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sábado, julio 18, 2026

ESTA IMPROBABLE TIERRA PROMETIDA ALMA GUILLERMOPRIETO

 


Por Gisela Kosak Rovero

El primer libro que leí de la escritora Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949) fue La Habana en un espejo (2005),una crónica memoriosa de sus años en Cuba en la década de los setenta, cuando todavía la pesadilla revolucionaria se creía sueño de futuro. Como suele ocurrir cuando se leen buenos textos sobre el socialismo del siglo XX, nunca deja de sorprender el abismo entre palabras y hechos propio de estos regímenes políticos. La honestidad de Guillermoprieto es el extremo opuesto de, palabras de Raymond Aron, esta disciplina de la mentira que presenta como superioridad moral revolucionaria y antiimperialista lo que no es más que propaganda y manipulación ideológica.

Su último libro, Esta improbable tierra prometida. Historias de América Latina en este siglo (Debate, 2026), manifiesta la insobornable disposición ética de la autora, independientemente de que no comparto alguna de sus claras posturas frente a temas álgidos y controversiales. Insisto en el tema de la honestidad porque como venezolana me ha tocado leer un sinnúmero de textos sobre mi país, incluso de plumas muy respetables, que caen en afirmaciones rotundas sin investigar previamente con la atención que exigen los asuntos políticamente delicados. Si bien mi conocimiento sobre otros países de la región es más limitado que mi bagaje venezolano, conozco las realidades que describe Guillermoprieto e infiero que las ha tratado con el mismo cuidado que a esa papa caliente de la izquierda llamada Revolución bolivariana.

Esta megalomanía hipócrita de varón sin límites se nota en el líder de los paramilitares colombianos, Carlos Castaño. Guillermoprieto hace una lectura de Mi confesión: Carlos Castaño revela sus secretos (2002), páginas que describen una vida de asesinatos, enfrentamientos con la no más noble guerrilla colombiana y manipulaciones de la política local. En su texto, la autora registra a Castaño llenándose la boca con las palabras “patria” y “justicia” porque la izquierda en armas mató a su padre. Entre estos “salvadores” del pueblo se encuentra, asimismo, el narco. Joaquín Guzmán Loera, conocido como el Chapo, le espetó en X al expresidente Enrique Peña Nieto que él sí le daba trabajo a los mexicanos, a diferencia del gobierno federal. Este “patriótico” empresario que promocionaba el pleno empleo entre sus paisanos repartió millones de dólares para fugarse de la cárcel. Aunque el Chapo fue finalmente capturado, extraditado a Estados Unidos y permanece en prisión, la crítica de Guillermoprieto a la política antinarcóticos del Estado mexicano es clarísima: involucrar al ejército nacional y seguir la línea estadounidense contra la producción y tráfico de drogas no ha solventado el grave problema del crimen organizado.

Daniel Ortega y Rosario Murillo, la única mujer entre los demonios, llevan la maldad y la impudicia a la gestión del Estado nicaragüense. Represivos y esperpénticos, Ortega y Murillo mezclan política con religión y han sido cómplices del abuso sexual perpetrado en Zoilamérica, la hija de la dictadora que confesó las incursiones de su padrastro a su lecho durante años. El exilio, la cárcel y el asesinato de opositores son prácticas sistemáticas, como lo fueron en El Salvador, donde la población sufrió una guerra civil devastadora a finales del siglo pasado, que causó no solo pobreza y muerte sino también migración. Guillermoprieto relaciona el surgimiento de las maras (pandillas) salvadoreñas con los migrantes de segunda generación en Estados Unidos, devenidos en violentos a raíz de la pobreza y la discriminación recibida. Los “mareros”, por cierto, no han sido ningunos santos y han combinado la protección de sus comunidades con la extorsión, por no hablar de sus robos y asesinatos horrendos.

El éxito del autoritario Nayib Bukele se basa en su política de mano dura frente a este orden de cosas. La impunidad cruza nuestro continente sin remisión, de aquí el éxito de gobernantes autoritarios como el salvadoreño. El asesinato de periodistas en México ilustra perfectamente esta afirmación, puesto que el Estado pendula entre la ausencia y la complicidad con el crimen organizado, como se describe en “La verdad o la vida” y en “43”, el impecable texto sobre el asesinato de los estudiantes de la normal de Ayotzinapa. Llama la atención que tres gobiernos distintos (Peña Nieto, López Obrador y Sheinbaum) no hayan podido satisfacer a los padres de las víctimas, lo que habla del alcance de las complicidades y errores alrededor de este caso.

La segunda parte, De gobernantes y rebeldes, deja muy claro que no por crítica de los proyectos revolucionarios como el cubano, Guillermoprieto está menos inclinada a denunciar taras terribles de la región como el racismo, el clasismo, la violencia y la corrupción. De hecho, toma partido por los más pobres y no teme usar la palabra “blancos” a la hora de identificar a los sectores más rancios de América Latina, calificativo étnico que, entre paréntesis, siempre tomo con pinzas porque se ha convertido en una descalificación fácil. En algún momento, la autora se refiere a los opositores del boliviano Evo Morales –a quien reconoce como autoritario, pedófilo y tramposo– en estos términos, y también lo hace al hablar de los seguidores de “piel clara” de María Corina Machado en su crónica sobre la incursión de Estados Unidos en Venezuela para apresar a Nicolás Maduro.

