Creo que he habitado más en el famoso pueblo ficticio creado por el escritor colombiano Gabriel García Márquez que en mi propio entorno. Macondo es el escenario principal de su obra maestra, Cien años de soledad, y de otras novelas como "La hojarasca" y "La mala hora". Simboliza la historia, la cultura y la magia de América Latina. Es como un espejo donde huyo cada vez que no quiero estar en este mundo. Otras veces me traslado a Hogwarts el Colegio de Magia y Hechicería del universo Harry Potter o a La Tierra Media: El vasto mundo fantástico de J.R.R. Tolkien (El Señor de los Anillos). En ocasiones creo que vivo más Comala: El pueblo fantasmal y asfixiante de Pedro Páramo de Juan Rulfo. Ahora se me viene a la cabeza "De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida", es la segunda de las consideraciones intempestivas escritas por el filósofo Friedrich Nietzsche. Las cuatro consideraciones fueron escritas entre 1873 y 1876. Pensar bailando en el filo de la navaja se ha vuelto una constancia en mi vida. Esta semana volví a visitar al Barrio Santa Lucia. Los lugares definitivamente cambian mucho con el tiempo y una persona nunca será el mismo después de dejar ver un sitio por momento prolongadados. Sentí tristeza, el barrio tiene un sabor a saudade, a nostalgia perdida. El parque de los iconoclastas está recurrido por personas extrañas. Fuera de los habitos comunes hay una metamorfosis en su habitad.
Ayer termine de leer una biografía de la gran escritora Clarice Lispector. La compare con la biografía novelada de Gabiel Vasquez "Los nombres de Feliza". Esta última me dejo un sabor agridulce. Creo que el escritor no logro atrapar una vida de por sí muy misteriosa y llena de incognitas. En cambio la biografía de Benjamin Moser de la Lipestor es impecable. Desde el comienzo lo impacta a uno por la forma como la describe: "en Brasil, la Esfinge de Río de Janeiro, una mujer que fascinó a los hombres de su país casi desde desde la adolescencia. «Su visión me impactó», recordaba el poeta Ferreira Gullar de su primer encuentro. «Los ojos verdes almendrados, los pómulos marcados; parecía una loba, una loba fascinante… Pensé que si la volvía a ver, me enamoraría de ella sin remedio». «Había hombres que no consiguieron olvidarme en diez años», admitió ella. «Había un poeta americano que amenazó con suicidarse porque yo no le correspondía». El traductor Gregory Rabassa recordó haberse «quedado atónito al conocer a esa persona extraña que se parecía a Marlene Dietrich y escribía como Virginia Woolf»".
Empece este escrito con los lugares de mi literatura y siempre termino hablando de mis lecturas y libros. La mujeres inteligentes siempre me han inquietado: Susan sontag, Simone de Beauvoir, la propia virginia Woolf, Marta Traba, Hipatia de Alejandría , Hannah Arendt, María Zambrano, Judith Butler, Philippa Foot, Ayn Rand, para solo citar algunas. Claro, ninguna supera en su gerandeza existencial a Ursula Iguaran.
De "Memorias de una joven formal" de Simone de Beauvoir aprendí a existir sin concesiones a falsos ideales o autoengaños. Recordé el poema sw Maria Merces Carranza:
AQUÍ ENTRE NOS
Un día escribiré mis memorias, ¿quién
que se irrespete no lo hace? Y
allí estará todo. Estará el esmalte
de las uñas revuelto
con Pavese y Pavese con las agujas y
una que otra cuenta de mercado. Donde
debieran estar los pensamientos
sublimes pintaré
tus labios a punto de decirme
buenos días todos los días. Donde
haya que anotar lo más importante
recordaré un almuerzo
cualquiera llegando al corazón
de una alcachofa, hoja a hoja.
Y de resto,
llenaré las páginas que me falten
con esa memoria que me espera entre cirios,
muchas flores y descanse en paz.
Me evocó de igual manera a Elizabeth Bennet, mejor conocida como Lizzie. La protagonista de Orgullo y prejuicio tiene una personalidad sarcástica, valiente e ingeniosa que destaca en una época restrictiva para las mujeres. Su historia con Mr. Darcy se ha recreado incontables veces en la televisión y el cine, y su desarrollo ha sido inspiración para escribir muchas de las mujeres ficticias que hoy conocemos y adoramos. Por su puesto, todas me reucerdan a mi madre Myrian y a mi esposa Ana Isabel Ruiz. Les pido disculpas a mis lectores por estas dispersiones en ocasiones tan necesarias.

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