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jueves, julio 16, 2026

SE NOS FUE LA SEÑORA ESTELA

 Ayer recibí una nefasta noticia. No por el hecho en sí, sino por todo lo que implica. Siempre en el ocaso de nuestras vidas la soledad implacable nos espera a la vuelta de la esquina. La tienda de Karen en el barrio Fatima de Medellín es un microcosmos social que me ha enseñado mucho de la existencia con todos sus altibajos y alegrias, sus sorpresas y visicitudes. Antes de ayer encontraron a la señora Estela muerta en su apto. La conocí en el local de Karen, con su baston, sus dificultades para caminar y sostenerse, siempre solicitando una mano que le ayudara, tratando de sentarse, con una amabilidad entre compasiva y suplicante. Cuando la veia recorba la lectura de la novela "La nausea" de Jean-Paul Sartre. El relato es  una inmersión profunda en la soledad, el absurdo de la existencia y la desconexión con el entorno a través del diario de Antoine Roquentin. Cómo después de luchar tanto nos avasalla una existencia absurda, dura y cargada de un profundo abandono social. La vida de doña Estela fue dificil, por sus vicios y la manera de ser. Es cierto que se había vuelta incomoda para sus vecinos hasta el punto que muchos de ellos la evitaban.

Estela llegaba a eso de las cuatro de la tarde en un carro cualquiera. Había que ayudarla incluso para bajar del auto. Lenta pero amable, saludaba con cierta resignación compasiva y por esos mecanismos de defensa que nos inventamos los viejos para sobrevivir. Miraba a cualquiera de los jovenes habituales en el lugar para pedirle ayuda y en últimas después de tomarse cualquier cosa, la llevara a su apartamento. Su imagen de solitaria, es la que me quedó grabada. He dicho que tener a alguien que te espera o se preocupa por uno es un aliciente a las frecuentes durezas y golpes que nos somete el destino y la vida. La soledad es la carencia de compañía, ya sea de forma física o emocional. No dejo de pensar en "El coronel no tiene quien le escriba" (Gabriel García Márquez): Relata la vida de un viejo coronel retirado que sobrevive en la pobreza esperando una pensión que nunca llega, aferrándose a la esperanza en medio del aislamiento.

Parece que doña Estela llevaba varios días de fallecida sin que nadie se percatara. Es un hecho que la descomposición interna comienza a los pocos minutos de la muerte mediante la autólisis (autodigestión celular). La putrefacción bacteriana visible arranca generalmente entre las 10 y 24 horas, iniciando con una coloración verdosa en el abdomen y continuando con la hinchazón por gases. Tal vez esto fue lo que sucedió. Lo terrible es que ninguno notó su ausencia. 

Son muchas  las cosas que hacemos para combatir la soledad. La novela y la literatura lo han descrito mejor que la vida misma. En memorias de mis putas tristes de Gabriel García Marquez, un periodista de noventa años decide celebrar su cumpleaños con una joven prostituta. En el encuentro pasa algo que nunca pudo haber imaginado, ya que en sus noventa años nunca le había pasado, se enamora. No se me olvida una de las frases memorables de esta novela del escritor colombiano: "El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor".

Poco sé de la vida de doña Estela. Me queda su imagen intacta, sus pasos lentos, su mirada y esa forma de entender la vida tan alocada y como si tuviera veinte años. Quería dejar este registro y evitar con ello que su ausencia pase simplemente como un chisme de Barrio. Después de encontrarla y someter su cuerpo a los protocolos legales, los vecinos debieron hacer muchas cosas para evitar los malos olores y las moscas verdes que parecian de otro mundo, se volvierón un lastre. Alguien dijo con sorna: Esta señora incomodó  a sus vecinos  hasta después de muerta.



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