En este texto se evidencia la poca simpatía que despierta Machado en sectores que se califican de progresistas; de hecho, Guillermoprieto la llama la líder de la oposición conservadora. En realidad, Machado es la líder de la oposición venezolana, constituida por gente de todos los sectores sociales y colores de piel, que profesan diversas religiones o no profesan ninguna. Si su trato con Trump provoca rechazo lo puedo entender, pero en Venezuela no hay una oposición “conservadora” y otra “progresista”, sino una amplia coalición que incluye a personas con diferentes ideologías políticas. Además, si ser conservador es oponerse a un horror como el de mi país, pues yo, feminista y activista LGBTQ, soy entonces “conservadora”, asunto si se quiere absurdo. La preocupación por el rol que juega Estados Unidos en Venezuela es comprensible, pero en lugar de ver a los venezolanos como criaturas inermes ante el imperialismo, cabría preguntarse qué habría pasado si la dictadura, ahora arrodillada frente a Estados Unidos, hubiese aceptado los resultados electorales del año 2024. La soberanía venezolana se perdió hace mucho tiempo con la devastación económica y el desconocimiento de la voluntad popular. En contraste, la crónica sobre el liderazgo entre histriónico y megalómano de Hugo Chávez es, si se quiere, más justa y exacta, tal vez porque en este caso no está tan de por medio Estados Unidos, tema álgido para la intelectualidad continental y para la propia Guillermoprieto que culpa al país del norte de diversos males como la violencia.

En esta segunda parte, se toca igualmente el tema colombiano. La autora entiende a quienes protestaron en Colombia en el año 2019, en ocasiones con graves daños a bienes públicos, como una explosión de frustración por la falta de oportunidades, aunque las protestas muy violentas no son necesariamente la flor de la espontaneidad. Las mayorías pacíficas son desbordadas por minorías dispuestas a todo, como bien se indica en el texto, y los gobiernos nacionales son sobrepasados por demandas que se han ido acumulando durante mucho tiempo. En otra crónica, “Colombia busca la paz”, Guillermoprieto destaca todas las aristas de la violencia en una sociedad con décadas de abuso estatal y paraestatal, sea de izquierda o de derecha y, por otra parte, subraya el extraordinario esfuerzo de una comunidad rural, El Salado, para seguir adelante después de que fue desplazada por los paramilitares.

La tercera parte del libro, Héroes, rinde homenaje al periodista mexicano Javier Valdez, una de esas figuras que son llamados locos e imprudentes por no rendirse ante el poder, en este caso del narcotráfico; también al sacerdote salvadoreño Monseñor Arnulfo Romero, asesinado cuando daba misa, víctima de la feroz derecha de Roberto d’Aubuisson. Ambas figuras causan una admiración indiscutible y al mismo tiempo despiertan tristeza.

¿Por qué América Latina no ha sido capaz de controlar estas mareas asesinas, hijas de la impunidad y la vulnerabilidad, que actúan en nombre del dinero o la política? En Belleza y fe, apartado con el que concluye el libro, Guillermoprieto busca en las raíces prehispánicas y populares un antídoto a estas amarguras del crimen ligado a los grandes poderes. Se detiene en la comida mexicana, en los dioses mayas, en la Santa Muerte y en los yanomami, la etnia que comparte territorio entre Brasil y Venezuela. El tono es más esperanzador que el de las partes anteriores, pero cabe preguntarse si la belleza solo sobrevive en los rescoldos del pasado y si elevar a los pobres sobre la perfidia no es una toma de partido que los victimiza y libera de toda agencia.

Si algo deja claro el libro es que existen hombres del mundo político y delincuencial que pueden someter a sus sociedades con relativa facilidad porque, simplemente, no se les puede detener. Esta improbable tierra prometida no da respuestas a las preocupaciones compartidas sobre la pobreza, el populismo y el crimen organizado porque no le toca hacerlo; no obstante, su lectura me lleva a interrogarme acerca de si nuestra debilidad de raíz reside en una proverbial incapacidad para la construcción de instituciones fuertes que permitan que la gente viva y produzca en paz y al resguardo de la omnipotencia ajena. Si es así, la improbable tierra prometida tiene todavía algún chance, así sea lejano. 

Esta improbable tierra prometida. Historias de América Latina en este siglo

Alma Guillermoprieto

Debate


La recopilación organiza las crónicas en cuatro áreas temáticas: De demonios y dolor; De gobernantes y rebeldes; Héroes; Belleza y fe. En la primera, hace un mapa del mal que se extiende entre México, Colombia, Nicaragua y El Salvador. Comienza con el sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de la riquísima orden religiosa de los Legionarios de Cristo, imbuido de su rol providencial de líder de juventudes bendecido por sucesivos papas. Genio de las relaciones públicas, Maciel era un hombre capaz de quedarse con el patrimonio de los laicos cercanos a la orden mientras promovía en nombre de dios un conservadurismo extremo en cuanto a roles de género y cambio social, además de abusar sexualmente hasta de sus propios hijos menores, engendrados en un matrimonio falso con una mujer que no sabía con quién se había casado.


jueves, julio 16, 2026

SE NOS FUE LA SEÑORA ESTELA

 Ayer recibí una nefasta noticia. No por el hecho en sí, sino por todo lo que implica. Siempre en el ocaso de nuestras vidas la soledad implacable nos espera a la vuelta de la esquina. La tienda de Karen en el barrio Fatima de Medellín es un microcosmos social que me ha enseñado mucho de la existencia con todos sus altibajos y alegrias, sus sorpresas y visicitudes. Antes de ayer encontraron a la señora Estela muerta en su apto. La conocí en el local de Karen, con su baston, sus dificultades para caminar y sostenerse, siempre solicitando una mano que le ayudara, tratando de sentarse, con una amabilidad entre compasiva y suplicante. Cuando la veia recorba la lectura de la novela "La nausea" de Jean-Paul Sartre. El relato es  una inmersión profunda en la soledad, el absurdo de la existencia y la desconexión con el entorno a través del diario de Antoine Roquentin. Cómo después de luchar tanto nos avasalla una existencia absurda, dura y cargada de un profundo abandono social. La vida de doña Estela fue dificil, por sus vicios y la manera de ser. Es cierto que se había vuelta incomoda para sus vecinos hasta el punto que muchos de ellos la evitaban.

