Estoy hablando de las
facturas, esas cuentas de cobro que nos asedian por doquier, producto del sistema y la sociedad capitalista, cuya estructura es una compleja trama, indescifrable, estas constituyen uno de sus ejes principales, un componente de suma importancia desde lo macro-económico, la relación del
individuo con el mundo se articula imprescindiblemente desde estos recibos, generan
mil cruces, todos obligan pecuniariamente, sino las paga las consecuencias son graves. Las facturas tienen
el don de atentar contra nuestra tranquilidad, representan una de las
peores servidumbres que impone el sistema.
Es imposible
desligarse de ellas, no atender la lista de ellas que nos obliga todos los días. En todas las
casas hay un sitio para las facturas. Una carpeta, una cajón de la mesa de
noche. Es como un lugar maldito, nos recuerda a su paso que, de no pagarlas,
las cosas no funcionaran bien en adelante. Antes había dos o tres facturas, la vida era
simple. Hoy son muchas. No recuerdo a mi padre preocupado por el pago de la TV,
esta era gratis, menos del internet, ahí estaba una enciclopedia que suplía
todo, menos el celular, había un teléfono para toda la casa, ahora se paga: El
propio, el de la esposa, el de cada hijo y uno adicional para las urgencia. Vivíamos en grandes barrios, no había por lo tanto el
pago de la administración, ni conjuntos cerrados, existía solo un celador en bicicleta sin importar lo grande que fuera el barrio, curiosamente al final no cuidaba a nadie, terminaba siendo el mandadero.
Una de las arterias vitales
del sistema capitalista son las facturas, sin ellas no funciona el sistema. Miremos bien su universo. Todo servicio genera
una factura. La luz, el agua, el aseo, saneamiento… en fin. A las cotidianas
les sumamos, el predial, el seguro del carro, la revisión metal-mecánica, las
suscripciones, la tarjeta de crédito, el curso de la niña, la cuota del banco,
la hipoteca, la universidad, el trasporte escolar, el parqueadero de la oficina………el
pago del seguro incluyendo el seguro funerario……..Estar vivo: significa estar
facturado, esta es la moraleja…..ser o factura. Producimos para pagar, el
entorno sobrevive gracias a estos pagos…somos un sistema de pago, la
modernidad, la tecnología, el entretenimiento y el mismo conocimiento dependen
de la capacidad de pago que tengamos.
Desde lo tributario
para el estado el lío es aún mayor, hablamos de ligas mayores, el recaudo en este caso es más complicado y por supuesto más alto. Para ello se crearon órganos de regulación y control muy fuertes. En esta escala las facturas siendo menores, son de
suma importancia para el sistema y su pago puntual constituye buen o mal síntoma
del funcionamiento de la economía. El tema principal sobre el cual quiero centrar
esta columna, es que estos recibos, se volvieron todo en nuestra existencia, se han convertido en una tortura. Un
hombre de pocas facturas, es un ser insignificante, no existe, no consume. Esta sociedad de consumo todos los días busca crear más obligaciones, se las
inventa, con sistemas de suscripción, ventas de productos innecesarios, casi
todos engaños bien promocionados por un mercado perverso. Otro fenómeno, es que
cuando usted merca, sale del supermercado y casi siempre se le olvida que el 19
% de la factura se la paga al estado, el IVA nos persigue. Como liberarnos de
la mayoría…hay que empezar a pensar en lo que consumimos…..cuál debería ser
nuestra relación con el estado en este tópico especifico, vaya usted a saber. Recuerden, no
pagarlas genera consecuencias mefastas.
No se entiende la falta
de compromiso de la sociedad en general con respecto a la agenda
de la Habana, que de hecho, le deja al país cifras contundentes sobre lo que ha significado el acuerdo con la FARC en materia de vidas humanas, convivencia pacífica y distensión, donde antes sólo existía violencia e incertidumbre ahora hay paz. Otra
cosa es que el estado no haya asumido la presencia en estas zonas y las bandas criminales,
la delincuencia común y ciertos grupos guerrilleros menores estén tratando de
consolidarse en las mismas por lo que significan en ingresos y rutas del narcotráfico.
Este año, que es el
último del gobierno, pese a la agenda legislativa que blindo los acuerdos,
deben tomarse decisiones administrativas que lo consoliden. La última revista
de la
universidad nacional: “Análisis político” en un ensayo denominado “Debilidades
institucionales a nivel local. Desafíos de la gestión territorial de paz”
señala de manera lúcida aspectos técnicos que deberán tenerse en cuenta para
consolidar los acuerdos y crear verdaderos territorios de paz. El ensayo tiene como propósito: “Las
debilidades técnicas y administrativas de las entidades territoriales, se
constituyen en una barrera para el proceso de implementación territorial de las
políticas públicas en Colombia. Paralelamente, los territorios más alejados del
centro andino han tenido que asumir la administración de recursos de inversión
y funcionamiento en contextos de violencia generalizada. Es necesario entonces,
para la construcción territorial de escenarios de pos-acuerdo, analizar las
problemáticas asociadas a la gestión pública en el marco de la débil capacidad
institucional en el nivel local. Este trabajo se elaboró desde un enfoque
cualitativo y descriptivo, donde se exponen conceptos y comprensiones
relacionadas a las problemáticas que enfrenta la gestión territorial de la paz”[1].
Cuando hablo de que la
agenda está lejos de cumplirse no lo hacemos por un prurito, esto no se
entiende sino visitando las zonas donde antes se vivía en una violencia
inexplicable en pleno siglo XXI. El
ensayo empieza con un acápite técnico define las competencias y la comprensión
a priori en este tema: “Para Vanier (2010), el territorio es un espacio de
construcción y apropiación social, que representa al mismo tiempo un marco de
regulación; un área para la acción estatal y un referente de identidad. Ahora
bien, en lo relacionado con la acción estatal, la territorialización, hace
referencia a los dispositivos mediante los cuales el Estado cubre todo el
territorio y así mismo, a los principios de cohesión interna que rigen al
Estado en su relación con la sociedad y con los mercados”. Señala adelante: “En
ese sentido, el análisis de la capacidad institucional tanto del Estado como de
las administraciones locales para adelantar procesos de territorialización de
políticas públicas, es multidimensional e incluye variables tan diversas como
la capacidad de las administraciones locales para imponerse frente a los grupos
ilegales y adelantar los procesos de gestión administrativa con independencia
de intereses particulares”.
Nuestros territorios (
el 75 % del total), aquellos alejados de la zona andina y los centros de poder,
de las ciudades que consideramos de manera equivoca como lo único que cuenta
para el país en términos de lectura de la realidad, son los beneficiarios de
los acuerdos, pero dependen del motor institucional, tanto local como nacional.
El ensayo es
contundente: “En ese sentido, las dificultades de la territorialización de la
acción pública en Colombia, está relacionada con la diversidad de actores y,
por lo tanto, la diversidad de intereses, legales e ilegales, que pueden llegar
a influenciar la actividad de las administraciones locales (Duque, 2015). Si se
tiene en cuenta esta premisa, se logran identificar algunas características de
las interacciones entre diferentes grupos de ciudadanos e instituciones en el
nivel local, por ejemplo: “(…) la presencia de corrupción de naturaleza
cuasi-sistémica, en algunas instancias y niveles de la administración, ante la
inclinación al irrespeto de reglas; la concepción de las instituciones formales
como mecanismos manipulables para conseguir fines propios y parcializados, y la
acumulación de aprendizaje criminal de distintos grupos ilegales, y alianza,
cooperación o subordinación de intereses legales a intereses de índole ilegal o
ilegítimos socialmente”[2].
El estado debe
enfrentar a la insurgencia que aun se mantiene vigente, no importa lo precaria
que sea en apariencia, su papel aun genera mucha perturbación, los grupos
ilegales y la propia corrupción y decisiones lentas de la administración local,
para no hablar de la administración nacional, que es emblemática.
