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domingo, febrero 16, 2014

LA CUMBRE DEL PACIFICO



Desde hace muchos años esperábamos de la clase dirigente latinoamericana una alianza de este tipo. La ceguera de nuestros gobernantes es inexplicable en algunos casos. Mirar al pacifico era una  necesidad inaplazable frente a los lineamentos del desarrollo del mundo, que ha encontrado en las economías de China, Japonesa, los tigres asiáticos, verdaderas locomotoras que han revolucionado la manera de hacer negocios y generado procesos de innovación tecnológicos verdaderamente catalizadores en el termino más general, tanto para la industria, el mercado y el propio consumo, pues tienen pensando y actuando al mundo al ritmo de su irrefrenable crecimiento.
El acuerdo firmado en Cartagena Colombia entre México, Chile, Perú y Colombia que eliminará el 92 % de los aranceles, constituye el reto de producir y competir por un mercado de 2000 millones de habitantes. Pondré un ejemplo de dicho dinamismo. El departamento de Santander Colombia a octubre de 2013 realizó  exportaciones con destino a México, Perú y Chile por un valor cercano a los US$20 millones, en productos como tabaco, cacao, prendas de vestir y calzado[1]. Estoy hablando de una sola región y con aranceles corrientes. Sí los congresos respectivos de cada país lo ratifican y no se dejan meter gato por liebre de los gremios e intereses particulares, el acuerdo creara una plataforma comercial inigualable.
Esta ola de acuerdos multilaterales tuvo un auge muy intenso después de 1991, pero de la noche a la mañana los gobiernos de la zona se dejaron influir por los grandes conglomerados comerciales, quienes no permitieron que sus monopolios internos fueran tocados y ejercieron una presión que termino en el desmonte de los mismos, lo que con el tiempo fue un retroceso de las políticas de apertura y globalización en boga en el mundo.
Este acuerdo se produce en medio de los graves problemas de Venezuela, quien ha eliminando de un solo tajo la libertad de prensa, además de cercenar la participación política, en amagos dictatoriales más fruto de su incapacidad que de otra cosa. A la par vive una crisis económica sin parangón, con problemas de suministro de los productos mínimos para la supervivencia de la gente, que realmente no sabe qué hacer en medio de tanta incompetencia de sus gobernantes. No entiendo como no hay ningún pronunciamiento de sus vecinos frente a las medidas en contra de la prensa libre.
El acuerdo que le da vía libre a la Alianza para el pacifico es el primer paso de la consolidación de un comercio global, que de ser exitoso, será la apertura a un mercado inmenso con amplias posibilidades para la industria, el mercado y el empleo en Latinoamérica. Esperamos no halla retroceso en esta materia.




[1] Vanguardia liberal c16 de febrero del 2014

domingo, febrero 09, 2014

JAIME ALBERTO VELEZ



JAIME ALBERTO VELEZ

Hay escritores que debemos hacer perdurar, sus textos son de una calidad y factura optima,  el olvido arremete injustamente contra una divulgación que se hace necesaria en estos tiempos de tantos vacios en materia intelectual. Jaime Fue escritor y profesor de la Universidad de Antioquia. Escribió en la revista “El Malpensante” de Colombia la columna Satura durante casi cuatro años. Esta labor es apenas un pequeña parte de sus extensas contribuciones con la literatura y el pensamiento creativo en general.
Alguna vez colabore para una tesis sobre este excelso escritor Antioqueño. Su gran búsqueda: Escribir una novela, que a la vez fuera poesía y ensayo. Escribió Pablo Montoya, sobre su ejercicio, otro representante digno de la letras colombianas: “Su escritura depurada, la certeza de que hacer literatura no puede reducirse a los frecuentes actos del exhibicionismo periodístico, y la práctica de un escepticismo lúcido, son suficientes motivos para celebrarlo”. Este profesor, adoraba el mini cuento por sus Atributos y por la simplicidad en un siglo donde nunca hay tiempo para nada. Disfrute sin aspavientos “Piezas para la Mano izquierda “, nunca fue un hombre de gran prensa pero contaba con su propio público quien lo leía religiosamente, sobre todo en sus columnas.
Su poesía es otro cuento. Jaime fue un relojero de la escritura, un amante de la gramática y un estudioso de la musicalidad del idioma. Lo hacía con una pasión desmedida. Su última novela La baraja de Francisco Sañudo, es una búsqueda a integrar en  un sólo texto todos los géneros literarios. Pablo expresa: “plantea la posibilidad de convertir un texto literario en un manual de predicciones”.
Quiero rendirle un homenaje publicando algunas de sus excelentes columnas:



CONTRA LA DIFICULTAD
Mientras algunos la elogian, otros ven en la fascinación por la dificultad una indeseable transmigración de las pulsiones religiosas.
Una larga y arraigada tradición religiosa estima que el premio eterno sólo se alcanza mediante ingentes sacrificios personales. La idea del paraíso, por esta razón, brota de una humilde imaginación que habla de escollos y de esforzados merecimientos. La aflicción representa la garantía para un gozo postergado hasta la otra vida, de suerte que el disfrute de alguna recompensa anticipada se considera inmerecido y se entiende como el anuncio cierto de una próxima desgracia.


La afirmación según la cual el camino del cielo se encuentra erizado de espinas representa una enseñanza repetida con énfasis en los cursos de inducción a la doctrina religiosa. Las vidas de los santos más representativos, utilizadas como modelos dignos de imitación, resaltan precisamente las penalidades necesarias para obtener el galardón de la vida eterna. De ahí que el martirio, la virginidad, el ayuno, el cilicio, la oración, la obediencia, es decir, todos los sufrimientos y privaciones posibles se tomen como los únicos medios para alcanzar el paraíso, y configuren también el ideal que los fieles deben perseguir en su modo de actuar y de desear. Para esta concepción religiosa, el deseo y el dolor resultan inseparables uno del otro, de modo que se anhelan pruebas y padecimientos, antes que triunfos terrenales. Esta religiosidad, marcada por la huella indeleble del estoicismo, afirmará que una vida plena de inconvenientes evidencia una inobjetable y deseada elección divina. Lucio Anneo Séneca, en el tratado De la divina providencia, sostiene que “las cosas prósperas suceden a la plebe y a los ingenios viles”, y que, al contrario, “las calamidades y terrores, y la esclavitud de los mortales, son propios del varón grande”. En su afán por defender la dificultad, Séneca llega al extremo de asegurar que “el vivir siempre en felicidad, y el pasar la vida sin algún remordimiento de ánimo, es ignorar una parte de la naturaleza”.

Este pensamiento, adecuado para crear una moral de esclavos, según Nietzsche, o cuya pretensión consiste en “ser libre tanto sobre el trono como bajo las cadenas”, según Hegel, sirvió de fundamento teórico al cristianismo y se convirtió, en ciertos aspectos, en parte integral de la misma doctrina. Una moral concebida en principio para contener los ímpetus de la plebe romana penetró de modo tan profundo las distintas capas de la cultura, que los logros personales y la fortuna favorable comenzaron a tomarse desde entonces con discreción y aun, en ciertos casos, se intentaron ocultar. Las críticas del estoicismo al epicureísmo insistían en los defectos terrenales de una teoría que consideraba posible la felicidad como un efecto de la virtud individual. Todo lo que no implicara privación significaba para el estoicismo desborde sensorial y, por tanto, manifestación de un grosero hedonismo.

Pero Séneca no sólo exaltó la dificultad, sino que llegó a considerar que el hombre virtuoso se alegra con las adversidades, tanto como los soldados con la victoria. Precisamente a esta tradición moral se debe que en cualquier actividad humana se resalten, por encima del triunfo, los inconvenientes propios de la contienda, y que, antes que satisfacerse con lo obtenido, se hable de los conflictos que se avecinan y de los apuros que puede generar el lugar preeminente alcanzado. En relación con la vida de los sabios, de los grandes artistas y de los científicos, por ejemplo, cierta tradición cultural insistirá de modo invariable en que alcanzaron lo que buscaban después de incontables penalidades y esfuerzos. Para no contrariar una concepción religiosa senequista, pocas veces se dirá que, lejos del sufrimiento y de los obstáculos, ellos se deleitaron entregando sus vidas a lo que querían realizar. La verdadera dificultad para un hombre de éstos habría sido verse privado de su vocación. Sólo un individuo sandio o incapaz puede ver las vidas de los grandes hombres como una sucesión de inconvenientes y de pruebas. Aun el santo puede obtener placer de sus privaciones, a tal grado que encuentre enojoso otro modo de vida. Todo radica, al fin de cuentas, en la pasión con que se asuma la realización de la vida y de la obra. La dificultad constituye, a lo sumo, una variable secundaria y accidental dentro de un proceso.


En “Un artista del trapecio”, Franz Kafka se refiere a un hombre que, ante el asombro de su empresario, pide un segundo trapecio, es decir, una nueva complicación en apariencia. “Sólo con una barra en las manos, ¡cómo podría yo vivir!”, exclama sollozante. La entrega del artista a un arte cada vez más exigente podría parecer, para un lego en el asunto, como un sacrificio, pero en el fondo lo impulsa tan sólo el deseo de satisfacerse. La costumbre de permanecer día y noche en el trapecio —dice Kafka— había terminado por volverse tiránica. Impulsado por una modestia engañosa que encubriría la más refinada forma de soberbia, el artista podría hablar del trabajo y de los desvelos que le cuesta su arte, pero él sabe que ni siquiera se ha esforzado lo suficiente. De no existir el empresario y sus exigencias, trabajaría para sí mismo; de hecho, permanece en el trapecio aunque no asistan espectadores que puedan apreciarlo.


Este artista del trapecio, al igual que los grandes hombres, produce ante el público cándido la impresión falsa de que se sacrifica, cuando lo de veras doloroso para él habría sido privarse de la actividad que más deseaba. En el caso de una competencia deportiva, por ejemplo, resulta claro que quien menos dificultades experimenta es precisamente el ganador. La capacidad, el saber y el deseo vuelven irrelevantes los obstáculos que, para el último de los competidores, se convierten en verdaderos escollos, insalvables en algunas ocasiones. De este modo, el elogio de la dificultad en cuanto tal entraña en realidad la exaltación del fracaso, de la derrota y del atraso. Lo que menos importa para un hombre capaz son los tropiezos, efectivos e influyentes para quienes flaquean o desisten. Lo que ocurre, más bien, es que si el derrotado no enalteciera los inconvenientes, ¿cómo podría justificar el pobre resultado obtenido? La incompetencia y la ineptitud, pues, garantizan un más prolongado contacto con las dificultades.

ELOGIO AL BAR

Un escritor joven, antes de garrapatear su primera página memorable, debe tratar de permanecer el mayor tiempo posible en el bar. No existe otro lugar donde pueda aprender tanto sobre el oficio, pues en él se ha concentrado, sin duda, buena parte de la literatura actual. Puesto que por allí pasan todos los tipos y todos los caracteres posibles, también resulta natural que se discutan los asuntos cruciales que merecen aparecer hoy en una obra literaria. Una prolongada y activa permanencia en el bar, por tal razón, resulta más fructífera que el más profundo de los estudios teóricos sobre la literatura. En caso de no asistir a una escuela tan privilegiada, el escritor joven no tendría manera de conocer los trucos para lograr ser publicado, las influencias para asistir a un congreso o a un recital, los requisitos para aparecer en una antología. La gran verdad es que la suerte de la literatura nacional se define, semana tras semana, en una mesa llena de copas. Cuando se habla sobre la literatura de un pasado reciente, pocas veces se conocen las ideas de un escritor, pero lo que todos saben siempre es con quiénes solía brindar con frecuencia. Los académicos e historiadores, pese a la solemnidad con que suelen abordar sus asuntos, denominan abiertamente a este grupo de bebedores consuetudinarios con el nombre de generación. De modo que, aunque la crítica desconozca el verdadero valor de un escritor, sabe sin embargo con certeza el puesto que ocupaba en el bar.


Ahora bien, si la estadía tiende a prolongarse más de lo debido y el aprendiz empieza a ceder su condición de joven promesa de las letras, no ha perdido mayor cosa, pues al fin y al cabo allí irán a parar también los escritores maduros, especialmente si escriben mal y empiezan a sentirse fracasados. De modo que un joven, sin haber escrito nada, puede alcanzar la misma condición del que ha malgastado su vida entera escribiendo. Si se mira bien, además, este tipo de competencia beneficia más a éste que a aquél. Es evidente que posee más ventajas el mal escritor que no escribe, que el mediocre que ha publicado en abundancia; de éste, para su desgracia, quedan pruebas evidentes. Además, el escritor que jamás condescienda a la vida bohemia debe recorrer un largo y tortuoso camino para descubrir, al cabo del tiempo, las decepciones que cualquier principiante borracho conoce casi desde el principio.


El modo como se abordan las vidas ajenas en un bar, esa capacidad para resumir en unas cuantas palabras una vida entera, constituye un recurso que debe más al alcohol que a la preceptiva literaria. Es probable que muchos de los asistentes a estos lugares públicos no hayan leído buena y copiosa literatura, pero no pueden negárseles, en cambio, sus amplios conocimientos biográficos. Su especialidad, en rigor, radica en las vidas ajenas. La ventaja del bar consiste en que se puede hablar profusamente de los demás, sin el temor frecuente de ser considerado como un simple erudito. Nadie domina más vidas de escritores desconocidos que el que asiste a estos sitios. Algunos alegarán que se trata de una información bastante local y reducida, pero como defensa se podría alegar que la misión de la verdadera literatura consiste, según lo demostraron grandes maestros como Tolstoi, en volver universal la aldea a la que se pertenece. Los libros suelen hablar con recato y con prudencia de las grandes figuras literarias; entre el alboroto y el humo de un bar, en cambio, se habla con pasión y con conocimiento de causa. A un escritor educado entre este bullicio palpitante debe resultar inconcebible que otros traten de aprender en el silencio y la asepsia estéril de una biblioteca.

Resulta innecesario intentar demostrar que un solitario difícilmente descubriría por sí mismo los gestos, los modales, las poses y los modismos que caracterizan a la gente de la cofradía. La de escritor es una profesión ardua y compleja en la que lo que menos importa es la página —siempre en blanco, por supuesto— y adquieren más valor, por el contrario, los modales aprendidos, esos que permiten una comunicación instantánea entre los aficionados a las letras. El bar encarna precisamente esa hermandad secreta, más perceptible aún en el instante en que cesa la música y se encienden las luces, luego de haber recibido durante toda la noche los halagos y las lisonjas necesarios para sobrellevar un oficio tan penoso y tan solitario. ¿Adónde más podría ir un escritor frustrado si no al bar? Por más escasos que sean los méritos literarios, por más desaciertos que registre en los últimos días, en ningún otro sitio encontraría con tanta facilidad una felicitación y un impulso, a cambio solamente de invitar a otros a unas cuantas copas.


Conviene que un escritor asista solo a estos lugares, es decir, sin la compañía de su amada. Un joven feliz, lleno de talento y de logros profesionales, resultaría ridículo en este lugar si alguien lo acompañara. Para encontrar acomodo, tendría que empezar por fracasar en algún aspecto de su vida. De no cumplir este requisito, sería mirado no sólo como un intruso o como un aguafiestas, sino como un indefenso principiante. Fracasar, sin embargo, no resulta tan fácil como se podría pensar, pues no se puede perder de vista que se trata al fin de cuentas de vidas literarias. Imposible integrarse a la bebida sin conocer antes las andanzas de Poe, de Baudelaire o de Malcolm Lowry. Aún más: cualquier trago, por más inconveniente que parezca la hora del día, posee un respetable respaldo bibliográfico. En este aspecto radica la diferencia con aquellos otros que beben ingenuamente y sin fundamento literario. En un caso se trata tan sólo de un vicio, mientras en el otro forma parte de la historia de la cultura. Referirse a lo dionisiaco o a la ebriedad en la mística sufí, por ejemplo, abre las puertas a otra dimensión. Y la prueba más evidente de que no se trata de haraganería o de simple pérdida de tiempo se encuentra en que Dostoievski, ebrio y preocupado por los borrachos, terminó por escribir casi inadvertidamente una obra maestra. Es fama también que Kavafis acostumbraba asistir a ciertos bares de Alejandría, complementados por un segundo piso donde pasaba con frecuencia de la teoría a la acción, esto es, al referente concreto de su poesía. Como el aventurero clásico, como el bandido, como el héroe incomprendido, o como el solitario de otra época, la figura del bebedor aparece hoy dignificada y exaltada por escritores y por personajes famosos. “Vivir en continuo temor por su vida”, como el cónsul Firmin, representa un nuevo ideal, una divisa inseparable de la vocación literaria. De un hombre sensato y medido, que sólo asista unos breves instantes al bar en el comienzo de la noche, no se puede esperar más que aquello que produce la gente del montón.


Un escritor joven, aun antes de comenzar su carrera, debe saber que la preeminencia de este lugar estriba en que el contacto asiduo con blasfemos, crápulas y calaveras garantiza ese otro punto de vista tan necesario para comprender la marcha de la sociedad. Y si jamás llegara a escribir una sola línea de valor, de lo que se trata al fin de cuentas, como lo postuló Nietzsche, es de convertir la propia vida en una obra de arte. Y nada más fácil de empezar a lograr, que después de un par de co
pas.




domingo, enero 26, 2014

EL DEPARTAMENTO DE CALDAS COLOMBIA UN MODELO DE GESTIÓN PÚBLICA EN ÉPOCA DE CRISIS






Europa apenas está saliendo de la fase inercial, de la peor crisis financiera y socioeconómica de todos los tiempos que se tenga historia. La manera como la afrontó deja mucho que desear y lo que es peor, el manejo propiamente de la clase política y de la administración, la toma de decisiones, es un oprobio y un ejemplo de, lo que no debe hacerse nunca en materia de gestión pública.
El eje cafetero de colombia fue la zona más importante gracias al cultivo del café, que entre otras cosas es y será el principal producto agrícola del país por razones muy especiales. Desde hace 120 años esta región, lo fue, no tanto por el factor económico, sino por aspectos meramente sociales. Durante mucho tiempo fue la zona del país más productiva, solventando con sus excedentes algunas de las peores crisis nacionales y durante años atendieron gran parte de las políticas del desarrollo colombiano. La región constituye el mejor modelo de inclusión social, convivencia pacífica, tiene un centro universitario connotado, de mucho renombre, una región privilegiada. Dicho en términos coloquiales, es una zona emblemática, con una capital hermosa e importante, en un tiempo record, pues es uno de los departamentos más jóvenes; con una calidad de vida superior al promedio nacional, acostumbrados a viajar por el mundo gracias a su excelente situación económica. La zona cafetera ha tenido siempre una infraestructura privilegiada, fincas cafeteras hermosas, que inclusive les permitió en esta crisis, desarrollar el ecoturismo, la industria sin humo, hoy es un ingreso adicional importante.
Las crisis sucesivas del cultivo, del país en general y del mundo en la última década; los errores de muchas administraciones por más de 30 años (no quiere decir que no hubo aciertos); la corrupción, la situación crítica del precio del cafe, la revaluación; llevaron al departamento de Caldas a una crisis sin precedentes, a colapsar y a vivir una situación económica y social nunca antes vista. A muchos se les olvida que el café es el cultivo que más empleo otorga, debido al minifundio, sus trabajadores tienen el mejor nivel de vida en todo el sector rural. Este cultivo es importante no solamente por los aspectos  económicos sino por lo que significa socialmente.
El manejo que le dió el gobierno nacional y el departamental en los últimos 30 años fue nefasto. Lo acabaron las malas prácticas. Cuáles fueron estas causas: Una clase política perversa, administraciones irresponsables, absolutamente corruptas, nunca atendieron los conceptos modernos de la administración pública, necesarios por demás en estos tiempos, se quedaron en el modelo clientelista y de reparto del poder, con las malas prácticas, como si el presupuesto fuera una torta de cumpleaños, con muy pocos invitados y sólo para usufructuar entre la clase elitista y privilegiada de la ciudad, que además asumía privilegios sucesorales.
La crisis desde lo público fue o es muy grave. La administración se quedó sin recursos y entró prácticamente en cesación de pagos y en una fase inercial, con consecuencias por todos conocidas, que se tradujo en el peor paro cafetero que se tenga conocimiento en la historia. La ciudad privilegiada de otrora tiempos, comenzó a bajar sus ingresos y su nivel de vida, el desempleo llegó a niveles nunca vistos y lo peor: Al departamento lo tomó un pesimismo general, una especie de no se pudo, con ítem aún más grave: se quedó de ciudades con menos capacidad e historia, lo que es peor, no asumió esta realidad con la importancia que tenía y por lo tanto no se direccionó, ní se solucionó ni se tomaron las decisiones a tiempo. Nunca en una sociedad, a pesar de los síntomas graves, las cosas son tan malas como parecen mostrar las cifras, la estadística y la caída del nivel de vida.
Está caminando una generación joven, preparada, muy política desde la perspectiva de las buenas prácticas (La política siempre es buena, no quisiera oír nunca más que la juventud es apolítica), comprometida, inteligente, con  carácter y la preparación para sacar adelante esta zona. Esto que parece un eslogan de campaña, es absolutamente cierto: Así lo demuestran las decisiones tomadas en las dos últimas administraciones. En mi criterio es un ejemplo relevante de gestión pública.
Cuál sería la mirada de la misma desde lo técnico:
1.- Crisis del modelo dual de la producción cafetera.
2.- Endeudamiento excesivo de la administración y del departamento que significo una fase inercial de la misma.
3.- Una estructura administrativa anquilosada en malas prácticas.
4. —Graves consecuencias sociales en amplios sectores, que terminan en una alta tasa de desempleo.
5. - La crisis afecto el mejor modelo empresarial desde lo social en Colombia, significó cambios desde lo económico y social, privilegio, rentable, inclusión, que no so debe manejarse sólo con racionalidad económica, que pone en grave situación una base social de 500.000 familias con ingresos altos, ósea, 2.500.000 personas.
Por buena fortuna, se están aplicando modelos de gestión pública absolutamente novedosas, que en mi apreciación fueron acertadas, inteligentes y corresponden armónicamente a la grave situación.
Quien lideró este proceso: MARCELO MEJIA GIRALDO, un hombre joven, preparado en las mejores universidades, riguroso, atiende sólo a procesos, con visión clara de lo social, convencido que sólo el conocimiento y la educación sacarán a estos pueblos de la pobreza, entendió a cabalidad cuando asumió la gestión pública, que la misma sólo es positiva  por sus resultados. Expresaba Marcelo siempre con énfasis: "El accionar público debe ser transparente e indefectiblemente deberá rendir cuentas a la sociedad civil". El mejoramiento continuo de la Administración Pública lo basó en el  fortalecimiento de las herramientas de gestión y administración a la mano,  consolidadas en un sistema ágil que permite el buen uso de los recursos y optimizar la capacidad del Estado, para producir resultados en pro de los intereses ciudadanos y políticas de inclusión basadas en los principios de equidad e igualdad.
Solo quiero hacer énfasis como desde INFICALDAS, que es el banco del departamento, enfrentó la crisis en plena armonía con el gobernador y le dio una bitácora que en mi apreciación es un ejemplo a tomar como modelo de buenas prácticas en gestión pública en época de crisis.