Estela llegaba a eso de las cuatro de la tarde en un carro cualquiera. Había que ayudarla incluso para bajar del auto. Lenta pero amable, saludaba con cierta resignación compasiva y por esos mecanismos de defensa que nos inventamos los viejos para sobrevivir. Miraba a cualquiera de los jovenes habituales en el lugar para pedirle ayuda y en últimas después de tomarse cualquier cosa, la llevara a su apartamento. Su imagen de solitaria, es la que me quedó grabada. He dicho que tener a alguien que te espera o se preocupa por uno es un aliciente a las frecuentes durezas y golpes que nos somete el destino y la vida. La soledad es la carencia de compañía, ya sea de forma física o emocional. No dejo de pensar en "El coronel no tiene quien le escriba" (Gabriel García Márquez): Relata la vida de un viejo coronel retirado que sobrevive en la pobreza esperando una pensión que nunca llega, aferrándose a la esperanza en medio del aislamiento.

Parece que doña Estela llevaba varios días de fallecida sin que nadie se percatara. Es un hecho que la descomposición interna comienza a los pocos minutos de la muerte mediante la autólisis (autodigestión celular). La putrefacción bacteriana visible arranca generalmente entre las 10 y 24 horas, iniciando con una coloración verdosa en el abdomen y continuando con la hinchazón por gases. Tal vez esto fue lo que sucedió. Lo terrible es que ninguno notó su ausencia. 

Son muchas  las cosas que hacemos para combatir la soledad. La novela y la literatura lo han descrito mejor que la vida misma. En memorias de mis putas tristes de Gabriel García Marquez, un periodista de noventa años decide celebrar su cumpleaños con una joven prostituta. En el encuentro pasa algo que nunca pudo haber imaginado, ya que en sus noventa años nunca le había pasado, se enamora. No se me olvida una de las frases memorables de esta novela del escritor colombiano: "El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor".

Poco sé de la vida de doña Estela. Me queda su imagen intacta, sus pasos lentos, su mirada y esa forma de entender la vida tan alocada y como si tuviera veinte años. Quería dejar este registro y evitar con ello que su ausencia pase simplemente como un chisme de Barrio. Después de encontrarla y someter su cuerpo a los protocolos legales, los vecinos debieron hacer muchas cosas para evitar los malos olores y las moscas verdes que parecian de otro mundo, se volvierón un lastre. Alguien dijo con sorna: Esta señora incomodó  a sus vecinos  hasta después de muerta.



miércoles, julio 15, 2026

35 AÑOS DE LA CONSTITUCIÓN DE 1991

Es muy poco lo que se puede agregar en este aniversario de los 35 años de nuestra constitución, pues su origen y aprobación está suficientemente documentada. Quise simplemente hacer una síntesis de los momentos más importantes que antecedierón a la convocatoria de la constituyente que dió origen a nuestra carta. Sólo quiero ser didactico al respecto, pues nuestra constitución es de las más importentes del mundo, por su pluralismo, los derechos fundamentales y el reconimiento a la diversidad etnica y a las minorias. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE

La Constitución Política de la República de Colombia es la carta magna de Colombia. Fue promulgada en la Gaceta Constitucional n.° 114 del domingo 7 de julio de 1991, y también se le conoce como la Constitución de los Derechos Humanos. Reemplazó a la Constitución Política de 1886 y fue expedida durante la presidencia de César Gaviria, del Partido Liberal. Nació esta constitución realmente el 30 de enero de 1988. En esta fecha se concretó la propuesta de la convocatoria de un referendo para el 13 de marzo de 1988 (fecha de las elecciones locales) a fin de que el propio constituyente primario dejara sin piso la barrera legal creada por el plebiscito de 1957, que en su articulo 13 impedía aplicar métodos extraordinarios de reforma.

Mediante el acuerdo se pactó realizar un Proceso de Reajuste Institucional de ocho meses, el cual contemplaba la creación de un órgano constituyente, originado en el Congreso; este presentaría una propuesta de reforma constitucional al Congreso, y luego, se realizaría un referéndum donde los artículos reformados se someterían a la aprobación del pueblo, y contemplaba la redacción de una propuesta a cargo de una comisión preparatoria, integrada por 14 miembros, 13 de los cuales eran representantes de los Partidos Liberal y Conservador. A pesar de que la reforma la dirigían estos dos partidos, la comisión preparatoria realizó cinco audiencias públicas convocando diferentes organizaciones no gubernamentales y organizaciones sociales. Durante estas audiencias se presentaron una serie propuestas individuales y colectivas, por parte de sindicatos, gremios, partidos, movimientos, universidades, etc. Tales organizaciones llevaron 523 propuestas, de estas difícilmente se podría extraer un proyecto político o modelo económico común, pues en su mayoría constituían reivindicaciones colectivas o sectoriales.

Sin embargo, el Acuerdo de la Casa de Nariño no pudo continuar avanzando, debido a que fue declarado inconstitucional por el Consejo de Estado, el 4 de abril de 1988, pese a esto el gobierno decidió presentar al consideración del Congreso un proyecto de reforma constitucional, el 27 de julio de 1988. No obstante, el 15 de diciembre de 1988, el gobierno hundió el proyecto de reforma en el Congreso debido a la injerencia del Cartel de Medellín, que teniendo congresistas en su nómina, habían agregado pocos días antes una pregunta para prohibir la extradición.

Tras el asesinato de Luis Carlos Galán, se dió  un movimiento estudiantil y político espontaneo, que propuso la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente para las elecciones de 1990, movimiento que surgió en el marco de la violencia que agitó a Colombia durante esa década y asociaba los problemas del país con la falta de participación e inclusión política, bajo la consigna "Aun podemos salvar a Colombia". Las desmovilizaciones de los grupos guerrilleros del Movimiento 19 de abril (M-19) en 1990, el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el Movimiento Armado Quintín Lame en 1991, contribuyeron a crear un ambiente social en el que la transformación del país por la vía política y jurídica se veía como el camino más promisorio.

El Consejo Electoral no aceptó la inclusión oficial del voto adicional durante la elección de Senado, Cámara de Representantes, asambleas departamentales, concejos municipales y alcaldes, (los gobernadores departamentales no se elegirían por votación popular hasta la Constitución de 1991); pero la papeleta se contó extraoficialmente y la Corte Suprema de Justicia reconoció la mayoritaria voluntad popular validando el voto. En diciembre de 1990 se convocaron a comicios para elegir los representantes a la Asamblea Nacional Constituyente, cuyos miembros firmaron la nueva constitución en una ceremonia pública el 4 de julio de 1991.

Cuando se firmó públicamente la nueva Constitución sus artículos aún no habían sido terminados y el secretario general de la Constituyente, Jacobo Pérez, reunido con todo su equipo, aún se encontraba comprobando la veracidad de cada artículo para irlo incorporando al texto de la Constitución. Este trabajo concluiría en los primeros minutos del 7 de julio de 1991.

Los presidentes de la constituyente fueron Álvaro Gómez Hurtado por el Movimiento de Salvación Nacional, Horacio Serpa por el Partido Liberal y Antonio Navarro Wolff por la Alianza Democrática M-19 . De esta forma la historia de Colombia tuvo un giro sin precedentes ya que no solo se logró un cambio constitucional sino también que el grupo guerrillero M-19 entregara las armas y se integrara a la vida política nacional, y que a las comunidades indígenas se les garantizara representación en el Congreso de la República.

jueves, julio 09, 2026

250 AÑOS DEL EXPERIMENTO ESTADOUNIDENSE (LETRAS LIBREL: JILL LEPORE)

 



Cada aniversario de la independencia se ha vuelto un punto de partida para reflexionar si Estados Unidos ha estado a la altura de los ideales de su fundación o si los ha traicionado. Este año no es la excepción: durante una charla ofrecida en The John Adams Institute, Jill Lepore pone a discusión qué podemos retomar y qué actualizar de las aspiraciones que dieron origen a aquel país.

Hace doscientos cincuenta años, un conjunto turbulento de colonias en la orilla occidental del Atlántico emprendió un experimento radical. Cansados de estar sometidos a poderes distantes y a una autoridad arbitraria, imaginaron algo nuevo, una sociedad basada en el autogobierno, en la libertad, y en la audaz idea de que gente común podría forjar su propio destino. El resto, como se dice, es historia. Y no una historia sencilla. De la Declaración de Independencia a Gettysburg, de Selma –durante la lucha por los derechos civiles– al desembarco en Normandía, lo que comenzó como una rebelión se volvió una nación cuya influencia se extiende mucho más allá de sus propias costas. Nunca perfecta, siempre cuestionada, y permanentemente en construcción. A medida que Estados Unidos se acerca a su aniversario 250, la tentación es o celebrar acríticamente o caer en la desesperanza.




Jill Lepore nos recuerda que la renovación es inherente al experimento estadounidense. En su discurso inaugural, analizará la Constitución de Estados Unidos no como una reliquia sagrada sino como un documento vivo moldeado por generaciones de ciudadanos que han expandido el significado de los derechos, la pertenencia y la posibilidad democrática. En un momento en que la democracia americana confronta presiones profundas, por la desigualdad y el poder tecnológico lo mismo que por la polarización y las tensiones institucionales, estas preguntas no podrían ser más oportunas.

¿Qué significa estar a la altura de ideales revolucionarios? ¿Qué tanto puede adaptarse un marco conceptual del siglo XVIII a un mundo del siglo XXI? ¿Qué responsabilidades recaen en la siguiente generación de ciudadanos?.

Parece un momento histórico por muchas razones. Este año además se cumplen doscientos cincuenta años de la fundación de los Estados Unidos. Este 4 de julio celebramos la Declaración de Independencia, que, a mi modo de ver, sigue siendo un texto de una belleza sublime, con todos sus defectos e insuficiencias.

La Declaración establece aquellas verdades que nosotros los estadounidenses consideramos evidentes en sí mismas: que todos los hombres son creados iguales, que nuestro Creador nos confirió ciertos derechos inalienables; entre estos últimos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que se han instituido gobiernos entre los hombres para promover su seguridad y felicidad, y que, cuando los gobiernos traicionan esos objetivos, se les puede cambiar e incluso abolir. Pienso que este sentimiento, entre los sentimientos de la Declaración de Independencia, concentra la idea del derecho a la revolución, pero creo también que con mucha frecuencia se olvida la noción de lo que llamo la “filosofía de la enmienda”.

Una idea fundamental, crucial y revolucionaria en el siglo XVIII fue que las cosas pueden mejorar; que, como gente común y corriente, tenemos dentro de nosotros mismos la capacidad de determinar nuestros propios destinos, de decidir cómo viviremos juntos, de determinar los medios con los cuales nos gobernaremos, y que, si nuestros gobiernos fracasan en promover nuestra seguridad y felicidad, podemos mejorarlos a través de enmiendas, revisiones, medios pacíficos. La enmienda fue inventada en Estados Unidos en las constituciones estatales que se redactaron por primera vez en 1776.

Si uno iba a escribir una Constitución, la idea era tener una manera de cambiarla. De otro modo se volvería demasiado frágil. Y pienso que esta filosofía de la enmienda ha caído, en Estados Unidos, ampliamente en el olvido, y algo que de verdad estimo y deseo es que el aniversario de la fundación del país sea una oportunidad para recordarla.

Siendo honestos, es extraño celebrar el aniversario doscientos cincuenta de Estados Unidos. ¿Por qué? ¿Qué son doscientos cincuenta años? Recientemente he dedicado mucho tiempo a recapitular e intentar comprender la manera en que los estadounidenses adquirieron ese hábito. Los colonos solían celebrar los cumpleaños del rey, lo que me hace pensar que les gustaba la idea de esas fiestas; no obstante en el aniversario cincuenta de la Declaración de Independencia, el 4 de julio de 1826, John Adams y Thomas Jefferson, que habían escrito juntos la Declaración, murieron ese mismo día, con escasas horas de diferencia, separados por miles de millas, pero conscientes de que ambos estaban en su lecho de muerte. Este momento grabó a tal grado la noción de un aniversario cincuenta en los huesos de los Estados Unidos que, a partir de entonces, los cincuentenarios de la firma de la Declaración de Independencia se volvieron verdade- ramente oficiales, como si de algún modo honraran la extraña coincidencia de que Jefferson y Adams murieran el 4 de julio de 1826. En tanto aniversario cincuenta, la conmemoración de 1826 fue un punto de inflexión realmente crucial.