Es un hecho que “las administraciones locales constituyen
quizás el principal instrumento para concretar la acción estatal en el
territorio. Cada administración, a través de un complejo de organismos y
conjunto de funcionarios, buscan satisfacer las necesidades de la población en
el marco del interés público, cumpliendo con los fines del sistema político”.
Las rutas del
pos-conflicto de acuerdo a la agenda firmada, a los compromisos del estado, deberá cumplirse
a cabalidad. La paz definitivamente genera muchos más dividendos que la
violencia, la corrupción y la ausencia del estado. La responsabilidad se marca
en el curso de la presencia del estado donde la gestión pública local articulada
con la administración central y la sociedad civil, constituyen el eje que nos
permitirá ir consolidando los laboratorios de paz y convivencia pacífica.
Las conclusiones del ensayo citado son claras en
lo que respecta a los puntos ineludibles que tendrán que tenerse en cuenta: se
base en el principio de descentralización y autonomía, desvirtuado por las
recientes reformas al Régimen de Transferencias y al Fondo Nacional de
Regalías. En ese sentido, es necesario revisar el tema de la asignación de
competencias y recursos tanto al poder central, como a las entidades territoriales.
Estableciendo con claridad, aquellas que pueden ser compartidas, más allá de
los principios de coordinación, subsidiariedad y concurrencia (Trujillo y
Pérez, 2016). Segunda: “implemente el modelo de Estado regional. Actualmente,
el nivel central con el apoyo del DNP, acogió el enfoque regional en el Plan
Nacional de Desarrollo, conformando regiones para la materialización de
políticas estatales. El objetivo de esta decisión, es llevar a cabo acciones en
territorios con características más o menos comunes, que permitan superar los
desequilibrios territoriales existentes en Colombia”.
[1]
Ángel Alberto Tuirán Sarmiento* Luis Fernando Trejos Rosero.
Debilidades institucionales
a nivel local. Desafíos de la gestión territorial de paz.
Los principales
indicadores macroeconómicas del 2017 no fueron los más positivos, esto quiere
decir que los gobiernos de las principales economías del mundo, quienes pretendían
salir de una des-aceleración galopante, bastante preocupante por cierto, no lo
lograron, la economía nunca mostró índices que permitieran inferir que lograron
dichas metas. Ni los Estados Unidos, ni Latinoamérica y menos Europa pueden
hablar con optimismo de sus logros. El mundo parece haber aprendido a caminar
en cámara lenta en esta materia y no se da con la fórmula que permita el
despegue hacía mejores horizontes, los indicadores siguen siendo fatales.
Guy Sorman, excelente
pensador francés, en un texto memorable que leí hace muchos años: “La economía
no miente” expresaba: La economía es una ciencia. Su objeto es distinguir entre
las buenas y las malas políticas. Sólo en el curso del siglo XX, las malas
políticas económicas devastaron las naciones y causaron más víctimas que
cualquier epidemia: La colectivización de las tierras en Rusia en 1920, en
China en los años cincuenta o en Tanzania 10 después, condenando a hambruna a
cientos de miles de campesinos. La emisión moneda sin respaldo desestabilizó a Alemania
de los años veinte y favoreció el ascenso del nazismo. En 2007 la
hiperinflación destruyó Zimbabue.”
De igual manera hay excelentes decisiones que han traído alivió a naciones y
pueblos: En materia económica las decisiones tomadas por China a partir de los
90 del siglo pasado, las del gobierno Chileno en los últimos 20 años, las de la
unión Europea frente a las naciones del este…en fin.
Paradójicamente las
políticas tomadas por los últimos gobiernos sin distingo en el mundo para
superar la crisis han sido en la mayoría de veces erradas, la reverberación de
los nacionalismos, la no atención a los acuerdos multilaterales, cierto
proteccionismo y política asimétricas entre occidente y los países emergentes
han generado más incertidumbre que confianza. Pese a que ciertas cifras de los Estados Unidos hablan de recuperación, realmente el ciudadano de a pie, no lo siente así.
Joseph E. Stiglitz en
su última columna aparecida en el periódico del diario “El espectador” con
respecto a la última reforma tributaría del gobierno de Trump expresa“Nunca una legislación etiquetada tanto
como reducción de impuestos y reforma fiscal ha recibido tanta desaprobación y
burla como recibió el proyecto de ley aprobado por el Congreso estadounidense y
promulgado como ley por el presidente Donald Trump justo antes de Navidad”. Con
respecto a las medidas de los Republicanos y del presidente para recortar los
programas de salud y protección a la mayoría de la población Paul Krugman
escribió: “No, es una cuestión de crueldad. En los últimos años ha quedado cada
vez más claro que el sufrimiento impuesto por la oposición republicana a los
programas pensados para establecer una red de seguridad no es un error, es una
característica. El objetivo es infligir dolor. Para entender a qué me refiero,
repasemos tres noticias sobre políticas de atención sanitaria”. La primera, no
han permitido la ampliación del Medicaid, En segundo lugar, “está la cuestión
de los requisitos laborales para ser perceptor del Medicaid”, “por último, está
el caso del seguro sanitario para niños. De nuevo, la financiación federal
expiró en septiembre, y millones de niños perderán pronto la cobertura si no se
restaura esa financiación. ¿Y cuánto tendrá que desembolsar el Tesoro si el
Congreso hace lo que debería haber hecho hace meses y restaura los fondos? La
respuesta, según la Oficina Presupuestaria del Congreso, es… nada”.
La demanda en el mundo
no despega, la desconfianza frente a las intempestivas e imprevisibles
decisiones del presidente de los Estados Unidos no generan confianza, el
Brexit, que aun no deja ver los acuerdos entre la comunidad e Inglaterra con
claridad y las distancias tecnológicas sin ningún eje que genere convergencias,
son factores que no permiten vislumbrar una salida pronta al fenómeno de des-aceleración,
de inercia.
Las expectativas en
este Enero no son las mejoras, pero es un hecho que los gobiernos deberán
generar políticas eficaces para salir de la crisis..Estas tendrán que ver con
el empleo, el aumento de la demanda y reglas claras que permitan a nivel global
generar confianza. Pese a mi escepticismo, en materia económica siempre deberá darse
salidas prontas…..no hay espera al respecto.
Siempre he traído a este blog artículos o entrevistas que
ameritan su reproducción no solo por su calidad sino por la importancia del tema. El
itinerario intelectual que descifra al hombre y su mundo nos va entregando
trabajos de suma importancia como el de esta autora. La importancia de Karen
Armstrong último premio de Asturias está descontada. Espero que mis escasos
lectores disfruten y aprovechen esta entrega. CESAR H BUSTAMANTE
BLANCA A.
GUTIÉRREZ - DICIEMBRE 2017
“La religión es un arte, no una ciencia
que imparta conocimiento”
La Universidad de Oxford perdió seguramente a una gran
profesora de Literatura Inglesa del siglo XIX cuando no aprobó el doctorado de
Karen Armstrong (Wildmoor, Reino Unido, 1944), pero el mundo ganó una de las
voces más autorizadas para hablar de religión, de compasión, de paz y de
solidaridad. Su compromiso activo con la difusión de este mensaje guiado por la regla
de oro —no hagas al prójimo lo que no quisieras para ti— le ha valido
el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2017, que recogió a finales
del pasado mes de octubre en Oviedo. Investigadora, estudiosa e historiadora de
las religiones, Karen Armstrong, avalada por una experiencia —“no muy
positiva”, dice— como monja católica, huye de la jerga académica para tratar de
que sus palabras lleguen a todos los rincones, especialmente fuera de esa
nueva aristocracia que, asegura, representa Occidente. Ha
publicado una veintena de libros en los que analiza el origen y evolución de
las religiones y los personajes que las han marcado. Entre ellos destacan Historia
de Jerusalén, Una historia de Dios, La gran transformación, En defensa de Dios,
Doce pasos hacia una vida compasiva y Campos de sangre (Paidós).
