Google+ Followers

domingo, abril 07, 2013

JOSEPJ CONRAD PARA LOS AMIGOS



La literatura ha descrito minuciosamente nuestra vida mucho antes de que la hayamos vivido. Algunos textos son precursores silenciosos del destino que nos marcará. Jose Teodor Konrad Nalcz Korzenioski, es decir, Joseph Conrad, nació 1857 en Polonia, escribió una de las obras más bellas de la literatura Inglesa. Suelo leer a cada rato una novela corta, de una factura impecable y  memorable por donde se le mire. Es una de las obras de mi preferencia. La brújula que antecede a muchas de las decisiones que he tomado en la vida constituye el sustrato que pervive a lo largo de este novela corta. Por supuesto que me refiero “Al corazón de las tinieblas”.
El hombre siempre vive entre el bien y el mal, disyuntiva moral que constituye el eje sobre el cual toma la mayoría de decisiones por las razones que sea. Mirar el horizonte y saber que para llegar es imprescindible dilucidar el camino y hacer lo necesario para andarlo, siempre motivados por una apuesta razonada en grande, que muy pocos entienden pero que muchos esperan disfrutar muy a pesar de las dudas que siempre prevalecerán sobre sus mentes escépticas pero ambiciosas. Solo fracasamos cuando hemos dejado de luchar. Es un hecho: el conocimiento y la fe inquebrantable en lo que hacemos y creemos tienen que imponerse, los resultados se darán por encima de las circunstancias que se presenten. Llegar no será fácil pero tampoco imposible.
Malva Flores, prologó el texto de Conrad y en su disertación trajo una cita de esta novela corta que resulta muy sabia y que la traigo a colación en razón al momento que vivo: “Conrad plantea una idea que se filtra como líquido vital y como problema moral en gran parte de sus obras: el hombre enfrentado a la disyuntiva de la eterna elección entre el bien y el mal. Observa el narrador”[1]:
Los más de nosotros nos hemos descubierto en un momento u otra cierta disposición a perdernos por el mal camino. ¿Y qué hemos hecho, en nuestro orgullo y cobardía? Echando miradas furtivas y aguardando el momento oscuro hemos enterrado nuestro descubrimiento discretamente, para seguir luego en la misma dirección de antes y en esa senda tan transitada, que no tuvimos el valor de dejar y que ahora, más claramente que nunca, advertimos que no es sino el largo camino que lleva a la tumba.
Adelante agrega con suma sabiduría: “Esta declaración, extraña en sí misma, parecería señalar cierta proclividad en Conrad hacia el "mal camino", pero una lectura cuidadosa nos permite comprender  el sentido profundo de dicha aseveración, la cual convoca la certeza de que toda lección conlleva riesgos, pero que el más severo, mortal para el espíritu antes que para la carne, es soslayar la posibilidad del cambio y la apuesta moral que ello significa”.
Tomare la reseña perfecta de la prologuista, para poder abordar el tema que me inquieta: “Sin alcanzar la maestría de esta última, El corazón de las tinieblas (1902) es, no obstante, una obra de singulares resonancias. Su acción se desarrolla en el Congo, lugar de recuerdos nada gratos para Conrad. El viejo marinero Marlow sirve al escritor para contar una historia inquietante (ya antes, en Youth, 1902, y en Lord Jim, se había valido de este personaje para dotar de verosimilitud a la narración mediante el "testimonio" de un testigo).  La anécdota es por demás sencilla. Marlow decide hacer realidad un sueño de infancia: navegar por un río en medio de la selva. Después de ciertos contratiempos y gracias a algunas recomendaciones familiares, es nombrado capitán de un barco que, con motivo del tráfico de marfil, debe recorrer el corazón de la jungla. Su misión  es encontrar al agente Kurtz, jefe de una estación río arriba, y preparar su regreso a  la Estación Central de la Compañía. A partir de la primera mención a Kurtz y hasta su encuentro, la narración de Marlow (una suerte de monólogo ocasionalmente interrumpido para intensificar el suspenso de la historia) se vuelve cada vez más angustiosa y obsesiva, revelando el verdadero sentido de la obra: el enfrentamiento de Marlow, un hombre "civilizado", ante un ser de extraordinarias cualidades sumido en la locura, producto de su estancia en la selva. "Con ese hombre no se habla, se le escucha", señala algún adepto del agente; Kurtz  "era una voz", dice a su vez Marlow, y esa sentencia pone de manifiesto una certeza: el poder devastador de la palabra, su capacidad para trasformas vidas y espíritus”. Siempre me ha guiado el deseo de hacer el bien y mejorar la vida de los demás. Enfrentados al destino, solo nos queda resolver por el buen camino y terminar lo que empezamos sobre la certeza que el bien siempre prevalecerá cuando este ha sido el camino que hemos escogido, lo único que nos salva es la  inquebrantable fe en lo que hacemos. Me siento bien acompañado en la tarea que realizo, he sido perseverante frente al pesimismo de algunos, nunca podemos olvidar que: Roma no se hizo en un día.
 Hoy vivimos acosados por esta disyuntiva entre el bien y el mal, frente a la multiplicidad de senderos poco santos. Si hemos de ser ricos y poderosos, preguntémonos si lo merecemos y sí estamos preparados para la responsabilidad que implica administrar lo que otros necesitan. Serlo implicará esfuerzos supremos, recorrer el camino completo y no desfallecer. Muchos venderán su destino por un plato de lentejas, otros pensarán mucho más allá de la coyuntura, entenderán que actuamos en pro de cosas muy grandes, que requieren la máxima lucidez, ponderación y decisiones acordes al horizonte que escogimos o simplemente abandonarán el barco. Julio Cesar alguna vez expreso: La suerte está echada.






.

No hay comentarios.: