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sábado, agosto 06, 2016

LA PROPUESTA DEL NO DEL CENTRO DEMOCRATICO EN COLOMBIA

El CD propone votar el  plebiscito que refrenda los acuerdo entre la FARC y el gobierno con el No. Siempre he respetado las posiciones de la oposición a los acuerdos de la Habana y he pensado que la discusión debe hacerse de manera abierta,  respetando sus puntos de vista, no debemos olvidar por gracia de las diferencias, algunas muy radicales, lo que está en juego en la Habana para el país, el trasfondo tan importante del momento, por primera vez estamos ante un cierre total a un acuerdo con la FARC y por lo tanto ante la posibilidad de incorporar a uno de los actores más fuertes y antiguos en el conflicto interno de Colombia a la vida civil, con plenos derechos, lógico previos acuerdos, lo que significa, el principio de una paz duradera, que debemos ayudar a construir entre todos, la discusión, en el termino Aristotélico de la misma, será siempre política e ideológica, así debemos asumirla desde la necesidad del objetivo supremo de la paz.  Trato de explicar mis diferencias con las posiciones del CD.
El CD establece condiciones que son imposibles de cumplir, como la exigencia que los dirigentes de la FARC paguen cárcel, no admiten ninguno de las variables de la justicia alternativa y menos aceptan la justicia transicional. Está claro que ellos exigen un sometimiento. Aducen el derecho internacional humanitario y la corte internacional, la que curiosamente solo respetan cuando les conviene, pero cuando esta se pronuncia en contra de sus intereses, la desconocen absolutamente. Expresan que  los delitos de lesa humanidad no son transables para la corte, estos, según ellos, deben pagarse inexorablemente con cárcel. Se les olvida que este es un proceso político y que en todo caso el acuerdo  en ningún caso admite la impunidad para este tipo de delitos. La firma final del documento de cierre contempla  acuerdos mínimos de obligatorio cumplimiento: Reparación, no repetición, el acceso a la verdad, justicia, participación, inclusión, es lo  más importante por lo que significa, teniendo en cuenta la naturaleza del conflicto, el daño a la sociedad en general, al desarrollo humano, el hecho de llevar cincuenta años de vigencia, con seis millones de víctimas y una violencia continúa y lacerante. Como se analiza desde la perspectiva del derecho estos acuerdos. Empecemos cuales son los argumentos que se sobreponen a sus posiciones categóricas con respecto  a la necesidad de pagar cárcel que aducen. Esto expresa uno de nuestros Juristas más importantes, frente a la justicia transicional, desde donde abordaremos este tema.
“Estos problemas se deben, en parte, a la atribución de objetivos demasiado amplios y ambiciosos: primero, establecer un punto de equilibrio entre las exigencias de la justicia, esto es, entendido en un sentido retributivo cercano al kantiano, que no quede impune ningún delito ni ningún delincuente, porque la sociedad tiene que asumir las consecuencias de tamaña omisión y las necesarias concesiones que habría que hacerle a los autores de los hechos ilícitos más graves para que su reintegración a la sociedad sea sincera y la paz que se pretende conseguir sea duradera y sostenible; segundo, cumplir los derechos de las víctimas a ser reparadas de los daños ocasionados y que, en lo posible, sean reestablecidos en las condiciones previas al conflicto; tercero, garantizar el derecho, tanto de las víctimas como de la sociedad en general, de conocer la verdad de lo ocurrido, que a su vez se desdobla en tres propósitos específicos: a) saber exactamente qué fue lo que ocurrió, b) conocer los autores, inspiradores y beneficiarios de los crímenes y c) crear condiciones que garanticen la no-repetición de la barbarie”( Rodrigo Uprimny y María Paula Saffón. Citados en un texto de Julio Gonzales Zapata)[1] . En una conferencia sobre nuestro proceso, el gran tratadista Italiano Ferrajoli, expresa: “Tiene que consistir, si aceptamos lo dicho hasta ahora sobre la paz como valor político supremo, prejudicial a cualquier otro, en un tipo de justicia dirigida a una obvia finalidad: el cese de la guerra interna y la pacificación entre todos los diferentes combatientes, sobre la base de una efectiva reconciliación nacional que no deje sobre el terreno odios, rencores, sentido de la injusticia padecida, deseos de venganza y por tanto el peligro de una reapertura de la guerra. Tiene que además concernir a todas las partes de un conflicto que ha durado, en Colombia, más de cincuenta años: las formaciones guerrilleras, las organizaciones paramilitares, aquellas neo-paramilitares de los “grupos emergentes” y sectores, en fin, del mismo ejército regular”. Lo sustenta con mucha coherencia: Agrego que este fundamento, como ustedes saben, está instituido expresamente en la Constitución Política de Colombia ; que, a diferencia de otras constituciones que también tienen, como la italiana, el rechazo a la guerra, establece que la paz es un derecho humano fundamental , “La Paz” , dice el art. 22 de la Constitución de Colombia , “es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”: un derecho de la persona , y por ende, un deber correspondiente de la esfera pública, que es el principal deber que el Estado. Tiene que alcanzar. Consistiendo, el derecho a la paz, en un derecho fundamental, como cualquier derecho fundamental, es contra mayoritario, cuya actuación es “deber de obligatorio cumplimiento”, incluso contra la voluntad de la mayoría. Por esto sería impropio e inaceptable someter la paz, o sea la solución pacífica negociada del conflicto a cualquier tipo de consulta popular. Por lo tanto, la realización de la paz y el “nunca más” a la guerra deben representar ya sea sobre un plano teórico y filosófico o sobre aquel del derecho positivo, un objetivo político y una obligación jurídica prioritaria sobre cualquier otra: un objetivo, entonces, que debe ser alcanzado a cualquier precio. Preguntémonos entonces: ¿cuál es el precio que se debe pagar por este objetivo? El precio es, precisamente, la renuncia a someter a los combatientes a la justicia penal ordinaria y por lo tanto la estipulación, para ellos, de un modelo diferente de justicia: el modelo, que en Colombia se ha llamado “justicia transicional” y a la cual está dedicada nuestra conferencia”. Este marco nos obliga a tener en cuenta marcos teóricos específicos: como definimos nuestro conflicto, que óptica tienen las partes de la naturaleza histórica del mismo. El CD, solo habla de terroristas y terrorismo, así se refiere a la FARC, elimina todo el valor político de la insurgencia, recordemos que en el gobierno del Doctor Alvaro Uribe se aprobó una ley que estableció taxativamente que en Colombia no había conflicto armado, desconociendo totalmente la realidad por via de una interpretación y por ende la historia política del país, la guerrilla nace en los años 60 debido al proceso continuo de exclusión política por parte de los partidos tradicionales,  sus traiciones, el exterminio sistemático de la izquierda, el surgimiento de los movimientos guerrilleros tiene razones históricas en pleno frente nacional, se entienden las posiciones de la Derecha, pero se trata de transar para superar el conflicto y poder vivir en paz, previos acuerdos y sobre la base que se respetarán los mismos. Las experiencias en el mundo al respecto son muchas...en fin. Ahora con respecto a la verdad que es un bien supremo, haré el análisis desde la óptica de un análisis muy lucido de Julio Gonzales: “Sería una necedad desconocer la importancia que tiene para el presente y el futuro del país conocer la verdad de lo que ha sucedido. Es más, considero que para las víctimas, sus allegados y la sociedad en general, más importante que el castigo de los responsables, es saber la verdad sobre los crímenes que se han cometido, sus patrocinadores, sus planificadores y financiadores. A pesar del reconocimiento anterior, no podemos omitir la pregunta acerca de qué verdad queremos buscar, cuál estamos dispuestos a recibir y, sobre todo, qué posibilidades tenemos de alcanzarla mediante un procedimiento judicial Michel Foucault, en El orden del discurso, describe la economía de la producción de la verdad en sociedades como las nuestras. Hablar, escribir, enseñar, curar, investigar, más que llaves para abrir el camino hacia una verdad por fin sin trampas, transparente, perfectamente concordante con las cosas, constituyen, por el contrario, mecanismos de constricción y exclusión que hacen de la verdad que se produzca un mero juego sumamente complejo, en el cual semezclan, al modo de una intrincada red, privilegios del sujeto, tabúes del objeto, rituales de la circunstancia, policías del discurso, etc.(Cf. Foucault, 1980), y por lo tanto, más que de verdad podemos hablar de políticas de verdad”. La verdad, debe aflorar, en el contexto más general y en las situaciones particulares que sean requeridas por las víctimas, pero también esta es una construcción con todos los componentes ideológicos y las ópticas alusivas según los intereses superpuestos. Recuperar la memoria resulta fundamental y de hecho este es uno de los primeros puntos acordados por las partes.
Quiero abusar de nuevo de mis citas y aportar una de Alfonso Cuellar de la revista “Semana” de Colombia, que es un desglose que descifra las críticas del CD :
 “El sustento de esa premisa es que “otros” podrían lograr un mejor acuerdo con las FARC. Qué le han faltado “pantalones” a la delegación del gobierno. Que un “no contundente”, generaría un alud de concesiones por parte de la guerrilla. El problema con ese argumento es que no hay evidencia alguna de que eso vaya a ocurrir. La historia reciente de “otros” negociando con las FARC no es alentadora.
En 1984 se convino un cese al fuego bilateral con esa guerrilla. Los titulares de la época hablaban de paz y eso que para muchos colombianos, “Tirofijo” y sus muchachos eran unos desconocidos. Era una farsa: en su séptima conferencia en 1982 las FARC habían añadido la sigla EP -Ejército Popular-, una señal inequívoca de su decisión de combinar todas las formas de lucha. En otras palabras, el diálogo con el gobierno de Belisario Betancur era parte de una estrategia para incrementar la guerra.
En el Caguán (1999-2002) la negociación fue peor. La guerrilla aprovechó los 42.000 kilómetros cuadrados de la zona de distención para hacer y deshacer. Y la agenda común acordada entre las partes incluía temas tan trascendentales como la estructura económica y social y las fuerzas militares (dos asuntos que no están en lo anunciado en La Habana).
La administración de Álvaro Uribe tampoco se mostró muy ducha en el arte de negociar con las FARC. Alegando “razones de Estado”, liberó en 2007 a alias Rodrigo Granda -quien había sido capturado años antes en Venezuela a un gran costo-. Pensaba que con ese gesto se lograría que las FARC regresaran a Ingrid Betancourt. No la devolvieron. Y hoy Granda vive tranquilamente en La Habana como miembro de la delegación de la guerrilla.
Se ha vuelto común comparar el castigo que recibieron los paramilitares (5-8 años de cárcel) frente a lo que se propone para las FARC (5-8 años de restricción a la libertad a los principales responsables). Se omite un hecho clave: la propuesta inicial del gobierno de Uribe en el 2003 contemplaba penas alternativas a la prisión. El garrote llegaría después, gracias al Congreso y la Corte Constitucional.
En fin, es difícil negociar; más aún con asesinos y secuestradores. Cualquier concesión es inherentemente inmoral, pero necesaria si lo que se busca es que los antagonistas dejen de matar y renuncien a la violencia. Ese es el quid del asunto. Por primera vez las FARC han aceptado concentrarse, desmovilizarse y desarmarse con verificación internacional. No perdamos esa oportunidad.
La victoria del “No” en el plebiscito aplazaría indefinidamente ese desenlace. Con el riesgo de que las FARC exijan renegociar todos los otros capítulos, incluyendo la barbaridad de una Asamblea Constituyente.
Llevamos cuatro años en un limbo por las conversaciones con la guerrilla. Prolongar esa incertidumbre por unos meses bajo el supuesto de que ahora sí las FARC aceptarán todo lo que queramos es aventurado. Es tumbar las piezas del tablero. Como Trump”.
Hacía dónde quiere ir la oposición, concretamente el CD, esperamos que ellos lo sepan muy bien, el momento histórico que vivimos es de suma importancia, el hecho de estar casi al de cierre de un acuerdo final en  es un hecho sin precedentes, nunca habíamos estado tan cerca, sería bueno traer a colación todas las muertes que hasta la fecha se han evitado gracias al cese al fuego acordado, los secuestros, sería muy bueno cuantificar y cualificar el alcance que tienen estas negociación en la vida cotidiana de vastos territorios del país .