Ahora se encuentra inmersa en un estudio comparado de las Escrituras de las
grandes religiones del mundo.
—¿Ha encontrado alguna revelación en las Escrituras?
—Estoy encontrando dos cosas de gran interés. En primer
lugar, que nos es muy difícil leer las Escrituras hoy día, porque utilizamos la
razón. Y, de otro lado, que todas las Escrituras se centran en un ser humano
sagrado, todas ven a Dios en forma humana. Por ejemplo, Buda nos da una idea de
hombre ilustrado, de lo que todos somos capaces; nos muestra de lo que es capaz
un ser humano transformado por la divinidad. Otro ejemplo, el confucianismo,
que nos habla del hombre grande convertido en santo.
—¿Cómo debemos leer los textos religiosos?
—Dicen los neurofísicos que estamos metiendo la religión
demasiado en la cabeza y eso hace que pierda sentido. Tenemos que ir más allá.
La religión siempre ha estado acompañada del ritual, de la acción de aprender a
través del cuerpo: cuando los hinduistas unen las manos o cuando un musulmán se
pone en dirección a La Meca para rezar y se inclina, es una expresión corporal,
el cuerpo enseña más allá de lo racional lo que significa someterse a Dios, en
lugar de estar erguidos y mirar hacia uno mismo. Es necesario no solo leer las
Escrituras, sino hacer lo que dicen.
—¿Cuáles son los estereotipos en torno a la religión?
—El primer cliché que existe acerca de la religión es la
creencia en sí. Hablar de la religión es hablar de creer, pero la creencia es
un concepto muy moderno. En inglés, la palabra believeno
significaba la aceptación de una propuesta, sino confianza: tengo fe en ti,
tengo confianza, creo en ti. La fe trata de eso, del compromiso.
—Le preocupa el lenguaje. ¿Qué papel juegan las metáforas y
los dogmas en las Escrituras y en la religión, en general?
—Apenas hay dogmas en las Escrituras. Si miramos los
Evangelios, por ejemplo, no hay doctrinas complicadas. El Corán mismo tiene muy
poca doctrina. Lo que está pidiendo es justicia e igualdad, y que les demos
algo a los demás. Al final de tu vida no te juzgarán por tus creencias, sino
por lo que les hayas dado a otros. El hilo conductor que rige el Corán es que
no está bien crear una fortuna privada para uno mismo, sino que debes compartir
tu riqueza de manera justa y crear una sociedad en la que los pobres, los
vulnerables, sean tratados con respeto.
—Sin embargo, no se ha conseguido llevar a la práctica, al
menos de forma generalizada, la justicia y la igualdad, ese hilo conductor al
que se refiere y que sirve de punto de encuentro entre las religiones
monoteístas.
“Dicen los neurofísicos que estamos metiendo la religión
demasiado en la cabeza y eso hace que pierda sentido. Tenemos que ir más allá.
La religión siempre ha estado acompañada del ritual, de la acción de aprender a
través del cuerpo”—Es
cierto, pero hay que buscar la razón en el Estado premoderno. La aristocracia,
que es un movimiento pequeño, sometió con su poder al 90% de la población.
Ninguna civilización ha encontrado una alternativa a esto, y los historiadores
nos dicen que este sistema de desigualdad que tenemos ha sido necesario para
avanzar desde el nivel primitivo. Se creó una clase privilegiada que tenía
tiempo para poder dedicarse a las artes y a todo lo que ha enriquecido a la
humanidad. Se necesitaba saber leer y funcionar como un reloj para poder vivir
en ese sistema. Pero, claro, cuando recibieron educación, empezaron a pedir
igualdad. Ahora, en la época moderna, hemos sustituido la dependencia de la
agricultura por la tecnología y la industria, pero vivimos en un mundo con una
gran desigualdad, donde los inmigrantes se mueren literalmente por llegar a
Europa, por alejarse del horror. Y globalmente, hemos creado una nueva
aristocracia: Occidente frente al resto del mundo.
—¿Cómo tender un puente entre esa nueva aristocracia de
Occidente y Oriente?
—No es solo Oriente y Occidente, es también el Sur, África y
Sudamérica. A menos que creemos un puente con el mundo musulmán, no vamos a
sobrevivir. Tenemos los mismos valores y debemos darnos cuenta de que es
necesario que haya dos para que exista un conflicto. Hemos dado apoyo a
regímenes tiránicos, como Irán, y ahora debemos recalcar las debilidades de
nuestras culturas. Por ejemplo, yo, como británica, tengo que decir que si los
británicos se hubiesen comportado según la regla de oro con
sus colonias no tendríamos los problemas que tenemos hoy. Desde el Brexit la
gente dice: Vamos a hacer que Gran Bretaña sea otra vez grande, y yo digo: ¡No,
por Dios, ya lo hicimos mal una vez! Toda esta gente que está con las
banderitas debe saber lo que ocurrió, hay que explicárselo. El Brexit es una
negación de la realidad, va a contracorriente del mundo. Debemos estar muy
atentos ante el incremento de la xenofobia y el auge del fervor étnico y
nacional, porque hemos visto lo que ocurrió en el pasado.
—Ahora abrazamos las banderas en un resurgir del
nacionalismo, ¿la religión ha sido sustituida por el culto a la patria?
—Sí, la nación ha suplantado de alguna forma a Dios. Creo que
el estado-nación funcionó durante un tiempo, pero su palmarés ahora no está
siendo bueno, el nacionalismo ha dado lugar a dos guerras mundiales y en muchos
casos puede ser una forma de guerra.
—¿Cómo se combate el fundamentalismo?
—Con educación. El fundamentalismo es producto de la
ignorancia. Los jóvenes que se unen al Daesh lo hacen movidos por un
sentimiento de exaltación similar al que se vivía en las Cruzadas. No todos los
fundamentalistas son terroristas, pero hemos de examinar las circunstancias en
las que nació y para eso debemos remontarnos a la ocupación colonial. A
nosotros nos ha ayudado contar con un gobierno secular, pero no nos vino
impuesto. Gran parte del secularismo en el Oriente Medio ha sido bastante
nefasto.
—Vivimos en una sociedad individualista, ¿tiene cabida la
compasión que predica?
—No, las religiones no le dan el énfasis suficiente a la
compasión y puede que los políticos hablen de compasión, pero no la practican.
Parte del problema de la democracia es que todo tiene que ver con el “yo”,
“conmigo”, me tienes que elegir a mí, hay que conseguir el voto… Cada una de
las creencias religiosas ha interpretado la compasión a su manera, y la gente
no sabe qué es la compasión, piensan que es sentir pena por alguien. A veces,
se traduce por misericordia, que significa que yo estoy en una situación de privilegio
y entonces siento pena por ti. Pero la compasión tiene que ver con la igualdad.
Analizas tu corazón, piensas qué te haría daño y no se lo haces a otro. Esa es
la regla de oro.
—En su libro La gran transformación recorre
los primeros pasos espirituales del hombre y apuesta por recuperar los valores
religiosos, como la regla de oro, ¿no sería más práctico hacer
una interpretación secularizada de estos principios?
“La nación ha suplantado de alguna forma a Dios. Creo que el
estado-nación funcionó durante un tiempo, pero su palmarés ahora no está siendo
bueno, el nacionalismo puede ser una forma de guerra”—Sí, totalmente cierto, es una de las
cosas interesantes que me ha marcado a la hora de escribir La gran
transformación. La regla de oroforma parte de la
estructura de la humanidad, y claro que no tiene por qué ser religiosa. No
puedes ser religioso si no respetas la regla de oro, pero
tampoco puedes ser humano. Confucio dijo: Hay que servir a todos, y no vivían
en momentos pacíficos entonces, sino en sociedades similares a las nuestras,
que parecían desmoronarse.
—¿Quiénes son los profetas en una sociedad laica?