Bien mirado, se puede incluso utilizar cada uno de esos cincuentenarios como una suerte de baremo para determinar si Estados Unidos ha estado a la altura de los mejores ideales de su fundación, o si, por el contrario, los ha traicionado. Una de las cosas en verdad interesantes que ocurrieron en ese año de jubileo es que los abolicionistas negros del norte comenzaron a insistir en que la Declaración de Independencia –todos los hombres son creados iguales, dotados por su Creador de libertad– significaba que la esclavitud era inconstitucional. Aunque los estadounidenses suelen confundir la Constitución, escrita en 1787, con la Declaración de Independencia de 1776, la razón por la cual los abolicionistas hicieron eso fue porque sabían que necesitaban integrar la Declaración de Independencia dentro de la Constitución para poder acabar con la esclavitud. Y esa gran maniobra intelectual y política comenzó en 1826.

Si uno da un salto hasta 1876, en el centenario de la Declaración de Independencia, que tuvo lugar después de la Guerra de Secesión, hubo una gigantesca Exposición Universal en Filadelfia que fue una celebración de la Revolución industrial. Lo que todo el mundo quería ver era la Sala de Máquinas, con motores de vapor gigantescos y filas de máquinas de escribir (hubo gente que se quejó de que había demasiadas máquinas de escribir en aquel recinto). Aquella conmemoración celebraba en realidad la proeza económica americana, apoyada en la mecanización, y el papel cada vez más importante de Estados Unidos en el panorama mundial. No obstante, el festejo de 1876 también hizo algo que el abolicionista Frederick Douglass había anticipado: borró el relato de la esclavitud de la historia americana.

En 1876, el norte y el sur –los blancos del norte y el sur, mejor dicho– acordaron abandonar la democracia multirracial que había sido la promesa de las Enmiendas 13, 14 y 15 a la Constitución de los Estados Unidos, que daban fin a la esclavitud, garantizaban igualdad de derechos al margen de la raza, y otorgaban el derecho de voto a los hombres negros. Todas esas Enmiendas de la Reconstrucción se abandonaron en 1876. De modo que ese año también representa un punto de inflexión respecto a cómo se traicionaron los ideales de la Revolución y a las enmiendas que surgieron en las postrimerías de la guerra civil estadounidense.

Si avanzamos un poco más, hasta el aniversario ciento cincuenta, hay razones para calificarlo de un auténtico desastre. Como técnicamente era “el sesquicentenario”, los responsables del branding decidieron llamarlo de ese modo, añadiendo un signo de admiración. Sin embargo, en 1926 no fue un gran éxito en tanto celebración. Por otro lado, el Ku Klux Klan se las arregló para obtener el permiso para llevar a cabo una reunión en Filadelfia en el aniversario de la Declaración de Independencia. Los activistas negros protestaron, las organizaciones judías protestaron y se le denegó el permiso al KKK. En respuesta, el Klan hizo una marcha en verdad masiva en Washington D. C. De modo que, para utilizar estos periodos de cincuenta años como formas de aquilatar la historia americana y la lucha entre los ideales y la traición de los ideales de igualdad, independencia y libertad, se puede observar en cada uno de esos cincuentenarios cuánta tensión subsiste entre la idea de los Estados Unidos como un Estado nación liberal y Estados Unidos como una nación iliberal, de sangre y tierra. Este ha sido el hilo conductor de la historia estadounidense. Es una lucha y una contienda constantes.

Así sucedió en 1976, un bicentenario celebrado pero también llorado a lo largo y ancho de los Estados Unidos. El festejo tuvo lugar después del Watergate, Vietnam, los Papeles del Pentágono y el perdón del presidente Gerald Ford a Richard Nixon. El bicentenario entero, que comenzó realmente en 1971, presenció las protestas de las organizaciones de los derechos civiles, de un movimiento emergente en favor de los derechos homosexuales en Estados Unidos, de activistas por los derechos de las mujeres, que luchaban por la enmienda de igualdad de derechos, que no pudieron conseguir, y de las naciones nativas americanas, que de manera muy visible protestaban contra la historia de los Estados Unidos.

Debido a esto, el bicentenario fue, a simple vista, una especie de acalorada disputa acerca de a quiénes pertenecen los Estados Unidos, quiénes son estadounidenses, qué significa la historia estadounidense y qué se considera parte de la historia estadounidense. Pero, desde otra perspectiva, tenía algo de hermosa indisciplina. A la comisión presidencial oficial del bicentenario se opuso una Comisión Popular del Bicentenario que organizó sus propias contramanifestaciones a propósito de todos los temas de la celebración.

Sin embargo, en retrospectiva, el bicentenario logró zanjar esa disputa entre las distintas versiones de la historia de Estados Unidos, las diversas visiones del país que diferentes grupos de estadounidenses tenían, porque de alguna manera los acogió a todos y los sacó a todos a la luz. Uno podía acudir a cualquier celebración del bicentenario y, con seguridad, podías ver a gente vestida de rojo, blanco y azul diciendo cosas como “Ámalo o déjalo” o “Este es el mejor país del mundo”, pero también podías ver a quienes se manifestaban en contra, todos los cuales –salvo raras excepciones– protestaban pacíficamente y a los que no se les atacaba de ninguna manera por oponerse a la visión oficial. Pienso entonces que es muy útil pensar en ese momento ahora mismo, en el aniversario doscientos cincuenta, como otro punto de referencia que nos lleva a preguntarnos: ¿en qué situación está Estados Unidos hoy en día?