sábado, julio 30, 2016

UNA OPORTUNIDAD HISTORICA PARA EL PUEBLO COLOMBIANO


En los actuales momentos Colombia vive una oportunidad histórica inigualable que le permitirá redireccionar su camino: En lo social, económico, institucional, con la cual tendremos un desarrollo humano mejor en todos los ámbitos de la vida, acorde con todas las potencialidades del país, de una riqueza natural y humana inigualable. Esta oportunidad nos ayudará a superar la brechas de inequidad, injusticia, corrupción, concentración de la riqueza, falta de oportunidades, ausencia de pertenencia y compromiso, que han sido el caldo de cultivo, entre muchas variables más, para una violencia lacerante, que nos ha costado vidas humanas, desplazamiento y atraso.
El acuerdo de la Habana con el grupo armado de la FARC, es el principio de una política de inclusión que constituye la oportunidad histórica más importante para reconocer nuestros errores, implementar las políticas de reparación, crear los marcos de reinserción, de restitución, de perdón y de no repetición, basados en el respeto a la ley y los mecanismos de justicia transicional de manera rigurosa, soportada en la bitácora acordada, que deberá ser refrendada por el pueblo Colombiano con la participación política de todos los partidos y fuerzas vivas del país, del sector productivo, de la academia, siempre en el compromiso irrenunciable de respetar el camino señalado, de crear y aceptar una ética en proporción a los objetivos propuestos.
Con este modelo de paz, invitamos a todos los grupos armados y actores políticos que están por fuera de la institucionalidad y que aún no han iniciado diálogos en la misma ruta, a emprender el mismo camino, a integrarse a un proceso que deberá abarcar a la totalidad del pueblo Colombiano.
La política, en el sentido Aristotélico del término y el debate abierto constituyen los instrumentos más idóneos para lograr la paz. No hay que temerle a las discusiones en torno al proceso ni las divergencias y menos a los opositores del mismo. La discusión debe hacerse acorde con el momento histórico que vivimos.
Cada palabra del acuerdo está respalda por documentos históricos, análisis cuantitativos y cualitativos, estudios rigurosos de la academia y los sectores gremiales, de las ONG. Si hablamos de desplazamiento existen los documentos serios sobre el fenómeno, los índices de las personas víctimas del mismo, el conocimiento de los victimarios, las circunstancias históricas de los hechos, el atlas de la concentración de la propiedad de la tierra, los instrumentos de reparación y restitución y los mecanismos y las políticas de apoyo institucional a las personas cuando se produzcan las reparaciones. Los mismo pasa con la justicia transicional, los proyectos que deberá aprobar el congreso, los mecanismos de participación política. No estamos jugando a los dados, estamos construyendo una nueva oportunidad, con equidad, justicia, creando los marcos para no volver a caer en nuestros errores y desde la ley.
Los acuerdos firmados están en la red, los documentos sobre cualquier tema de igual manera están disponibles, las bitácoras por  tema está perfectamente señaladas, no hay un solo ápice de ocultamientos frente al proceso. Podremos estar de acuerdo o no, lo que no debemos dejar de hacer, es participar, salir al debate, menos dejar de sufragar en el plebiscito que se propondrá de acuerdo a los lineamientos de la Corte Constitucional de Colombia. Oportunidades como estas las tiene un país cada cincuenta años.

Participar desde el conocimiento se hace necesario, el debate y las decisiones que tomemos adquieren de esta manera una responsabilidad a partir de la lucidez, del compromiso con un país que está pidiendo a gritos un cambio. Debemos cumplirle a una generación nueva, que no tiene que heredar nuestros errores, la violencia política, la delincuencia común rampante, la corrupción política, la exclusión y la inequidad no pueden seguir imperando.







domingo, julio 17, 2016

PSICOTICOS Y ACTOS TERRORISTAS


Como asimilar la noticia de un loco arremetiendo contra personas inocentes desde un camión, sin discriminar  niños de adultos, asesinando a granel en una calle de Niza en pleno aniversario de la revolución francesa,  por consideraciones políticas, sabiendo de antemano que de ese acto no saldrá vivo. Desde donde entender este hecho, que vuelve a enlutar a Francia de nuevo y confirma lo difícil que es evitar este tipo de actos por lo intempestivos e impredecibles.  Resulta irresponsable incluso englobar el acto, con el nombre de terrorismo, con la simpleza acostumbrada de los políticos, hay un síntoma de disfuncionalidad social que alcanza dimensiones  graves y que obliga a un análisis que tenga en cuenta todas las variables posibles, las que permitirán tal vez dilucidar qué está pasando en el mundo.  Lógico que es imposible des-entenderse de los problemas geopolíticos, del entrecruzamiento de intereses que se salieron de madre y que hoy tienen a un grupo terrorista, el estado Islámico, tratando de imponer sus razones a sangre y fuego en una Europa debilitada, inmersa en muchos problemas: Económicos, una migración incontenible e inmanejable, la comunidad en crisis por la actitud de Inglaterra…y llenándose de los fundamentalismos y el racismo que tanto aborrece de sus enemigos.
Este hombre  no tenía ninguna conexión con el grupo terrorista estado Islámico, su acto fue solitario, psicótico, pese a actuar como un miembro del mismo.  Se fue alimentando en su psicosis de la información obtenida en la red y asumió la misión como un miembro imaginario, de acuerdo al ideario y a la forma como suele actuar el grupo terrorista. La pregunta es: Cómo controla un estado situaciones de esta índole, puede prevenir hechos como el sucedido.
Niza es la ciudad más vigilada de Francia. Desde los últimos actos terroristas que enlutaron a Francia, el nivel de seguridad y prevención adquirió condiciones paranoicas.  Cada municipalidad asumió la seguridad como prioridad y las medidas para alcanzarla parecen exageradas. Aun así, un loco llena un camión de armamento, lo lleva a la calle más popular de Niza y arrasa a 80 personas, impredecible y muy difícil de entender.
En los Estados Unidos hemos visto en los últimos meses locos disparando desenfrenados sin razón alguna, bueno sería preguntarnos como estamos de salud mental en el mundo. La pulsión de muerte impera, hallar las razones de tal preeminencia resulta una necesidad. Cuáles son los presupuestos morales que nos contienen, a dónde llegaremos.
La salida a este problema no es solo militar, requiere de mucha inteligencia, es necesario realizar una radiografía exacta de cuál es la posición de Europa con la situación de Siria, en general con todo lo que pasa  a este lado del planeta de tantas repercusiones para el mundo. Recurrir a los Islamitas de talante democrático, respetuosos de la libertad de cultos, a esa inmensa fracción que nada tiene que ver con una minoría fundamentalista resultado de las guerras fratricidas de las últimas décadas promovidas irresponsablemente por occidente. En este caso vale ser más inteligentes que las circunstancias. No es atajando la migración ni fomentando la xenofobia, occidente debe asumir un liderazgo que le dé una salida acorde con la magnitud del problema desde una óptica pluralista, el llamado debe convocar a  las reservas de inteligencia de Francia, país con un arraigada historia que aún pesa mucho, siempre han pensado para el mundo, la mayoría de instituciones democráticas nacieron en esta tierra, las soluciones deben enlazar y tener en cuenta tantos cabos e intereses que  se dejan de lado siempre. Lógico, no será fácil. Lo primero, entender que está pasando, son pocos los análisis serios sobre la materia, imposible tratar el tema sin conocer al detalle como están las relaciones  de occidente y el oriente, me refiero a esa zona especifica donde nació la civilización y hoy impera la barbarie.