El Doctor se basó en estas premisas:

1.-  Reconocer la situación sin cortapisas.
2.- Definir las acciones sin populismos, con herramientas técnicas, líneas de gestión pública ágiles, liderada por ejecutivos con pleno conocimiento de los objetivos y sin atender a las presiones de la clase política, que de seguro las rechazara de plano.
3.- Generar inversiones atendiendo a lo social, con plenas garantías de retorno que se tradujeran indefectiblemente en políticas de inclusión social y el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes.

En este sentido tomó las siguientes decisiones:
1.  Entrar en cesación de pagos, desde las herramientas de ley, pues las obligaciones del departamento tenían absolutamente colapsada la administración, estaba prácticamente quebrado, por ello hace aprobar el acuerdo que  le permitiría: obtener plazos muertos, asumir nuevos créditos. Tener capacidad de inversión para  atender las necesidades puntuales en inversión que se tradujeran en mejoramientos sociales y empleo, en términos simples calidad de vida y esperanza, diría además vuelta a la confianza. Todo desde la ley y con respecto a la democracia
2.  Políticas claras y una ruta especifica: Infraestructura, transporte multimodal de la ciudad de Manizales que integrará a todo la zona metropolitana, con un único objetivo: mejorar los desplazamientos en tiempo y calidad.
3.  Inversión en TIC, educación y aplicación absoluta del gobierno en línea que garantizará a todos los niveles: transparencia.

La semana pasada este joven político y gestor renunció. Dejó a su departamento con una carta de vuelo clara, con objetivos concretos,  de hecho es para mí el ejemplo a tomar de lo que debe ser la gestión pública en época de crisis. Grandes obras: Cable vía, inversiones en el sector hidroeléctrico, , plan educativo serio basado en las TIC, infraestructura  que garantizan un mejoramiento de las vías  primarias, secundarías y terciarías. En síntesis recuperó la confianza de una región, sembró esperanza y generó aprendizaje de lo público en una pléyade de jóvenes, quienes están entendiendo que la política es algo más que puestos y el usufructo a favor de los intereses privados. Aprendieron que la misma se atiende sólo a procesos claros, ejecuciones con sentido social y enrutamientos rigurosos y específicos que significarán de seguro, el aumento en la eficiencia en el uso de los recursos públicos, la aplicación de estrategias múltiples y diferenciadas en la consecución y asignación de los mismos, en un marco equilibrado entre criterios técnicos y políticos.