—Un profeta para mí es alguien que va a contracorriente, que
pone en entredicho las reglas existentes. Hay ciertas personas que son
gigantes, como Desmond Tutu o Nelson Mandela, si hubiese alguien de ese calibre
en Oriente Medio hoy día, las cosas podrían ser distintas. Un ejemplo claro es
Jomeini, no ha sido bien entendido en Occidente, pero fue un gran hombre. Ahora
necesitamos gente que tenga carisma moral.
—¿Pueden las religiones evolucionar y adaptarse a la sociedad
actual?
—No solo pueden, deben. La religión no solo habla de
doctrinas y de creencias, las doctrinas de fe no tienen sentido sin la práctica
de los ritos y de la moralidad. No se saca la verdad de los Evangelios salvo
que intentes implantarlos en una vida compasiva cada día. Necesitamos referentes
para dejar de ser una sociedad materialista, consumista o narcisista, pero esto
hoy es predicar en el desierto, porque la gente lo que quiere es que se le den
cosas y estar cómodos. El yoga, por ejemplo, en realidad era una forma
sistemática de destruir el ego, y ahora lo hemos convertido en un ejercicio
aeróbico para relajarte, o el mindful, que se supone que es
para sentirnos bien con nosotros mismos. Sin embargo, en el budismo, de donde
proviene, el mindful es la autopercepción del “yo”, y lo que persigue
es demostrar que no existe ese “yo”.
—Dentro de esa evolución, ¿la mujer dejará de tener un papel
secundario?
—Me agito mucho cuando se habla de patriarcado de las
religiones, ya que hasta hace poco el mundo era de los hombres. ¿Cuándo
logramos el voto las mujeres occidentales? Llevamos siglos de patriarcado.
Cuando me preguntan si habrá alguna vez una Papisa, digo que yo no la veré.
—¿Debemos prohibir el velo, por ejemplo, en las escuelas?
—Creo que no. Yo era monja, llevé mi hábito y nadie me pidió
que me lo quitara. No quiero que la mujer lleve nada que no quiera, pero la
historia nos enseña que cuantas más personas insistan en que se quite el velo,
más personas lo querrán llevar como desafío. Cuando pensamos en los grandes
problemas que asolan el mundo, el que una mujer lleve o no un velo me parece de
poca importancia, no hay nada sagrado ni hay motivo para tener que vestirse de
manera occidental para parecer moderno.
—¿Qué tiene de arte, de poesía, la religión?
—La religión es un arte, no una ciencia que imparta
conocimiento. Los seres humanos tenemos tendencia a caer en la desesperación, y
si no encontramos un valor en las cosas que hacemos, nos quedamos paralizados.
Somos el único animal que sabe que va a morir, y desde siempre, desde las
cuevas, hemos creado a la vez arte y religión.
El mundo sigue sorprendido por el giro intempestivo que dio el gobierno de los Estados Unidos con los resultados de las últimas elecciones presidenciales, todos los días confirmamos lo absurdo del sistema electoral americano, quien gana las mayorías en las urnas no tiene garantizado
el triunfo final, los colegios electorales pueden dar resultados diferentes, la peor muestra, la
presidencia de Donal Trump. Las decisiones del nuevo presidente han sometido a gran parte de la población, al periodismo,
a las ONG, a la academia, a los jueces, a los emigrantes, a unas tensiones
desconocidas hasta la fecha, están por fuera de cualquier contexto que las
explique con alguna racionalidad. Igualmente al mundo lo han dejado
estupefacto, como cuando uno expresa atónito : ¿Esto no puede ser cierto: una
reforma de salud en ciernes que deja a más de 35 millones de compatriotas sin
seguridad social ni salud; una política anti-emigración que le cercena los
derechos a personas que llevaban más de 20 años trabajando, a hijos de
emigrantes nacidos en tierra americana, muchos de ellos deportados, terminan en sus países de origen sin ningún norte, no son de aquí ni de haya, inexplicable en estos tiempos; los
latinos en general, para no hablar sino de un sector especifico, hoy sufren los efectos de una xenofobia sin precedentes, lo triste, alimentada desde el ejecutivo que no mide las consecuencias nefastas para la integración de la nación, la política para los emigrantes es definitivamente regresiva; aprobó hace un mes una reforma tributaria
que le rebaja los impuestos a los empresarios en una desproporción que ni
siquiera los expertos han podido entender, ha dicho que beneficiará a la clase
media, nadie entiende cómo, aún no lo ha explicado, su fórmula maquiavélica no convence,
la pregunta, cómo llenará semejante hueco en materia presupuestal, no he visto
al primer empresario re-direccionando sus ganancias a favor de la clase media o trabajadora; en materia internacional
las decisiones aún son más torpes y peligrosas: En política ambiental, el
retroceso es total, atenta contra todos los acuerdos bilaterales y
multilaterales que comprometían a los Estados Unidos, no le importan para nada; geopolíticamente actúa
sin brújula, poniendo en peligro incluso relaciones incondicionales como la de Inglaterra;
le prendió al final del año una mecha al medio Oriente con la decisión de considerar
a Jerusalén como capital de Israel, en el peor momento, paradójicamente quiere hacer un acuerdo con Corea del norte; para Latinoamérica no hay política, no
existe, África ni hablar….en fin, los positivo de todas estas torpezas del presidente americano es que unió a
Europa mucho más de lo esperado, la obliga a consolidarse y solidificarse, el
pacto de la unión debe sobrevivir y ser
un contrapeso al desmesurado poder del país del norte, al final es una garantía de
civilización. Me duele la situación de México, corrupción y narcotrafico; quedamos expectantes con
Cataluña; Chile hizo de nuevo un giro a la derecha; Centro América anida
dictaduras muy peligrosas; Venezuela no sale de su encrucijada, es una locura, hambre, falta de energía y ahora sin combustible, es una narco-dictadura sin precedentes históricos. Espero en todo caso que a Latinoamérica
le vaya bien el año que viene, no le queda más que resolver sus problemas más graves de manera autonoma.
Para Colombia el año no fue fácil. Está consolidando los
acuerdos de paz firmados en la Habana en medio de un incomprensión general inexplicable; en materia económica la desaceleración llego a su máxima
expresión, estamos casi en una recesión; ideo-lógicamente seguimos siendo un
país radical, sin cultura política, peligrosamente apasionado, proclive a la
violencia, estos índices siguen siendo muy altos: Feminicidío des-proporcionado,
con cifras aterradoras, sicarito, extorsión, violencia común e intrafamiliar muy
alta.; la corrupción llegó a unas proporciones antes no vistas, tocó a la justicia en general,
a las cortes, los jueces, con efectos nocivos sobre la confianza del país y sus
instituciones. En los últimos tres meses se conocieron los candidatos para las
elecciones presidenciales que serán el plato fuerte del 2018. 34 candidatos, de
todos los colores y sabores, de izquierda, de centro, de centro izquierda, de centro derecha….para todos los gustos. Casi
todos radicales, apasionados, sin medida en su mayoría, llenos de una violencia
verbal incontenible e irresponsable. En
el 2018 nuestro país tomará definiciones de suma importancia, esperamos mucha sindéresis
de sus ciudadanos.
Lo mejor nuestros deportista y artistas. Segundos en el tour,
presencia destacada en las grandes carreras de ciclismo en Europa; clasificamos
al mundial de futbol; en patinaje y ciclo Cross ni hablar, ganamos todo. Buenos
libros, la academia produce excelentes cosas: Revistas, estudios literarios y filosóficos,
investigación……. Doris Salcedo y Beatriz Gonzales artistas con unos
reconocimientos descomunales en Europa..En términos generales muy bien. Creo en
mi país, nuestra única tarea como ciudadanos, cumplir y ser correctos…nada más.
Este artículo ha sido
creado a partir de información tomada de la red. No hay de mi autoría una sola palabra.