sábado, julio 09, 2016

EL GUSTO EN LA ERA DEL ALGORITMO


Transcribo este artículo por la importancia frente al tema que traté en la pasada entrada. La relación de las matemáticas en las plataformas está descontado, la perfecta articulación con nuestras elecciones personales y el desciframiento del funcionamiento cerebral constituyen una revolución aún difícil de entender para el común de los mortales, es muy interesante ahondar en este tema por la importancia significativa en lo absoluto de la vida.
VICENTE VERDU
La prescripción artificial en plataformas digitales como Amazon, Netflix, Google o Facebook eleva el riesgo de homogeneizar la identidad y los hábitos de consumo cultural.
Los lunes por la mañana, los usuarios de Spotify reciben una lista de canciones personalizada que les permite descubrir nueva música. De igual modo que los sistemas de recomendación de Amazon, Google, eBay o Facebook, este cerebro artificial logra trazar un retrato robot del gusto de sus suscriptores y construye una máquina de prescribir que no suele fallar. El sistema se basa en un algoritmo cuya evolución y usos aplicados al consumo cultural son infinitos. De hecho, plataformas de streaming cinematográfico como Netflix empiezan a diseñar sus series de éxito como House of Cards rastreando en el big data que generan todos los movimientos de sus usuarios para analizar lo que les satisface. El algoritmo construye así un universo cultural ajustado y complaciente con el gusto del consumidor, que puede avanzar hasta llegar siempre a lugares reconocibles. Pero ¿qué sucedería si la vida nos diese siempre lo que nos gusta y nos rodease solamente de aquella gente que nos hace sentir bien?

El algoritmo, sostienen sus críticos, nos hace aburridos, previsibles, y empobrece nuestra curiosidad cultural

De algún modo, Internet y las plataformas de streaming cultural han alumbrado un universo parecido al que describía Borges en La biblioteca de Babel, donde podríamos encontrar casi todas las obras existentes. Siguiendo los patrones tradicionales, solo deberíamos en este nuevo mundo saber lo que queremos e introducirlo en el buscador. “Pero en el caso de la música puede asustar. Es un mapa incompleto de lo que está disponible”, explicaba en la última edición de Sónar +D Ajay Kalia, responsable del departamento de trazar el perfil del gusto del usuario de Spotify. “Así que pensamos que quizá podíamos interpretar ese mapa de la música para el usuario y lo primero que descubrimos es que no existe una forma única de hacerlo. Es algo muy personal, cada uno tiene el suyo. Y muchas veces son islas inconexas. Así que lo que podemos hacer es trazar unas líneas entre ellas para que tengan sentido para ti”, explicaba en relación con la construcción del taste profile.

Su sistema de recomendación —quizá el más avanzado del mercado— se basa en nuestras búsquedas, a qué géneros las asociamos, qué significa para nosotros jazz o soul o a qué horas y días del año le damos al play a determinadas obras. El resultado es tan dispar que en ocasiones es imposible que un algoritmo relacione a Don Cherry y Ornette Coleman (nuestros héroes musicales) con La Chatunga de Luis Aguilé (la arrebatada selección de nuestra suegra en la verbena de San Juan). La mayoría de sistemas simplemente omiten entonces ese elemento discordante y empiezan a cerrar el círculo del gusto en torno a lo más obvio —aquello de “si le ha gustado x le gustará y”— o a lo más solicitado —en caso de recurrir a búsquedas similares de otros usuarios—. Spotify ha logrado establecer un círculo que incluye esa canción disonante y que esboza cómo, poco a poco, la inteligencia artificial podrá superar al código y ser capaz de aprender por sí misma.

Un experto defiende que no es menos fiable que la “fórmula caótica que cada oyente ha ido inventando. Ni menos humana”

Como estableció Pierre Bourdieu en 1979 en La distinción (Taurus, 2012), el gusto ha sido durante años el gran elemento de diferenciación social. Según su teoría, ese elemento nos permite juzgar a los demás y, a la vez, ser juzgados. Nos da la posibilidad de distinguirnos, clasificarnos e, inevitablemente, que nos clasifiquen también. Nos coloca una etiqueta, incluso dentro de un mismo círculo: no pensaremos lo mismo de alguien que sale de un concierto de la Cuarta sinfonía de Shostakóvich que de otro que entra en un auditorio donde se interprete El Danubio azul, de Strauss. Lo mismo que de un fan de Enrique Iglesias y otro de Neil Young. Una reducción, en suma, similar a la que hace el algoritmo para reconocernos: prejuzgar una identidad ­—en este caso, social y económica— basándose en determinados elementos culturales que lleva asociados y que nos diferencian de forma sistemática para, de nuevo, asignarle más capas de distinción.

Sin embargo, construir una identidad a través de los hábitos culturales y de la investigación cotidiana, obviamente, permitía exhibir un brillo que poco tiene que ver con el que es capaz de otorgar una máquina. El algoritmo, sostienen sus críticos, nos hace aburridos, previsibles, y empobrece nuestra curiosidad por explorar el acervo cultural. Ramón Sangüesa, coordinador del Data Transparency Lab, ha trabajado dos décadas alrededor del machine learning y la inteligencia artificial vinculado al MIT. Puede ver sus ventajas, pero también los riesgos. “Estos sistemas se basan en el pasado para predecir el futuro. La primera dificultad es conseguir la masa crítica para que tengamos más datos y las proyecciones sean mejores. Pero además corren el riesgo de quedarse en una misma área de recomendación. En el consumo cultural, el peligro está en la uniformización del gusto, lo que llamamos el filtro burbuja. Y así se van creando comportamientos más estándares”, señala. Este fenómeno —descrito en el libro El filtro burbuja, lo que esconde Internet por el fundador de Upworthy Eli Pariser— se reproduce en redes sociales como Facebook, donde el usuario se ve aislado en un entorno de información que el algoritmo deduce que querríamos ver basándose en nuestros círcu­los de amistad y en el feedback de búsquedas anteriores.