Debo confesar que no lo sé. Nunca me he sentido tan extranjera en un país como actualmente me siento en mi propio país, y creo que hablo por millones, decenas de millones de estadounidenses, cuando digo eso. Para tener un parámetro: parece un momento especialmente poco propicio para medir el éxito de los experimentos estadounidenses, y no hace falta que enumere las razones que han llevado a muchos politólogos a afirmar que vivimos un retroceso democrático. No obstante, creo tener los elementos para hablar, con honestidad, del surgimiento de una nueva Gestapo en la tierra de la libertad. Podemos hacer la crónica del deterioro de la separación de poderes, del abandono del Estado de derecho, del papel –en declive, en rápido declive, en caída libre– de los Estados Unidos en el panorama mundial, de la traición a la OTAN, la traición a nuestros aliados, el apetito de sangre, conquista y anexión. Pienso que en verdad estamos asistiendo a un momento en que el constitucionalismo mismo está en franco peligro en Estados Unidos, y digo todo esto en tanto que nunca he sido una persona alarmista. Para quienes no me conocen, ni a mí ni a mi trabajo, sería fácil decir que aquí viene otra estadounidense que se queja de todo, pero son cosas que normalmente no digo. Sin embargo deben decirse ahora porque son innegables.

Quiero señalar otra cosa, porque creo que es fácil enfocarse en lo que está ocurriendo. Desde luego, es esencial prestar atención a lo que sucede día a día. Intentar hacerlo resulta abrumador, pero considero que corremos el riesgo de no percatarnos de cambios estructurales más profundos, que se nos ocultan de manera deliberada. Y aquí me refiero a lo que considero el reemplazo del Estado nación liberal por lo que llamo el Estado artificial. Recientemente escribí un libro acerca del auge y la caída del Estado artificial. Y lo que quiero decir con eso es que el debate público –no solo en Estados Unidos, sino alrededor del mundo– está bajo el control de las corporaciones privadas, dueñas de todo lo que se dice en la esfera pública y capaces de determinar en gran medida nuestro conocimiento de lo que está ocurriendo en dicha esfera.

Las tres personas más ricas del planeta son dueñas de las tres plataformas más grandes del debate público, que ya no es libre, porque gente interesada únicamente en hacer de tus ideas un bien privado programan máquinas que lo determinan y gestionan. Los humanos se han vuelto en buena medida animales en granjas industriales bajo el reino del Estado artificial y los líderes de esas corporaciones internacionales consideran esencial tener poderes más allá de los límites del Estado nación, poderes planetarios para determinar el destino de la humanidad.

A estas personas no les interesa el consentimiento de los gobernados, los derechos humanos, la capacidad de las personas para determinar el destino de sus propias vidas, de participar de algún modo en el gobierno. Y considero que debemos examinar nuestra complicidad en el reemplazo del Estado nación liberal por el Estado artificial, con un gobierno de máquinas en que los drones han reemplazado al demos. Porque las máquinas que estamos construyendo no están sometidas al imperio de la ley, de las constituciones escritas en los siglos XVIII y XIX que llevaron la democracia alrededor del mundo.

Las nuevas máquinas no podían imaginarse en la época en que se escribieron esas constituciones, que, por otro lado, tampoco contemplan el mundo natural. Y considero que esos dos son los grandes retos para el Estados Unidos actual, precisamente cuando nuestras primeras constituciones, las constituciones estatales, cumplen doscientos cincuenta años.

Pienso entonces que este año, este aniversario, es una oportunidad increíblemente significativa para el pueblo de los Estados Unidos, pero sin duda también para el resto del mundo. Y esto se está abordando de modo más reflexivo, relevante y serio en Europa que en ningún otro lado. Pero es momento de que en Estados Unidos nos pongamos al día y nos involucremos en la conversación, y tengamos deliberaciones constitucionales acerca de si que- remos gobernarnos a nosotros mismos o si preferimos que lo hagan máquinas propiedad de grandes empresas.

De modo que quiero celebrar y pensar en maneras de conmemorar este aniversario doscientos cincuenta. No como un momento para mirar hacia atrás, ni hacia un futuro en Marte, sino hacia un futuro aquí juntos como humanos que vivimos en un mundo natural del que somos los guardianes y los cuidadores. 

Traducción del inglés de Andrea Martínez Baracs.

Extracto de la participación de Jill Lepore en
The John Adams Institute, el 11 de febrero de este año.

Edición España
N° 298 / Julio 2026



lunes, julio 06, 2026

MI MUNDIAL DE FÚTBOL

 Los mundiales de fútbol son un balsamo en un mundo siempre bailando sobre el filo de la navaja, inmerso en guerras, tensiones geopolíticas, al portas de una recesión, con una derecha galopante que cada vez se parece más al  fascismo, con una inequidad enorme. La historia mía con este evento, empieza con el mundial de 1970, con Péle y su sequito, en mi parecer el equipo más grande de todos los tiempos. 

La Copa Mundial de la FIFA, creada por iniciativa del dirigente francés Jules Rimet, se celebró por primera vez en Uruguay en 1930. Desde entonces, el torneo se disputa cada cuatro años—con pausas por la Segunda Guerra Mundial—, evolucionando hasta convertirse en el evento deportivo más visto del mundo. La idea de un campeonato mundial de fútbol surgió formalmente con la fundación de la FIFA en 1904. Sin embargo, no fue hasta 1930 que el sueño de Jules Rimet se materializó. Para la edición inaugural, Uruguay fue elegido como sede por sus recientes triunfos olímpicos y por celebrar el centenario de su constitución. En este primer torneo participaron 13 selecciones, y el país anfitrión se coronó como el primer campeón del mundo tras derrotar a Argentina.

El trofeo original entregado al campeón se llamó "Victoria", pero más tarde fue rebautizado como Copa Jules Rimet. Las reglas establecían que el país que ganara el torneo tres veces se quedaría con la copa en propiedad. Brasil logró esta hazaña en 1970. A partir de 1974, la FIFA introdujo el actual trofeo de oro macizo diseñado por el artista italiano Silvio Casaniga. 

Hay hechos de nunca olvidar. El maracanazo  en la segunda edición tras la segunda guerra mundial, Uruguay sorprendió a Brasil en el estadio Maracaná, logrando su segundo título mundial. Las hazañas de Péle quien con Brasil, cimentó su hegemonía ganando tres de los cuatro mundiales disputados entre 1958 y 1970. El "Gol del Siglo" y la Mano de Dios (1986): Diego Armando Maradona inmortalizó su nombre en México 86 llevando a Argentina a su segundo título.