Cada párrafo ha sido tomado de algún libro o información después de
haber sido leído, analizado y clasificado. He tratado que tenga alguna coherencia, para demostrar el universo
que significa la red y la necesidad que siga conservando el libre acceso, su
neutralidad. Este es una discusión entre pulpos económicos, entre los dueños de la red, quienes invierten grandes
sumas de dinero en la plataforma e infraestructura: Fibra óptica etc y los creadores de
contenidos, que no pagan por el uso de estas autopistas. La discusión queda abierta en todo
caso y de antemano está claro que es más amplia de lo que imaginamos.
“Hacia el final del segundo milenio de la era cristiana,
varios acontecimientos de trascendencia histórica han transformado el paisaje
social de la vida humana. Una revolución tecnológica, centrada en torno a las
tecnologías de la información, empezó a reconfigurar la base material de la
sociedad a un ritmo acelerado. Las economías de todo el mundo se han hecho
interdependientes a escala global, introduciendo una nueva forma de relación entre
economía, Estado y sociedad en un sistema de geometría variable”.
“Internet es la tecnología decisiva de la era de la
información del mismo modo que el motor eléctrico fue el vector de la
transformación tecnológica durante la era industrial. Esta red global de redes
informáticas, que actualmente operan sobre todo a través de plataformas de
comunicaciones inalámbricas, nos proporciona la ubicuidad de una comunicación
multimodal e interactiva en cualquier momento y libre de límites espaciales. La
tecnología de internet en realidad no es algo nuevo. Su antepasada, Arpanet, se
desarrolló ya en 1969 (Abbate, 1999). Pero no llegó a los usuarios particulares
hasta la década de 1990, cuando el US Commerce Department (Ministerio de
Comercio de Estados Unidos) liberalizó su uso. Desde ese momento se propagó por
el mundo a una velocidad extraordinaria. En 1996 se calculó por primera vez el
número de usuarios de internet, con un resultado de 40 millones. En 2013 ya son
más de 2.500 millones, la mayoría residente en China. Por otro lado, la
expansión de internet se vio restringida durante un tiempo debido a la
dificultad que planteaba la instalación de infraestructuras de
telecomunicaciones terrestres en países en vías de desarrollo. Esto ha cambiado
con la eclosión de las comunicaciones inalámbricas a principios del siglo XXI.
Así, mientras en 1991 había unos 16 millones de suscriptores (números) de
dispositivos inalámbricos en el mundo, en 2013 son casi 7.000 millones (para un
planeta de 7.700 millones de habitantes). Teniendo en cuenta el uso que se hace
de la telefonía móvil en los entornos familiar y rural y considerando el uso
limitado de estos aparatos entre niños menores de cinco años, podemos decir que
casi toda la humanidad está conectada, aunque con importantes diferencias en
cuanto a ancho de banda y a eficiencia y precio del servicio”.
“Internet, en el centro de estas redes de comunicaciones,
permite producir, distribuir y utilizar información digitalizada en cualquier
formato. Según el estudio publicado por Martin Hilbert en Science en 2010, el
95% de toda la información existente en el planeta está digitalizado y en su
mayor parte accesible en internet y otras redes informáticas”.
¿Vivimos en una época de cambios, o un cambio de época? ¿Cómo
caracterizar las profundas transformaciones que acompañan la acelerada
introducción en la sociedad de la inteligencia artificial y las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación (TIC)? ¿Se trata de una nueva
etapa de la sociedad industrial, o estamos entrando en una nueva era? “Aldea
global”, “era tecnotrónica”, “sociedad postindustrial”, “era" o
"sociedad de la información” y "sociedad del conocimiento" son
algunos de los términos que se han acuñado en el intento por identificar y entender
el alcance de estos cambios. Pero mientras el debate prosigue en el ámbito teórico,
la realidad corre por delante y los medios de comunicación eligen los nombres que
hemos de usar.
“Una red es un conjunto de nodos interconectados. Las redes
son formas muy antiguas de la actividad humana, pero actualmente dichas redes
han cobrado nueva vida, al convertirse en redes de información. Impulsadas por
Internet. Las redes tienen extraordinarias ventajas como herramientas
organizativas debido a su flexibilidad y adaptabilidad. Características fundamentales
para sobrevivir y prosperar en un enlomo que cambia a toda velocidad. Por eso
se desarrollan las redes en todos los sectores económicos y sociales,
funcionando mejor que las grandes empresas organizadas verticalmente y que las
burocracias centralizadas y compitiendo favorablemente con ellas”. “Sin
embargo, actualmente la introducción de tecnologías de información y comunicación
de base informática, y en especial de Internet, permite que las redes
desplieguen su flexibilidad y adaptabilidad, afirmando así su naturaleza
evolutiva. Así, estas tecnologías permiten la coordinación de tareas y la
gestión de la complejidad. De todo ello se deriva una combinación sin
precedentes de flexibilidad y eficacia en la realización de tareas, de toma de
decisiones coordinada y ejecución descentralizada, de expresión individualizada
y comunicación global y horizontal. Lo que permite el desarrollo de una forma organizativa
superior de la actividad humana”.
“Ricos y pobres. Rápidos y lentos. La era de la neutralidad
en la red ha tocado hoy a su fin en Estados Unidos. La Comisión
Federal de Comunicaciones (FCC, en su siglas inglesas), bajo control
republicano, ha aprobado por tres votos contra dos la retirada de las
medidas establecidas en 2015 con Barack Obama para blindar la equidad en
internet. Frente a una red entendida como “bien público”, donde los proveedores
del servicio están obligados a tratar por igual todos los datos sin importar su
origen, tipo y destino, se va a imponer un sistema que permite diferentes
velocidades en función del pago y de los intereses de los operadores. Un
triunfo del liberalismo, una derrota de las grandes tecnológicas y, como
mínimo, una incógnita para el consumidor.
El cambio, presentado como “una victoria
de la libertad”, ha llegado de la mano de los grandes proveedores. Gigantes
de las telecomunicaciones como Comcast, AT&T o Verizon se han aliado con la
Administración de Donald Trump para romper el dique legal que evitaba
precisamente que esas empresas acabasen imponiendo sus dictados en el tráfico y
los contenidos de la red. Bajo el sistema aprobado en la era de Barack
Obama, el operador debía ofrecer siempre el mismo trato. Se le impedía
bloquear el acceso a páginas web, lentificar la conexión o acelerarla bajo
pago. El criterio era la equidad. Evitar la discriminación. Salvaguardar la
neutralidad del sistema nervioso del conocimiento mundial. Todo ello se ha
venido hoy abajo”.
“En el debate sobre la neutralidad en la Red, como
muchos otros en esta época de realidades emocionales, la semántica ha
condicionado los argumentos opuestos. La decisión de la Comisión Federal de
Comunicaciones de Estados Unidos de acabar con las normas que garantizan que
todo el contenido sea tratado igual por los proveedores de conexión de Internet
ha generado una comprensible polémica, porque los defensores de esa neutralidad
han advertido de que se abre ahora el camino a un Internet de dos velocidades e
incluso a la censura de la Red. Sin embargo, hay matices que ese término,
"neutralidad", no refleja fielmente”.
“Pero las cosas sí van a cambiar. Para empezar, los primeros
perjudicados por la aniquilación de la neutralidad en Estados Unidos serán los
propios usuarios estadounidenses. Hoy Internet deja de ser considerado
un servicio básico como la electricidad y el agua, y deja de
garantizarse un acceso igualitario como se estaba haciendo desde que se
aprobaron las últimas normas.
Esto pone en manos de las operadoras el poder hacer
prácticamente lo que quieran. Pueden bloquear el acceso a determinados
servicios, acelerar la velocidad a la que se accede a otros, o incluso priorizar
el contenido que quieran. La única condición que tienen que cumplir es
hacer públicos estos cambios.
Así será más difícil que los servicios de terceros puedan
competir en igualdad de condiciones. También abre la puerta a que las propias
operadoras puedan utilizar este poder para priorizar sus propios
servicios penalizando otras aplicaciones sin que ni estas ni los usuarios
puedan impedirlo.¡
Esto a la larga podrá acabar provocando que los
propios servicios tengan que negociar con las operadoras para que sus
usuarios puedan acceder correctamente a ellos, lo que hará que los que no
tengan los suficientes recursos queden desterrados del Internet de alta
velocidad y vean lastrada su adopción y su futuro”.