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Ilustración: Setanta.
Justamente, el estudio catalán Domestic Data Streamers presentó también en Sónar +D un proyecto titulado Time Keeper basado en sortear el yugo del pasado y tratar de dilucidar lo que apreciaremos en el futuro. “Hasta ahora el algoritmo sabe lo que haces, lo que te gusta. Pero no por qué. Con este proyecto generamos un escenario donde hay una conversación mayor entre la persona y la máquina”, señala Dani Llugany, director creativo de la empresa. La evolución de este algoritmo consiste en analizar el perfil de Spotify de cada usuario que participa y luego añadirle un test psicológico para obtener información personal. Por último, se le pide a cada persona que defina un momento que le gustaría vivir en el futuro con una fecha concreta: ese día el usuario recibirá la canción perfecta para esa circunstancia prevista. “Estamos acostumbrados a que una canción puede transportarnos al pasado. Esto es lo contrario, buscar una vinculación entre la música y el futuro”, remarca Llugany.

El algoritmo, sostienen sus críticos, nos hace aburridos, previsibles, y empobrece nuestra curiosidad cultural

La personalización de la oferta podría cristalizar también en nuevos géneros musicales o literarios. Amazon, el gigante de Internet, anunció hace un año que pagará a los autores independientes en función del número de páginas que los lectores consuman de sus obras. Si el libro no funciona, no cobran. Si funciona a medias, cobran a medias. Algo parecido sucede en el mundo audiovisual, donde Netflix analiza 30 millones de visionados al día para conocer los gustos de sus suscriptores: incluido cuando usted rebobina, adelanta la imagen o la deja suspendida en pause. Todos esos movimientos, también cuestiones de trama o tono narrativo, se monitorizan y sirven para tomar decisiones de producción en series como House of Cards e incluso para personalizar sus tráileres en función del perfil de sus espectadores.

La cuestión, sin embargo, es si los límites impuestos en el aprendizaje por los sistemas cerrados de computación son equiparables a los errores y posibles estupideces que hemos cometido durante años formando nuestro propio gusto. Eloy Fernández Porta, autor de Emociónese así (Anagrama, premio Ciutat de Barcelona), no ve gran diferencia. Según el escritor, antes de Spotify y fuera de él el gusto ya venía determinado por criterios de accesibilidad, aceptabilidad, actualidad y distinción. “Siempre hemos vivido la música en un algoritmo, lo que pasa es que en vez de llamarlo ‘matemática’ lo llamamos ‘espontaneidad’. El algoritmo de Spotify no me parece menos fiable que la fórmula caótica que cada oyente ha ido inventando. Ni menos humana: cuando hace analogías erróneas o se empeña en recomendar el primer disco de Vincent Gallo, nos está jugando las mismas malas pasadas que nos juegan nuestras sinapsis”, señala.
De algún modo, Internet y las plataformas de streaming cultural han alumbrado un universo parecido al que describía Borges en La biblioteca de Babel.
Una posible diferencia, sin embargo, residiría en el principio de buena fe o la manipulación. Filtrar la información en redes como Facebook o en búsquedas a través de Google puede configurar nuestra manera de pensar. Y ese es el problema principal, señala la artista e investigadora en cuestiones de crítica tecnológica Joana Moll: la ilusión de libertad de elección que muchas veces generan los algoritmos. “Tú actúas en base a lo que te presentan, a lo que ves. Ese es tu mundo. Pero en realidad marcan un patrón de consumo que te llevará a determinados lugares. El algoritmo filtra una representación del mundo, y eso es aplicable a cualquier plataforma”, señala.

En cualquier caso, el otro gran interrogante que surge tiene que ver con la posible prostitución de la prescripción, algo que ya ha sucedido en el terreno humano —véase bloggers, instagramers y demás prescriptores patrocinados— y puede introducirse en los criterios del algoritmo de forma artificial. Si lo que nos recomienda la máquina sirve para vender determinados productos, ¿por qué no utilizarla para favorecer a algunos artistas/empresas/ideologías? Ramón Sangüesa se encuentra ahora mismo investigando sobre las herramientas que permiten saber por qué a cada uno nos recomiendan determinados caminos por los que seguir transitando. “Habrá criterios complementarios que pueden ir en beneficio de quien tiene la propiedad de esa obra, por supuesto. Y esos criterios son bastante oscuros. Esas empresas saben todo de mí, pero yo no sé con qué criterios me recomiendan las cosas”. Y ahí, en parte, está la gracia del dichoso algoritmo.