Otro mundial que no se me olvidará jamas, fue el mundial de España 1982 cuando un equipo iconico, el de Brasil, lleno de estrellas, fue eliminado por la selección de Italia. Ver jugar al equipo suramericano era una fiesta. Su juego, ordenado, exquisito, es dificil de volver a presenciarlo.

El mundial también es un gran negocio y la cumbre geopolítica más importante del planeta. En los estadios se encuentran reyes, jefes de estado, estrellas de la farandula y grandes personajes del deporte. Recuerdo un hecho que me dejó sorprendido.  Cuando​ ​se conoció que Qatar iba a ser el anfitrión del Mundial 2022 también se supo que el partido inaugural y la final se jugarían en Lusail, ¡una ciudad que aún no existía! Se trataba de una zona que hasta hace 15 años era arena, cactus, camellos y algunas casas de más de 100 años de antigüedad. La confirmación como sede mundialista fue la excusa para que el gobierno local impulsara la construcción de Lusail.

Este mundial tiene por primera vez tres sedes (USA, Canada y México) y 48 equipos. Colombia partido a partido se configura como una de las selecciones más importantes y llamada a producir sorpresas. Cada partido realmente lo he disfrutado mucho. Cada uno de ellos, definitivamente es una final y genera congregación, amistad y fervor nacional.

Cuando juega la seleccion Colombia, el país es uno solo, se paraliza  y entramos como en una parentisis, un oasis de frescura y a la vez de sufrimiento y ansiedad. En el lapso de tiempo del partido de nuestra selección estamos de acuerdo absolutamente todos. Creo que nuestra selección llegará a cuartos. Amanecerá y veremos.


martes, junio 30, 2026

QUE ESPERAMOS LOS COLOMBIANOS EN LOS PROXIMOS 4 AÑOS

 Las pasadas elecciones dieron a Abelardo De La Espriella como nuevo presidente de Colombia. Es un hecho que son varias las  lecturas de este proceso. La decadencia de los partidos tradicionales, muy preocupante; cada vez Alvaro Uribe es menos determinante; la consolidación de una nueva derecha muy difícil de leer, llegó al poder con el voto castigo; una nueva forma de hacer política que cada vez depende más de las redes, la tecnología, del marketing y el mercadeo electoral, bastante manipulador y que juega con las emociones del electorado, pocos votamos desde el conocimiento de programas y propuestas serias o por lo menos conociendolas. Ahora "Las transiciones democráticas buscan establecer un equilibrio de poder entre los diferentes sectores de la sociedad, promover la justicia social y garantizar la protección de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos. Estos procesos pueden incluir la celebración de elecciones libres y justas, el fortalecimiento de las instituciones democráticas, la libertad de expresión y la creación de un marco legal que proteja los derechos humanos". Esta transición hasta el día de hoy está llena de amenazas, de afirmaciones sin sustento legal.

Espero en todo caso que al presidente le vaya bien, sí tenemos un ejecutivo exitoso, lógico que a Colombia le irá igual. La oposición deberá hacer su tarea desde lineamientos democráticos y con respeto por la constitución. No deberá caer en el error de lo que hizo la oposición con el primer gobierno de izquierda, ser rastrera y nunca pensó realmente en el país.

Estas son las promesas del nuevo presidente:

Defensa de la Constitución: Rechazo a una constituyente y compromiso con la separación de poderes y la independencia judicial.

Liberación del Estado: Levantar una mayoría moral y política para detener la captura del Estado y reconstruir la república.

Limpieza institucional: Ejecutar una limpieza inmediata en las cabezas y órganos directivos de las instituciones públicas.

Prioridad para los marginados: Centrar la atención en los que nunca han sido vistos por el Estado y darles prioridad.

Resultados iniciales: Tener como primera meta los 100 días iniciales del Gobierno para ratificar que se gestionarán y entregarán resultados para el beneficio de Colombia.

Defensa de la familia: Tener como principios básicos el respeto y el fortalecimiento de la familia como núcleo de la sociedad.

Liberación de coca: Destruir las 330.000 hectáreas de coca mediante fumigación aérea, erradicación manual, persecución a los capitales de los narcos, extinción de dominio exprés, sustitución y extradición. 

Acuerdos con las regiones: Gobernar con las regiones.


Entre el discurso y la verdad hay una distancia muy grande. Ahora, sólo queda esperar cuales es la ruta institucional para logar cada una de ellas y conocer todo el equipo de Gobierno. Estaré atento a esto.



miércoles, junio 17, 2026

ELECCIONES PRESIDENCIALES EN COLOMBIA EN MEDIO DE UNA PROFUNDA CRISIS POLITICA

 Colombia vive una profunda crísis política que trasciende a todas las  esferas, muy dificil de leer por las muchas variables que inciden sobre el país, en tocaso en ocasiones no permite hacer un diagnostico claro de lo que nos está pasando, tanto en la gobernanza, en la convivencia, en los territorios en materia de orden público y por lo tanto toca a la sociedad en todo su espectro. Sí partimos del hecho categorico: Que el papel principal de la política en los pueblos es organizar la convivencia, gestionar los recursos y garantizar los derechos de todos los habitantes. Su objetivo fundamental es canalizar las necesidades de la comunidad para convertirlas en decisiones y soluciones que mejoren la calidad de vida. Esto no sucede en el país. 