Nuestro conflicto
armado parece no terminar nunca; tal vez por la infinidad de guerras a las que nos
tienen acostumbrados, vivimos en un país que no aprendió a conciliar sus diferencias de
otra manera que a sangre y fuego, pese a estar en un proceso de paz en ciernes; en medio del peso que significa estar entre micro-poderes ilegales imbricados
en todas las formas de vida posible, hasta el punto de convertirse en una
realidad ineludible que nos toca implacablemente todos los días, crean impuestos, soterrado
y perverso, extorsionan, nos someten a formas de intimidación que a nadie parece importarle; con todo eso, la conciencia de paz no se instala en
el inconsciente colectivo, en buena parte,
gracias al discurso de guerra de ciudadanos que paradójicamente no conocen la violencia asumida en cambio en extensas regiones marginadas del país, donde no hay estado, estos discursos vienen de sectores políticos radicales; en presencia de una juventud que no reconoce
el momento histórico que vive, le es
indiferente. Colombia no logra asimilar
la narrativa de paz que le habla desde sectores sociales que tienen plena conciencia de la importancia del momento histórico actual, de regiones olvidadas que empiezan a incorporarse al país, de desplazados quienes por fin tienen una ley que les repara, de 8 millones
de personas que expulsaron violentamente de sus tierras, que pese a tener una ruta para rescatarla, hoy las reclaman sin éxito, más bien absortos, son testigos impotentes del
asesinato de 167 líderes que ejercían este derecho, perpetrados por las mismas
manos oscuras que le raparon su propiedad hace muchos años; de la conciencia
que despiertan 6 millones de víctimas y trescientos mil muertos. Pese a todo, terminamos
el año con el logro más grande de las últimas décadas, podríamos llamarlo, fue el año de la paz, muy a
pesar de la negligencia de nuestros dirigentes que hicieron lo difícil y se enredaron en lo fácil, del congreso,de la clase política, al final fue un gran logro, se firmo un acuerdo histórico con la FARC, entregaron las armas, se desmovilizaron, el país no será el mismo a partir de este momento, estos 365 días, los
pasamos tratando de entender este hecho tan crucial, no es otro que el fin de un conflicto de más de
cincuenta años; finalizara, esperamos qué, por fin el gobierno logre articular
tanto compromiso y agenda nacida de los acuerdos de la Habana, con la ilusión
de vivir como una nación civilizada, lejos de la venganza y la
violencia, tolerantes, sin odios. El próximo será un año electoral definitivo para el país, tomaremos posición desde las urnas, para confirmar
nuestra mediocridad o para definitivamente cambiar, entregarle
una oportunidad a nuevas fuerzas, superar y darle alguna lección a la clase
política que ha diezmado y saqueado cada peso público desde hace cincuenta años, ojala acabemos con una
corrupción galopante y sobre todo, para participar y comprometernos.
El presidente Trump ha
sido una experiencia muy triste para los que aún abrigamos esperanzas para
darle a la humanidad una salida al caos que vive desde la democracia, por fuera de las continuas
practicas y manipulaciones perversas de poder que, siendo inevitables se pueden
mitigar. Hay una derecha muy fuerte en el mundo con una visión de la historia reduccionista
y peligrosa. Se expresa en todos los ámbitos. Esta columna de Paul Krugman
sobre la reforma tributaria aprobada ayer por el senado es un buen análisis de
lo que está proponiendo en materia económica el presidente de los Estados
Unidos. Cesar H. Bustamante
PAUL KRUGMAN
17 NOV 2017 - 09:37 COT
Viendo las reacciones a los planes tributarios republicanos, recordé lo que se decía del exsenador Phil Gramm, cuyas
ambiciones presidenciales nunca llegaron a ninguna parte, pero que sí ayudó a
causar la crisis financiera de 2008: “No gusta ni siquiera a sus amigos”.
Lo mismo ocurre con la reforma tributaria republicana, en
especial la versión presentada en el Senado, que subirá los impuestos a la
mayoría de los ciudadanos, en especial a la clase media y a los trabajadores, y
sumará unos 13 millones de estadounidenses a las filas de personas sin seguro
médico, todo para pagar las grandes rebajas en el impuesto de sociedades. La
opinión pública en general las desaprueba categóricamente, por mayoría de 2 a
1, según Quinnipiac, aunque esta mayoría sería aún más amplia si los ciudadanos
entendiesen realmente lo que ocurre. Pero sin duda, al menos a los consejeros
delegados de grandes empresas les gusta el plan, ¿no?.
Lo cierto es que no tanto. Hace unos días, Gary Cohn, asesor
económico jefe de Donald Trump, se reunió con un grupo de altos ejecutivos.
Pidió que levantasen la mano los que pensaran que una reducción de impuestos
les llevaría a aumentar los gastos de capital; solo unos cuantos lo hicieron.
“¿Por qué no se levantan las otras manos?”, preguntó Cohn en tono lastimero.
La respuesta es que los consejeros delegados, que viven en el
mundo real de los negocios, no en el imaginario de los ideólogos de derechas,
saben que los tipos impositivos no son un factor tan importante en las
decisiones de inversión. De modo que son conscientes de que ni siquiera una
enorme rebaja tributaria elevaría demasiado el gasto.
Y con eso en mente, la lógica de este plan tributario, en su
forma actual, se pierde, y se queda simplemente en un plan para hacer que los
ricos –en especial los que sacan tajada de sus inversiones en ver de ganarse la
vida trabajando– se enriquezcan aún más, a costa de todos los demás.
Por si sirve de algo, esto es lo que cuentan el gobierno de
Trump y sus aliados. Afirman que reducir el impuesto de sociedades desembocará
en una explosión de la inversión privada y acelerará el crecimiento económico.
Es más, los frutos de este crecimiento llegarán a los trabajadores
estadounidenses en forma de subida salarial, y el aumento de las rentas de las
personas físicas incrementará la recaudación de impuestos, de modo que las
rebajas fiscales acabarán pagándose a sí mismas.
Hablamos de un Gobierno, no por el
pueblo y para el pueblo, sino por y para los donantes millonarios
Aun cuando parte de la historia fuese cierta, tendría efectos
secundarios que ellos se cuidan de no abordar. Después de todo, si hablamos de
un gran aumento del gasto en bienes de capital, ¿de dónde vendrá el dinero para
ese gasto? Nada de lo introducido en la ley hará que los estadounidenses
consuman menos y ahorren más. De modo que el dinero tendría que proceder del
extranjero: de la venta de acciones, de obligaciones y de otros activos a
extranjeros, a escala masiva.
Y esta afluencia de dinero extranjero impulsaría al alza el
valor del dólar y provocaría enormes déficits comerciales: según mi análisis de
la proyección más optimista que circula por ahí, el déficit superaría los 6 billones
de dólares a lo largo de la próxima década. Estos déficits comerciales tendrían
un efecto devastador para el sector de la fabricación –recuerden esos puestos
de trabajo que Trump prometió recuperar– con una pérdida del orden de dos
millones de empleos. Ah, y acerca del crecimiento: los inversores extranjeros
obtendrían beneficios y se los llevarían a su país. Por lo que buena parte
–probablemente la mayor parte– del posible crecimiento que obtuviésemos gracias
a la reducción del impuesto sobre sociedades acabaría beneficiando a los
extranjeros, no a los estadounidenses.