viernes, julio 01, 2016

LA TIC Y EL DESARROLLO HUMANO


A casi todo el mundo se le olvida que el objetivo máximo de la vida es la felicidad. Seneca en el texto “De la brevedad de la vida”  profundizo en el tema con un rigor antes no visto, abrevó para ello en los Diálogos Platónicos y toda la filosofía Griega para tal efecto. El gran interrogante es saber cómo las tecnologías de la información y el conocimiento contribuyen con nuestra facilidad. El a priori lo constituye el hecho  que hoy las TIC  inciden absolutamente en todo lo que hacemos y pensamos. Estas buscan facilitar la vida, desde sus plataformas resuelven problemas y satisfacen necesidades individuales y sociales, transformando el entorno y la naturaleza mediante la utilización racional, crítica y creativa de recursos y conocimientos.  Las TIC, son mucho más que productos tangibles, son conocimiento, procesos que crean productos, desde la ingeniería del saber que termina en experticia, con resultados prácticos en absolutamente todo lo que hacemos. Involucra siempre “logos”, es decir, responde al saber cómo hacer, por ello está vinculada con la ciencia[1].  El proceso empieza por los programas, los artefactos, los adminículos,  las aplicaciones, las estructuras y super-estructuras, que siempre implican agilizaciones a unas velocidades en tiempo real inimaginables, en un mundo inter-conectado a una red infinita, una telaraña virtual, no hay centro, todos los puntos son equidistantes. A ello se suma que nada es constante, todos los días el descubrimiento, la innovación y la invención modifican tales procesos, las aplicaciones nuevas en el celular son el pan de cada día, el cambio es lo único tangible,  el saber se convierte paradójicamente en pasado, siempre somos anacrónicos.
Las tecnologías siempre son inclusivas, ya no son una opción, cada vez nuestras prácticas más simples parten de ellas.  Los planteamientos de Heidegger sobre la técnica son muy lúcidos y me ayudaran a dilucidar los aspectos más delicados del tema con respecto al desarrollo humano, al componente mental: “La técnica es una actividad humana básica, una herramienta que el ser humano ha empleado desde sus orígenes para satisfacer sus necesidades y su adaptación a la naturaleza y al entorno que le rodea. Hablar de técnica supone vincularla al hombre, como algo connatural al mismo, a su mundo y al medio en el que vive. Algo muy diferente será la tecnología, a través de la cual se modifica la naturaleza original del objeto al aplicar la ciencia a la técnica, deviniendo así un constructo artificial que ha requerido, y sigue haciéndolo, de numerosas interpretaciones y reflexiones a lo largo del último siglo”.  Eso que llama constructo artificial, ese elemento  se ha convertido en un aditamento  esencial, hoy, interviene en todo lo que hace el hombre, la pregunta sería, hasta dónde termina  configurarando la estructura mental del sujeto, su comportamiento, las TIC constituyen su mayor influencia desde cualquiera de los adminiculos conocidos, desde la red, no solo procesa y entrega información sino que delinea patrones de comportamientos,  conductas, crea modelos, arquetipos,  los cuales los usuarios siguen literalmente, se vuelven factores determinantes en casi todo. El psicoanálisis como herramienta nos permitiría descifrar como actúan las TIC como factor determinante en el carácter y la personalidad de una persona, hasta donde llega su influencia en aspectos tan vitales para el ser y la sociedad como su personalidad, al final, no será difícil categorizar que somos seres manipulados, armados desde afuera, prefigurados, la paradoja, nadie sabe de dónde viene la información, ni quien la maneja…….estos son interrogantes que no se exponen por prurito, pienso que deben resolverse, pues este afuera, la información ya no tiene punto fijo, se irradia de todas partes y es exponencial.
Ayer se nos fue un gran pensador de la sociedad de suma importancia. Hablo de Alvin Tollfer, leí  “El shock del futuro” estando muy joven y pienso que aún debería leerse. Pocos saben que este pensador fue un filósofo, sus libros, de una precocidad absoluta fueron un paradigma y representaron toda una revolución, su óptica puso a pensar al mundo. Habló del cambio en un momento en que pocos  avizoraban esta matriz, haciendo énfasis en que la única realidad para la sociedad  sería precisamente el cambio. Recuerdo frases como la sociedad del uso y el des-uso. Así empieza este texto de los años 70, imaginen su impacto para entonces: ““millones de personas normales se enfrentarán a una abrupta colisión con el futuro. Muchos ciudadanos de las naciones más ricas y más avanzadas tecnológicamente encontrarán cada vez más difícil seguir el paso de la constante demanda de cambios que caracteriza nuestra época. Para ellos, el futuro habrá llegado demasiado pronto”. Predijo el mundo global, las TIC, expresó que nada perduraría, todo será obsoleto, úselo y bótelo.
Algunas frases de este excelente pensador:

1.   El conocimiento es la fuente más democrática de poder.
2.   Formular la pregunta correcta es más importante que dar la respuesta correcta a una pregunta equivocada.
3.   Tienes que pensar en cosas grandes mientras estés haciendo cosas pequeñas, de modo que todas las pequeñas cosas vayan en la misma dirección.
4.   Hay que clausurar las escuelas.
5.   El futuro será para aquellos que desarrollen habilidades o técnicas de pensamiento crítico.
6.   La sociedad necesita todo tipos de habilidades que no son cognitivas, son emocionales, son afectivas. No podemos montar la sociedad sobre datos.
7.   Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer o escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender.
Esto hablaba en los años setenta este pensador en la introducción del “El shock del futuro”   :
“Este libro trata de lo que le pasa a la gente que se siente abrumada por el cambio. Trata del modo en que nos adaptamos —o dejamos de adaptarnos— al futuro. Mucho se ha escrito sobre el futuro. Sin embargo, la mayoría de los libros sobre el mundo venidero tienen un áspero sonido metálico. Estas páginas, por el contrario, se ocupan de la cara «suave» o humana del mañana. Más aún: se ocupan de los pasos que hemos de dar para poder alcanzar el mañana. Tratan de materias corrientes y cotidianas: los productos que compramos y los que rechazamos, los sitios que dejamos atrás, las corporaciones en que vivimos, las personas que pasan, cada vez más de prisa, por nuestras vidas. Sondean el futuro de la amistad y de la vida de familia. Investigan extrañas y nuevas subculturas y estilos de vida, junto con una serie de temas diversos, desde la política y los campos de deportes hasta los vuelos espaciales y el sexo.
Lo que les sirve de lazo de unión —en el Libro, como en la vida— es la estrepitosa corriente del cambio, una corriente hoy tan poderosa que derriba instituciones, trastorna nuestros valores y arranca nuestras raíces. El cambio es el fenómeno por medio del cual el futuro invade nuestras vidas, y conviene observarlo atentamente, no sólo con las amplias perspectivas de la Historia, sino desde el ventajoso punto de vista de los individuos que viven, respiran y lo experimentan”.






[1] National Research Council (Consejo de Investigación Nacional), es una entidad auspiciada por las  academias de Ciencias, de Ingeniería y de Medicina de los Estados Unidos. Esta organización de carácter académico, busca influir en las decisiones de política pública vinculadas con la adquisición y divulgación de conocimientos relacionados con la ciencia, la ingeniería, la tecnología y la salud, que tengan impacto en el mejoramiento de la calidad de vida de las personas, no sólo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. En el trabajo que realiza este Consejo participan voluntariamente más de 6.000 científicos, ingenieros y otros profesionales del más alto nivel.









viernes, junio 24, 2016

EL DÍA DE LA PAZ EN COLOMBIA


Pese a la cantidad de libros que hay sobre el conflicto armado y en concreto sobre la violencia, son pocos los Colombianos que pueden hablar con conocimiento y rigor sobre el tema, a pesar de sufrir sus consecuencias, gran parte de la población ha vivido sus nefastos efectos pero están lejos de entenderla a cabalidad. Inventamos una nueva especialización en ciencias sociales y humanas, los violentologos, verdaderos expertos en el tema, muchos de ellos dictan conferencias en diferentes partes del mundo. Esto demuestra hasta la saciedad que nuestro conflicto està  sobre-diagnosticado y que la aprehensión teórica de un hecho no garantiza su manejo, más cuando se trata de fenómenos donde la conducta humana prevalece.