Recuerdo que en un seminario realizado por segunda vez en la universidad nacional a principios de siglo XXI dirigido por Ruben Sierra Mejía, se hicieron diagnosticos sobre la crisis del país, que en mi parecer siempre empieza con un profundo agrietamiento de la manera de hacer política y como la conciben nuestros lideres. Escribía:

"Hay que reconocer que en esta tarea de pensar una crisis no se deja de correr riesgos, pues no son escasos los obstáculos para alcanzar pronósticos atinados de los problemas. En tiempos oscuros, el pensamiento tiende a exagerar las consecuencias de los fenómenos y a apresurar las conclusiones, lo que le hace perder la prudencia de juicio en el análisis de los asuntos de que se ocupa. Por el hecho de ser tiempos en que las instituciones sienten que sus fundamentos se desmoronan, que se erosiona la vida social, en los que impera la desorientación, no resulta sencillo responder de manera oportuna y acertada a las crisis que definen el momento histórico; el pensamiento que se construye a propósito tiende a oscilar entre la ansiedad y la nostalgia, entre la búsqueda afanosa de una salida a la situación de penuria moral y el convencimiento dogmático de que la solución solo puede ofrecerla la recuperación de unos valores y unos ideales de organización social que han perdido su vigencia. Esa zozobra se encuentra en todas las esferas intelectuales y en todas las regiones políticas". 

Para Jürgen Habermas, una crisis política en los tiempos actuales es una crisis sistémica de legitimación y racionalidad. Ocurre cuando el Estado pierde la capacidad de convencer a la ciudadanía de que sus decisiones benefician al bien común, dando paso a la desconfianza hacia las instituciones democráticas. Traigo a colación este filosofo, pues el siemre sostuvo que los conceptos de racionalidad comunicativa, democracia deliberativa y esfera pública se articulan en un modelo normativo que busca explicar cómo las sociedades modernas pueden sostener formas de legitimidad política basadas en la argumentación pública y no únicamente en la coerción ni en el interés estratégico. 

colombia este domingo decide en segunda vuelta quien será presidente. Escogera entre dos alternativas muy diferentes, frente al fracaso de los partidos tradicionales que ya denotan un diagnostico grave. En una esquina hay una derecha gaseosa alrededor de un caudillo con visos de dictador y sin programa claro. En la otra, una izquierda con sentido social pero aún con una ausencia o bitacora de como gobernará y lo que es peor, sin reconocer los errores del actual mandatario y  sin la ruta clara que nos permita saber como se resolverán los problemas estructurales del deficit fiscal, la crisis energetica, la salud, el orden público para sólo citar algunos entre muchos.  

Miren el analísis de Jorge Gonzales Arrocha frente a la crisis de las democracías en el mundo:

"Aunque la democracia sigue siendo una idea ampliamente popular, existen evidencias de que en muchas naciones hay un grado sorprendentemente alto de apertura a modos y tendencias antidemocráticas. Es decir, que lo que llamamos crisis, tiene un grado alto de relatividad y depende también en gran medida de la autopercepción de cada cual.

En Estados Unidos, Italia, Reino Unido, Hungría Japón y Sur Corea, más del 20 por ciento cree que ser gobernado por un líder fuerte pudiera ser una buena idea (Wike y Fetterolf, 2018). Durante 25 años, investigaciones sobre el tema muestran que países de Europa Central y del Este, manifiestan los índices más altos de insatisfacción respecto a la forma en que funciona la democracia en sus países (Klára Vlachová, 2019; Karp and Milazzo, 2015). Ello sin mencionar las crisis de Europa Occidental que se transfiguran en la polarización política de España; la crisis por la que ha atravesado el gobierno francés, con meses enteros de paro y huelgas tras la crisis provocada por las pensiones; el auge de los nacionalismos de factura conservadora en países como Alemania, España, Francia y Hungría"(1).

Ruben Sierra Mejia en el mismo editorial del seminario expresa:

"La crisis, entonces, no debe entenderse solo por su aspecto negativo, como síntoma de decadencia o desintegración, sino que también puede apreciarse como manifestación de anormalidades que se encontraban ocultas o reprimidas y que, puesta en evidencia su dimensión perturbadora, se convierten en tema de estudio para las ciencias sociales, de reflexión para la filosofía o de inspiración para el arte"(2).

Votar a conciencia es pertinente. Aceptar los resultados igual y llegar a consensos sobre los diagnosticos y sus soluciones en un gran acuerdo nacional es la única salida. Los candidatos, tanto Abelardo De La espriella como Iván Cepeda se han dedicado a los vituperios mutuos, a las ofensas y a general en la redes a una constante creacion viral de falsas acusaciones. Luis Fernando Alvarez un excelewntwe colunnista expresa con absoluta lucidez que  el sentido de la democracia, como sistema de participación universal en las decisiones de poder, debe enfrentarse con dos formas distintas de mirar el universo y el manejo de la cosa pública: La controversia entre la emoción o la voluntad emocional y la razón. Escribe José Darwin Lenis Mejia en el portal la silla vacia de Colombia que el concepto de Emocracia, propuesto en esta columna, une las palabras de origen griego Pathos (emoción, conmoción, sufrimiento) y Kratos (poder, gobierno). Este término describe el engranaje que hay entre las emociones y el poder, un fenómeno que moviliza a los ciudadanos en el ámbito político. Adelante agrega: "Sin embargo, la democracia, como concepto, es polisémico y en ocasiones amorfo, sujeto a interpretaciones que dependen del contexto cultural y político. En el mundo actual, interconectado y globalizado, la democracia está experimentando transformaciones significativas. Hoy, se centra en las emociones de los Homo-Emoticus (hombres emocionales), individuos profundamente influenciados por las redes sociales. Estas plataformas no solo reflejan las experiencias de los sujetos, sino que también generan corrientes emocionales colectivas que moldean las formas de pensar, ser y demandar derechos políticos y económicos". Los candidatos son muy conscientes de ello y poco deliberan con argumentos y con diagnosticos certeros. Se recurre a la emoción como el mejor mecanismo de ganar adeptos, a  la visceralidad. No va a ser facil para el votante común salir de esta encrucijado en la que se ve envuelto todos los días, pero no hay otro camino que recurriar a una racionalidad. 

1- Crisis de la democracia y fundamentalismo político - Dialektika

2-La crisis colombiana. Reflexiones filosofica (Ruben Sierra Mejia (ed.)) (z-library.sk, 1lib.sk, z-lib.sk).pdf


cesarhernando.bustamante@gmail.com