Pero no se preocupen demasiado por todo esto. Los análisis
económicos serios coinciden mayoritariamente con esos consejeros delegados que
decepcionaron a Gary Cohn: en realidad, la bajada del impuesto de sociedades no
hará gran cosa por que aumente la inversión. Sí disparará, sin embargo, el
déficit presupuestario. Y así, en un intento de limitar esa explosión del
déficit, los republicanos del Senado proponen un significativo aumento de los
impuestos a las familias trabajadoras. De hecho, según la propia Comisión
Tributaria Conjunta del Congreso, los impuestos subirán de media para todos los
grupos con rentas inferiores a los 75.000 dólares anuales, y sin duda para
muchas familias de grupos de rentas incluso más altas. Los únicos que saldrán
ganando serán quienes perciben más de 1 millón de euros al año. ¡Eso es
populismo!
Ah, y esto ni siquiera tiene en cuenta el sabotaje a la
atención sanitaria que forma parte integral del plan presentado en el Senado.
Al revocar el mandato –la obligación de que la gente adquiera un seguro– el
plan provocará, como he dicho, que 13 millones de personas pierdan la
cobertura; esa pérdida de cobertura, y de las subvenciones públicas asociadas,
es lo que hace que la revocación del mandato ahorre un dinero que puede darse a
las grandes empresas.
Pero la medida también hará que suban las primas de los que
mantengan su seguro, porque los que se saldrán tenderán a ser las personas con
menores costes sanitarios. De modo que eso supondría un impuesto indirecto
adicional y oculto para la clase media. Y tampoco tiene en cuenta lo que
inevitablemente ocurrirá después: que los déficits inducidos por la reducción
de impuestos dispararán, por ley, recortes en el sistema de Medicare, que
proporciona atención sanitaria a mayores, y esto no sería más que el comienzo
de un asalto republicano a programas como el seguro de discapacidad, que brinda
una red de seguridad crucial a millones de estadounidenses de clase trabajadora.
Todo lo cual suscita la pregunta de por qué los republicanos intentan hacer
esto. Es un mal programa y una mala política, y la política empeorará cuando
los votantes conozcan mejor los datos. Pues bien, la semana pasada, un
congresista republicano, el neoyorquino Chris Collins, descubrió el pastel:
“Mis donantes básicamente me dicen que lo hagamos o que no vuelva a llamarles”.
De modo que hablamos del gobierno del pueblo, no por el
pueblo y para el pueblo, sino por los donantes ricos y para los donantes ricos.
Todos los demás odian este plan, y con razón.
He venido trabajando
desde hace seis meses la mayoría de informes presentados por “El centro de
memoria Histórica”, fundación que desde hace muchos años hace un trabajo
riguroso y serio de reconstrucción de la memoria histórica del conflicto armado
en Colombia, tiene su propio grupo de investigadores, además se apoyan en la academia, han tenido el patrocinio permanente de organismos
internacionales, en la red están a disposición una infinidad de documentos
importantes, juiciosos, trabajos monumentales del conflicto desde la
perspectiva de las víctimas, de los victimarios, del gobierno y de la propia subversión, hechos con todas las herramientas científicas disponibles, sustentados en estadísticas, apoyados en la memoria
individual de las personas afectadas, hay mucho material que lo documenta, también están los relatos de aquellos que han sobrevivido a la tragedia de la violencia y el fuego cruzado, recurren para su elaboración a todos los archivos existentes disponibles y reconstruyen desde un investigación bien direccionada, no solo los grandes
temas de nuestra atribulada realidad desde las ciencias humanas, sino
todos aquellos hechos que han dejado alguna huella. Siento que muchas personas
hablan del conflicto y no lo conocen. En YOTUBE, hay infinidad de documentales
que los exponen en un contexto amplio y polémico, pero que está a la mano de
cualquier persona. Igual trabajo hacen infinidad de ONG, las universidades que
tienen capítulos específicos en este Item. El CINEP y los trabajos desde el
ministerio de gobierno y las diferentes secretarias municipales. Cito el tema,
por qué en pleno desarrollo de implementación de los acuerdos de la Habana hay
un efervescente debate con la aprobación de la JEP y la reforma política, que inexplicablemente
fuera de la responsabilidad asumida por unos pocos actores, congresistas, hombres del
gobierno, civiles y por su puesto la academia,
quienes están seriamente comprometidos con el proceso, lo conocen y lo han
estudiado a cabalidad, excepciones sin lugar a dudas, la mayoría de colombianos no están informadas, peor,
no les interesa, solo se mueven al ritmo de las redes sociales,
manipuladas casi siempre, diría sin ambages, irresponsablemente.
El tema es importante, Colombia
está definiendo su futuro. En las zonas donde más estaba recrudecido el
conflicto, hay mucha paz y la gente vive de otra manera, pese a que el gobierno
no ha atendido estas regiones y comunidades, ha dejado vastas zonas al
garete de las Bacrim y del narcotráfico con las consecuencias que tal descuido
trae y que desafortunamente se empiezan a sentir de la peor manera.
La prensa debería estar
más informada, dejar tanta noticia mediática y asumir informes serios,
rigurosos, que sean una guía para la toma de decisiones del ciudadano común. Informar
es de suma importancia en una democracia.
No es cierto que no
haya estudios sobre nuestro conflicto. Muchos de calidad. Quien conoce su
historia no la repetirá. Espero que el congreso no se inferior a sus
responsabilidades y asume y apruebe el debate con absoluta diligencia.
Rosa Montero tiene una
peculiar manera de ver la vida y la muerte, es un tema obsesivo en su obra. El
tema de la muerte lo trata desde la visión de un androide en una de sus mejores
obras y desde un personaje, Bruna, que al saber que va a morir, pues se le ha
olvidado que es mortal, va contando los días que le quedan en medio de un yo
inmenso, que lo abarca todo, se da cuenta que en dos parpadeos nos morimos, en
dos parpadeos se morirá la próxima generación y en dos parpadeos seremos
olvidados. Todo en medio de un mundo hermoso, una vida cargada de deseos y una
conciencia universal que comprende trágicamente cuan pequeños somos. Traigo a
colación el tema porque el sábado se cumplen dos años de la muerte de mi esposa
Ana Isabel, todos los días desde que se fue, después de un cáncer
lacerante que se la llevó sin ninguna licencia, pese a que he sabido lidiar con el
dolor y la ausencia que me pesa mucho, nunca dejo de pensar en lo bella que
es la vida y lo injusta al tiempo, paradoja que domina todo el espectro de
nuestra existencia, tal vez porque no hemos comprendido la muerte como realidad inexorable de la que nunca escaparemos. Heidegger trabajó este tema. Al tratar de responder
este interrogante expreso como a priori la distinción entre el temor y el
miedo”: “El miedo encuentra su origen en algo
externo. Siempre se tiene miedo de una persona o cosa determinada, no obstante
solo un ser que se preocupe por su Ser puede sentir miedo. Al tener miedo el
hombre se preocupa por su propio ser-en-el-mundo.
El temor no encuentra
su origen en un objeto determinado y definido. Lo que al hombre le inspira
temor es el mundo como tal. En el temor el mundo se le aparece al hombre
irremediablemente en toda su nada. Un mundo que es ajeno a él. En el temor el
hombre se encuentra a sí mismo como un ser arrojado a un estado en el que no está a gusto, y si
trata de escapar de este hecho duro, si se refugia en el ser uno-como-muchos (das Man),
su ser, su existencia se vuelve inauténtica”. “El temor es lo que constituye el
significado propio, genuino y auténtico del yo. En el derrumbamiento el hombre
se escapa de sí mismo, de su ser auténticamente el mismo, en última instancia
de su ser hombre. En el temor el hombre se enfrenta con su ser como proyecto inacabado, su ser
como posibilidad. El hombre
ejerce la ejecución de su propio ser, pero siendo un proyecto caído. Caído
porque aún no adquirido perfecto dominio sobre sí mismo. El temor descubre en
el hombre la posibilidad de ser proyecto, y esta posibilidad es la muerte.
La muerte es entendida
entonces como fin del ser potencial del hombre. La muerte es el fin de todo
proyecto, o dicho de otra manera, todo proyecto se acaba con la muerte. Por
consiguiente todo temor es temor a la muerte”[1].