El acuerdo final firmado ayer en la Habana entre el gobierno y la FARC es histórico. Desde el gobierno de Belisario Betancur se había intentado incorporar el grupo guerrillero a la vida civil y siempre por efectos del radicalismo y la faltad de sinceridad y voluntad política, sobre todo del grupo insurgente, estos prer-acuerdos terminaron en un fracaso y el efecto inmediato era un recrudecimiento de la lucha armada. Así fue durante el gobierno del Doctor Virgilio Barco, Gustavo Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe…… Solo el doctor Santos, de la mano de un grupo asesor muy importante, con el acompañamiento de Enrique Santos logró llegar al final de un acuerdo total, lo cual es un hito.
“En una ceremonia, celebrada en La Habana, Santos y el comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño, o 'Timochenko', escucharon a la lectura de un acuerdo que detalla cómo unos 7.000 rebeldes van a dejar las armas y se van a desmovilizar una vez el acuerdo final de paz se suscriba”.
Desde el texto  de Umaña Bernal, a principios de los años sesenta cuando aparecieron los  dos tomos sobre la violencia en Colombia, se han publicado más de quinientos textos sobre el tema, la academia mantuvo siempre su presencia con líneas de investigacione sobre el fenómeno, además se crearon corporaciones y fundaciones dedicadas a la búsqueda de la paz, siempre en medio de un conflicto sangriento e injusto, que llenó al país de victimas.
Esto quiere decir que Colombia nunca cedió en su propósito de buscar la paz. Hernando Gómez Buendía empezó su informe “El conflicto callejón sin salida” con estas palabras magistrales, que caen como anillo al dedo: “Debo darles fe de una constatación personal: Colombia es un país que no se resigna. Muchos quizá no lo perciban. Pero créanme: aquí hay más solidaridad que barbarie; más imaginación que rabia, y más resistencia a la guerra que desconfianza en la paz. También hay mucha tenacidad, confianza y, sobre todo, esperanza, a pesar del sufrimiento, las evidencias de la violencia y los desencantos que nos afectan día tras día. Lo expresan por igual empresarios, políticos, gobernantes, líderes sociales, defensores de derechos humanos, periodistas, investigadores, religiosos, diplomáticos, y hasta los que siguen combatiendo. Y aunque haya divergencias o matices en las interpretaciones, prioridades, procedimientos, percepciones de sus roles y de sus sueños a largo plazo, el objetivo es el mismo: vivir en paz, con todo lo que supone. Si la construcción de la paz es un sueño compartido, no hay obstáculos insalvables. La paz sería imposible si nadie trabajara por ella. Pero en Colombia son muchos: la prueba reina es este Informe Nacional de Desarrollo Humano. Este instrumento es como una carta de navegación inédita para “ser más padres y madres de nuestro porvenir que hijos e hijas de nuestro pasado”, habría dicho Unamuno. Hablo en plural: la construcción de la paz la hemos asumido como propia desde el PNUD y todo el Sistema de Naciones Unidas en Colombia, con el concurso decidido de la comunidad internacional y, muy especialmente, de la agencia Sueca de Desarrollo Internacional (Asdi)”.  El acto de ayer confirmó a cabalidad lo expresado por este politólogo, contra viento y marea, sobre-poniéndose a verdaderas resistencias encubiertas y otras más abiertas, el presidente, la mesa de negociación en cabeza del doctor De la Calle Lombana, el congreso que le aprobó toda la agenda, la academia, las fuerzas militares, las organizaciones sociales, el sector privado y los gobiernos facilitadores, así como los organismos multilaterales, lograron este acuerdo histórico, que es el comienzo de una nueva Colombia.
No será fácil consolidar el acuerdo, los aspectos prácticos conllevan muchas dificultades, a estas se le suman los enemigos ocultos de la paz que siempre están al acecho, en todo caso se debe comenzar a operar la justicia transicional, la reparación de las víctimas, la restitución de tierras y la propia desmovilización e inclusión de los miembros de la FARC. El camino es culebrero. 

Resulta curiosa la cantidad de errores de la prensa extranjera sobre nosotros. En todo caso la divulgación fue masiva.



