Desde
hace muchos años he comprendido que es imposible apartarse de los temas
económicos y que parte de vivir inmerso en este capitalismo voraz, significa
comprender su naturaleza perversa. Estoy leyendo con mucho juicio el libro de
Thomas Piketty, “El capitalismo”, es un estudio riguroso sobre la
distribución de la riqueza, partiendo de los prejuicios que tiene la misma, es
un cuestionamiento a como ha sido su trato y comportamiento desde la perspectiva
histórica, volviendo a retomar los grandes teóricos desde la revolución
industrial hasta nuestros días. El tema quiero
analizarlo y discutirlo a la luz de la reforma tributaria que se está tramitando en
Colombia.
En el
primer debate en la camara de representantes, se aprobó en el congreso colombiano el impuesto a la riqueza y se
dejó por fuera otro que se denominaba impuesto a las utilidades. Para empezar
quiero admitir que no soy tributarista y estoy lejos de ser experto, pero que
el componente político de los impuestos, si me ha interesado de sobremanera. En la materia de hacienda pública como estudiante de derecho, se estudiaba sin tanta parafernalia que los ingresos de la
nación eran los impuestos, las tasas y las contribuciones, además de los
ingresos extraordinarios por crédito interno y externo. Parto del hecho, que el
capitalismo no tiene competencia, es lo que se impuso, cada vez sin
regulaciones en una especie de la vorágine, en este sistema la función de los
impuestos dentro del marco de la distribución de la riqueza es de suma
importancia para equilibrar las cargas, con alguna equidad, pues hoy prevalece la concentración de
la riqueza, el dinero está en manos de muy pocos. Los impuestos son
aprobados por el legislativo, no solo en Colombia sino en casi todo el mundo. Ahora, por lo menos en nuestro país, para llegar a ser
parlamentario se necesitan sumas altísimas de dinero, lo que les
genera a nuestros representantes compromisos poco santos con los dueños del
país. Esto quiere decir que es poco viable que los señores de la patria tengan
la suficiente libertad para legislar en favor de la clase menos favorecida.
El
impuesto a la riqueza, que el gobierno denomina ahora de la pobreza, ha
generado todo tipo de controversias al alrededor de la des-estimulación de la
inversión que este rubro tendría, según los empresarios. Creo que el
lobby de los empresarios en el congreso funciona y que no se ha mirado el tema
desde una perspectiva social, realmente son muchas los puntos de vista
alrededor del mismo. La primera falla de la reforma es que el gobierno monto el impuesto para cubrir un
déficit que lo agobia, el cual escondió celosamente y que seguirá aumentando,
pues los precios del petróleo van en picada y no lo hizo pensando realmente
para inversiones en lo social, aunque de hecho se está preparando para
los compromisos derivados de la firma de los acuerdos de la Habana, que
generarán en el futuro un rubro mayor a todo lo visto hasta ahora. El segundo,
que todas las reformas terminan atendiendo a las presiones sectoriales lo que
la desarticula en sus objetivos básicos y la convierte en paliativos y en una colcha de retazos, esto
quiere decir que encubre muchos intereses. En este sentido no me explico cómo
al sector bancario siempre se le perdonan las responsabilidades que debe
asumir, por lo menos en esta reforma se fue muy condescendiente con el gremio
que más gana dinero.
El
objetivo de cualquier impuesto es su retribución al ciudadano, nunca sentimos
que sea así, pagamos de mala gana pues nos parece que nuestros impuestos
terminan enriqueciendo a unos pocos gracias a la corrupción generalizada del
estado, tanto a nivel local como nacional. Se demuestra una vez más que no hay
impuestos temporales, esta es otra mentira. Las últimas reformas al
sistema salarial han ejercido una presión indebida a la clase trabajadora,
políticas de flexibilización laboral que eliminaron derechos ganados en cien
años de lucha.
El
sistema capitalista mantiene asimetrías que aún no corrige, los parlamentos no
constituyen una garantía para equilibrarlo, la clase media, en una sociedad de
consumo desproporcionada no aguanta más cargas y tiende a la proletarización en
servidumbres cada vez más intensas y la clase trabajadora y menos favorecida no
siente que se legisle a su favor con absoluta responsabilidad. No hay garantía
realmente, pues es un hecho que la relación de fuerzas se ha revertido en las dos
últimas décadas en detrimento de la clase trabajadora, esto es incuestionable.
Seguimos en picada, la concentración de la riqueza no tiene
comparación, en Colombia menos del cinco por ciento de la población es dueña
del 95 % del capital, para no hablar de tierra y del derecho de propiedad.
Esta
reforma como todas busca entonces no
solo cubrir el déficit sino a la vez engordar los rubros del gobierno para atender un gasto desproporcionado, eso
que denominan mermelada, para atender la infinita gama de compromisos
adquiridos en la campaña. El tema que me
interesa para el caso, tiene que ver con
la distribución de la riqueza vía impuestos, como esta visto, realmente estamos lejos de resolverla por esta vía y no existe la voluntad para aplicar los correctivos. La actitud de los últimos gobiernos en el
mundo no ha sido la mejor al respecto y los lideres están lejos de tomar las decisiones para hacer las reformas necesarias, solo una revolución social de carácter
democrático la hará posible con el tiempo.. . Lo cierto es que hasta ahora
no se ha impedido la concentración de la riqueza en el mundo, hay una injusticia imperante que
nadie esta dispuesto a corregir y que de continuar tendrá
consecuencias nefastas.
2 comentarios:
La Ciudadanía Colombiana, se ha acostumbramos a pagar impuestos excesivos, por comprar un carro, por el rodamiento, por semaforización para la movilidad, por multas, por paquear en la vía, por el seguro obligatorio... por el peajito, y luego el peaje... solo citando el caso vehicular...
Se pueden hacer las leyes que se quieran para tratar de recaudar el dinero que el gobierno requiere para su funcionamiento antes y después del conflicto, pero la mesa de diálogo no debería hacerse con los alzados en armas, sino con los que se roban la plata de los colombianos. La corrupción es la que hay que atacar, para no desangrar la economía. ¿Qué gobierno ha realizado una estrategia contra este cáncer? Ninguno, pues el mismo gobierno también se volvió corrupto. Los ciudadanos deberíamos organizarnos y salir a las calles para advertirle al gobierno que no aceptamos más impuestos sino se castiga la corrupción.
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