En mi vida y en mi
casa, que es como decir, en el universo de mi existencia, Ana está más presente
que nunca. No solo es una guía constante de mis actos, desde el amplio espectro de lo que
significó su vida, sus enseñanzas y por su puesto su partida, con este hecho
entendí lo efímero que somos, no porque no lo supiera antes, sino porque no lo
había asumido realmente, aprendí entonces lo valioso que constituye cada minuto de la existencia,
como perdemos tiempo en cosas banales, la mayoría de veces la vida es una
constante sumisión total a cosas que ni siquiera comprendemos. Heidegger
precisa con absoluta contundencia: “Pero la muerte es parte constitutiva de la
vida del ser del hombre. El hombre desde que nace comienza a morir, comienza a
vivir con la muerte. Tan pronto como el hombre viene a la vida ya es lo
suficientemente viejo para morir.
La muerte no es, o no debe ser, un hecho vivido externamente sino que debe ser
vivido como algo intrínseco a la propia vida del hombre. Mas el
hombre, en su cotidianeidad, en su praxis, es absorbido por el anonimato”. Veo a mis hijos, con todo el potencial y la
arrogancia que les brinda una juventud cargada de posibilidades y pienso en
como los afectaría positivamente la partida de su madre…cómo dejar de ver este
hecho como tragedia y en cambio asumirlo como una realidad que nos vívifica….apenas somos un soplo
en el inmenso infinito de la existencia universal………Cada uno de nosotros debe
entender que el tiempo es lo único que tenemos y como lo enseñó Seneca en
la “Brevedad de la vida”: “La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y
la pérdida del día de hoy”. No quiero estar triste en el día del aniversario de su muerte….pienso que su presencia es total…que el río de la vida debe
continuar…y pese a que la muerte está ahí…la vida es con lo único que
contamos. Seneca también expresó: “La tristeza, aunque esté siempre
justificada, muchas veces sólo es pereza. Nada necesita menos esfuerzo que
estar triste”. Ahora, en mis rutinas pienso en Ana como grata compañía…en las mañanas
cuando despido a mis hijos digo: Soy Ana y Cesar……Cuando los espero en la noche
con angustia por los temores que no avizoran los adolescentes, sufro en silencio
y pienso: Estoy con Ana…Estamos esperando a los hijos… Siento su
presencia..su fuerza, esta ahí, siempre a mi lado……Cuando hago algo en lo que se que no estaría de acuerdo, siento su mirada……Ahora, sabiendo lo implacable que es la muerte y lo corta que es la vida la pregunta es: Qué dejamos cuando nos vamos….cual es legado…Ana dejó tres hijos formados para la
vida. Les enseñó una manera correcta de enfrentar la vida, de encararla sin mentiras, ellos son: Alegres, positivos, responsables………Están agradecidos con su legado, qué más le podemos pedir a la existencia, sino es otra que gozarse la vida…Ana llena siempre de luz y alegría este hogar…no la recordamos, la vivimos.
Prevalece en estos tiempos un
mundo cargado de tecnicismos y sentido práctico exacerbado, des-ideologizado, descarta este componente, pese a que las ideologías constituyen el marco performativo
inexorable que sustenta la acción política, dándole sentido a las practicas
gubernamentales o las oposiciones a estas; define las sociedades, en sus
principios; al estado en su estructura, las relaciones de este con sus
ciudadanos; la ideología parece no ser importante para la gente en general, para
los mismos analistas y de hecho es de la mayor relevancia. Encontré un
excelente ensayo al respecto que empieza con un cuestionamiento especifico: “La
controversia sobre el contenido y la función de las ideologías acompaña a este
concepto desde su nacimiento, habitualmente situado en el cambio del siglo
XVIII al XIX (Knight 2006). El constructo se encuentra progresivamente
desgastado, denostado y, a la vez, cíclicamente recuperado o dignificado, en
una dialéctica que parece acompañarle de forma constante (Orjuela 2007; Ariño
1997; Eagleton 1997)”[1].
El libro: “Ideología” de Terry Eagleton está justificado de esta manera: ¿Cómo
explicar este absurdo? ¿A qué es debido que en un mundo atormentado por
conflictos ideológicos la noción misma de ideología se haya evaporado sin dejar
huella en los escritos posmodernos y postestructuralistas?”. Cuando se habla
del estado, de sociedad, de gobierno, nadie se preocupa por las configuraciones
teóricas de carácter ideológico que lo hacen posible. He oído hablar de crisis
de los partidos políticos y es poco lo que escucho sobre la estructura
ideológica que los sustentan.
Eagleton tiene una
hipótesis frente a esta crisis: “Muy brevemente, sostengo que tres doctrinas
clave del pensamiento posmoderno han convergido en el descrédito del concepto
clásico de ideología. La primera de estas doctrinas se basa en el rechazo de la
noción de representación -de hecho, un rechazo de un modelo' empirista de
representación, en el que con el desagüe del baño empirista se pierde, con la
mayor indiferencia, el bebé representacíonal-. La segunda doctrina gira en
torno a un escepticismo epistemológico, según el cual el acto mismo de
identificar una forma de conciencia como ideológica entraña alguna noción
insostenible de verdad absoluta. Considerando que esta última idea tiene pocos partidarios
en la actualidad, la primera se desmoronará tras sus pasos. No podemos
calificar a PoI Pot de fanático estalinista, ya que ello implicaría una
certidumbre metafísica acerca de lo que supondría el no ser un fanático
estalinista. La tercera doctrina atañe a una reformulación de las relaciones
entre racionalidad, intereses y poder, de carácter más o menos neonietzscheano,
según la cual se considera redundante el concepto de ideología sin más”[2].
Tal vez a estos componentes se le suma una monumental imposición de los
tecnicismos de una sociedad de consumo que relativizo las ideologías, las
convirtió en una mercancía más, como todas ellas, tiene un tiempo corto de
vida, lo que es un exabrupto, pero cobra mucho sentido en la práctica actual.
Manzano en su ensayo establece: “La controversia comienza en su propia definición,
sobre la que no existe unanimidad. Y continúa a través de discusiones que se
establecen en torno a contemplar el concepto en la práctica, a considerarlo
opcional o inevitable, a incluir sus efectos sociales y psicológicos, o a
centrar la atención en su relación con otros conceptos pertinentes para
entender el comportamiento humano”.
Resulta necesario entonces
recordar: “La ideología es un acompañante inevitable. El mundo es observado
siguiendo algún marco perceptivo que organiza valores y facilita la
comprensión. Con los términos de McCombs (1996), las personas necesitamos
contar con algún sistema de orientación que nos permita pensar y actuar en el
mundo, es decir que alimente la impresión de que sabemos cómo funciona y qué
hacer. Es más, generamos tal fidelidad y dependencia de estos sistemas
organizados que para salvaguardarlos llegamos a admitir engaños y
manipulaciones (Luhman 2005)”[3].
Parece no importar, fuera de la academia y algunos especialistas que siguen
recabando en el tema, que es más importante de lo que se quiere admitir. El
tema rebasa lo social, compete también al individuo: “El carácter inevitable de
las ideologías se afianza también desde su relación con las identidades individuales,
de tal forma que la adscripción al marco forma parte de la construcción del Yo.
No en vano, la ideología puede ser concebida como una narración sobre el mundo,
mientras que la identidad es una narración sobre la propia persona, que cuenta
a las demás y a sí misma (Saavedra 2007)”[4].
La ideología es aquello en que
las personas creen, el contexto que lo cubre todo, sustentan el tipo de
sociedad y estado en que viven y creen, los hombres mueren y viven por una
ideología, estas constituyen motivo de la acción individual y política para
refutar o imponer un modelo de sociedad, de gobierno y por lo tanto estado, de
las grandes revoluciones que han trasformado el mundo.
Imposible dejarlas a un
lado…tal vez se pueda ignorarlas, pero siempre estarán ahí, alimentando la súper-estructura
del estado en todas sus variables y por tanto al sujeto.