domingo, junio 12, 2016

LAS ELITES EN LA COYUNTURA POLITICA DE COLOMBIA

Esta semana han aparecido sendos artículos que hablan de las élites en Colombia. El tema es más importante de lo que imaginamos y no se entiende como no ha sido estudiado con el rigor que amerita. Antes de morir Nicanor Restrepo publicó un libro, fue su tesis en la Sorbona en una maestría de historia, sobre las élites en Antioquia.
Leí varios artículos muy lúcidos de López Michelsen al respecto. "El término francés élite es el sustantivo correspondiente al verbo elire (escoger) y hasta el siglo XVI, fue tan solo choix (elección, acción de escoger)" (Ferrando, 1976, p. 7). En el siglo siguiente adquirió más que todo un sentido comercial, para designar a los bienes de calidad especial y fue en el siglo XVIII, cuando se empezó a determinar mediante esta palabra a algunos grupos sociales y, con tal sentido pasó al inglés. Elite empezó a constituirse en el significado que hoy es usual durante la Belle Epoque, y se difundió extraordinariamente al socaire de la boga de los autores "Maquiavelistas" en el primer tercio del siglo XX. Así entonces, en el amplio sentido, se indicaba con esta palabra a quienes tenían las más altas aptitudes frente al promedio general y, en un sentido más restringido, se refería al grupo que G. Mosca denominó "clase política". Más tarde W. Pareto, hace una distinción entre "Elite no gobernante" y "Elite gobernante", que ejerce el control efectivo del poder”.
Nuestro territorio ha sido manejado por una élite desde la conquista. La corona española fue sembrando una clase dirigente que término convirtiéndose  en la élite, se fortaleció no solo a través de la burocracia sino del acceso a la tierra y los privilegios comerciales, esta elite manejó  los hilos del poder en todas las instancias durante este periodo y se convirtió en la clase dominante. Está clase con el tiempo (Tres siglos largos que conocemos, como la colonia) fue la que lideró la independencia en un momento histórico muy especial. La república, la Colombia de los últimos 200 años,  se podría narrar desde la perspectiva de las élites, estas han manejado el poder desde su nacimiento y podría afirmarse que el país de hoy, lo bueno y lo malo que nos sucede, se lo debemos a ella. Curioso, nunca hemos tenido un presidente de talante popular como ha sucedido en casi todos los países de Latinoamérica.
Tomaré el termino élite como lo hace Nicanor Restrepo en su texto: “Cuando se habla de élites, se hace referencia a un grupo de gentes que, en palabras de Coenen-Huther ocupan posiciones estratégicas que les permiten ejercer una influencia perceptible sobre los procesos de toma de decisiones. Las personas que ejercen influencia  y dirección social, política y económica o empresarial están provistas de prestigio, privilegios y otros símbolos de status  que refuerzan sus posiciones frente a la sociedad, la cual se les reconoce esa calidad; de este modo, dichas personas conforman las que en este trabajo denominamos elites políticas y elites patronales”[1]. Wrhites Mills categoriza: “gobiernan las grandes empresas, gobiernan la maquinaria del Estado y exigen sus prerrogativas, dirigen la organización militar, ocupan los puestos de mando de la estructura social en los cuales están centrados ahora los medios efectivos del poder y la riqueza y la celebridad de que gozan”. Maria Jimnez Duzán en su columna de esta semana escribe: “En su última columna en El Tiempo, Carlos Caballero Argáez se refiere a la responsabilidad que le compete a las elites norteamericanas en el surgimiento de un frankenstein como Donald Trump, y se pregunta si las colombianas con su miopía no son acaso las causantes directas de la tremenda polarización que vive el país. Unas elites que, según él, no han servido para mitigar los ánimos ni para establecer puentes, sino para echarle más leña al fuego y agudizar la polarización”.
El país en los últimos cien años ha sido manejado por la misma clase dirigente. Desde el gobierno de Alfonso Reyes a principios del siglo XX se vienen turnando en el poder y desde el mismo se apropiaron paulatinamente: Del sector productivo, de la mayoría de las tierras con vocación agrícola y ganadera, de la minería, de los puertos, de los grandes centros educativos,  pero sobre todo del poder político en cual se han perpetuado. Los Ospina, los Lleras, los López, los Sardi, los Irragori,  los valencia, para solo citar algunos apellidos emblemáticos, hacen parte de esta clase que esta anquilosado en el poder, están articulados con las élites regionales en un escalonamiento y entrecruzamiento de intereses  desde donde manejan el país. La violencia, el conflicto como tal, son una expresión de la exclusión,  la inequidad y  la ceguera de esta clase que desde los factores reales de poder, por omisión o acción han generado mucha violencia. Los acuerdos de la Habana son en esencia  un reconocimiento de la otra Colombia, la excluida,  este acuerdo y proceso, tiene una férrea oposición de clase, una élite, la más conservadora y recalcitrante, se opone ferreamente a los acuerdos, en los últimos días empezó la recolección de firmas para tumbar el plebiscito que refrenda el proceso de paz, considera la guerrilla y los grupos armados como terroristas, desconoce de plano su condición histórica. No se entiende como no esperan la votación y se expresan a través de ella como corresponde.  Esta oposición, siendo legítima, está llena de mentiras, siembra miedos inexistentes y tiene una lectura perversa del proceso de la Habana que confirma la visión de clase que siempre ha caracterizado a este país. Se le olvidó que los grupos armados tienen una genealogía muy compleja que es imposible desconocer.
Encontré un trabajo en la  red que sintetiza muy bien este momento “En primer lugar, en medio de la persistencia del conflicto social armado, se realizan ingentes esfuerzos por lograr una solución política reflexiva, permanente y consensuada. En segundo lugar, la Mesa de conversaciones de La Habana ha conformado una Comisión Histórica, que intenta construir una memoria plural y democrática sobre los orígenes, causas e impactos de ese largo conflicto en la población. Un acto que expresa la necesidad de memorias hermenéuticas y laboratorios de paz, en el campo del pensamiento histórico, a la vez que refrenda la aseveración de Marco Palacios acerca de la urgencia de asumir nuestros relatos históricos: “A diferencia de los venezolanos, hemos tenido a nuestra disposición no una sino varias historias patrias monumentales (bolivariana, santanderista, bipartidista…), historias de gobierno e historias de oposición”. En tercer lugar, las voces de las víctimas han adquirido centralidad y visibilidad, como condición ineludible y previa de su finalización. Los motivos y justificaciones de esa centralidad de las víctimas pueden ser divergentes, pero la conciencia de su urgencia es manifiestamente colectiva. Esta naturaleza inédita del proceso colombiano conlleva una inmensa responsabilidad ética y reflexiva. La comunicación argumentada, la solidaridad con todos los afectados y el respeto a las diferencias, son condiciones éticas que debemos cuidar con esmero en todo este proceso de finalización del conflicto. La reflexividad en las decisiones, la lucha contra los dogmatismos, el respeto por la investigación académica y la imaginación creadora, son consejos importantes, al subrayar que no existen modelos para imitar, ni fórmulas preestablecidas para enfrentar tal complejidad y singularidad frente a este desarrollo peculiar de nuestra República”.[2] Y termina con un cuarto punto magistral: “Cuarto, arrogarse la decisión de que, en épocas de crisis, es urgente el llamado a la teoría y resaltar que una investigación histórica sin contenido conceptual podría ser cómplice de la perpetuación de la barbarie. Ningún trabajo histórico puede estar al margen de los desarrollos filosóficos, de los debates políticos, de los métodos o de las reflexiones, que otros saberes hacen sobre lo social y lo humano. Amén de rememorar la constante evocación del filósofo colombiano Guillermo Hoyos, de exigir a las ciencias un diálogo constante con la reflexividad crítica de la Filosofía, en la vía de retomar la afirmación de uno de sus maestros, Max Horkheimer: “El desprecio de la teoría es el inicio del cinismo en la vida práctica”[3].
El gobierno tiene dos tareas puntuales frente al acuerdo con la FARC: Un proceso de sensibilización y comunicación masivo, claro y acelerar la firma del texto final. El presidente tiene que ser consciente que existe un grupo muy fuerte de corte casi fascista que solo ve en la guerra y en los procesos de exclusión la salida a nuestro conflicto, que están dispuestos hacer lo que sea para acabar con el proceso de la Habana, Colombia ya ha vivido momentos históricos de regresión muy peligrosos.  
La columna de Maria Jimenez Duzan remata con una afirmación muy fuerte: “Sería un error histórico que nuestras elites optaran por el statu quo por culpa de su miopía y de su arrogancia. Hasta ahora han salido indemnes de todos sus entuertos. Lograron frenar los efectos de la gran reforma del 36 concebida por Alfonso López Pumarejo, impulsando una contrarreforma que dio al traste con la reforma agraria, hecho que nos retrasó en la historia unos 60 años. Décadas más tarde, lograron sepultar la reforma agraria de Carlos Lleras Restrepo en el Pacto de Chicoral, que también nos devolvió aún más en la historia. Cooptaron a un outsider como Álvaro Uribe, pero cuando este quiso quedarse en el poder movieron sus cuerdas para sacarlo a gorrazos, como lo hicieron años atrás con el general Rojas[4] .







  








[1] Empresariado Antioqueño y sociedad. 1940-2004. Nicanor Restrepo.
[2] dimensiones políticas y culturales en el conflicto colombiano. Zubria Sergio. Centro de memoria histórica. http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/comisionPaz2015/zubiriaSergio.pdf
[3] Ibidem