorarios: en medio del afán de un debate parlamentario en el que pretendían legislar en contra de su cliente.  

En ese entonces también aceptó que se reunió con los senadores Roberto Gerlein y Jorge Visbal —dos parlamentarios recordados por su probidad y pulcritud— dizque para explicarles las inconveniencias de prohibir el transporte de efectivo en Colombia. 


Según De la Espriella, todo se trató de conversaciones jurídicas y no hubo entrega de dinero. Gerlein, el padre de un poderoso clan cuestionado de la costa, y Visbal, capturado hace una semana por vínculos con paramilitares: dos congresistas comprometidos con los debates jurídicos profundos.  

También resulta extraño el cuento de la contabilidad falsa, pues en ese entonces dijo una y otra vez que “cada peso” que entró a DMG estaba analizado con su lupa de “filigrana jurídica”.  


Entonces, ¿el estudio con filigrana jurídica de todo el origen del negocio no era tal? ¿No le alcanzaron sus superpoderes del mejor abogado de Colombia (como le gusta autoproclamarse) para descubrir cómo funcionaba el negocio que defendió ante las cámaras y los colombianos? ¿Es un caso de mediocridad o complicidad?  

Al contrario de Álex Saab, el último desalojado de la dictadura venezolana, que considera al abogado su amigo, la relación con Murcia sí quedó fracturada. Al regresar este a Colombia tras pagar su condena en Estados Unidos, el periodista Iván Serrano lo entrevistó para la revista Cambio. En esa conversación Murcia dijo que De la Espriella se “dejó corromper” para que lo dejaran preso. Serrano le preguntó: “¿Él era un hombre tan rico antes de defenderlo a usted?”. “Prefiero no referirme al tema”, contestó Murcia.  


Ahora Abelardo se ríe y da explicaciones inverosímiles como quien comenta el clima, pero lo cierto es que su defensa de Murcia, por el tiempo que fuera, habilitó la defraudación que esa pirámide ejerció sobre los colombianos. Un esquema que autorizó el abuso de la gente pobre, marginada y desesperada por cambiar su vida; un espejismo que prometía un futuro mejor para terminar en más pobreza, por la corrupción y el enriquecimiento de unos pocos aventajados. Y en eso la familia DMG se parece mucho a lo que ahora ofrecen algunos candidatos presidenciales.  

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Ni las amenazas de abusar del sistema judicial, ni los videos estigmatizantes que difunde el movimiento político de Abelardo de la Espriella en los que deforma mi imagen, ni la lluvia de insultos regados por bots y fanáticos, ni la violencia política ejercida en mi contra por el candidato presidencial, su organización política y su abogado lograrán silenciarme. Las estrategias de intimidación a la prensa, en las que es experto el candidato, le han servido en el pasado para acallar cualquier debate en torno a su cuestionable vida pública. En esta ocasión, por el bien de Colombia, tendrá que ser diferente.